viernes, 4 de julio de 2008

PERSONAJES: Julio Díaz Dávila


MÚSICO DE ESTIRPE


Por Jorge Horna
En un lugar del Centro de Lima en el tumulto y el vértigo de la ciudad, reconocí a Julio Díaz Dávila, hermano del músico César, ya fallecido, y del pintor, escultor y gran acordeonista, Miguel. Un prolongado tiempo ha transcurrido hasta este efímero y casual reencuentro.

El "Trío Celendín" en una actuación literario musical del INA 38
Nuestro saludo entre celendinos siempre está matizado por el recuerdo nostálgico del lar tierra, las comidas típicas que nos arrancan un “¡añañau!”, y las ansias de recuperar la dicha que nos brindó el solazarnos en las campiñas contiguas al poblado: los otrora El Dúngul, Chacapampa, La Tranca, Itiguagana, El Guayao, La Breña…
En un acto de desprendimiento y ante mis preguntas sobre su actividad musical, Julio me relata que en sus mejores años elaboró una serie de partituras para guitarra, que están encarpetadas. Que cuando trabajó en la Universidad Nacional de Cajamarca hizo una documentada investigación sobre las variantes del Carnaval en las provincias de ese departamento (Chota, Bambamarca, Celendín, Cajabamba, la misma Cajamarca), que permanece inédita. En esa universidad también dirigió la Peña Universitaria, que llevó sus espectáculos musicales a muchos lugares del país.
Julio añora los años en que cantaba y pulsaba la guitarra entre serenatas y bohemias en su tierra celendina. Con el Trío Celendín (Álvaro Zumarán, Napoleón Rabanal Cieza y él) grabaron para Sono Radio valses de su autoría: “Vanidad”, “Magdalena”, y también el carnaval shilico. En otra ocasión grabó con el Trío Los Zeibos (Euler, Américo y Homero Zegarra) discos con ritmos de bolero de su inspiración. Y Luis Abanto Morales grabó el vals “Solo”, también de la creación de Julio Díaz, en el reverso de ese disco está la canción “Chiquita” del afamado cantautor Abanto Morales.
Se informó que el APDAYC (Asociación Peruana de Autores y Compositores) protegía los derechos de autor. Se asoció, y solamente en una ocasión le otorgaron sus regalías. Después retorno a esa institución y le dieron la sorpresa que sus regalías servían para cubrir las cuotas mensuales de asociado y, que al contrario, él les debía dinero.
La frustración se apoderó de Julio; desde entonces ha preferido mantenerse apartado del quehacer musical.
La carencia de una política cultural destinada a proteger a los creadores: músicos, pintores, escritores, artesanos, etcétera, de gran valor y surgidos del seno mismo del pueblo, deviene en el maltrato, desamparo y marginación.
Por enésima vez retornò entonces la voz vallejiana “Hay, hermanos, muchísimo qué hacer” por nuestra patria, por nuestra sociedad.

Lima, 12 de junio de 2008

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