domingo 1 de noviembre de 2009

LITERATURA: El narrador José De Piérola


El novelista y narrador José de Piérola Chávez, nació en Lima en 1961. Sin embargo, su infancia transcurrió en la ciudad de Celendín, donde estudió su instrucción primaria. Después, con su familia se trasladó a la metrópoli, donde fue orientando su camino hacia la literatura.
Ha sido galardonado con el Primer Premio Copé de Cuento, el año 2000. También el reconocimiento internacional le ha llegado a través del premio Max Aub (1988). El camino de regreso, Shantranj, Sur y Norte, son sus más notables novelas.
En uno de los catálogos de difusión publicitaria de la Editorial Norma apareció la siguiente nota y entrevista a José de Piérola:
ESCRITOR POR UNA SERIE DE AFORTUNADAS CIRCUNSTANCIAS
Cuando era niño, José de Piérola estaba convencido de que para ser escritor solo era necesario tener una pluma fuente. Años después, tras varios giros del destino, un paciente proceso de aprendizaje y siempre armado de su pluma fuente, dedica su vida a su gran pasión: la literatura. Shatranj es un estupendo ejemplo de su maestría.
La historia de Shatranj se inicia con el relato de una anécdota de la adolescencia que determina la vocación literaria del narrador. ¿Cómo ocurrió en tu caso?
La primera vez que quise ser escritor tenía quizás unos nueve años. Nos habíamos mudado de Celendín, un pequeño pueblo de Cajamarca, a Lima. Un mes después, entré por primera vez a una librería. Mi asombro fue espectacular. Descubrí que aquellos libros –quizá unos cinco- que mi madre me había leído cuando niño, y que a mí me habían perecido un tesoro incalculable, no eran nada comparados con los miles de libros que allí había. Más aún, según pude entender, muchos de los autores estaban vivos. Quizá fue alguna foto de solapa, pero me convencí que todo lo que hacía falta para ser escritor era tener una pluma fuente. La conseguí por medio de un compañero de la escuela algunos años después.. Quizá tendría trece años cuando, armado de mi pluma fuente, escribir empecé a escribir mis “memorias”. Creo que llegué a escribir cinco páginas antes de abandonar el proyecto.
¿Qué ocurrió luego?
Pasaron los años, terminé la secundaria, y aquel sueño empezó a encontrar seria dificultades. La primera que no importa dónde buscara no encontraba ninguna pista que me indicara cómo convertirme en escritor. Leí algunas entrevistas. Me desalenté. Hasta que llegó el momento de elegir una profesión para ganarme la vida y, convencido que en nuestro país ser escritor era más difícil que ser astronauta -estamos hablando de fines de los años 70- , tomé la decisión absurda de dejar la literatura para dedicarme a la ingeniería. Me refiero a la escritura, porque el vicio de la lectura todavía no me lo ha podido quitar.
Entonces conseguí trabajo en un museo como dibujante. Quizá pudo haberlo logrado cualquier otro trabajo; pero aquellos largos días en el museo, aparte de cierta distancia con la universidad, me dieron el tiempo para soñar y los medios para comprarme libros. Desde allí, las cosas pasaron de una manera parecida a lo que se cuenta en Shantranj.
Trabajé como ingeniero durante algunos años, salí del Perú en 1990, trabajé como consultor de sistemas en los Ángeles, hasta que, recién en 1997, debido a una serie de afortunadas circunstancias, me vi de regreso en Lima, con unos seis meses en mis manos, y suficiente dinero como para sobrevivir. Fue entonces que empecé a escribir.
¿Cómo se construye una historia a partir de un lector específico en mente, en este caso, el adolescente?
Uno empieza a escribir para ese lector primero que es uno mismo. Sin embargo, si uno escribiera solo para uno mismo, nadie tendría por qué enterarse que uno escribe, uno no tendría que mostrar el texto a nadie, menos aún intentar publicarlo. Lo que yo hago, entonces, es imaginar un lector o lectora concreto. En el caso de Shatranj fueron dos. Una sobrina mía, y lo que yo recordaba de mí mismo cuando adolescente, y escribí el tipo de historia que nos habría gustado a los dos. Esto me obligó a escribir una novela que fuera capaz de entretener, pero que tuviera la complejidad necesaria para una mente despierta, inquisitiva, como es la de un adolescente. Se trataba de ver el mundo desde otra sensibilidad. La frescura sin la cual no se puede soñar. Espero haberlo logrado.
¿Cuál crees que es futuro del libro?
Desde hace veinte años la tecnología viene produciendo intentos fallidos de su gran promesa: el libro electrónico. Pero el libro, como forma de trasmitir narraciones, se mantendrá. Humberto Eco, en un inspirado ejemplo, dice que el libro es un invento que no puede ser mejorado ni superado: como la cuchara.
El libro gozó de buena salud hace 2500 años entre los escribas egipcios, goza de buena salud en estos días –nunca antes en la historia de la humanidad se han publicado tantos títulos por año-. No tengo la menor duda de que gozará de buena salud durante los próximos 2500 años.

sábado 17 de octubre de 2009

POESÍA:LUCEROS MADRUGADORES DE MAYO

Cobijados bajo el sugestivo cielo de nuestra tierra, nacieron en el siglo XIX: don Pedro Ortiz Montoya, Pedro García Escalante “El Búho”, Nazario Chávez Aliaga, David Sánchez Infante; y se dieron a la tarea de escribir, a versificar los torrentes de imaginación e ideas y traducirlas en palabra embellecida.
Pedro Ortiz Montoya (Celendìn, 1853) es el primer poeta del que se tiene noticia; dedicado a la docencia en su tierra fue uno de los impulsores de la creación del colegio particular “Celendín”, que años después dio origen al colegio “Javier Prado” (hoy IE. Coronel Cortegana).De su inspiración, un fragmento del poema A Celendín:



Lirio gentil que floreces

en las hermosas praderas,

que extiende a las riberas

el coloso Marañón.


¡Celendìn! patria amada

precioso edén encantado

por ti siempre enamorado

latir siento el corazón.


Del inca en la tierra clásica
formas la mansión querida
preciosa perla escondida

en la región andina;


y un porvenir luminoso

te sonríe patria amada,

en la tierra afortunada

el Perù septentrional.


Pedro García Escalante (Huacapampa, José Gálvez, 1886) solía usar el seudónimo “El Búho”. También fue docente de educación primaria en su lugar de origen. Dirigió publicaciones periódicas: “El Cometa”, “El Progreso” y otras.Aquí dos estrofas de su poesìa:


PRELUDIO (Canto épico)

Yo, ante el recuerdo de tu patria historia

templar mi lira con fervor quisiera

si de la musa el cantar tuviera

el ritmo dulce que eterniza gloria.


Mi pobre musa con su ignota lira

apenas puede preludiar su canto,

y sólo la fuerza del deber levanto

mi voz escasa que sin eco expira.


Y sólo acepta por su hazaña el canto

que es un poema que a tu historia adhiero,

y el recuerdo de tus glorias quiero

sublime lira mi poder no es tanto.



Nazario Chávez Aliaga (Huauco, Sucre, 1891). Se abocó al periodismo y dirigió el periódico “El Perú” en la ciudad de Cajamarca; ensayista y cronista de su época, devino en la actividad política, sus fluctuaciones al respecto son controversiales y polémicas. Publicó varios libros de poesía y abrazó la corriente vanguardista.De don Nazario mostramos un fragmento de su poema:





HORA GRIS

Es tarde. La lluvia cae lenta

Las sombras se acuestan muellemente en los llanos

La luz va muriendo en mi propia presencia

Y en mi alma ha clavado sus garras la tristeza…


Es tarde. La lluvia cae lenta,

el dolor golpea mi casa como un mendigo

el silencio grita como ganso en mi pecho

y una noble amargura se hospeda en mi alma.


Es tarde. La lluvia cae lenta,
no sé que soledad me ha invadido,

que al querer protestar de esa amargura,

agonizan mis palabrascomo cisne en la sangre.


David Sánchez Infante (Sorochuco, 1895); este gran sorochuquino, para gloria de todo Celendín, desplegó en su corta existencia una actividad fructífera en aras de la justicia social y las reivindicaciones y las esperanzas populares. Fue docente en el colegio “Celendín” de aquellos años; propició en la ciudad un espacio educativo-cultural denominado “Asambleas Sabatinas”. Uno de sus producciones literarias más logradas es “El Nuevo Evangelio de Celendín”. Dirigió con coraje, en Lima, la revista “Integridad”.De Sánchez Infante esta muestra poética:



MI ANHELO

Si tú me preguntaras patria mía

cuál es única gloria que anhelo,

para que tú con amoroso celo

me la concedas, como madre, un día.


Emocionada el alma de alegría,
a ti que eres mi amor y mi consuelo,

con filial devoción y sin recelo

sólo de morir por ti, te pediría.


Morir, por defender tu sacrosanto

e inmaculado honor, en cruento duelo,

para que, en premio de que amo tanto.


Y al brindarte mi vida toda entera,

me des por tumba tu bendito suelo,

y por mortaja tu feliz bandera.



jueves 8 de octubre de 2009

NARRATIVA: Amor al paso

Por Franz Sánchez
Difícil saber lo que me atrajo de ella. Quizá sería su manera de abrir la boca, o ese estilo vulgar de fumarse el cigarro. Lo cierto fue que, desde que llegué no hice más que clavarle los ojos, y recorrerla centímetro a centímetro, por esa escasa minifalda que a duras penas podía contener el desborde de sus nalgas.
Aquella mañana sabía que tenía que regresar a la frígida Lima, que en “stand by” recuerda que siempre tienes que volver a la rutina de la combi y la niebla húmeda en tu rostro. Hasta ese día he resumido noches de bohemia, en mañanas de resaca y malestar estomacal. Les he pedido a mis amigos hacerle un alto al ron y tomar distancias con el cañazo. Me han dicho que soy un cabro, y que les he cambiado por amigos que eructan cebada y lúpulo.
Mi padre exigió temprano, mientras me cepillaba los dientes, al borde del patio, y con el sol pegando de lleno en mi cabeza, que tratara de poner a buen recaudo mi menoscabada reputación. Luego oí que los vecinos cuchicheaban tras mis huellas, son unos chismosos de primera y muchos de ellos hipócritas, van a misa. De eso sé poco o casi nada, nunca probé una hostia y comprobé que el cura se tira el vino, y compra cigarros River en el “salserín”. Igual siempre me pregunté por qué las puertas de las iglesias eran tan grandes, luego supe que eran para que pudiera ingresar el Altísimo.
Fui a comer un cebiche, que se echó a perder por el olor a rata del mercado. Busqué a Percy, me debía algunos favores y siempre pasaba piola conmigo. Me encontró, siendo yo el que lo buscaba, me invitó unas cervezas, que me cayeron pésimas, pues estaban calientes y fermentadas. Percy me ha dicho con esa peculiar manera de hablar que siempre hacen dudosas sus palabras, que tiene problemas con su mujer. Atendí con interés psiquiátrico sus historias, luego tuve un deja vu. Mientras sentía el eco de sus palabras perderse en la puerta de mis oídos, me puse a pensar que muchos pleitos me había ganado por estar sentado con mis amigos en una cantina. Luego cambié a melancólico con un sabor amargo en la garganta, que hizo que la cerveza pareciera vino. ”Me escuchaste” ”entraste como en trance” dijo Percy, es un gordo buena gente, demasiado diría. -Si te he oído, y creo que eres un gordo rosquete. Hasta cuando permites que tu mujer se ponga tus pantalones- le dije con inusual enfado. El cantinero se ha reído sin ocultarse tras el mostrador.


He terminado lo último de la cerveza, y vi pasar frente a la cantina a Vanesa, mi ex enamorada. Iba con un tipo mucho mayor que ella, hasta parece mi abuelo. El viejo le paga la comida, los estudios y le compra calzones los domingos. Me lo ha dicho Gaby, su mejor amiga, y también dijo que me extraña y que perdona la vez en que la desvestí sobre mi cama, para luego quedarme dormido, que no me preocupe, que no se lo contó a nadie.
La miré con furia de hombre despechado, pero luego reí con alivio. Ha sacado la cabeza por detrás de su acompañante y me ha mandado un guiño. Percy me miró asustado. Cree que tengo mala suerte con las chicas. Yo creo que es él, el salado. Cada vez que se va de la mesa aparecen las nenas.
Percy pagó la cuenta. Busqué en mis bolsillos unos devaluados, y encontré 5 mangos. “Vamos, te invito un vino”, Percy asintió. Caminamos por en medio de la plaza de armas, al llegar a la puerta de una bodega, estaba una camioneta blanca estacionada en frente. Compré el vino a granel y sin temor a la opinión pública, bebimos a la intemperie. Han pasado cinco de mis tíos y Percy ha escondido la botella, le ordené que no lo volviera hacer más. La ventanilla de la camioneta se abrió con rapidez. Vanesa estaba tomando cervezas con el tío viagra. “Franz, primo, cómo estas” “ven acércate”. Me aproximé con lentitud, desconfiando de su alegría y revisando mi árbol genealógico. “Te presento a mi amigo, el doctor” –cómo está señor- saludé pensando “tu amigo, con el que te revuelcas”. -Joven, tómese unas chelitas con nosotros, pero suba al carro, suban- dijo el anciano, con ínfulas de poder.
Subimos, Percy parece no querer dejar la botella de vino y la abraza, con un cariño que admiro. De pronto me siento mareado y tengo ganas de vomitar, pero no vestigios de comida, quiero vomitar todo lo que pienso de Vanesa, quiero que el viejo se entere de lo nuestro, y que le dé un infarto, coger el timón de la camioneta, fugarnos a Cajamarca y por la Encañada arrojar al tieso sujeto.
Dibujo una mueca burlona, mientras oigo a Vanesa mentirle al viejo sobre nuestros tíos, y sobrinos y la familia, y nuestra relación sanguínea. Que yo recuerde fue justo por un tema sanguíneo, mejor dicho, de menstruación que no pudimos consumar nuestro noviazgo, claro y luego está que me quedé dormido sobre sus pechos. Así que no hay reclamos, ella tenía el período y yo estaba despierto, también por periodos, hasta rendirme. Nadie debe nada. Estamos parches.
El viejo, se ha puesto muy amable conmigo, ya no manda a mi amigo a comprar las cervezas. Se toma la molestia de bajar del carro, él mismito, comprarlas y destaparlas. Servicio completo. Mientras hace la transacción con la bodeguera, Vanesa habla con Percy, tratando de celarme, ya que no lo consigue con el hombre de pelo plateado. La cabeza me ha dado vueltas y he sentido un retorcijón, se viene el vómito de palabras: “Coqueta de miércoles, que quieres con todo esto”- le dije. Me mira y se ríe. La he visto deliciosamente bella, aún cuando viste ropas que sé que pago con su cuerpo. “Tú cállate y chupa nomás, que es gratis”- ¡Vete al demonio, qué tú crees que no podemos pagarnos las cervezas!- le dije, ahora sí enfadado.
Ingresa a la camioneta el hombre, y todos callamos, para luego aparentar estar entre familia. Suenan las botellas, y las chapas caen debajo de los asientos. He tomado con vehemencia. Percy está preocupado y teme que haga alguna de mis excentricidades. Yo no sé que tengo, no la quiero, pero me jode verla así, en esas circunstancias y mintiendo con descaro. Hago muecas desde los asientos de atrás, pidiéndole a Vanesa que se trepe, y venga a cariñar a este, su desolado primo. Y se me ocurrió, le dije: “Prima dice la tía… Teresa, que estarás estudiando, que te dejes de fiestas, que tu enamorado pregunta mucho por ti, desde que te fuiste de la casa de tu mami”.
El anciano, se ha puesto pálido, espero que en los siguientes minutos le dé una convulsión o algo parecido. Vanesa me miró con mucha rabia y luego dijo: “Ay primo, dile a mi tía Teresa, que la licuadora que le di aún no se termina de pagar, y que le diga a mi enamorado que le saque más provecho a su cama, que solo le sirve para dormir”. Se han reído todos, menos yo. Y luego los vi besarse, Vanesa parece arrancarle la plancha al hombre y un desagradable ruido causó más estragos en mi digestión. Abrí la ventanilla y esta vez, vomité de verdad. “Vámonos”-le pedí a Percy.
El viejo, tiene oído de tísico. “Qué, ya se van” “tan temprano” dice, Vanesa me mira y luego suplica “no primo, no te vayas, por favor”. La miré, y le saqué el dedo del medio. Luego le pedí a Percy, un buen vaso de vino, que guardaba celosamente bajo el brazo. Lo tomé de un tiro, diablos, sabe a cebolla, pero está mejor, que esa cerveza, que tiene sabor a noches transpiradas, y olor a polilla y mujer.
El señor voltea con violencia, y dice: “Qué cosa, no pueden tomar esa porquería” “no señor, a ustedes lo mejor”. Arrancha la botella a Percy y la arroja por la ventana del conductor. Esto ha sido todo, no lo aguanto más, podrá usar mi chica, podrá tratarla como quiera, pero a mi vino, no. Con todo respeto señor, “váyase a la misma mierda”. Abrí la puerta y bajé con Percy.
Percy identificado conmigo, aventó con fuerza la puerta de la camioneta, casi la desbarata. Hemos caminado molestos, hasta el centro de la plaza. Pasa el “cashano” jefe de seguridad de la plaza de armas, y se percata que un sujeto norteño maneja la bicicleta sobre la loseta del parque. “Oiga, carajo no puede subir a la bicicleta en la plaza de armas”. El hombre baja del vehículo, y luego carga la bicicleta, evitando que las llantas choquen con el suelo, hasta cruzar todo el redondel. La gente se ríe.
Vanesa se acerca hacia la banqueta, parece que discutió con el hombre. Pero no me habla, conversa con Percy. Luego van los dos a traer más vino. Salen de la bodega y una mujer los cruza. Un golpe que retumba en las paredes, se oye, lo han abofeteado. La mujer le reclama a Percy, y luego se cogen de los cabellos con Vanesa. Pero qué rayos, esto es bochornoso a pesar que estoy mareado. Vanesa detiene una moto taxi, y se pierde en la oscuridad. Los postes encienden sus luces y alumbran con colores amarillos, el rostro de Percy, golpeado. Luce la camisa rasgada, y el labio partido.
Me he reído de su desgracia, y también he comprendido que su mujer está desquiciada.
“Descuida hombre, no has hecho nada malo”-le digo y después le invito a beber “por lo menos nos queda el vino”. Percy está desconsolado, y yo también. Me apena Vanesa, no creo que sea feliz, podrá tener dinero, pero me parece muy lúgubre su vida.
“Estamos solos, que es como deberíamos estar siempre”-reflexiono. Suena una canción en un altoparlante que habla sobre el falso amor que condena a una prisión a quienes lo encuentran. Es de los Buquis, se llama “Tú Cárcel”
Percy conmovido, me propone algo que jamás pensé vendría de él, y que tampoco creí escucharlo frente a la iglesia virgen del Carmen. “Vamos a las putas” me dice, añadiéndole un tono grave a su expresión. A dónde, le digo, casi sin creer lo que escucho. “Sígueme”.
Llegamos hasta un local, de mala pinta. Las luces intermitentes de la noche prometían algo bueno. Al ingresar se veía un afiche de Pamela Anderson en una de sus posiciones más sugerentes. Pidió unas cervezas, se acercaron unas chicas a servírnoslas. Luego se sentaron con nosotros, una de ellas traía un saco, que al abrirlo dejaba descubierto su cuerpo desnudo. Me pareció algo muy valiente, con el frío espantoso que hacía. La otra era más sobria, parecía obligada a estar allí. Le pedí que no lo hiciera, que si deseaba podía marcharse. Me miró como diciéndome gracias, y luego se marchó, abrió un surco entre el humo de los cigarros del local.
Percy había avanzado con la chica del sacón. Yo los miraba, me puse a pensar, que muchas de estas chicas, hacen una labor digna de resaltar. Aquél hombre vive una vida miserable, y lo veía sonreír, feliz, despreocupado, diría, vivo. Luego sentí, un bulto sobre mi entre pierna, me llamó la atención ya que últimamente mi reacciones físicas son preocupantes. Pero no era yo, el bulto era el pie de la señorita del sacón. Me retiré de la mesa unos centímetros, para evitar el roce. Y fue allí cuando la vi. Me atrajo de inmediato, tenía un cigarrillo ente labios, una contorneada silueta, piernas largas y esbeltas, y su minifalda era un regalo de los dioses.
Me colgué, necesitaba una reseteada urgente. Era todo un sueño, se cruzó las piernas y me dejó ver por un corto tiempo, su ropa interior. No le podía atinar su edad, pero sospechaba que se trataba de apenas una jovencita. Sabía que la miraba, y hacía ademanes por demás disforzados, botaba el humo suavemente, y levantaba las cejas cuando absorbía otra bocanada.
Giré para servirme un vaso de cerveza, quizá así, su imagen se diluiría en mi mente hasta apagarme el televisor. Y cuando quise retomar el paisaje, estaba a mi lado, me dijo al oído: “por qué me miras tanto”. Y no supe que decir, vi en sus ojos, la honestidad que no crees encontrar en un lupanar. Me gustas, le dije, siéntate, le pedí. Así lo hizo, Percy también tenía la boca abierta, pero ya no se aceptaban devoluciones. Entonces conversé con ella, y encontramos muchas afinidades, le gustaba leer, las poesías eran sus favoritas, entonces me citó un verso de Melgar, parecía un yaraví. Y luego me contó sobre su mala fortuna en cuanto a su familia disfuncional. Pasé de la alegría a la angustia, de la admiración al dolor, y la quise mucho. Le tuve ternura. Y comprendí que aquella persona tenía en su modo de hablar, en su forma de mirarme, en sus palabras, algo que nunca encontré en mujeres, tan bellas y tan de familia, y que como muñecas de porcelana, se las debe tratar con delicadeza para no romperlas, porque adentro no tienen nada, y casi casi son huecas.
He alistado mi equipaje, y mi viejo me despide. El chofer esta renegando, porque la gente le ha llenado de bultos la bodega. Tuve tiempo para despedirme de mis amigos y para tomarme una botella de agua mineral antes de partir. Desde mi ventana se ve José Gálvez, respiro las últimas dosis de aire puro. Ahora pienso, en lo que he dejado a medias en Lima, y luego en la chica que me espera, y también en la otra, de la que me he enamorado y que no sabe que lo hago, y espero que ella no sea tan hueca como parece, y que sus modales refinados y su andar de pasarela, tengan sustento en su forma humana, y que no sea el maniquí que creo que es, y que he elegido. Y también pienso en ti, en lo que me dijiste antes que me vaya.
Y estoy convencido, que no es así. Que la gente murmura, habla, dice, y también oculta sus propias miserias. Que las viejas cucufatas, y los viejos mañosones deberían tenerte todo el respeto del mundo. Y también esas muchachitas locas, que son más falsas que un billete de monopolio. Porque éste es ahora otro pueblo, y también te pertenece.
Cuando salí del local y te dejé sentada en una silla desgastada, evaporándote entre el humo de tus clientes. Y seguías hermosa, aún con todas esas manos que te tocaban, y que ni siquiera se detuvieron a tantear tu alma, como creo que lo hice yo. También pensé en lo que me pediste, y quiero que sepas, si es que lees esto, que estaré siempre dispuesto… como tú lo estás conmigo, cada vez que te miro.
J.M.S.

domingo 4 de octubre de 2009

HALLAZGO: Manuscrito de Manuel P. Zegarra

LOS SUEÑOS DE TEÓFILA
Por Jorge Horna
Dentro del panorama de escritores celendinos el nombre de Manuel P. Zegarra siempre sale a flote solamente como un referente junto a su obra Sueños de Teófila.
Hace más de una década indagando sobre estos asuntos conversé en Celendín con Manuel Sánchez Aliaga, y me informó en ese sentido, pero me refirió que el nombre del autor aludido era Manuel Pasión Zegarra. También en algunas revistas celendinas hay sólo datos nominativos sobre él y el título de su libro.
Ha sido el doctor celendino César Muñóz Sánchez, quien hurgando con avidez literaria en archivos personales de su difunta madre, la profesora doña Luisa Sánchez Horna, ha hallado el manuscrito original de Sueños de Teófila. Me ha mostrado el texto caligrafiado de puño y letra de Manuel P. Zegarra que consta de cincuenta páginas escritas en un cuaderno escolar.


En la primera página está el siguiente título: Sueños de Teófila o Las Noches de una Virgen, por Manuel P. Zegarra, fechado en la ciudad oriental de Iquitos el año 1907. La siguiente página contiene una extensa dedicatoria al señor Manuel Hernández Torres. Luego una nota introductoria del autor subtitulada: Al Público. A continuación otra breve dedicatoria: La noche del Éxtasis, y firma por el autor.
Después viene el contenido textual de la obra.
Manuel P. Zegarra expresa una acendrada nostalgia abordando los caminos de una visión romántica de la vida. Su escritura esta colmada de los elementos de la naturaleza que, por el lugar donde fue concebida (la selva) tiene una atmósfera densa, pero a la vez plena de motivaciones y deslumbramientos.
Hay pasajes del manuscrito en los que el autor de Sueños de Teófila recurre a las alusiones divinas y místicas de la religión para reflexionar sobre el amor terrestre a la amada.
Como una primicia y para conocimiento de nuestros lectores que tienen interés por la literatura o la lucha por alcanzar la belleza a través de la palabra, entregamos la transcripción una de las primeras páginas del manuscrito:


La Sonrisa
Es la hora del crepúsculo vespertino.
Contemplemos el quebranto universal.
Las omnisencias se visten de azul, las profundidades se ennegrecen, todo el rubor de la naturaleza se concentra en la faz de occidente.

El océano ya no tiene su rugido, el viento ya no zumba como otras veces, la ola parece que suspira, el céfiro parece que canta.
Es el instante de la ternura de los elementos. Saturno y Eolo derraman en el espacio la estrofa de sus amores profundos.
El vuelo del aire es trémulo, el perfume de la flor es fugitivo, en las alas de (la esperanza) los pajarillos hay un pavor inocente, en las verdes hojas de los árboles hay una languidez desconocida.
En los colores de los objetos hay un no sé qué de desmayo, en los sones un no sé qué de delirio. En toda la tierra hay como si un ruido suave de dos alas que se cierran; en todo el cielo hay un velo que al silencio vago, se adelgaza.

En el reloj de la creación el golpe de esa hora es un suspiro, un suspiro de éxtasis o de alma cautiva en arrobamiento.

Es la hora de la melancolía porque todo es pálido, es la hora de la poesía porque todo es vago, es la hora del corazón porque todo es digno de recuerdo; es la hora del alma porque todo se asilencia. (…)

***************

Acotación: Si algún lector o lectora conociese los datos biográficos de don Manuel P. (Pasión) Zegarra agradeceríamos inmensamente enviarlo al correo que se indica. El propósito es valorar la producción literaria de los celendinos de todos los tiempos.

Jorge Horna
Mail: jornach@hotmail.com

viernes 25 de septiembre de 2009

NARRATIVA: Alfonso Peláez Bazán

CLARA

Mientras los diarios de la capital daban la angustiosa noticia de la desaparición de un avión comercial –elZ45-; con treinta pasajeros para distintos lugares de la Selva, en un paraje desolado de la Cordillera Central, en los Andes del Norte, el destino ofrecía a los cielos un horripilante espectáculo: entre un hacinamiento de fierros retorcidos, aparecía un macabro conjunto de cadáveres mutilados y semicarbonizados… Como detalles del cuadro espantoso, dos o tres cadáveres aparecían tirados en distintas direcciones… De los escombros todavía se levantaban delgadas columnas de humo. Pese al espacio abierto, el aire era pesado, asfixiante.
Desde la hacienda LOS CEDROS, situada en una hermosa y profunda planicie de la misma cordillera, el joven hacendado Jorge Echandía y sus peones vieron incendiarse el avión luego de haber chocado en la cresta de un cerro. Y sin perder minuto se fueron presurosos hasta el lugar de la catástrofe.


Inmóviles, presas del horror más grande, Jorge y sus peones se estuvieron mucho rato sin saber qué hacer. Al cabo, comprendieron que, en realidad, ningún papel les correspondía allí.
-Comunicaremos lo más rápido posible- dijo Jorge al tiempo de tomar la delantera.
Habían caminado unos pasos, cuando de pronto fueron sorprendidos por unas voces que llegaban apenas… Eran como débiles acentos de alguien que estuviera atormentado. Cuando los hombres se detuvieron silbaba el viento y las voces dejaron de escucharse. Mas, no tardaron éstas en volver… pero el viento seguía silbando… Los hombres habían empezado a desconcertarse. Les era imposible localizar las voces. EL viento jugaba con ellas y con los hombres.
Pero se cansó al fin el viento.
-¡Allá!... Allá!... –gritó casi desesperado uno de los hombres.
-¡Sí!... ¡Sí!... ¡Allá en el matorral… -confirmó otro.
Y todos corrieron hacia el matorral.
Se perdían a instantes las voces. Pero cuando todos los hombres estuvieron ya a pocos pasos del matorral percibieron, incluso, que el acento era tierno, dulce…
Y se fueron acercando más y más…
De pronto, todos se quedaron inmóviles, exclamando: “¡Oh!...”.
Acababan de ver, enredada en los lanches y las moras, a una mujer…
Luego, silenciosamente, calmadamente, se fueron acercando hasta ella…
Y fue más grande la admiración que el dolor. Todos exclamaron: “¡Qué linda!...”.
Y la despertaron suavemente, como a una flor delicada y linda. Los hombres parecían sublimados. No en vano pasó tanto dolor por sus corazones.
¡Cosas hace el destino!... Aparte de estar como enajenada, fuera de sí, la mujer no presentaba heridas de consideración. Se habría dicho que ella no estuvo en el avión.
La acostaron sobre los pastos verdes, limpios y frescos.
Antes de una hora, estaba lista una parihuela para trasladar a la bella mujer hasta la hacienda Los Cedros.
II
Junto a una amplia ventana que da al huerto de naranjos y cafetos, le acomodaron el lecho a la linda mujer.
Dos cholitas de la hacienda –Orfe y Nati- se pusieron una a cada lado del lecho para no moverse en toda la noche.
De hora en hora, Orfe y Nati ponían en labios de la enferma gotas de naranja y de mieles silvestres.
El silencio de la estancia sólo era turbado por los hondos suspiros que de rato en rato exhalaba la bella paciente.
***
La luz del amanecer, filtrada por entre los floridos follajes del huerto; el canto de las avecillas; la fina fragancia de los azahares, dulce y suavemente, fueron despejando a la bella. Y sus ojazos se fueron llenando de asombro…
Empezó a mirar para todos los lados sin llegar a encontrar una explicación. Se incorporó un poco y su asombro se hizo aun más grande cuando vio a sus pies, profundamente dormidas, con las cabezas caídas sobre el borde de la cama, a las dos cholitas…
-¿Díos mío, ché questo?... ¿Dovo sono?...
(¿Qué es esto, Dios mío?... ¿Dónde estoy?
Se sentó finalmente sobre el lecho, se puso las manos en la frente y empezó a reconstruir su pasado inmediato. Roma… París… Londres… Nueva York… La habana… Caracas… Lima… Luego un pasaje para la selva peruana… Y cuando su memoria llegó a los primeros momentos de la tragedia, su cerebro volvió a oscurecerse y blandamente dejó caer su linda cabeza sobre las almohadas.
III
Más que la salida del sol y que el despertar de las aves, a los hombres y a las mujeres, a los viejos y a los niños, alegraban la luz de sus ojos y la armonía de su voz.
Un día dijo su nombre:
-Clara… Clara…
Ese día resplandecieron más hermosos los campos y los cielos.
Y todas las gentes de Los Cedros se sorprendían de las cosas y de sí mismas, como si en verdad se hubiera operado alguna extraña transformación.
***
Entre tanto, en la Capital, los diarios seguían informando cada vez con mayor sensacionalismo sobre la desaparición del Z-45.
Las compañías de aviación, las dependencias oficiales de Aeronáutica y los familiares de las víctimas, todos, desplegaban los mayores esfuerzos para ubicar el aparato accidentado.
Jorge, por su parte, había despachado un expreso a la ciudad llevando noticias para la Capital. El expreso debía esperar en dicha ciudad la llegada de los expedicionarios para conducirlos hasta el lugar del suceso; pero, atendiendo a las indicaciones precisas de Jorge, lo haría por caminos distantes a la hacienda Los Cedros.
***
Cada día, todos en la hacienda aprendían una palabra nueva del divino idioma del Dante. Clara –que también sabía castellano- realizaba esta labor con encantadora dedicación.
Cogía una flor y repetía dos y tres veces:
-Fiore… Fiore… Fiore…
(Flor… Flor… Flor…)
Aspiraba su perfuma y decía:
-Fraganza… Fraganza… Fraganza…
(Fragancia… Fragancia… Fragancia…)
Juntaba varias flores:
-Mazzo… Mazzo… Mazzo…
(Ramo… Ramo… Ramo…)
En seguida tomaba la lección a Orfe y a Nati.
Las tres corrían tras las mariposas, y cuando alguna se les hacía entre las manos polvo ofino y dorado, exclamaba:
-¡Poveretta mía!... ¡Poveretta mía!...
(¡Pobrecita mía!... ¡Pobrecita mía!...)
La acercaba a sus labios y luego la echaba al viento:
-Portala lontano… tanto lontano…
(Llévala lejos… muy lejos…)
Finalmente juntaba las manos, miraba al cielo y exclamaba:
-Infinita bonta…
(Bondad infinita…)
Llenas de contento y entusiasmo, Orfe y Nati repetían las frases.
Los peones también se sabíanalgunas.
-¡A cena!... Pronto, Domitila, a cena!...
(¡La merienda!... ¡Anda, Domitila, la merienda!...)
Y Domitila contestaba:
-Un momento!... Pazienza!...
***
Y cada día en el valle de Los Cedros, los huertos y los campos florecían más bellos.
-Esto es hermoso… -de3cía Clara abarcando con la vista todo el valle.
-Ahora todo parece hermoso… muy hermoso… -respondía Jorge mirando a los ojos de Clara.
-¿Quiere ya un poco a estas tierras?...
-¡Muchísimo!... Todo este paisaje se irá en lo más hondo de mi ser… Y será tal vez más bello que todos los que hay allá… Mas bello que Roma… Más bello que Nápoles…
Jorge la escuchaba absorto.
***
“Uno, dos… diez, once… veinte, veintiuno… treinta, treintiuno, treintidós… treinticinco, treintiseis…”
Dos días completos se estuvieron los expedicionarios buscando el TREINTISIETE… Pues, de acuerdo con los documentos del caso, los cadáveres debían ser treintisiete.
El expreso de Los Cedros acompañó de regreso a los expedicionarios hasta la misma ciudad de donde habían partido juntos. ¡Quién habría imaginado todo lo que escondía el corazón del peón de Los Cedros!
***
-Una rosa… tres claveles… otra rosa… dos margaritas… -decía con su dulce acento, haciendo los ramos para la casa.
Orfe y Nati la contemplaban maravilladas.
Luego las tres entonaban el comienzo de una linda canción en italiano:
Aveva un bavero color zafferano
e la marcina color ciclamino
veniva a piedi da hodi a Milano
per incontrare la bella gigugín…
***
“Ah, cómo se pondrán de tristes los naranjos, las mariposas, el viento, cuando ya no se oigan su voz y la luz de sus ojos ya no los bañe… Y los cerros… el río… las aves… No…. Nadie les arrebatará el bien que solamente el cielo pudo darles… Pero allá… Allá en Italia… ¿Acaso no hay allá unos ojos que la lloren?... ¿Acaso no existen seres que darían sus idas por verla sonreír?... Sí… Pero es que ya está muerta… Clara ya no vive sino para Los Cedros… Para nosotros… Para el resto del mundo murió… Nosotros le arrebatamos a la muerte… ¿Qué derecho les queda a los demás?... Pero hay unos ojos que la están mirando desde allá… Hay unos pechos que laten junto al mar… Y el viento trae los lamentos… No… No se irá más de Los Cedros… Pero ella tiene el pensamiento más allá de los mares… En sus lindas ciudades… Se irá… Y se pondrán tristes para siempre los cerros, el río, los naranjos... y las mariposas ya no serán tan doradas ni raudas… Pero nos llevará en sus ojos… y en su alma… Este paisaje vivirá para siempre confundido en el azul de Nápoles y en el verde y oro de todos las mares de Italia…”
Eran noches terribles, desesperantes. EL insomnio había tomado su puesto a la cabecera de Jorge.
Pero llegaba el día y todo volvía a sonreír: el cielo, los campos, los naranjos, las mariposas.
IV
Un día los diarios de la capital informaron a grandes titulares sobre la llegada de dos jóvenes italianos: Antonio Agapamti y Mario Rossi. Hermano el primero y novio el segundo de Clara. Vinieron desde Italia en la esperanza de conocer la tumba de Clara…
Pero se encontraron con una extraña y absurda realidad: ningún cadáver fue identificado. De algo más se enteraron: de la falta de un cadáver. A igual que a todos los deudos, a ellos también les atormentó el pensamiento sobre la posibilidad de que ese cadáver fuera del ser querido. Antonio y Mario hasta llegaron a pensar en iniciar la búsqueda. Al final, tuvieron que conformarse con echar flores sobre las tumbas.
Gracias a un extraordinario servicio de información que desde el principio estableció Jorge, éste se hallaba al tanto de todo cuanto ocurría en relación con la tragedia del Z-45.
“Se irá… Vinieron por ella… Todo entristecerá en Los Cedros… El cielo… Los campos… los ríos… las aves… las mariposas… y nosotros… Ah…. Pero ellos no vinieron por Clara… Vinieron por la muerta… Vinieron a regar flores sobre el cadáver… Y volverán a sus lejanas tierras con el alma aún más entristecida… Y Clara seguirá viviendo en Los Cedros… inundándolo de luz y alegría… ¿Pero, acaso, no será mejor que nos lleve en su alma y en sus pupilas?... Se irá… Pero todos moriremos de tristeza…”.
***
Desde el huerto de naranjos y cafetos, llega hasta Jorge la inefable voz de Clara en una bella canción.
E’ una somplice canzone de due soldi
Che si canta nelle strade dei sobborghi…
Va hasta el cerco y desde allí disingue a Clara empeñada en sembrar margaritas y azucenas.
De pronto la canción se interrumpe.
-Tú, Orfelinda, cuidarás de las azucenas y de las margaritas… Y, tú, Natividad, de los rosales… Jorge me escribirá siempre dándome razón de todo… Todo, pues, va a ser muy sencillo y hermoso: ustedes vivirán conmigo en Italia… y yo estaré por siempre en Los Cedros…
A Jorge, como a cualquier hombre, se le cayeron las lágrimas…
“Se irá… Ahora sí se irá… Y habrá una nueva, una desconocida belleza en estos campos… Los Cedros la arrebataron de la muerte. Y Los Cedros no se la arrebatarán de nuevo a la vida… Se irá… Y habrá vida en todas partes… En Los Cedros y más allá de los mares…”
En el espíritu de Jorge había triunfado para siempre el deseo de hacer a Clara todo el bien posible.
V
Orfelinda y Natividad se han subido hasta lo más alto de la “piedra florecida” que hay en la “Pampa de los Amarillos”… se subieron precipitadamente… No tuvieron compasión de las enredaderas ni de las violetas silvestres…
Pero las enredaderas y las violetas silvestres florecerán luego con un aliento mejor: el que ha de nacer de las lágrimas de las dos cholitas que hoy no se detienen a pensar en el dolor de las flores porque el suyo es sin límites…
Como dos blancas azucenas, de entre la cabalgata que avanza por el camino verde de la falda, se alzan las manos de Clara, diciendo adiós a Los Cedros.



lunes 21 de septiembre de 2009

NARRATIVA: Ingenuidades pueblerinas

Presentamos un relato del profesor celendino Arquímedes Chávez Sánchez de su libro Ingenuidades pueblerinas (Edición del autor; s/f.).

Son destacables los vocablos y frases de uso exclusivamente local o regional y que constituyen elementos de los relatos orales trasmitidos a través del tiempo y que configuran uno de los aspectos de nuestra identidad.

El autor hace un uso adecuado y apropiado de esa lexicografía.


ENTRE COMADRES

Por: Arquímedes Chávez S.

Yendo de Huacapampa a Sucre, por la vieja entrada de Chaquil, doña Gume que, con su andar menudo y ligero, estaba presta a cruzar la quebrada llamada Mesarume o Quishrque –cualquier denominación es buena- fue alcanzada en ese caminar por su Cuma Ña Berna.

Al principio, las señoras animadamente comentaban de la hermosura de los trigales y las huayllas que abundaban en esa zona. La conversa estaba centrada en las labores agrícolas como el barbecho, el descurpe, siembra, tirapa, la pishgueada, cuando las espigas estaban candela y de la asistencia a los peones que, para Gume todo resultaba muy caro y para Berna la cosa era normal.


La bella campiña de Huacapampa. (Foto Charro)


Sus pasos las acercaban al vecino Sucre platicando de la prometedora cosecha, las eras, los fletes para la trilla; no pasaban inadvertidas las palas, horquetas, escobas, así como los jornales o la paga en efectivo para la peonada.

A la sombra de bellos sauces llorones, tomaron breve respiro y Ña Gume reiteró su comentario sobre el daño que causan los pishgos. Estos animalitos en grupos numerosos, ya no hacían caso a los espantapájaros-muñeco que con el viento se torna bullanguero y en cierta medida ahuyenta a las avecillas. A propósito, Ña Berna agregó que contratará a un muchacho, para que con la jonda-honda espante a zorzales, guanchacos, gorriones, cocoteros y santarrositas.

Berna siguió diciendo que ella mandaba a su nieto a que pishguee mañanas y tardes todos los días. Juicioso es aclarar que se llama pishgo al gorrión y por extensión a todos los pájaros antes mencionados. Y también, pishgo se llama por estos lares shilicos, al pene.

Terminada la conversación, Ña Gume pidió a su acompañante, de manera muy pueblerina:

- Oigaste cumita, quiero que me preste a su cholo por esta semana para que me pishguee, al fin no es muy harto mi sembradito.

A propuesta tan vecinal, Ña Berna contestó de singular modo:

- No vecinita, no se puede, porque tuesta semana el cholo me está pishgueando.

*********

Para matar el hambre, buenos bolsicos de cancha llevan los pishgueros, pero antes, hacen su jonda trenzando cabuyas. Las hondas al latigueo al aire y jalando con la fuerza la punta asida, al chocar la punta de la soguilla con parte de la trenza, suena: chaj, chaj,… Este Chasquido espanta a los pájaros, y cuando los pishgos no hacen caso al sonido, entonces valiéndose de la honda los pishgueros lanzan piedrecillas sin dirección definida. Si este método no es efectivo, sacuden los espantapájaros; si el resultado es igual, no queda más remedio gritar singularmente así:

-Pichihua, pihuahua, ¡sho!, ¡sho!

Creo que las avecillas entienden típico mensaje, porque al instante levantan vuelo y regresan cuando el ambiente luce con cierta calma.

Los espacios de quietud los aprovechan los pishgueros para comer canchita, que fue tostada con buen gusto, quedando los granos color frente de zorro. A veces los celadores llevan el encargo de pallaquear leña. Entonces, tienen que obligadamente hacer buenos tercios de ramas secas caídas por el suelo.

Pronto llegará el día de siega, formación de la gavilla, la trilla y demás tareas afines.

*

Ña Gume: Doña Gumercinda.

cuma: Comadre.

Ña Berna: Doña Bernardita.

huayllas: pequeños pastizales lozanos y muy verdes.

descurpar : pulverizar los terrones de la chacra.

pishguear : ahuyentar de los sembríos a los pájaros

pishgos: pájaros pequeños.

santarrositas: pajarillo andino de plumaje amarillo en el pecho y negro la espalda y alas.

bolsicos: bolsillos o bolsos del pantalón.

frente de zorro: de color gris amarillento, semejante al pelaje del zorro.

pallaquear: recoger.

(Notas de la redacción)


lunes 14 de septiembre de 2009

CULTURAL: Diario La Primera

Hace un tiempo manifestamos que hoy por hoy, uno de los pocos enclaves de prensa libre y decente en el Perú era el diario LA PRIMERA y ahora nos ratificamos en ese concepto, porque hoy, 14 de septiembre, ha aparecido dentro de la página cultural la noticia del “Árbol de atisbos” de nuestro editor Jorge Horna Tay. Este reconocimiento nos llena de doble orgullo. Primero por tratarse de un paisano y amigo pleno de talento y Segundo por estar comprometido con todo el equipo de CPM en la lucha por salvaguardar nuestro pueblo y rescatar su legado cultural.
Tenía que ser La Primera el diario que acoge a las voces auténticas del pueblo, a aquellos artistas a quienes no maquilla la propaganda manipulada por la mafia literaria que impera en el país, aquellos que sí tienen arraigo popular y son como las cantarinas cataratas que bajan de nuestros Andes regando la simiente que yace en un pueblo genial como el nuestro para que fructifique y pregone que el arte está en todos los rincones del Perú (NdlR)


El árbol del poeta Horna
Jorge Horna (Celendín, Cajamarca, 1949) estudió en el Instituto Pedagógico de su tierra natal y ha ejercido el magisterio con especial dedicación, honradez y transparencia. Pero su espíritu ancestral de viajero insomne lo ha llevado por caminos de la realidad, la imaginación y la poesía. Fruto de esas ausencias es el libro titulado Árbol de atisbos, un texto escrito con la añoranza, recordando los días de una infancia perdida entre la lluvia y el tiempo. Pero más allá de la tentativa de conformar una poética personal alimentada con la destreza en la palabra, está el poeta que se mantiene alejado de todas las capillas y argollas literarias. Bueno sería que se decidiera a escribir libros más densos y amplios porque esperamos de Jorge Horna, una poesía labrada con tenacidad y pasión, rasgos que sin duda aparecen en su libro Árbol de atisbos, se nota una gran admiración por Marcos Ana, poeta que ha publicado sus Memorias tituladas: Decidme cómo es un árbol, con un prólogo de José Saramago.

sábado 12 de septiembre de 2009

ENTREVISTA: Jorge Díaz Herrera

Transcribimos esta entrevista hecha al versátil escritor Celendino Jorge Díaz Herrera, faltando menos de un mes para el encuentro de escritores latinoamericanos en New York en el mes de octubre, al que asistirá en compañía de Alfredo Pita. Estaremos, pues representados por dos dignos herederos de la tradición cultural que siempre caracterizó a nuestra tierra. La entrevista apareció en el diario La Primera en su edición del 23/01/2009 a raíz de la presentación de su libro “Las tentaciones de don Antonio” (NdlR)

LAS OTRAS TENTACIONES SINFÍN DE DON ANTONIO

*Jorge Díaz Herrera despliega con notable talento sus experiencias literarias vidas. Como narrador dice: “la imaginación de un escritor (al menos la mía) brota del fondo de la realidad, de lo contrario la sentiría un disparate”
*”Las tentaciones de don Antonio”, libro del narrador Jorge Díaz Herrera (Celendín, 1941), ha sido editado en la Colección SUMMUM de Editorial San Marcos. 190 páginas.

El escritor celendino en su casa de Chaclacayo.

Las tentaciones de don Antonio, libro de Jorge Díaz Herrera, ofrece un sugerente título que nos lleva a imágenes propias de los pintores flamencos, como El Bosco, cuyos personajes transfiguran el abigarrado universo del mundo de aquel entonces, que aún poco ha cambiado. Se trata de quince cuentos de muy variada temática donde, incluso, se entronca el más apar4ente realismo con la fantasía desbordante. Las tentaciones de con Antonio, reúne temas desde una aproximación al más crudo realismo hasta la vecindad con los mundos donde la imaginación se enrumba por confines inabarcables.
-¿Eso significa que el realismo no tiene cabida en tus obras?
-No, simplemente, para mí, en la creación literaria, en la elaboración estética, prima la verdad. Unamuno decía que la ética del arte está en la verdad. Y eso significa que uno no puede estar inventando falsedades, cosas que no han pasado por su experiencia, bien sea esta una experiencia vivida, leída, oída, soñada. Yo descubro con mucha facilidad falsedades o mentiras en el arte, me divierte y también me da rabia hacerlo. Pero lo hago. Es un buen ejercicio. En Las tentaciones de don Antonio los personajes están embarcados en a dura tarea de alcanzar la felicidad, aventura en la que muchos de ellos naufragan y otros llegan a buen puerto. Una amplia visión de quienes se aferran a la dicha, aunque esta les sea adversa.
-¿Es quizás esa la razón por la que en tu obra se conjuga el humor con lo trágico?
-Los personajes resultan apoderándose de mí, me obsesionan, se meten en mis sueños, en mis cavilaciones, incluso llego a pelear son ellos. Sin embargo, así como me dan iras también me dan alegrías. Risas y lo contrario. La atmósfera narrativa en cada cuento de Las tentaciones, lleva al lector por los intrincados laberintos de los sueños juveniles y de las esperanzas de la vejez. Ofreciendo reflexiones que despiertan el afán de desentrañar los misterios que cercan al ser humano.
-Luego de este libro, una vez dijiste que tenías un libro de casi veinte años de trabajo.
-Si, eso es verdad. En abril se presentará un libro en el que llevo trabajando efectivamente, más de veinte años. El placer de leer a Vallejo en zapatillas. Es una visión del humor en la poesía –e incluso en la vida- de César Vallejo. Mi afán no es convertirlo en un poeta humorístico, sino en hacer ver lo grande que es ese cuerpo poético, más allá del más hondo dolor. Este libro nace de una conferencia que desarrollé en Madrid durante el cincuenta aniversario de la muerte de Vallejo. Sé que será un libro polémico, que posiblemente me haga brotar canas verdes.

sábado 5 de septiembre de 2009

LIBRO: Sobre la cultura en Cajamarca

LOS "OLVIDOS" DE LUZMAN SALAS SALAS
Por Jorge A. Chávez Silva, “Charro”
Hemos leído con suma atención el libro “Lecturas selectas sobre Cajamarca”, de Luzmán Salas Salas, y la sensación que nos ha quedado es que, para el autor, fuera de Cajamarca, en el resto del departamento, creativamente, no sucede nada. Nadie piensa, nadie escribe, nadie hace arte, nadie, en suma, puede disputarle la supremacía intelectual a Cajamarca.


Luzmán Salas Salas, un cutervino prohijado en Cajamarca, ex decano de la Facultad de Educación y secretario general académico de la Universidad Nacional de Cajamarca, que, según reza la contratapa de su libro, es “el escritor que más ha investigado, valorado y difundido la producción literaria de Cajamarca”, al parecer cree que más allá de la capital del departamento y región, Cajamarca es un desierto intelectual.
En lo que se refiere a Celendín, por ejemplo, olvida en el campo de la literatura la obra de Alfonso Peláez Bazán, ganador en 1944 del Premio Nacional de Fomento de la Cultura Ricardo Palma (por lo que el Ministerio de Educación publicó Tierra mía, un libro mítico, que recoge parte de su producción literaria de entonces, junto a las de Porfirio Meneses y Francisco Izquierdo Ríos). Olvida también la internacionalidad de la obra de Armando Bazán. Para no hablar ya, más actualmente, de los premios obtenidos en el Perú y el extranjero por Alfredo Pita y José de Piérola, de la producción poética de Jorge Horna y Jorge Wilson Izquierdo (sobre cuyos poemarios he leído, sin embargo, comentarios suyos). Todos ellos quedan hundidos en un olvido no ominoso, sino sospechoso y cómico. Si Salas Salas menciona a Julio Garrido Malaver como celendino, es porque no lo puede obviar, porque su dimensión como poeta es trascendente como la piedra inmemorial a la cual cantó.
Salas Salas cita en varias oportunidades a Nazario Chávez Aliaga como fuente de información, mas no como escritor, ni ensayista. En el colmo de la audacia, o ignorancia, dice que el gran Jorge Díaz Herrera nació donde no nació, ni biológica ni intelectualmente. Dice: “Insigne y laureado poeta, cuentista y novelista. Nació en Cajamarca en 1941…”, cuando todo el mundo sabe de la cuna celendina de nuestro versátil escritor. Emplear "cajamarquino" en lugar de "celendino", en nuestro caso, es engañoso e intencional. Esta circunstancia, el mismo Díaz Herrera se cuida de recalcar ante sus editores y nos la ha ratificado en carta dirigida a CPM y a mi persona:

A Jorge A. Chávez Silva
Querido Jorge:
Te agradezco nuevamente por tu generoso empeño en difundir las cosas que escribo. La verdad, lo que más me gustaría es viajar a nuestra tierra, ojalá en tu compañía, y conversar con la juventud celendina acerca de las tantas palabras que le debo a nuestra cultura.
Pienso además que sería una oportunidad para poder desarrollar una serie de temas y para obsequiar una (o más) colección(nes) de mis obras (hablaría con los editores) a la biblioteca o bibliotecas celendinas. Además, podríamos, con el auspicio de mi editor actual, presentar una feria del libro con títulos de muchísimos autores a precios que trataría de convencer a los editores fueran de lo más asequibles.
Ya te he confesado antes que Celendín solo existe en mis cavilaciones merced a los inacabables e incomparables relatos que de nuestra tierra me hacían mis abuelos, que fue con quienes me crie. Me sacaron de ese paraíso a menos de dos semanas de nacido. Pero es como si siempre siguiera allí.
Bueno, querido Jorge, ya seguiremos conversando.
Un gran abrazo shilico,
Jorge Díaz Herrera

Para completar esta exposición de carencias de información, digamos, Salas Salas olvida, entre los pintores al gran acuarelista Alfredo Rocha Zegarra, artista reconocido por otros autores, más certeros e imparciales, que recogen la huella de su paso por el Cuzco y por Europa.
No hablemos ya de otros personajes epónimos celendinos, de forjadores de cultura que tienen un sitial bien ganado en la historia del departamento. Citamos para muestra los casos de David Sánchez Infante, Pedro Ortiz Montoya, Augusto G. Gil Velásquez, Arístides Merino Merino, etc.
No creemos equivocarnos si decimos que el cutervino Salas Salas, contagiado de la animadversión ancestral de los cajamarquinos hacia los nacidos en Celendín, obvia antojadizamente y voluntariamente a nuestros coterráneos de la historia cultural que intenta pergeñar en el libro citado, en el que cita a los citados por su lugar de origen, minimizando a los nuestros.
Porque finalmente no creemos que sea ignorancia ni olvido, a Salas Salas, a alguien que se precia de ser “el escritor que más ha investigado, valorado y difundido la producción literaria de Cajamarca”, le decimos que puede actuar de esta manera, si quiere, pero nunca olvidar que su versión de la aventura cultural cajamarquina no pasa de ser eso: su versión, apenas, nada más.
.

domingo 30 de agosto de 2009

POESÍA: Una poeta shilica y del mundo

LA POESÍA DE ANTONIETA INGA DEL CUADRO
Por Jorge Horna Tay
Lima

Publicado en la revista Jelij, No. 10. Órgano Informativo de PARTA-56. Lima, 2004.

Releyendo lo publicado en revistas surgió mi interés por la palabra de la celendina, ex docente sanmarquina, Antonieta Inga del Cuadro, a quien no conocía personalmente. Cuando la visité lo primero que hizo fue alcanzarme algunos textos de su producción poética; conversamos sobre ésta y otros temas y me cuenta que el infatigable editor Francisco Carrillo tenía el propósito de seleccionar sus poemas para editarlos en libro; pero su deceso súbito truncó el proyecto. Sólo llegó a publicar un hermoso conjunto en la revista Haraui que él dirigía. También Antonieta colaboró con artículos especializados sobre Lingüística y Crítica Literaria en las desaparecidas Oiga y La Prensa.

Antonieta Inga del Cuadro

Ella es una mujer sencilla y muy amable, su fragilidad se traduce en fortaleza cuando refleja su sensibilidad en sus poemas. Le comento que su poesía es como un silencio que convoca multitudes… Se entusiasma y me reitera con la conversación su gusto por el manejo verbal. Quedamos volver a platicar otro día y me ofrece conseguir toda su producción.

Ha pasado buen tiempo, y los avatares de lo cotidiano no han hecho posible que Antonieta haya recuperado sus textos. Abrigo la esperanza que pronto lo consiga. A pesar de eso ella sonríe y con el trasfondo de las célebres tonadas, dice: “…me apasioné por la Lingüística, la Literatura y la docencia, Salí de mi tierra y me hice poeta.” Sonríe. Deja al viento su amor a la vida.

Felizmente tengo a la vista Haraui, Jelij y Trotamundos. A partir de esta dispersión, que sólo es una muestra, pretendo aproximarme y apreciar su poesía.

Sus versos que fueron publicados en revistas a partir de 1983, rebasan su ser –nuestro ser- con secretas metáforas e imágenes extraídas del aire, el agua y su corazón. Hasta en el reproche es noble y lo hace de un modo hermoso:

Quiero decirte…

que no se toca una puerta

para emprender la huida,

que no se hecha la semilla

para pisar la planta,

que no se tiende la mano

para mostrar la espalda.

Desde su horizontalidad nos muestra su gran humanidad que alcanza al amor filial, ausculta la vida; su gratitud se hace palpable cuando admirada dice dirigiéndose a su madre:

A pura sonrisa te abriste paso/ entre las mil olas…/ múltiple buscadora de vida, / las estrellas no te bastan/ los años no te conocen/ la ternura no te entiende…/ ¡La gran ausente/ por estarse distribuida/ en todos los rincones!

Y continúa indetenible con su emoción a cuestas buscando explicaciones en los más recónditos espacios vitales:

Conoces los huracanes/ y te asustas con la brisa…/ perla y lágrima/ ola entre las olas/ pétalo entre rosas/ no resistes el rocío.

Las veces que rememora a su padre lo hace con una filosofía tan elemental que alcanza a medir transcursos, la madurez que procura evitar excesos:

Mis palabras tendrán que ponerse/ añosas/ para poder visitar/ tus heredades…/ De ti no se puede hablar/ Sólo escuchar que te nombran/ todas las cosas del mundo.

A su vez decide la poeta abrir y retomar el camino trazado en el seno familiar y evoca y se adhiere a la veneración por tanto cariño recibido:

Viajan mis ojos/ por tu vena escondida/ y descubro tu mano/ que toco/ Y descubro tu mano/ que es la mía.

Su inmensa ternura se extiende, además, a la tierra que la vio nacer y crecer, asume la añoranza alejada de remilgos de tristeza o pesimismo y lanza sus convicciones hacia una posibilidad esencial y latente.

Lo que permanece impregnado en la retinas de la poeta desde la niñez se vuelve belleza, una tangibilidad telúrica engarzada con la musicalidad y el ritmo de la palabra decantada, labrada; cobija el paisaje inconmensurable en sensitivos versos:

Querida lejanía, hasta ti/ se extiende la vida/ Hasta donde tú estás/ alcanza la esperanza. (…) Cómo estarán los eucaliptos de mi tierra/ por entre qué hojas volará la tierra amada/ Cómo estarán los sauces/ con sus lágrimas bebidas por el río

Luego, nos deslumbra:

Tengo la pequeña ilusión/ de que los árboles nos sigan/ con su pedazo de cielo.

Y volviendo al silencio, ese espacio que sólo, los seres sensibles perciben y que pugnan por compartir con los demás, Antonieta Inga hace de él un recinto de comprensión del mundo y de la vida, porque en el concierto melódico poblado de voces tenues al que nos convoca, surgen las pausas a trasluz para que la poeta prosiga con su palabra hecha transparencia. La síntesis, la concreción de lo vivido:

¿Quién no tiene empeñado/ su minuto preñado de aconteceres? (…) Por ti en ti mismo/ Por tu vivir a solas./ Por nuestro vivir/ contra el viento. (…) Aquí en tu silenciar/ empieza el griterío/ de todas las aguas/ (…) Eso de quedarse con el pan/ en la mano/ con la luz en la palabra/ con el silencio en los ojos!

He allí la trascendencia y la sencillez del trabajo literario de Antonieta Inga del Cuadro, de su abundante labor que no he tenido la dicha de ver en su totalidad. Una de las formalidades es que sus poemas están numerados, y en los pocos materiales con los que he pretendido erigir esta celebración, uno de ellos tiene el número 187.

lunes 24 de agosto de 2009

POESIA: Jorge Wilson Izquierdo

MARAÑON

1
Jadean las venas del mundo
inacabables de rutas andantes
cima-valle
dialogan
tropel de murmullos modorros
de la tortugante negrura
absorta en huídos remolinos de tiempo
plumas
de sierra oscura y selva con llave
fruteciendo
esperanzas disueltas
Alma fluvial exótico brazo
remanso voluble
lamento de sudor labrante
peregrina
las cosidas paralizadas
el cruel hacinamiento de caminos.

2
Suda la alzada del cuesterío
inercias caldeadas
aun muerto el Sol
deshace una cálida trenza
que fresca traía esa joven amada
difusa
en los brazos morenos del viento
quebrado
Estática oroya memora un día
destronchó feroz el arco colgantge
y quedó astillado
crujiendo
guadañoso
Y el hombre
en la vera amputada del camino
parado
tremendo
infinitamente parado…
en el cenit de los nuncas
(la corriente
acometerá su sombra envuelta
su camisa de estambres sin vuelo
entre rocas estelares
sus manos sin grito
sus tobillos fugitivos
su ola sin adiós…



3
Vertiginosos pasan puentes
valles aldeas
oxidadas oroyas chirriantes
frutales olorosos
vienen y quedan
El río se busca despeñándose
reventando eréctiles crestas
bullicio a chorros
tajando cordilleras
puliendo pedernales
en orgasmo acuoso
muchedumbre de tumbas
de oro
cósmico pulso
anónimo latido
enjaula su lecho de mundo
Padre-hermano
arquitecto autoral de ciruelos
multícromos
vives de vidas
brisas y aromas
esculpiendo
estruendosos versos
cantos y furias
para fieras y aves. Musgos y rosas
chamiza juncales
para quien intente bracearte
con el aliento descalzo
envolviendo
distancia tras D I S T A N C I A…

4
Balseros surcan
entre zócalos de inhóspitos picachos
cielo-agua
turbiamente
sudor sin acostarse
vacía la barba
y se pierde en la orilla de monte
de reptiles veloces
astutos venenosos
en tanto la dócil hortelana
repta la tarde
Displicentes lentan gasas
un avión lo de abajo reduce
y allá.. con bronco rumor
parece llevar algo nuestro
mucho ajeno
(… y otra vez
el surco corte riego doblados
el azote solar tiembla inmerso
arrasa la mole telúrica garra
pétreos garfios milenarios
la salpican nítidas flores
trinos solitarios
la aguda cigarra chirriando
el armado alacrán…)
hay vírgenes vientres cediendo
INMOVILIDADES
para ninguna orilla…
……………………………

5
Cíclope nórdico
retorcido cordón de roquedales
entraña incesante
furiosa
paso del día sin noche
en esta rosa lumbre sin cercanía
de mortecinos abrojos
con el fresco
eternizando mi alma
en un piso inseguro del SER
me llevas
tal vez ondulando
- cielo de espaldas –
al seno materno del mar
la soledad sin gemelo
algún dorso funeral
¡ M A R A Ñ O N ¡
cómo el tiempo a la parte
más hendida del alba
viene a caer una sombra de cóndor
en abrazo de alas perdidas…
.

domingo 16 de agosto de 2009

LIBRO: Un marco para "Pláticas del viento"

Por gentileza del poeta Jorge Wilson Izquierdo reproducimos las palabras que expresó en la presentación del libro de Manuel Sánchez Aliaga (NdlR).

BIENVENIDA A PLÁTICAS DEL VIENTO
Por Jorge Wilson Izquierdo
Si por un instante volviésemos los ojos hasta una remota perspectiva, encontraríamos que la narración se da únicamente en el aspecto oral, en cuentos, mitos, leyendas y tradiciones. De donde, propiamente para hablar de ella, hemos de partir de tres épocas a que corresponde nuestra historia:
-El período luego de la conquista española.
-La emancipación de España, y
-La segunda liberación a comienzos del Siglo XX.
Originariamente, casi todos los escritores se identificaron como cronistas, es decir, se volcaron al pasado del Imperio Incaico o a la incursión española en nuestro territorio. Es el momento en que destacan el Inca Garcilaso de la Vega y Felipe Huamán Poma de Ayala entre muchos otros. Posteriormente, fermentó el espíritu libertario en vista de la crueldad desatada contra los indígenas, aparte de la depredación material con que fueron victimados aún más. Así nació la literatura indigenista para reivindicar del grado de postergación en que el país se encontraba sumido y que a la postre rompió las cadenas del esclavismo. Pero el hombre andino, altoandino y tribal, continuaba en la marginación, aflorando voces nuevas en la política y en los escritores dispuestos a revertir ese orden de cosas por nuevas formas de vida, trabajo y prosperidad. Allí figuran ya Manuel Gonzáles-Prada, José Carlos Mariátegui, Clorinda Matto de Turner, Luis E. Valcárcel, nuestro comprovinciano Nazario Chávez Aliaga, etc. Toda la mirada del arte en general, estuvo de parte de esa entraña telúrica que subrepticiamente iba forjando otra en las grandes masas urbanas, expuestas a otras confrontaciones en el tráfago por la supervivencia. EL socialismo se esgrime como panacea de los avatares de la costa, sierra y selva; mas, la propia historia que establece los sistemas, los desecha en ese afán por una meta verdadera. Surgió entonces una literatura agraria y luego la urbana, denunciando los estragos del hombre en barracones y barriadas veinticuatro horas al día. Destacan allí su compromiso una vez más José María Arguedas, César Vallejo, Ciro Alegría, Enrique López Albújar, Sebastián Salazar Bond y, Alfredo Bryce, Manuel Scorza, Enrique Congrains, Julio Ramón Ribeyro, Luis Urteaga Cabrera, entre otros que sería largo enumerar.

El poeta Jorge Wilson Izquierdo con una de sus nietas (Foto Charro).

La narrativa es un género literario en prosa, constituido por la novela en sí, la novela corta y el cuento. Este puede ser un relato puramente estético, sin hora ni lugar, una ficción hecha realidad o una realidad hecha ficción. Y allí radica, justamente, el mérito de la pluma para que el mensaje vaya cundiendo en su vuelo. En muchas producciones el cuento, como cualquier otra forma literaria, puede ser de creatividad, de rescate o de vivencias. Puede ser concreto o elusivo, por eso es muy controvertible. Hay extensos tratados y entre ellos, últimamente, “Las teorías del cuento corto”, del norteamericano Charles E. May, basado en 135 libros y artículos al respecto, habiendo, inclusive, autores como Horacio Quiroga y Richard Kostelanetz, que dan recetas para escribir cuentos impecables.
En nuestro caso, convendremos que Celendín tiene su propia tradición narrativa, habiendo producido hasta best-sellers como el de Oscar Medina Zevallos, quien, por su obra “El enigma de Machu Picchu, 500 años después", ascendió a la altura del brasileño Paulo Coelho y mereció la medalla de honor del comando sur del ejército de EEUU en 1990. ¿Y sabemos de dónde es este sorprendente escritor?, de Chalán, Miguel Iglesias y actualmente vive en el Cuzco. Así, muchos de nuestros autores han sido galardonados en el país y en el extranjero.
En cosa nomás del último decenio aproximadamente, Celendín ha sido gratificado con esfuerzos insoslayables -sin contar a los viñedos periodísticos-, con obras de valía que colocan su nombre en el asta del reconocimiento general. De allí el imperativo de referirnos a algunas de ellas y sus autores:

a) De pensamiento, ensayo o investigación:
- Cajamarca-Celendín tras la ruta de su regionalización y desarrollo.- Tito Zegarra Marín (2002)
- Democracia y justicia falaces.- Gustavo Aliaga Díaz (2005)
- Arte precolombino y barroco colonial.- Daniel Quiroz Amayo (2007)
- Celendín en la cuenca del marañón.- Tito Zegarra Marín (2008)
- Personajes de la historia sucrense.- Gutemberg Aliaga Zegarra y Olindo Aliaga Rojas (2008)

b) De narrativa: novela, cuento y folclorismo:
- Y de pronto anochece.- Alfredo Pita (1987)
- Alegorías del amor.- Walter Linares Z. (1998)
- El sueño del floripondio.- Gutemberg Aliaga Zegarra (1999)
- El toro diamante.- Douglas Rojas Z. (2006)
- Tahuán.- Gregorio Díaz Izquierdo (2006)
- Ingenuidades pueblerinas.- Arquímedes Chávez Sánchez (2006)
- Más acá del silencio.- José Pereira A. (2007)
- Memorias del corazón.- Elmer Chávez S. (2007)
- Los ejemplos del abuelito Juan.- Alexander Villar Sánchez (2008)
- Folclor vivo de mi pueblo.- Manuel Silva Rabanal (2009)

¿No es esto en gran medida confortante? Bueno. Valga este breve terraplén, para acceder a una obra más que nos llega en alas de esta noche: nada más y nada menos que Pláticas del viento, de nuestro archiconocido e inquieto profesor Manuel Sánchez Aliaga, dueño de una formación humanística en el campo del teatro, poesía, periodismo, dirigencia sindical, funcionario docente, actor, miembro de instituciones progresistas, etc. que, violentando las puertas de su silencio narrativo, nos entrega este pan y vino comulgantes con el trajinar del alma, tanto en el bien como en el mal, en el placer o el sufrimiento, la ternura o el odio, de esta vida o de la otra, etc., a veces tan crudamente pero con el respectivo contrapeso de circunstancias y personas muy bien reflejadas, pues, de los errores y del mal también se aprende.
Esta producción, ora atmósfera de perlas y humor, ora de sombra y abismos de la fatalidad, se divide en tres secciones: Fantasías de don Luis, Historias de Julio y Verdadera historia del Temible Cazador, que, a su vez se desglosa en 33 subtítulos que en una simbiosis de ficción y realidad, habremos de reconocernos como identidad genuina o reconocer -subliminalmente- a los personajes, canteras de fuerza, ingenuidad o de tal agudeza muy capaces de arrancarle a la tristeza una carcajada consecuente al carácter festivo e interminable de su autor. Al descorrer los textos al milímetro tallados, sentiremos las sensaciones que no dejan resquicio alguno, porque desde el rudo potentado hasta la meretriz y su celestina, caen por igual en su camino. Nos puede chocar, pero quien solamente traduce la vida puede sentirse tranquilo.
La mayoría de los relatos tiene su propia carga psicológica, tal vez detonante, en un entorno tan lleno de trastiendas e intereses creados, según puede desprenderse por ejemplo de "Abyección" o de "Censurable impunidad"... Este último, es más una sentida crónica por el atentado mortal a un artista celendino que tenía en sus manos el prodigio de la acuarela, de las notas musicales y de sus labios la defensa de los proletarios. Muy subjetivamente sabemos de quien se trata y a tanta distancia del tiempo, convergemos en señalar la impostura y la impunidad.
Llegado a este punto quisiera adelantar solamente dos muestras de esta obra singular Pláticas del viento, relacionadas precisamente con dos de sus momentos: la primera "Desconocido", que lo haremos en síntesis dado el caso. "llegó un día cualquiera y del hotel a la semana pasó a una casucha en las afueras de la ciudad. Saludaba e iba ganando la confianza de la gente. Quería conocer el país en su exacta dimensión. Tomaba notas y fotografías como estudiante de sociología y empezó hablar de política con oratoria convincente. Desaparecía algunas noches, pero solían verlo regresar por las mañanas sin saber de dónde... A poco grupos de campesinos, obreros, mercaderes, se volcaron a las calles con reclamos a las autoridades. Se sumaron maestros, estudiantes, etc., que chocaron con la represión policial. Volantes contra el gobierno y arengas para tomar el poder. El ejército fue brutal cuando aparecieron banderas rojas con la voz y el martillo. Muertos, presos y desaparecidos. Torturas, fosas comunes. Se culpó a los "terrucos", a los soplones, con muchas incógnitas abiertas en medio de llanto familiar por tanta desolación... Y, el Desconocido, que nunca dio nombre falso ni verdadero, también desaparecido"...
Enseguida una del anecdotario del Temible Cazador, a quien "una noche la oscuridad obligó a apearse de su caballo y con la soga amarrarle a una delgada rama. Al clarear el otro día, el caballo trataba de soltarse de la rama e inexplicablemente, mucho más allá de dónde lo habían amarrado. Y, lo peor, creyó ver que la rama también jalaba y jalaba al animal. Era que en la noche anterior, lo que había tomado por rama fue la pata de un enorme venado que estaba allí durmiendo. Capturarle ya fue cosa fácil y se lo llevó vivo para disfrutar con sus amigos de la finísima carne"...
Y así, por el estilo, encontraremos una ingente veta que explorar en este trabajo de absoluta vocación por lo nuestro y mucho más. Al mismo tiempo, imposible pasar por alto, las importantes ilustraciones de nuestro crédito artístico Jorge Chávez Silva, de una dignidad costumbrista tan sugestiva como fruto de orgulloso amor. Felicitaciones también a él. Y qué decir de la carátula por nuestro malogrado pintor Alfredo Rocha Zegarra.
Pláticas del viento entrecruza dispares sensaciones y sopla de todas partes con el corazón a cuestas y la esperanza en algún lugar. Cuando lea usted la obra, ante sí tendrá el gran teatro del mundo con todos sus estratos que si no guarda de historia, un cuento lo irá intensificando. Que este hito de Manuel Sánchez Aliaga, sea uno de los otros que a su vida y talento tienen derecho. Y si tomamos en cuenta la permanente floración de autores, Celendín no debe ser solamente la tierra del sombrero y el chocolate sino también de la pluma. Finalmente, gracias Manuel. Hubiese querido dar únicamente contigo un grito de triunfo, pero eran necesarias algunas consideraciones. Cumplo así, con la presentación de tu primera obra ante nuestra colectividad y le deseo la mejor de las suertes en su rumbo. Mis sinceras felicitaciones.

Celendín, 30 de julio 2009.
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sábado 15 de agosto de 2009

LIBRO: Manuel Sánchez Aliaga

LA PRESENTACION DE PLATICAS DEL VIENTO
Por Jorge A. Chávez Silva, “Charro”
Hablar de Manuel Sánchez Aliaga, “Mime”, es hablar de intelectualidad, de sensibilidad artística acendrada, que mana a borbotones a través de su conversación, de su amistad, de su figura, que es señera en las calles de Celendín, simpatía que incluye las riñas amicales que sostiene a su paso con diversos personajes de la ciudad.
De una persona de esa calidad y carisma no debe sorprendernos que nos salga al paso con la publicación de un libro como Pláticas del viento. Quienes conocemos a Mime a fondo esperamos, sabemos que éste será el inicio de una constante conversación con los lectores ávidos de apreciar su rica vena literaria. En efecto, en confidencia nos ha dicho que su próxima publicación será de poesía.

El libro de "Mime", ilustrado por el gran Alfredo Rocha y por "Charro".

La presentación de su libro, en Celendín, en julio, y como no podía ser de otra manera, congregó a una nutrida concurrencia ansiosa de escuchar sus palabras y de gozar de paso de una singular presentación artística en la que se alternaron oradores, declamadores, cantantes y eximios guitarristas, que contribuyeron al éxito de este acontecimiento, porque ¡qué artista celendino no es amigo y seguidor de Mime!
Las palabras de presentación estuvieron a cargo del poeta Jorge Wilson Izquierdo, quien, con esa fraternidad que existe entre artistas de la misma sensibilidad, expresó su saludo al amigo con quien compartió inquietudes literarias y periodísticas a través del tiempo. Su discurso, en su integridad, lo reproduciremos en otra entrega.
La vida de Mime, un conversador infatigable, premunido de un histrionismo poco común, está plagada de curiosas anécdotas de las que es protagonista este forjador de muchas generaciones de artistas. Su papel de promotor artístico y formador de artistas en ciernes, su creencia y fe en el talento celendino, son facetas importantes y poco conocidas de Mime.
En este sentido, Pláticas del viento es la prolongación de las charlas que sosteníamos en nuestros paseos nocturnos alrededor de la bella e histórica plaza de armas de Celendín, el pueblo que lo vio nacer, que acunó su infancia y que hoy asiste, feliz, a su nacimiento, tanto tiempo esperado, como escritor que cristaliza uno de los más caros anhelos: el de ver en letras de imprenta, y lanzarlo al mundo, su pensamiento.

El escritor, posando histriónicamente, como siempre, en su refugio del condado de San Isidro (Foto Charro).

Manuel tiene un largo ejercicio como profesor de gramática, de allí que su prosa sea elegante y discurra con la espontaneidad natural del amable viento de la tarde, que tras refrescar la colina de San Isidro, baja a la ciudad a alentar anécdotas y cuitas .
En efecto, las historias que Mime narra en su libro tienen que ver con personajes celendinos que en su momento encarnaron el espíritu del pueblo y allí se muestra como un perspicaz intérprete del espíritu de nuestra gente, sin importar en que lugar del mundo nos encontremos, porque para los celendinos el mundo nunca será ancho y ajeno.
La fantasía desbordante de tres insignes fabuladores como son don Lucho, Julio y Simodoseo, el cazador, quedan plasmadas magistralmente por Manuel como un tributo a quienes siempre creyeron que la realidad no es como realmente sucede, sino como uno quiere que sea.
Manuel Sánchez Aliaga, con la publicación de Pláticas del viento, demuestra ser uno de los más genuinos intérpretes de la creatividad, de la riqueza espiritual celendina.
Sobre el objeto en sí, la carátula del libro, por sugerencia mía, lleva una lograda acuarela del maestro Alfredo Rocha Zegarra, cedida gentilmente, desde Madrid, por su hijo Jesús María. En las páginas interiores, Mime ha tenido a bien incluir algunas ilustraciones de quien suscribe estas líneas. Gracias le doy por permitirme acompañarlo en esta otra aventura.
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jueves 13 de agosto de 2009

HOMENAJE: Julio Garrido Malaver

EL CENTENARIO DE JULIO GARRIDO MALAVER (1909 – 2009)
Por Jorge Horna
En el mes de julio pasado diversas instituciones han rendido tributo a Julio Garrido Malaver, poeta celendino, conmemorando 100 años de su nacimiento.
El gobierno regional de La Libertad organizó un amplio programa: seminarios, mesas redondas, exposiciones bibliográficas, recitales; los festejos concluirán con un concurso de poesía en el mes de setiembre. Sobre este acontecimiento, Wilder Sánchez ha informado detalladamente en este mismo blog de difusión.
Garrido Malaver vivió un largo periodo de su vida en la ciudad de Trujillo, allí se vinculó a grupos literarios y culturales de la época, lo que propició una parte –por no decir toda- de su producción y trabajo literario (poesía, narración, ensayo). En Trujillo su obra está difundida ampliamente y es apreciada por los intelectuales y la gente de letras.

Garrido Malaver en Trujillo, en 1986, en la presentación de su libro "Barrio de Pobres".

También el día 3 de julio, en el local de la municipalidad de Cajamarca, la Asociación de poetas y escritores de esa ciudad y el municipio organizaron un homenaje a Julio Garrido Malaver por las diez décadas de su natalicio.
Luego, en el hemiciclo Raúl Porras Barrenechea del Congreso de la República, el día viernes 24 de julio hubo otro “homenaje”. Quien escribe esta nota, por no tener tarjeta de invitación, tuvo que bregar y persuadir a los porteros para lograr su ingreso.
Las palabras de inicio estuvieron a cargo del congresista José Vargas, quien se limitó a hacer referencias anecdóticas sobre la cercanía de su familia con el vate. Y, al paso, leyó un poema del libro Vida de Pueblo.
Luego, Germán Peralta, Decano de Letras de la Universidad Villarreal, dijo atinadamente que lo literario trasciende a la militancia política aprista de Julio Garrido Malaver.
Peralta ubicó al libro La dimensión de la Piedra por la esencia metafísica de su contenido, pues “la piedra es todo, nada, evocación, amor, interrogación, duda”. Garrido Malaver, en su opinión debió apartarse de la política y su producción literaria hubiese sido aún más fructífera. Este concepto fue refutado, a su turno, por Julio Garrido Huaynate (hijo del poeta celendino), presente en la mesa.
Dimas Arrieta, profesor universitario de la Villarreal, había sido invitado para que hablara sobre el libro Poemas para no morir de Julio Garrido Huaynate, cuya presentación se había incluido en el programa. En ese mismo sentido intervino Victoria Valcárcel, amiga de Garrido Huaynate. Esto deslució el pretendido homenaje.
Afortunadamente, cuando disertó Ricardo Gonzáles Vigil, crítico literario y profesor de la Universidad Católica, el reconocimiento al poeta Julio Garrido Malaver tomó el auténtico cauce y merecido análisis literario.
Gonzáles Vigil situó la obra de Garrido, en el panorama de la literatura nacional, en la década del treinta del siglo pasado, por lo tanto pertenece a la denominada Generación Centenario, en la que están incluidos también Martín Adán, Ciro Alegría, José María Arguedas, Carlota Carvallo, Tamayo Vargas, Adolfo Westphalen y otros.
En la visión de Gonzáles Vigil, La dimensión de la Piedra se caracteriza por su tono humano; la referencia a la piedra simboliza el ancestro cultural enraizado en Los Andes. Otro aspecto importante de la obra garrideña es su aporte a la literatura infantil; por eso es necesario organizar esa faceta de poeta para su publicación, pidió el crítico, mencionando como paradigma al libro La tierra de los niños.
La intervención final fue de Julio Garrido Huaynate, que dijo cosas intrascendentes sobre su poemario, opacando el merecido tributo a nuestro gran poeta Julio Garrido Malaver.
Y en la tierra del poeta, Celendín, los silencios y olvidos por dicha de la naturaleza se disuelven con los amaneceres o las noches estrelladas de julio, de las que bebió Julio Garrido Malaver para pincelar permanentemente su obra. Aquí, en Lima, está en marcha una iniciativa para rendir tributo al poeta en el local de Asociación Celendina. Estar atentos para este compromiso.
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lunes 10 de agosto de 2009

LIBRO: Folclor vivo de mi pueblo

El 21 de julio, en el marco de las celebraciones patronales de Celendín, el Dr. Héctor Manuel Silva Rabanal presentó a la colectividad celendina su libro Folclor vivo de mi pueblo·
La reunión se realizó en el Salón de Actos de la Municipalidad de Celendín, entidad que auspició la publicación de esta obra de hondo significado celendino.
El Dr. Silva rabanal es historiador e investigador de las expresiones culturales de nuestro pueblo y ausculta en el alma celendina las razones espirituales de esta manera de sentir tan nuestra, tan original que expresan el alma de un pueblo único en el norte peruano.
Esta obra, importante para comprender el espíritu celendino, está dividida en secciones como Mitos, que recoge aquellas historias que se transmiten entre generaciones de shilicos y que constituyen parte importante de nuestro acervo cultural y que explican en cierto modo el origen de nuestra comarca y de sus gentes.

Un libro que alienta la identidad.

La sección Leyendas antologa historias de nuestra antigüedad pre incaica y otras que se refieren a nuestra fundación como pueblo, abundando en historias que explican nuestra fe religiosa en diversas imágenes que constituyen iconos de nuestra devoción a la Virgen del Carmen, al Niño de Pumarume, el Padre Eterno de Sorochuco, Taita Ishico de Sucre etc. El Dr. Manuel Silva, siempre alentado por profunda vocación religiosa, nos muestra a un pueblo pacífico y moral que enmarca sus acciones dentro de un marco consistente de espiritualidad.
En la Pequeña Historia de mi Pueblo, delinea las razones históricas de la personalidad de un pueblo muy sui géneris como el celendino.
El pueblo celendino es un crisol de tradiciones y ello es el motivo para que el Dr. Silva Rabanal aborde este rico filón que muestra un pueblo pleno de imaginación vivida plenamente a través de los tiempos y explica con claridad nuestros miedos infantiles y la gente protagónica que forjó la personalidad de Celendín.

Manuel Silva Rabanal, un celendino auténtico que ama a su tierra. (Foto Charro)

En otras secciones traza la personalidad e imagen de los personajes históricos, la obra que hicieron en bien de Celendín y sus anécdotas que nos dicen que cualquiera de nosotros podría emularlos si nos identificáramos plenamente con nuestra tierra, sin olvidar por supuesto a aquellos seres extravagantes que encarnan la espiritualidad de los pueblos en cualquier lugar del Perú
La obra Folclor vivo de mi pueblo es, en suma, un libro que no puede faltar en la biblioteca de los celendinos que de verdad aman a su tierra.
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lunes 3 de agosto de 2009

LITERATURA: Gremio de Escritores

Nuestra página literaria, Espina de Maram, no sólo está al servicio de los celendinos y se complace de contribuir a la difusión de la actividad cultural y literaria popular en el Perú, por lo que damos paso al siguiente anuncio del Gremio de Escritores del Perú (NdlR).

El Gremio de Escritores del Perú convoca para uno más de sus Miércoles Culturales, el próximo 5 de agosto.

Gran acto de convocatoria oficial al
VIII Encuentro Nacional de Escritores “Manuel Jesús Baquerizo”
Huamachuco, 28-31 de octubre, en
Homenaje al Centenario de Ciro Alegría




Presentación de la
Colección del Fondo Editorial de Huamachuco
Asociación de Escritores “Ciro Alegría” de Sánchez Carrión


Participan

Waldemar Espinoza - Gonzalo Espino

Javier Garvich – Luis Flores


Conduce

Zelideth Chávez


Invitados

Elenco de Danzas “Huellas” –

Grupo de música “Voces”

Margot Palomino


Libros - Brindis – Solidaridad

Hora: 7:00 p.m. Club Departamental Puno,

Cervantes 137 Cdra. 2 de Av. Brasil


INGRESO LIBRE


sábado 1 de agosto de 2009

CUENTO: Franz Sánchez

Mi GUERRILLERO VIEJO
El veterano gallo moro ha entonado el amanecer, mis abuelos lo han amarrado con una corta pita junto a la puerta del dormitorio, para saber la hora. Es muy temprano y el frío se escabulle bajo las frazadas. El albugíneo de nubes, que se acomodan para dormitar sobre el pueblo, va levantándose, sin apuros, lentamente.
Mi abuelo se ha sentado sobre la cama y se dispone a rezar, como cada mañana. Luego alista su pantalón, se coloca un chaleco grueso de algodón, y con una boina azulada, cubre su cabeza. Cada movimiento deja percibir una ferviente meticulosidad que se aproxima a un ritual. Lo observo, y aunque no entiendo nada, no dejo de conmoverme cada instante. “Franz, ya, vamos” me dice, con la convicción de haberme despertado.
Entre el “sello” y la “canga”, pasando por el “rayuelo” y el “kiwi”, he olvidado por completo que hoy mi abuelo va de cacería, y además que voy con él. Coge un rifle ya raído, que la noche anterior sumergió en petróleo. Después, enfunde al cuerpo una doble estola llena de cartuchos rojos y recoge del suelo, dos fustes que sujetan una abultada trama de hilo negro, muy fino, pero resistente.
Al final del zaguán nos despide mi desconsolada abuela. He visto sus ojos húmedos, preocupados por mí. No quiero ir. Espero a mi abuelo, deseando que cambie de opinión. Pero él ha determinado otra historia. Entonces finjo ánimo y tomo su mano. Pero de inmediato, él la suelta.
Mi abuelo va adelante con un gesto duro y seco, carga el rifle, los cartuchos, una cantimplora, la malla para pajaritos y una ligera mochila. Yo traigo el jebe, y en mis bolsillos tengo piedras que pretenden hundir mi pantalón.
Aunque no conozco ninguna guerra, más que la del afiche de mi padre, aquél que está pegado en la pared del depósito -un inmenso helicóptero y soldados usando máscaras antigases- hoy me siento en uno de ellas. Un conflicto terrible, y muy enrevesado, el de acercarme a mi abuelo.
Él, da la impresión de ir también a una guerra, pero diferente a la mía. Mi abuelo tiene su propia pugna, encontrarse él mismo después de haberse buscado siempre, en tanto tiempo. Parece vivir su recóndita revolución, su insurrección personal. Estampa al paisaje, la silueta de guerrillero anónimo.
Hemos atravesado la llanura de la campiña. Nunca vi un camino tan iluminado, que ciega los ojos y los sentidos. Me es difícil seguirle el paso, y él no voltea a verme. No sé si escucha mis jadeos, el viento silba en los tímpanos y el polvo rasguña el rostro. Llega al final del collado, otea alrededor y borronea una sonrisa debajo del acantilado de su bigote. “Allá, lejos está” fue lo último que recuerdo haber escuchado.
He visto el pueblo, se parece a un turrón de leche, como los que mi abuela corta sobre la mesa, con lados iguales, cuatro esquinas rectas que delinea con el cuchillo. Me ha dado mucha hambre.
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El sol azota con sañudos latigazos mis hombros y la espalda, deseo recostarme sobre la pampa que hemos divisado. Mi abuelo inicia el descenso. Aún queda duradero itinerario.
Camino sobre brasas. Lejanas vacas al pie de la sombra de los árboles, me recuerdan cuan vulnerable somos ante el cielo.
Pienso una y otra vez cómo hablarle a mi abuelo, que enmudeció desde hace mucho. No se me ocurre nada, y lo que se me pueda ocurrir, de seguro interrumpiría su vehemente marcha.
Su decisión y talante, me han inspirado, a pesar que no tengo aliento, trataré de hablarle. La próxima curva le diré que me gusta pasear con él. No, mejor le preguntaré cuánto falta, pero podría enfadarse. Ya sé. Preguntaré si tiene hambre, luego abriré el bolsillo de la mochila y cogeré el poro-poro que guardó mi abuela, lo partiré en dos mitades. Será un excelente pretexto para entablar diálogo. Eso haré.
Parece haber escuchado mis adentros. Se detiene, y yo voy a decirle que… Un balazo me sacude el cuerpo y atraganta mis palabras. Le ha dado un tiro con increíble acierto. Mi abuelo corre, yo también. Llegamos hasta un enorme pugo de pecho abultado, tendido en el piso. Muere resistiendo su suerte. La cabeza está destrozada y yo he tenido pena. He querido llorar, pero mi abuelo no perdonaría que lo hiciera. “Agárralo” manda. Y así lo hago.
Unos kilómetros más allá, he comido por vez primera una paloma. Mi abuelo improvisó una tienda de campaña e hizo una fogata. Ha sido todo, el almuerzo hizo más mudo nuestro viaje. A esa misma hora imagino los manjares en la mesa de mi abuela.
Llegamos hasta una cruz blanca en la cima de un despeñadero. Mis labios están partidos y resecos. El terreno árido del peñasco muestra a nuestros ojos, dos sombras diferentes que han llegado a la misma meta. Una de ellas desgastada pero de contornos marcados, y la otra acaso nueva, está difuminada. Él y yo parados frente al lugar que mi abuelo no deja de admirar. Siento fuertemente que enorgullezco al veterano. Y un torrente de aire fresco, alivia nuestros rostros lacerados. Ahora sé que no temo a nada, tampoco a nadie.
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Lo he visto bajar por un camino empinado y delgado, no sé si sonríe, pero creo que ha dejado la pesada carga de sus años en aquella cruz de la cima. Quisiera poder decirle que lo quiero y que admiro mucho su carácter. Así lo haré.
Tal vez los dos necesitábamos este viaje, puede ser que mi abuelo pretende acercarse más hacia mi. No lo he comprendido, pero a medida que sigo sus huellas marcadas en el camino, me alegra saberlo. Y no entiendo por qué tantas preguntas revolotean mis pensamientos. He sentido un cosquilleo en el pecho, y lo atribuyo al hecho de sentirme un hombre, que he dejado apenas en un par de kilómetros mi incómoda infancia. Y quién la necesita. No la quiero más conmigo.
Hemos llegado a un lugar, que mi abuelo ha dicho, se llama Huañambra. Me ha pedido, con voz muy grave: “Encárgate de la malla”. Voy de inmediato. Levanto con dificultad los postes de la red. Me he dado cuenta que es larga. Mi abuelo mira la trampa, y luego se acerca. Me ha recomendado que la temple.
Escuché dos disparos, mi abuelo ha cazado unas vizcachas. Es muy buena su puntería, cada vez que oigo el rifle, sé que algún ser vivo acaba de convertirse en alimento. Ya no me apena tanto, sé que el hombre tiene que agenciarse de su entorno para sobrevivir.
Luego de instalada la malla, hemos corrido por los costados, o como dice el viejo, por los “cantos”. Tiramos piedrecillas para asustar a las aves de los árboles y dirigirlas a la trampa.
Han pasado un par de horas, y hemos guardado absoluto silencio, para no espantar las aves y también para no perder la costumbre. Nos acercamos a la red y comenzamos a desprender de los hilos, huanchacos desprevenidos que han llegado a caer en la trampa. Mi abuelo observa cómo recojo los pajaritos. Ha cambiado su rostro y se ha puesto muy serio, se ha dado cuenta que en lugar de desenredar, estoy atando más a los huanchacos con la red. Me puse nervioso al saber que no me saca los ojos de encima. Mis manos se sacuden y la pequeña ave me picotea con furia.
Mi abuelo acaba de gritarme, me ha dicho inútil. Sus palabras me han devuelto, de un tirón, a un estado miserable de mi vida. En verdad me he vuelto torpe y no sé que hacer con la pata atascada del huanchaco, que sigue ensangrentando mis manos. El cielo hace rato se congestionó, nubes amoratadas han aparecido sobre nuestras cabezas. ¡Demonios! No puedo hacer bien el trabajo, mi abuelo sigue gritando, y ahora se aproxima.
He cogido fuerte el pico del huanchaco porque me ha lastimado las manos. Lo he sujetado con mucha rabia. Mi abuelo se ha parado en frente y antes de poder decirme algo. Truena el cielo, y cae un rayo.
El sonido ha sido el peor que escuché en mi vida. Una descomunal fuerza ilumina todo lo que está alrededor. Me he quedado ciego, abracé la red con mucha fuerza, y caí con ella.
Se desata una lluvia de súbito, el viejo tiende su mano para levantarme. Ni siquiera se asustó, está impávido, con la expresión serena. He visto en mi mano como he matado al huanchaco, por el temor del rayo. Ya no le importa a mi abuelo y abandona la red. Se ha dado cuenta que es muy tarde, porque de inmediato alista la retirada.
Tiendo a resbalar, una y otra vez.
Acompaña la huida, el aroma húmedo de la tierra, al mismo tiempo que nuestras ropas empapadas, han mojado nuestro cuerpo.
Se oscurece, no puedo distinguir las sombras que nacen de los zarzales. Pero camino con pundonor. Recuerdo el fogón donde oreábamos nuestras manos, junto al gato tiznado de mi abuela, que ronronea más fuerte, ahora. Alivio mi frío.
Es increíble saber cómo, a veces, cuando premeditas las formas de estrechar más los lazos con alguien que amas mucho, terminas completamente distanciado de la hazaña. La conexión, entonces, tendrá que ver con el fortuito discurrir de circunstancias no planificadas. Mucho tiempo después lo supe.
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Ha dejado de llover. Los claros, derrotados ante la oscuridad, no tienen más remedio que añadir a sus tonos pastel, memorias. Es por esto que los recuerdo, diáfanos.
Avanzamos en la penumbra, sin hablar, envueltos por una suerte de alegría pesada, fatigados, desgarrados pero felices, amargamente felices.
Al borde de la carretera, enrumbamos camino llano. Nuestro andar, muerde piedras y tornase fangoso. En más nada que el silencio, rompe los hilos de nuestra virtuosa calma, un alarido. Parecido a un aullido pero grueso, como de un animal grande, diría bramido pero aquél fue una mezcla de gruñido y gemido, tenebrosamente horrible.
Solo puedo describir el miedo que sentí, como una helada navaja, punzándome finamente la espalda. Helando mi rostro y paralizando cualquier visaje.
El grito, vuelve a golpearnos de espaldas, ahora más intenso, rebota en las peñas y se multiplica por decenas. No pretendo delatar mi temor, es por eso que estrangulo mis dedos, para no sacudirme. El miedo desdobla sus siniestros pliegues, sobre nuestra retaguardia, desde la nuca hasta los pies. No le puedo hallar explicación. Tan pronto espantados, apuramos el trayecto, mi abuelo me toma de la mano, y yo lo siento rígido.
“Nunca te vuelvas hijo, nunca” susurra, su voz le tiembla. Por las sombras no puedo distinguir la expresión de su rostro. Imagino que ha de ser espantosamente serena, con una respuesta improbable ante el temor.
Me tomó de la mano hace mucho, y no sé si lo mojado de los dedos sea producto del miedo mío o suyo. Pero me alivia pensar que le pertenece a medias, que compartimos lo mismo, que lo sentimos los dos.
Nos alumbra una luz como de linterna a unos metros, el fulgor viene dibujando curvas, y en unas dos, la encararemos. De repente en la última curva que vemos de la luz, llegamos a encontrarnos con la nada. Y aquí mi abuelo grita: “Shapingos, qué quieren” “Vengan, porque no les tengo miedo” “Cobardes”.
Estoy seguro que aquellos gritos sacudieron los cerros, y resonaron en el campo, metiendo dentro de sus camas a los pocos curiosos que viven allí.
Mi abuelo me ha enseñado a temer, pero no por mí. A tener miedo de no proteger a quien amo. Que sin saber con quién enfrente, eche pelea. Porque valeroso, no es enfrentar lo conocido sino dar batalla a lo que falta conocer. Y en esa misma esencia, me doy cuenta que sabe él de mi valentía y que aprecia el haber querido conocerlo más. Siempre fue para mí un eterno viejo desconocido. Un auténtico guerrero, que me trajo a salvo para la casa. Y que cuando, sentados en la mesa, abrigados por el calor de mi abuela, bebíamos café molido y comíamos cachangas; cerró un ojo y me guiñó. Esta vez como un eterno niño que ahora conozco.
Lima, miércoles 15 de julio 2009

miércoles 29 de julio de 2009

NARRATIVA: Invitación

El día 30 de julio se presentará el libro de relatos Pláticas del Viento, del escritor celendino Manuel Sánchez Aliaga.

Este evento cultural está auspiciado por la Cooperativa de Ahorro y Crédito “Celendín”.

Nuestra asistencia será una demostración del compromiso intelectual con Manuel Sánchez Aliaga, uno de los promotores más activos de la cultura, el arte y la literatura en Celendín.

Los comentarios literarios estarán a cargo del reconocido poeta y periodista Jorge Wilson Izquierdo.

Lugar: Hospedaje “Loyers”, jirón Gálvez 410

Celendín.

Fecha: jueves 30 de julio.

Hora: 7 pm.

lunes 27 de julio de 2009

PALABRAS DE AMOR POR LA PATRIA

Los constructores de versos también cantan las glorias y las tragedias de la patria. Es que el Perú es una herida que aún no cierra desde la invasión hispánica hasta nuestros días.

Aquí una minúscula muestra de enorme e intenso contenido patriótico que irradia el auténtico espíritu de lucha y entrega de los hombres y mujeres del pueblo.


José Gabriel Condorcanqui Noguera, "Túpac Amaru",

caudillo de la mayor rebelión anticolonial de sudamérica


Arenga al peruano


Mario Florián

No te sientas pequeño, hombre común peruano,

peruano de estos días: pregona tu grandeza

delante de tu huésped, delante del foráneo

que llegó de muy lejos a comer en tu mesa;


que llegó de muy lejos a vivir en tu espacio,

y a hablarte de su origen y a hablarte de su fuerza.

Tú desciendes del puma, tú desciendes del rayo.

Y en tus músculos duerme colosal fortaleza.


No te humilles. Despierta. Elévate, peruano.

Erígete. Ya es hora. Revive tu ejercicio

de amansador de Mundos, de Continentes Bravos,

de forjador de Imperios sobre los precipicios.


Levántate, peruano. Pisa otra vez tu tierra…

Que el horizonte vea tu figura broncínea

de semidiós, de cóndor. Despliega tu mirada,

y el poder de tus alas y tu aptitud antigua.


Vindícate en tu tierra… Porque estás en tu tierra

desde hace eternidades. Y tu tierra te adora…

¡Exprésate, peruano! ¡Exprésate de nuevo!

¡Sé heroicidad, destino! ¡Levántate! ¡Ya es hora!


Profesión y fe


Julio Carmona


Yo versificador, yo modesto

hacedor de versos: creo y escribo.


Mientras pueda esgrimir esta arma noble,

mientras pueda

extender mi mano amiga o levantarla

altiva contra el rostro

del enemigo general o

del general enemigo o contra todo

antifaz de la muerte:

he de seguir creyendo,

he de seguir escribiendo.


Y he de seguir haciéndolo, pues no temo

por mí, temo por todos y por todos

también sueño y escribo.

Porque

humilde habitante de una patria

vendida al mejor postor o a la mejor

-como dicen- inversión extranjera,

he aprendido a quererla no por esa

pródiga maravilla de su suelo

ni por la alta belleza de sus años remotos;


he aprendido

a quererla por sus manos

callosas y mendigas, por sus ríos

de ojos llorantes, por sus labios

resecos. Y por su muerte

de viles formas

he aprendido

a llorar también.


Pero he aprendido

a quererla con la voz y con los puños

y todo este cariño doloroso

lo trato de verter en cada verso.


Y aunque sea lo último que haga

sólo quiero trabajar como trabajan

los constructores del surco,

los dadores del sudor:

con humildad.


Quiero ser algo

útil en su diario trajín;

en su lucha quiero ser:

trozo de canto,

brizna de risa,

ayudadora mano.


Sólo eso me propongo.

Creo que he de lograrlo.


Héroe del pueblo


Washington Delgado


Yo construyo mi país con palabras,

digo cielo cuando miro el cielo

digo luz, agua, corazón y lo demás ignoro.


El silencio es profundo, pero amo las alturas.

Hombres son y mujeres los que alumbran mis ojos

y mi voz está con ellos como el aire en que viven.


Yo canto en las matanzas, yo bailo

junto al fuego, yo construyo

mi país con palabras.


************************

Mario Florián. Nació en el caserío de Nanshá, Contumazá (Cajamarca).

Julio Carmona. Oriundo de Chiclayo.

Washington Delgado. Nació en el Cusco.

jueves 16 de julio de 2009

CUENTO: Alfonso Peláez Bazán

Dentro de nuestro quehacer en la búsqueda de los valores celendinos, Alfonso Peláez Bazán ocupa un lugar preponderante, y nos hemos propuesto no descansar hasta publicar la totalidad de sus cuentos, que tienen por escenario la mirada esperanzada de Celendín hacia las tierras del Marañón. Ese feraz valle que con la misma maestría de Ciro Alegría describe como algo inmerso en su ser. Nos llega el aliento cálido del valle y su aroma a fruta madura a través de su pluma y deja un mensaje de conflicto social, de heroicidad en la altivez orgullosa de Eugenio, que demuestra que nuestros campesinos están hechos de otra madera, que no agachan la cerviz ante los poderosos y en eso se diferencia de otros cuentos que parecen tener el mismo cariz. (NdlR)

HIGINIO

Cuando Eugenio Santillán y Matilde Sifuentes tomaron posesión del paraje “San Antonio”, y llenos de fe empezaron a levantar la morada, en las entrañas de Matilde latía ya un nuevo ser.
Con sus paredes blancas y techos rosados, mirándola desde lejos –de la campiña o de la ciudad- , aquella casita, antes que hecha de barro y madera, más bien parecía pintada en la falda del cerro, ahí donde los matices de éste son más suaves y permanentes.
En ese bello paraje, que sonriente da cara a la ciudad cercana, nació Higinio una mañana llena de cielo.
Cuando tuvo seis meses le tocó mirar por primera vez, desde el corredor de su linda casita, la quema de los juegos artificiales de las fiestas patronales. Balbuciendo dulces voces, alargaba alegremente sus manecitas, como queriendo coger las luces de colores que se alzaban deslumbrantes por el cielo. A las once de la noche se quemó el último castillo, y cuando se extinguían ya sus luces, Higinio empezó a dormirse en los brazos de su madre.
“A la rurrua, rurra…
Duérmete, mi niño…”
……………………………
Soñó que seres fantásticos se llevaban la ciudad en castillos de luces… Se despertó sobresaltado y empezó a llorar.
“Duérmete no más…
Aaa… aaa
Duérmete. mi amor…”
……………………………
Al otro día, la ciudad estaba allí. No se la habían llevado seres fantásticos en castillos de luces. Higinio parecía estar más alegre.

II
Higinio es ya un mocito de 4 años. Cada vez que va por agua a la fuente, en su cántaro decorado de verde y morado, allí se queda embelesado mirando a la ciudad a través del verde follaje de los sauces y las enredaderas. Higinio vive ardientemente enamorado de la ciudad. Y cada día es más grande su deseo de conocerla, de caminar sus calles y plazas,
Ya es costumbre suya sentarse al filo del corredor y contemplarla largamente. Desde allí, la distingue toda. Hasta podría contar sus calles: siete laterales y quince transversales… Pero el pequeño Higinio no puede hacer eso.
A veces, sin embargo, parece que sí las estuviera contando… A su manera, naturalmente: “UNO, DOS, TRES, CUATRO… UNO, DOS, TRES, CUATRO… UNO, DOS, TRES, CUATRO…”. Apenas le ha enseñado su mamá a contar hasta cuatro. Cuando vaya a la escuela ya sabrá contar hasta seis.

Los celendinos trabajan desde niños. (Foto Javier Chávez Silva)

III
“Fido”, el perrito engreído de la casa, se ha puesto alborotado, nervioso, pues, desde que empezó a rayar la aurora, advirtió en la casa un movimiento desacostumbrado. Y va de un lado a otro sin comprender nada absolutamente.
Higinio luce un terno nuevo de casinete oscuro y una camisa de tocuyo listado, sin cuello, naturalmente. Y tiene ya sobre el hombro el precioso ponchito que le tejió su madrecita con las lanas más suaves y blancas de muchas trasquilas.
Tiene fresco y oloroso todo el cuerpecito. Muy a las seis su madre lo bañó usando el rosado jaboncillo que en algunos meses sólo ha sido usado unas cuantas veces. El rostro de Higinio resplandece, igual de limpieza que de alegría.
* **
A la entrada de la ciudad, la madre le volvió a lavar los piececitos y de nuevo le arregló los lacios cabellos.
-Así, bien limpiecito, tienes que llegar todos los días a la escuela- le dijo aquella al tiempo de arreglarle la casaca.
Higinio prometió a su mamá hacer todas las cosas buenas y lindas.
Recorrieron todas las calles. Higinio, aunque estaba advertido sobre muchas cosas de la ciudad, se quedaba asombrado a cada paso: de las casas con balcones, de los grandes faroles de las esquinas, de los postes del telégrafo. Pero su asombro no tenía límites cuando veía pasar un soldado de uniforme azul o una mujer de imponente tupé.
Compraron luego la pizarrita y el silabario. También la madre le compró un pañuelito blanco con ribetes azules, que ella misma dobló delicadamente y lo puso en uno de los bolsillos de la chaquetita.
Discretamente, silenciosamente, penetraron hasta la dirección de la escuela. Era la única escuela de varones de la ciudad. Un señor de aspecto casi solemne, de adelantada calvicie y prominente barriga, era el Director.
Matricularon a Higinio en las primeras letras, y al tiempo de despedirse, amorosa e ingenua, la madre le habló así al Director:
-…Le diré, señor preceptor, que mi hijo es muy formalito y muy buenito. EL no sabe de cosas malas…
-…Ajá… Ya lo creo, ya lo creo… Qué bueno… -contestó el señor preceptor poniendo la mano en el hombro de Higinio.
Luego de arreglarle otra vez la chaquetita, y hacerle una tierna caricia en la mejilla, la madre fue la primera en abandonar el cuarto del Director.
***
Al cabo de unos pocos minutos, Higinio estaba ya confundido entre docenas de niños desconocidos. Algunos muy semejantes a él: seriecitos, casi tímidos, con chaquetillas sencillas y pantaloncitos largos, de dril o de lana. Pero qué distintos de los que lucían zapatos y pantaloncitos cortos. Y más todavía de los que tenían zapatos de charol y cuello de caucho. Sin embargo, Higinio no se sentía deprimido y trataba, más bien, de sentirse contento.
Pasaron todos los niños a sus respectivos salones, Higinio portando el banquito de quishuar que le trajo a la espalda su papá, esperó que el maestro le señalara su sitio.
Cuando todo estuvo arreglado, el maestro empezó la lección:
-Bueno, niños, atención… Las vocales son cinco: a-e-i-o-u…
Cogió la tiza y las escribió en el pizarrón.
-Bien. Niños, primero a pronunciarlas… A ver…
El salón se llenó de un intenso rumor.
“a-e-i-o-u”… “a-e-i-o-u”… “a-e-i-o-u”…
-Ya, niños…. Basta. Ahora a escribirlas en vuestras pizarritas.
Entre los ruidos del salón, el que más se percibe era el que hacían los niños al escupir sobre sus pizarritas para borrar frecuentemente.
Sólo Higinio no hizo eso una sola vez. Con admirable facilidad, llenó los dos lados de su pizarrín con las cinco vocales…
Se le acercó el maestro y le dijo:
-Muy bien, muy bien. Prometes ser un gran alumno…
A las once en punto sonó la campanilla de la Dirección. Bulliciosamente, los niños abandonaron sus salones y se fueron a formar en el patio para luego salir a sus casas.
***
A pocos pasos de la escuela, Higinio se vio solo y sin saber a dónde ir. Recordó la indicación de sus padres: “A las once, tú no puedes venir hasta acá, pues no tendrías tiempo para poder estar de nuevo en la escuela a la una”. Se puso entonces a caminar al azar por toda la ciudad. De pronto llegó a la plaza de armas, y le saltó el corazón cuando, desde allí, distinguió su casita en la falda del cerro. Y se arrimó a la verja de la pila para poder mirarla incansablemente.

Venta de sombreros en Celendín, 1930. Al fondo el "Jelig", cerro tutelar de la ciudad.

Al cabo, recordó que su madre le había puesto en los bolsillos de la chaquetita cancha del mejor maíz y también harina de trigo tostado con chancaca raspada. Y sintiéndose como en la gloria, empezó a saborear todo eso.
Vio pasar a un niño cerca de él y sintió deseos de invitarlo a su banquete, pero se sintió corto y lo dejó pasar.
A poco llegó hasta él otro niño, de mejor aspecto que el anterior; vestido de casimir, zapatos de charol y amplio cuello de caucho.
Contra todo lo que Higinio había esperado, el niño elegante se lo quedó mirando con aire de superioridad y desafío. Luego le dijo:
-¿Quieres probarte conmigo, estancierito?... ¿Qué dices?...
Higinio se quedó asustado y no atinó a decir nada.
-…Un trompis, ¿oyes?... Ya, anímate, estancierito.
Higinio se puso más asustado aun y la harina con chancaca se le atragantó un poco.
-… No seas cobarde, estanciero, unos cuantos no más…
Cuando Higinio tuvo vacía la boca, tímidamente, contestó:
-Yo no sé pelear… Nunca he visto pelear…
-Ajá… ¿Con que no sabes pelear?... Pues ahora vas a aprender… Toma, estanciero maricón…
Y al tiempo de decirle todo esto, se le fue encima, acribillándolo a puntapiés y trompadas, hasta tirarlo al suelo. Luego se alejó tranquilamente el niño de los relucientes zapatos de charol y amplio cuello de caucho.
Hecha una verdadera desdicha, Higinio empezó a sacudirse el polvo. Después sacó el flamante pañuelito y se limpió la sangre. Finalmente, recogió del suelo silabario y pizarrín.
Allá al frente, en la falda del cerro, estaba su casita blanca y rosada. Se arrimó otra vez a la verja y desde allí se la quedó mirando mucho rato.
***
Por la tarde, la escuela se volvió a llenar de niños. Cuando llegó Higinio, instantáneamente se produjo una ensordecedora algazara. Todos gritaban endiabladamente: “¡Miren a don Higinio Alfaro!”.
Ciertamente, el pobre Higinio estaba como para desatar toda la diablura de los muchachos. Tenía el cabello completamente desgreñado y cubierto de polvo, y manchas de sangre le afeaban el rostro. Todos se acercaron y entre gritos y risas destempladas, le dieron de jalones…
Al fin llegó el maestro y cesó un tanto la algazara.
-¡Silencio, malcriados!... Vamos a ver qué pasa… Hablen, ¿qué pasa?...
Por toda respuesta, cogido de los bracitos, pusieron a Higinio frente al maestro.
-¡Oh!... Pero, ¿qué es esto?... ¿Te caíste acaso?... ¡Habla!...
Higinio empezó a llorar y no respondió una sílaba.
De entre el grupo se alzó una voz:
-¡Se ha trompeado, maestro!...
Y otra voz agregó:
-¡Es muy guapo, maestro!...
-¡Ah…! ¿Y cuál es el otro niño?.. –preguntó el maestro mirando a su alrededor.
Hubo un momento de silencio. Al fin, se oyó un coro de voces:
-No sabemos, maestro…
-No sabemos, maestro…
-No sabemos, maestro…
Entonces, el maestro cogió a Higinio de una oreja y se lo llevó a la Dirección.
-¿Con qué te gusta pelear, so pedazo de bribón?...
Higinio empezó a llorar.
-¡Bájate los pantalones, insolente!...
Higinio pudo hablar entre sollozos:
-No he peleado, maestro… Por Diosito… Un niño me pegó… No me pegue usted también…
-Ajá… con que un niño te pegó… Ahora, a recibir unos latigazos más por mentiroso…
Los pantalones estaban ya caídos. Y cuatro veces sonó el rebenque del maestro en las nalguitas de Higinio.
Afuera los niños se gozaban delirantemente.
-Y ahora, malcriado, anda al chorro de la plaza y lávate. Y regresa enseguida.
Luego el maestro hizo pasar a todos los niños a sus respectivos salones.
***
Las horas de la tarde transcurrieron entre cantos a la patria y a Dios. Higinio llevará a su hogar ciertas ideas confusas y extrañas.
Higinio tomó la calle central, de regreso a su casita limpia y alegre, en donde lo esperaban ansiosos sus padres. Y también su perro “Fido”. A pesar de todo se sentía feliz.
De pronto, sin embargo, las cosas iban a empeorar. Detrás de una esquina lo estaba asechando la mala suerte… Sí, “la mala suerte”, representada por tres niños de la ciudad… Uno de ellos, nada menos que el de los relucientes zapatos de charol…
Los tres pequeños bárbaros arremetieron furiosamente contra Higinio. Al tiempo de pegarle le gritaban:
-¡Toma, estanciero maricón!
-¡Sí, para que otra vez no llores!...
-¡Y para que aprendas también!...
Higinio no hacía sino gritar desesperadamente.
Se cansaron al fin los pequeños bárbaros y presurosamente abandonaron el escenario de lo que ellos creían valiente proeza.
Silabario y pizarra quedaron destrozados entre el polvo de la calzada. El ponchito fue arrastrado a una gran distancia.
Después de recoger los pedazos del pizarrín y del silabario. Higinio fuese por el ponchito y luego de sacudirlo y doblarlo por el largo, se lo echó al hombro.
***
En la parte más saliente del paraje estaban los padres de Higinio para verlo llegar.
-¡Mira!... ¡Mira, Eugenio!... Ya llegó a la pampa… ¡Míralo qué lindo es con su ponchito al hombro!... Me voy a encontrarlo…
-No, Matilde, no… Déjalo llegar solo… Mira allá… Ya lo va a encontrar “Fido”…
Por la verde campiña de la ciudad, entre tanto, ya habían empezado a arrastrarse las sombras de la colina de enfrente.
***
Cuando Higinio estuvo a pocos pasos de sus padres rompió a llorar.
Desesperada la madre lo alzó en sus brazos.
-¡Dios mío!... ¿Pero, qué te ha pasado, corazoncito, hijo mío?...
El padre no atinaba a comprender nada.
“Fido no se cansaba de lamer a Higinio, al tiempo que movía la cola.
Al fin, enjugadas ya las lágrimas, Higinio confesó exactamente lo que le había pasado en la ciudad. La madre volvió a llorar y el padre lanzó toda clase de maldiciones.
***
Antes de que el sol saltara por encima del cerro “Jelig”, ya estaban listas las nuevas prendas de vestir de Higinio.
A las ocho de la mañana, cuando todas las pampas y colinas resplandecían alegres, Higinio y su padre entraban de nuevo a la ciudad.
Luego de comprar otro silabario y otro pizarrín, fueron a la escuela. Los recibió un poco sorprendido el mismo calvo y ventrudo maestro.
-Buenos días, señor preceptor. Aquí me tiene usted de nuevo… Siempre deseamos que esté en la escuela… Pero vea usted, señor, cómo han dejado a mi pobre hijo… Mire, señor, cómo tiene la cara… las manos… las canillas… Cómo puede ser esto, señor preceptor…
Este tenía en el rostro una expresión de burla. Y al cabo respondió a Eugenio:
-¿Así, no?... ¡Qué tal!... Lo que no debería ser es que tengas un hijo tan mal educado, ¿lo oyes?... Según todos los niños de la escuela, tu hijo buscó bulla al niño Luis Altamira, cuando éste pasaba por la plaza… Luego, más tarde, insultó al mismo niño y a dos compañeros suyos… Malos instintos debe tener tu hijo… Conviene que lo corrija…
Eugenio se irguió frente al maestro y clavándole terribles miradas de indignación y desprecio, le dijo:
-¡Sepa que mi hijo no es lo que usted dice! ¡Sí, señor preceptor, no es lo que usted dice!
Afuera en el patio se oían estas exclamaciones:
-¡No vale ese estanciero!
-¡Que lo lleven!
-¡Que lo frajelen otra vez!
Bruscamente se volvió Eugenio para el lado de los alumnos y les dijo con toda energía:
-¡Canallas!... ¡Miserables!... Ustedes, grandísimas porquerías, son los que no valen!... ¡Y sepan, bribones, que a mi hijo nadie le volverá a poner la punta de los dedos!... Y no se la pondrán más porque ahora mismo lo llevo para siempre…
Cogió a su hijo de la mano y con la más grande altivez que puede sentir un hombre, abandonó la escuela.
Afuera en la calle, Eugenio preguntó a su hijo:
-¿Por qué, cuando salíamos, mirabas tanto a esos brutos?...
Higinio respondió con toda la sencillez de su alma:
-No sé… Creí que… Creí que dijeron Higinio… O me pareció… Quería… quería que me llamaran…
A Eugenio se le hizo un nudo la garganta.
***
Aquel mismo día, los padres de Higinio, con excepcional valor, juraron abandonar para siempre la casita linda, hecha con tanto amor y tanta fe. Al otro lado del Marañón había muchas tierras feraces que sólo esperaban el brazo del hombre. Claro, allá no había ni ciudades ni escuelas. Pero qué importaba todo eso… Peor era tener delante la ciudad, con sus calles anchas y largas… con su iglesia y su escuela…
***
Diez días después, en caravana silenciosa, la familia altiva, avanzaba hacia la fila del cerro, para luego descender hasta lo más profundo de la hoya.
Al llegar a la fila, Higinio miró por última vez a la ciudad. Y muy suave, muy bajito, dejó escapar:
-A-e-i-o-u…
La madre, que iba bien cerquita a él, sorprendida, le reprochó dulcemente:
-¿Qué dices, hijo mío?... Tontito, olvida eso… Olvídalo para siempre…
Higinio volvió los ojos a la senda, y resueltamente apuró sus menudos pasos sobre la yerba húmeda.
Y atrás quedó para siempre la casita, como pintada en el cerro.

El valle del Marañón

III
De pronto cesó el ruido de los caleros. Los cuatro hombres que están junto a mí, sentados en rústicos bancos y un poco reclinados a la quincha, se van dejando vencer por el sueño.
La velada ha sido larga y raramente placentera. Se habló de los cerros, de los ríos y de la luna… De caminos y pascanas… De brujos y duendes… De pumas y venados… De víboras y alimañas.
El viento agita suavemente las ramas de los árboles. A través de las enmarañadas frondas, profunda y misteriosa llega hasta nosotros la voz de las aguas del Jaguay.
Y vuelve a hablar uno de los cuatro hombres.
-…Mire allá, señor… Ahí junto a la tranca… al pie del mango… allí descansan los dos viejos…
Se queda en silencio un instante y luego continúa:
-… ¿Y a mí qué me falta ya?... Uff… Debo andar ya por cerca de los setenta, o más… No sé cuándo no más perdí la cuenta… Uff… Estos lugares, señor… No sé que tienen los cerros, los ríos… Y cuando aparece la luna…
El hombre se pone de pie, arroja el “bolo” y escupe estrepitosamente. Luego se acerca a la acequia de agua cristalina que pasa junto a la casa, y ahuecando ambas manos, recoge agua para enjuagarse la boca.
-…Así fue, señor. Y la historia me la contaba una y otra vez mi propia madre, fresco siempre en su corazón el inmenso resentimiento. Sí, señor, me lo contó mil veces… Como para que no lo olvidara…
Y se vuelve a detener.
Y luego, suavemente, mirando a no se sabe qué lejanías, dice entre labios:
-A-e-i-o-u…
Cerca del amanecer, la oscuridad se hace más negra, los rumores más intensos… Los cuerpos sufren ligeros temblores, y uno tras otro, todos entramos en la rústica choza.

miércoles 8 de julio de 2009

CENTENARIO: Julio Garrido Malaver

Publicamos este artículo del sociologo celendino Wilder Sánchez Sánchez gracias a la deferencia del Sr. Luis ALberto Díaz Mori, por la importancia y presencia de Julio Garrido Malaver, quien brilla con luz propia en el firmamento de las letras Peruanas y porque, creemos que en Cajamarca, su departamento natal, se le está valorando en su verdadera dimensión.
Expresamos al mismo tiempo nuestra extrañeza por el silencio ominoso de las autoridades celendinas con respecto a nuestro poeta, de quien, como hemos anotado, no existe el menor recuerdo. No hay ni siquiera una calle que perennice su nombre. (NdlR)

Por Wilder Sánchez Sánchez
Este jueves, 2 de julio, se cumplieron 100 años del nacimiento del reconocido poeta, novelista y narrador celendino, Julio Octavio Garrido Malaver, fallecido en la ciudad de Trujillo el 19 de setiembre de 1997, quien también fue un líder histórico del APRA y sufrió persecución, destierro y encarcelamiento.
El viernes 3, por la noche, en el Salón Consistorial de la Municipalidad Provincial de Cajamarca, se realizó una emotiva ceremonia en conmemoración del centésimo aniversario del nacimiento del intelectual celendino, organizada por varias instituciones. Al acto asistieron autoridades y funcionarios del Gobierno Regional, de la Municipalidad Provincial, del Instituto Nacional de Cultura y del Archivo Departamental, así como integrantes de la Asociación de Poetas y Escritores de Cajamarca, dirigentes del Partido Aprista Peruano y otras personalidades.
La ceremonia contó con la presencia del Dr. Roberto Garrido López, hijo del intelectual celendino, quien recibió, a nombre de su padre, entre otros, los siguientes reconocimientos póstumos:
* La Resolución y Medalla de Hijo Predilecto, otorgada por la Municipalidad Provincial de Cajamarca, que le fueron entregadas por el Ing. y Regidor Wilfredo Poma Rojas.
* La Medalla de la Región, otorgada por el Gobierno Regional de Cajamarca, entregada por el Dr. Rubén Vílchez.
* El Reconocimiento Kuntur Wasi, otorgado por el INC, por haberse destacado en la literatura.

Evelio Gaitán Pajares, Director del Archivo Regional de Cajamarca, reseñó la biografía de Julio Garrido.
La ex Regidora e intelectual Socorro Barrantes Zurita, destacó las cualidades de luchador social de Garrido Malaver y leyó uno de sus poemas.
Jorge Arroyo Reto, Secretario General del PAP en Cajamarca, resaltó las cualidades de luchador social y líder histórico del APRA del homenajeado.
El Discurso de Orden estuvo a cargo del destacado escritor cajamarquino y Consejero Regional, Dr. Luzmán Salas Salas, quien hizo una reseña de la monumental obra literaria de Julio Garrido Malaver; valoró altamente su lírica, que ilustró con la lectura de fragmentos de sus poemas, e hizo notar la opinión de Antenor Orrego, para quien los dos más grandes poetas que se han producido en el Perú son César Vallejo y Julio Garrido Malaver.
El Dr. Roberto Garrido López agradeció los merecidos homenajes y destacó las cualidades de su padre en la poesía, la novela, el cuento, el periodismo y la política. En este campo recordó que su padre siempre fue fiel al aprismo primigenio, al aprismo revolucionario, y que jamás estuvo metido en “faenones”, como ocurre actualmente. Aseguró que la familia dispone de 105 obras inéditas de su padre, entre novelas, poemas, cuentos; en efecto, leyó algunos poemas inéditos.
Le correspondió hacer el Brindis de Honor al famoso pintor cajamarquino Andrés Zevallos.
En Trujillo se celebró en la mañana del 2 de julio el centenario de Garrido. El Presidente Regional, Ing. José Murgia Zanier, entregó a la Sra. Amelia López, Vda. de Garrido, la Medalla de la Libertad. En dicha ceremonia, Roberto Garrido señaló que su padre siempre vivió en austeridad porque le dijo no a la corrupción. Las actividades que el Gobierno Regional de La Libertad ha programado para conmemorar los 100 años del nacimiento de Garrido continuarán hasta el 23 de setiembre.

Julio Garrido Malaver y Haya de la Torre ingresando a Celendín en 1962.

A continuación, la Biografía del ilustre celendino, que se puede encontrar en Wikipedia – que, a su vez, la ha tomado de la Enciclopedia Ilustrada del Perú, de Alberto Tauro del Pino –. También va un archivo adjunto con varias notas y artículos que he recuperado de Internet, incluyendo una fotografía del Homenaje a Julio Garrido por estudiantes de la Universidad Nacional de Trujillo, en 1950, en la que aparece junto a Luis de la Puente Uceda , Manuel Pita Díaz, Gonzalo Fernández Gasco, Luis Iberico Mas, entre otros, o sea, por la generación que luego fundaría el APRA Rebelde y el MIR histórico. El archivo adjunto también contiene un artículo de Jorge Díaz Herrera, que he tomado del blog ESPINA DE MARAM, que es el suplemento literario de Celendín Pueblo Mágico, que editan varios celendinos; asimismo, hay algunos poemas de Julio Garrido que ha recopilado la Asociación de Poetas y escritores de Cajamarca.


De la “Dimensión de la Piedra ”:

I

Monologo en la piedra, y digo, y digo
lo mismo que en mi voz cuando hablo para el viento.
Y me horada una duda en lo más hondo
lo mismo que una pena.
Y me sorprende la idea más antigua sobre el hombre
como un golpe de gracia
que se quiebra, quebrándome, en dos partes:
el origen y el fin, esto es, la nada.

Y me salgo de mí
para buscarme entre los escombros del Tiempo
que fenece sin poder ser el Tiempo,
para llorarme al pie de toda huella,
para clavarme y desclavarme en los gimientes leños
sin redención exacta por plural

Y vuelve mi destino a golpearme con un golpe distinto,
más arriba de todo lo creído,
más adentro de todo lo que la luz encuentra,
más allá de todo lo esperado...

Y divago en la forma de la Tierra.
Y el cielo se me hace nudo grande en el pecho.
Y de súbito me arde, rodeándome, un grito
que a la piedra reclama ser blanca como el pan...

Julio Garrido Malaver
Julio Garrido Malaver (Celendín, 1909 - Trujillo, 1997), fue un poeta, narrador, periodista y político peruano. Poeta de intensa emoción social y humana, su obra no ha sido valorada por la “literatura oficial” en su justa dimensión. Escritor prolífico, publicó en vida más de 20 volúmenes tanto en poesía como en narrativa, habiendo dejado inéditas varias obras que han venido siendo publicadas póstumamente. Como político militó en el Partido Aprista y se caracterizó por su lucha infatigable por la causa del indígena y del oprimido, alternándola con su actividad cultural. Soportó destierros y prisiones por sus ideales. Fue elegido por voto popular como parlamentario ante el Congreso de la República del Perú en cuatro oportunidades, dos veces diputado y dos veces senador. Fue también Director del Instituto Regional de Cultura de Trujillo – La Libertad.
Biografía
Hijo de Isidoro Garrido y Juana Malaver, nació En Celendín, Cajamarca, el 2 de julio de 1909. Estudió la primaria en su pueblo natal y la secundaria en el Colegio Nacional San Ramón de Cajamarca, en el cual era aún alumno cuando obtuvo el primer premio en los Certámenes Literarios de Cajamarca (1929), con su “Canto al 12 de octubre.”
Al concluir la educación secundaria (1932) se trasladó a Lima e ingresó a la Universidad de San Marcos. Pero su activa militancia en el aprismo dio pretexto a su prisión y a su inmediato destierro a Chile (1934-1939), donde cursó Derecho en la Universidad de Concepción y en la Universidad Central. Allí fue coronado Poeta de la Primavera en 1937 por su “Canto a la reina primaveral”. De regreso al Perú, fue laureado en los Juegos Florales Universitarios con su “Canto a la primavera en varios momentos” (1940). Publicó también su novela La guacha, prologado por don José Gálvez (1940).Nuevamente reducido a prisión por sus actividades políticas, fue internado en el penal de la isla de El Frontón (1940-1944).
Al convocarse las elecciones de 1945 enderezadas a normalizar la vida institucional del país, el partido aprista se plegó al Frente Democrático Nacional que llevó a la presidencia a José Luis Bustamante y Rivero. Por voto popular Garrido resultó elegido diputado por Celendín. Tras el golpe de Estado del general Manuel A. Odría (27 de octubre de 1948), fue sometido otra vez a prisión (1951-1956). Restablecido el régimen democrático, ejerció la dirección del diario “El Norte” de Trujillo (1956-1963). Luego fue elegido diputado por Cajamarca bajo el primer gobierno de Fernando Belaunde Terry (1963-1968).
Durante la dictadura del general Juan Velasco Alvarado fue encarcelado (1971). Pasada la etapa del gobierno militar y ya bajo la restauración democrática de 1980, fue elegido Senador por el departamento de La Libertad (1980-1985).
En sus últimos años se retiró a su hogar en Trujillo, pero continuó produciendo y corrigiendo sus obras literarias aún inéditas. Así le sorprendió la muerte el 19 de setiembre de 1997, a la edad de 88 años.
Obras literarias:


Publicó los poemarios siguientes:
* Vida de pueblo (1940)
* Palabras de tierra (1944)
* Canto a la Navidad (1945)
* La tierra de los niños (1946)
* La dimensión de la piedra (1955)
* El nuevo canto del hombre (1958)
* Eternidad de amor y de milagro (1968), dedicado a la grandeza de Machu Picchu.
* Poesía (7 volúmenes, 1987-1988), compilada por César Calvo.
Novelas y cuentos:


* La guacha (1940)
* Imágenes salvadas (1967)
* El otro paraíso (1976)
* El camino que no llegó (1976)
* ¡Para ser libres! (1977).
Además:
* El Frontón (1966), serie de estampas donde recuerda su paso por el islote carcelario.
* Elogio a la soledad (1966), meditaciones en prosa.
* Ellos fueron mis hermanos, relatos breves.
* Creo en ti (1979), relatos políticos.
Fuente
* Enciclopedia Ilustrada del Perú. Alberto Tauro del Pino. Tercera Edición. Tomo 7. Lima, PEISA, 2001.
Obtenido de "http://es.wikipedia.org/wiki/Julio_Garrido_Malaver"

LIBRO: UNIVERSIDAD PROBLEMA

Por Olindo Aliaga.
¿Acaso sea tarde para presentar un libro que lleva algún tiempo de editado? Creo que no. Hago esta atingencia porque en días recientes, prodigiosamente cayó a mis manos un interesante libro que lleva por título el mismo que encabeza este breve, pero imprescindible comentario.
“UNIVERSIDAD PROBLEMA”, es un libro decoroso editado por la Universidad Particular Alas Peruanas, cuya primera edición corresponde al año 2004.
El libro, pulcramente presentado, mide 23.5 por 17.5 centímetros, está impreso en papel bond y tiene más de 150 páginas. El autor, Dr. Luis Alberto Peláez Pérez, ha condensado una treintena de artículos de los muchos que escribiera y publicara durante 2 años en su columna del diario Expreso; la temática tiene que ver con la universidad y los problemas que lo aquejan.


El Dr. Peláez habla de la problemática universitaria con esa vastedad que le da el cúmulo de años trabajados en la universidad y aunque fueron escritos en 1976, no han perdido actualidad, se conservan frescos y son los mismos que golpean, eso sí, con más fuerza, por motivaciones políticas, a las escuelas universitarias; es decir los problemas que antaño persisten lacerando a la universidad peruana que podemos afirmar sin temor a equívoco, que ha crecido en cantidad y decrecido en calidad. Este peligroso cuadro inversamente proporcional nos dice que la educación en nuestro país está en el sótano.
El libro está dirigido a los educadores, a los padres de familia, especialmente a los maestros sensatos, a aquellos que realizan con agrado su tarea ya que, para ser maestro, se nace con la vocación necesaria, como se nace para amar.
El Dr. Luis Alberto Peláez Pérez es un destacado profesional de pedagogía, con más de 30 años al servicio de la universidad nacional, es natural de Celendín y pertenece a una estirpe de intelectuales, escritores y poetas, entre ellos el escritor Armando Bazán.
Su padre fue el escritor, periodista y profesor Alfonso Peláez Bazán, qautor de hermosos libros de cuentos como “Espina de Maram”, “Naticha” y otros, a quien tuvimos la suerte de hacer la última entrevista el año 1995 y cuya grabación guardamos cual valioso talismán y como un importante tesoro, concientes que es un documento valiosísimo para la posteridad..
Las líneas finales de este comentario están reservadas para expresar nuestra admiración, respeto y aprecio al Dr. Peláez por su magnífico aporte a la ciencia y a la cultura por una universidad y una educación “digna, científica y nacional”.

jueves 2 de julio de 2009


lunes 29 de junio de 2009

HOMENAJE: Centenario de Julio Garrido Malaver.

Del 02 de julio al 31 de septiembre del 2009, en Trujillo, el Gobierno Regional de La Libertad, rendirá homenaje al gran poeta celendino Julio Garrido Malaver, en el cual participarán poetas, escritores, estudiantes y público en general.
La vida Garrido Malaver es un vía crucis de luchas e ideales reprimidos a sangre y fuego
En esa vida a salto de mata, sus versos mayormente se deslizaron a través de las rejas de las prisiones que albergaron su juventud, a causa de su temprano quehacer político.
Esos versos tejidos con el cariño de las hebras del sombrero, con el sello del cielo celendino y sabor a chocolate, llevaron al nombre de Celendín al mundo.
Y, sin embargo, en esta ocasión para el homenaje, no vemos participación de ninguna de nuestras autoridades de la provincia. Como puntualizaramos en un artículo anterior, en nuestra tierra es tan hondo y doloroso el olvido para con genios como Julio Garrido Malaver, que ni siquiera una calle, ni una institución, lleva su nombre.
CPM, a través de Espina de Maram, su suplemento literario, sigue el trajinar creativo de Julio Garrido Malaver, llevándolo al conocimeinto de las nuevas generaciones, que ignoran su aporte, de primerísimo orden, a las letras del Perú.
Para conocimeinto de los intelectuales y público celendino que quieran, como CPM, aunarse a este merecido homenaje a nuestro ilustre paisano Julio Garrido Malaver, incluimos el Programa de Celebraciones y el texto que, a propósito de la publicación de su antología en siete libros por el poeta César Calvo Soriano, escribiera en "Cuadernos de Vida", otro gigante de la literatura peruana, nuestro paisano Jorge Díaz Herrera (NdlR).

Collage que muestra algunos aspectos de la vida de Julio Garrido Malaver.

PROGRAMA

DIA 02 de Julio Homenaje a Julio Garrido Malaver a.12.m. a 13.00 horas
Lectura y entrega de Resolución Regional de reconocimiento. Consejo Regional La Libertad. 13:00 a 13:30 horas. Cóctel de honor.
02 – 17 – 31 julio Rol de Conferencias:
La Poesía en JGM
Beethoven Medina S. Carlos Garrido Chalén Jorge Chávez Peralta
Lucha Social en JGM
Ramiro Paredes S. Bertha Malabrigo Víctor Ibañez
Periodismo y Diario El Norte
Blasco Bazán María Ciudad de Luna Juan F. Paredes C.
02 al 14 de Julio Inauguración de exposiciones:
19:00 horas Exposición Fotográfica y de documentos: JULIO GARRIDO, POETA Y POLITICO / Banco Continental 19:00 horas. Exposición de fotográfica y poética de la ciudad natal del poeta: CELENDIN EN TRUJILLO / Caja NorPerú
2 al 23 de Septiembre Concurso de Poesía JGM . Presentación, distribución de bases . Recepción y evaluación de trabajos presentados por el Jurado.
Entrega de premios y homenaje por los alumnos en el Día de la Juventud.
Clausura.


Homenaje a Julio Garrido Malaver en 1950 por estudiantes de la Universidad de Trujillo. Esta foto es histórica pues en ella aparecen los principales dirigentes trujillanos del Apra joven de la época, entre ellos están Luis Felipe de la Puente Uceda, el celendino Manuel Pita Díaz, Gonzalo Fernández Gasco, Luis Iberico Más, el poeta Elio Otiniano Mauricci, entre otros. Mejor dicho, la generación que iba a fundar el Apra Rebelde, que, convertido en el MIR histórico, en la década del 60, con su alzamiento en armas, precipitó el cambio estructural en el Perú y la salida del país del atraso y la feudalidad.

LA POESIA A PESAR DE TODO
Por Jorge Díaz Herrera
El poeta Julio Garrido Malaver, nacido en la sierra norteña de Celendín (1909), es una de las presencias más significativas de la vida cultural del Perú. Su larga trayectoria de militante aprista, partido político en el que se enroló desde muy temprana edad, ha poblado su biografía de persecuciones, cárceles y destierros, convirtiéndolo en un líder histórico del APRA y en un paradigma de luchador social ajeno a las ambiciones del poder, incluso conviviendo con él.
Su extensa obra poética ha sido forjada entre los trajines propios de quien opta por ese turbulento universo de las contiendas sociales, lo cual lo ha mantenido siempre más cerca de las organizaciones populares que de las capillas literarias. De ahí que su poesía haya permanecido inédita en su mayor extensión sino desperdigada en periódicos, revistas o ediciones de limitado tiraje.
Apreciemos algunas consideraciones que, al respecto, manifiesta Antenor Orrego (Libro tres): “En la ruta enardecida -¡ruta agónica!- de nuestras vidas (la de Orrego y la de Garrido Malaver),… muchas veces hemos marchado juntos, más bien, hemos sido vecinos asiduos del mismo trajinante afán, mano a mano, con las esperanzas y desesperanzas de la patria. Ora, envueltos en el oleaje encrespado y multitudinario del pueblo; ora trenzados a corazón sobrado, en el hiriente diálogo y en la resonancia trepidante de la representación nacional…; ora, frente a frente, a dos rejas, cuyos barrotes enjaulaban nuestros pasos, tajaban de vejamen nuestros rostros… Aún tras las rejas, reventaban, día tras día, los botones lucientes de su obra poética que viajaban presurosas a mi celda por no sé qué arte taumatúrgico, inexplicable dentro de tan ceñida vigilancia… Versos escritos en el encalado de la pared carcelaria con bastos trozos de carbón, únicos materiales de los que disponía el poeta para su magnífico despliegue de canciones murales, allí donde sólo habían imperado siempre, agazapados, los gemidos y las sombras de los desgraciados. De esta suerte he sido testigo constante y fehaciente de su obra”.
La publicación de la poesía de Julio Garrido Malaver en siete libros se debe al trabajo de selección, revisión y supervisión del poeta César Calvo Soriano, quien abre los textos con un alborozado anuncio al lector: “Como un dios asombrado, huraño, incrédulo, su canto está escuchándose en los siete colores de estos libros. Para nosotros él está cavando al pie del arco iris que ha creado- los oros insondables de todo y de sí mismo”.
En el prólogo (fechado en 1940. Libro Uno), Antenor Orrego saluda la aparición de la poesía de Julio Garrido Malaver como la aparición de un cantor de América cuya voz se afinca en la nueva y en la ancestral humanidad de su tierra, en su estructura emocional, pasional y sensitiva.
Dos características esenciales señala Orrego a la poesía de Garrido Malaver en dicho prólogo: “El don de recoger directamente las imágenes, las metáforas, los símiles de su contorno telúrico” y “su indigenismo auténtico y contemporáneo, su indigenismo con historia vigente”.
Luego Orrego sintetiza el fundamento de ambas apreciaciones con los siguientes motivos: “Para leer y comprender a Garrido no se necesita un lexicón quechua, ni un vocabulario aymara sino poseer la emoción, la visión y la sensibilidad de la América actual y contemporánea. Habla y traduce directamente lo que ve, trasmuta el paisaje en estado de conciencia y en nota musical, recrea su mundo dentro de sí mismo y logra un arte personal, una versión singular de la realidad, sin caer jamás en ese chapucero descripcionismo escolar, de que tanto se ha abusado en nuestra literatura”.
Quince años más tarde, en 1955 (Libro Tres), con motivo de la aparición de La dimensión de la piedra, libro de poemas de Julio Garrido Malaver, Antenor Orrego desarrolla en Un poema del ser y de la trascendencia, sus juicios sobre las virtudes del poeta, trocando su inicial saludo prologal de 1940 en una encendida, firme y convincente admiración por su obra. Es así como, entre otras aseveraciones, sostiene los siguiente:”Garrido ha demostrado ser, a través de su copiosa y extraordinaria producción, enteramente libre.. Tan libre, que ha dejado todo el florilegio poético de la mayor parte de sus contemporáneos; toda la evanescencia trivial, todo lo iridiscente y elegante parloteo… para dar una picada tan a fondo en el abismo lejano de la vida y arrancar, desde el volcado ángulo de la sima, la estrella fulgurante de su emoción poética”.
Orrego considera que el feliz asombro que despierta la poesía de Garrido Malaver viene de su riqueza expresiva, de su sencillez, de su ingente articulación de imágenes desenvueltas alrededor de motivos elementales. “La hazaña de su genio de su genio de artista –afirma- es haber logrado que la palabra simple, sin distorsión alguna, alcance a tramitar la frescura paradisiaca, el esplendor edénico de su emoción poética y metafísica ante el ser, el tiempo y la eternidad del hombre. Sus palabras son mensajes de revelaciones porque son tan radicalmente inocentes que se acomodan a todas las múltiples dimensiones de la realidad, como el niño, cuya alma primigenia, llega a la comprensión, a la amistad y al amor de todos los hombres en sus diversas manifestaciones vitales.Y, tras equiparar el significado literario de Garrido Malaver con el de Vallejo, Orrego delinea las diferencias entre ambas singularidades poéticas: “De allí que la frase de Garrido Malaver sea un apotegma epigráfico, sencillo y elíptico, a la manera bíblica, cargado de sabiduría y de luz eterna. La frase de Vallejo es una obra maestra de belleza verbal, una joya novísima que acaba de troquelarse en fragua de portentoso estilo. Ambos son poetas profundos y sustanciales.
Tales puntos de vista, incluidos en el Libro Tres, los manifiesta Orrego precedidos de una elocuente sentencia: ”No conjeturo la impresión inmediata que produzcan mis palabras. Tal vez algunos las crean excesivas. Así fue, exactamente, cuando hace 35 años, dije lo que dije sobre la obra de César Vallejo. Recién hoy empieza a percatarse la gente –sobre todo, la gente de letras- que entonces tuve razón. Nada parece excesivo ahora tratándose del creador de Trilce. ¿Serán necesarios otros 35 años para que se crea lo mismo de Garrido Malaver? Estremece pensarlo.
Los siete libros de la poesía de Julio Garrido Malaver, a través de sus 41 títulos, son un elevado canto a la tierra y su fusión con el hombre que la habita, al paisaje visible y al paisaje invisible que la reflexión y la sensibilidad del poeta otean de modo infatigable, tal cual si miraran al fondo de sí mismos.
En versos desvestidos de toda ornamentación que no sea la imprescindible para lucir la humanidad que guardan, Garrido Malaver va mostrando a los ojos del lector un univero de criaturas idealizadas por la añoranza: “Ella no usa espejo/ la cara se mira/ de frente en el cielo”, nos dice de la pastora Carmen. “La luna está colgada de un alto capulí/ con un dedo en la boca mirando a Celendín”, dice en los versos iniciales para hablarnos de su provincia natal. Y, en versos posteriores expresa: “Llegaron las horas malas para mi tierra…/ ¡Y como ya no hay palomas que matar/ matar al hombre a balazos/ les da igual!”.
Luego, en “Palabras de tierra”, agrega: “A esta hora, hermano/ y a esta altura,/ si arrojas una piedra/ cae en tu propio corazón…” En La dimensión de la piedra (Libro Tres), uno de sus libros más celebrados, Garrido Malaver extrae de ese mudo elemento lítico las meditaciones poéticas más hondas que tipifican el tono metafísico de su poesía: “La piedra es una esperanza de Dios”. “Muchas veces he sorprendido al viento, arrodillado como un niño/ junto a la piedra/ rogándole que diga todo lo que decía de sí misma/ y lo que vio, cuando de todas partes, en la tierra,/ emergía la voz en carne humana.” “Podrá el hombre, algún día/ esculpir en los Andes graníticos/ la imagen de la luz.
Los cantos de sangre castigada (Libro Siete) es quizás uno de los poemas a través del cual Garrido Malaver expresa con mayor emotividad el ancestro nostálgico, melancólico de la heredad andina, con una voz más cercana al candor de la infancia que al tono lastimero y quebrado del hombre adulto: “Y tengo ganas de llorar/ como sólo se llora/ cuando uno se ha perdido para siempre/ a lo lejos y dentro de sí mismo…!” “Mi madre tenía mucho miedo/que uno a uno/ nos fuéramos sus hijos!” “¡La vi llorar/ cuando ninguna estrella/ se encendía…!” “Ella tenía miedo/ que alguno de sus hijos/ no tuviera destino…/” “Pero nací en Ciudad/ con Templo/ Torres/ Campanas y días santos…/ Y aquella Tierra Musical/ del Marañón arriba/ llenó mis venas/ con sus ecos y voces/ y colores/ dando a mi voz este sabor de tierra/ que me quema en la garganta/ como debe quemarle el alma/ a la semilla/ cuando le impiden crecer como soñaba…” “Cuando nos quedamos sin tierra/ quise ser caminante7 y lo habría logrado/ si hubieran sido/ libres los caminos…”
La colección de siete libros se cierra con un colofón de César Calvo, “para finalizar por el comienzo”, en el que rememora al poeta Garrido Malaver en las épocas que “el dictador Odría le había declarado la guerra al Perú”. César Calvo evoca al poeta entre conspiradores “apristas, anarcosindicalistas, comunistas, enemigos todos de la tiranía, gentes de verdad, y además verdaderos, que nunca se atrevieron a masticar ni aire en estando entre hambrientos, que no desesperaban por no dejar de vivir en la pobreza sino por dar la vida para que los demás no fueran pobres”, y que salían “a Cajamarca, a Trujillo, a no sé dónde. Y de no sé dónde a las cárceles, las torturas, el exilio, la muerte. Y de nuevo al combate”.
Luego, César Calvo manifiesta en líneas posteriores: “Quizás son ya incontables las personas que –desde mí- se enorgullecen de haber podido asumir y sabido cumplir, sin ninguna otra razón que la pasión, con la tarea que como un reclamo nos encargó el tiempo. Editar las almas de Julio Garrido Malaver en estos siete libros de un arcoiris encendido a pesar de la noche. Con regocijo se lo devolvemos a nuestros pueblos. Sabemos que es América toda quien recupera, por fin, a una de sus voces más genuinas”.
La publicación de estos siete libros de poesía resulta ser, qué duda cabe, uno de los mayores homenajes, si no el mayor, que un poeta peruano recibe en vida en el Perú. Homenaje mucho más significativo si se tiene en cuenta que tal iniciativa ha sido propuesta y llevada a cabo hasta su etapa final por César Calvo, poeta de gran dimensión y de gran vitalidad en las letras latinoamericanas.

viernes 19 de junio de 2009

POESIA: Jorge Horna Chávez

El transitar por los caminos de nuestra milenaria y hermosa patria toca las fibras más sensibles de aquellos que, como Jorge Horna, tienen el arpa y el verso para cantarlo y poseen además, la virtud de transmitirlo para solaz de los que con gratitud nos embelesamos con sus poemas. (NdlR)

El ubérrimo valle del Mantaro que inspira los versos de Jorge.

Caminito de Huancayo.

Surcos tonadas cautivantes

agua que apura chacras verdor


guijarros Mantaro tiemblan arpas

polleras afinan su color, violines


retumban saxofones en laguna Paca

ecos pasacalles laderas El Ingenio


ritmo viandante ánimo humedecido

danzantes cosecha viva


mano a mano con doña Zenaida Laura

reverente paso


Ancestros patria amada


con Eulogia Rojas también

abrevadero de esplendores


círculo abierto siglos

tierras fiesta rurales ritos


lluvia licor que serpentea

roja teja cumbreras humo


acuarela Jauja

colinas de Concepción.


Jorge Horna.