domingo, 22 de mayo de 2011

NARRATIVA BREVE: Las "Mushcas" de Charro

Algunos críticos afirman que el cuento breve o microcuento es un género literario; sin perder su esencia y requerimientos, la buena narrativa expresada con un mínimo de palabras cumple su cometido, es decir, es lecturable (vocablo creado por M. A. Denegri)
Jorge Antonio Chávez Silva ha hollado en el cuento corto con el acierto que ha demostrado en sus relatos de largo aliento, las estampas orales de su pueblo y las novelas que ha escrito y que permanecen aún inéditas.
En esta ocasión presentamos, a manera de aperitivo literario, tres cuentos para el deleite de los lectores del blog Espina de Maram. "Charro" (así le llaman sus íntimos amigos y así le conoce casi toda la población celendina), además de ser un reconocido pintor, está en un proceso permanente de realzar su escritura. (JH)


OYENTE
La mujer amaneció de un humor de perros, despotricando contra todo el mundo. La emprendió especialmente contra el marido a quién denostó su inercia, su falta de ambición y su conformismo senil que la había convertido en una mujer frustrada, presa de una neurosis consuetudinaria..

-Eres poco menos que un estropajo –fue su sentencia final.

Camino a la escuela donde estudiaba su nieto, su hijo trataba de disculpar los insultos de su madre y en cierto modo le agradecía su paciencia..

-Padre, he notado que mientras mamá te insulta tratando de sacarte de tus casillas, tú permaneces impasible ¿Por qué?

-Porque la escucho como si lloviera.


TABLA
Telesila era la muchacha más flaca de la población. Todo el mundo se burlaba de ella y cualquier sobrenombre relativo a esa condición le caía como anillo al dedo, pero el apelativo que perduró fue el de “Tabla de planchar”.

Parecía destinada a no probar jamás las dulzuras del himeneo, hasta el día de Acción de Gracias en que cayó aparatosamente en las gradas del atrio de la catedral, en medio de las burlas de todo el mundo.

De entre la gente surgió Asdrúbal, un joven fuereño por el que todas las jovencitas del pueblo suspiraban.

Él la alzó en sus brazos y la llevó de ese modo hasta su casa.

Nunca se supo que le encontró, pero desde ese día Telesila y Asdrúbal fueron inmensamente felices.


CARTA
Querida mamita:
Allí te envío esas cositas para que coman con la familia, ojalá sea de tu agrado. Esperando que todos estén bien, paso a contarte que acá en Lima, la puga es negocio, y se gana mucha plata, imagínate que yo me gano doscientos soles por noche. Por eso he pensado que debes mandarla a mi hermana Eustaquia que ya está maltona para que me ayude y a lo mejor te animas tú, pero qué hay querer mi papá.

Avísame si se animan, para mandarles la plata y esperarlos en la agencia porque acá en Lima, fácil se pierden.

Te besa tu hija.
Lastenia.


EN BUSCA DE LA FELICIDAD
La Joya estaba bajo el mostrador alumbrando la oscuridad. Gabriel, pensando en un placer inalcanzable, la guardó subrepticiamente en el bolsillo y prosiguió limpiando la tienda de don Agustín Sánchez, como hacía desde hace diez años.

Todas las mañanas recorría el kilómetro y medio que separa José Gálvez de Sucre para hacer su tarea.

En su pueblo están las mujeres más hermosas del norte. Y, entre ellas, Laura es la escogida. Por ella perdieron la cabeza muchos hombres que la pretendieron desde la muerte de Martín, su marido.. Pese a ello permanecía sorda al amor.

Mientras caminaba por la Misionera Gabriel palpaba la joya en su bolsillo. De vez en cuando la sacaba un momento pensando que en ella estaba encerrado el diablo.

De regreso, a las tres de la tarde, Gabriel encontró a Laura en la pampa “El Verde” cuidando sus vacas. Envalentonado por la tenencia de la joya la abordó. Le hablo de la pasión que lo abrasaba desde niño y que si antes no lo dijo fue por timidez.

Laura lo miró como quien mira una piedra del camino.

Como último recurso Gabriel le mostró la joya:

-Sólo quiero probarte una sola vez a cambio de esto.

Laura sopesó la joya y se decidió:

-Está bien, Una sola vez. Ven a mi casa a las 11. No toques la puerta, solo empújala, la dejaré abierta.

Esa misma noche, Después de haberla gozado intensamente, Gabriel antes que Laura le pidiera la joya, echó a correr desnudo hacia su casa, seguro de que ella no se expondría al escándalo de perseguirlo.

Al día siguiente cuando llegó a la tienda, don Agustín lo esperaba:

-¿Tú has cogido el brazalete de oro que ayer se me cayó? –le preguntó.

-Sí, don Agustín, acá lo tengo. Solo la necesitaba para encontrar la felicidad..

-¿Y la encontraste?.

-Sí.

-¿Y cómo es la felicidad?

-La felicidad es un mete y saca y dura solo cinco minutos.