martes, 3 de marzo de 2009

NARRATIVA: Un cuento

SONATA JULIANA
Por Franz Sánchez Cueva
La humilde casa yace allí, con grietas hondas en sus paredes pintadas con propagandas políticas que algún despistado alcalde olvidó borrarlas, tiene tantas heridas como los que la habitan; sus corredores son estrechos, el piso de tierra húmeda forma lodo en derredor. Los sucios perros resbalan al ingresar en la precaria vivienda, pero ella no tropieza ni patina, camina segura, gallarda con desfachatez recorre cada centímetro; es la miseria que se cierne en el hogar.
El trasto mugre, desgastado y renegrido al que llaman olla, cocina un caldo en su interior, más intenso que el propio vapor de la sopa es el humo que asciende desde las ramas secas que suplen a la incosteable leña de hualanco.
La hija destapa la olla, se percibe un aroma a pena que envuelve el ambiente, sirve el agua de papas sobre un tazón en lugar de plato, lleva el caldo a su enferma madre.
La anciana adolece una afección pulmonar que la hace toser sin cesar causándole tanto esfuerzo que apenas puede moverse, reposa sobre un delgado colchón con pocas frazadas, la imagen de agonía desgarra los nervios y las fibras más gruesas del corazón, la anciana no habla y no se sabe si oye, se la escucha llorar y quejarse; tampoco se sabe lo que exactamente padece ¿Cómo saberlo? El dinero no cubre tanta curiosidad.
Después de alimentarla en la boca, la hija deja a su enferma madre, tiene que recoger a sus niños de la escuela, son tres; los dos mayores son varones y la menor es una niña que lleva su mismo nombre. Ester.
No tienen padre junto a ellos, no saben quien es o si existe.
Camino de la escuela, la joven madre, hija de la desahuciada abuela, escucha gritos de niños extasiados y felices, asoma a ver de que se trata…Observa juegos mecánicos, algodoneros, gente alegre, risas, música, fiesta. Prosigue su camino, tiene en la cabeza a su moribunda madre, olvida el jolgorio, ensombrece todo sonido, su mente obnubilada reprime su percepción auditiva, el camino enmudece, contempla rostros que ríen pero que no suenan, no oye más.
Es el séptimo mes, del año siete del nuevo milenio; las gentes forasteras invaden el pueblo, los lugareños se aprestan a su recepción, las campanas tañen como nunca, el sonido entrelaza a la ciudad, la toma por las orillas y la sacude, obligando a las personas salir a husmear las novedades de la fiesta patronal.
La noche llega primero a la modesta casa. Se enciende una vela. La luz tenue alumbra poquísimo y se posa débilmente sobre el rostro de los niños; duermen junto a la abuela para prodigarle calor y porque no hay más camas, la sienten agonizar. La noche interminable, los tosidos se intensifican en frecuencia y sonido. Los nietos aprietan más los ojos, fingen no escuchar, ahora caen rindiéndose frente a la utopía. Sueñan… sueñan con un mundo joven, justo, bello, maravilloso. Todos pueden reír, la alegría no es amiga solamente de ricos. Cantan, bailan, no se conocen penas, no está invitado el hambre, mucho menos el dolor de la enfermedad…Se consume lo último de la vela…queda una mecha encendida, se torna azul y se apaga.
La mañana ingresa por los hoyuelos del tejado, el haz de luz pega en la cabeza de los niños. Es feriado, se celebra el día nacional de la independencia, el cielo tiene el color de un mar en el caribe, no se cuenta una sola nube, la plaza repleta de muchedumbre, instituciones y colegios rinden tributo a nuestra patria, se saluda a la bandera y al unísono se grita ¡Viva el Perú!
La joven mamá, está en el mercado, vendiendo ramas de fresco culantro recién cortado, perejil, paico y otras hierbas. No hay feriados, no hay licencias, la muerte apremia y ella no quiere ver marcharse a la abuela, así, de pronto.
Sabe que las personas harán compras hoy, celebrarán su veintiocho con muchos manjares propios de la tierra chocolatera, tiene que continuar vendiendo, le tranquiliza saber que los niños cuidan a la abuela.
El desplazamiento de los estudiantes y autoridades hacia la avenida Túpac Amaru, indica que pronto comenzará el desfile cívico, militar. La gente está alborotada, los espectadores se impacientan, algunos quieren ver a la escuela “centro base”, los más, visten colores amarillos y negros de fácil distinción, son estudiantes Corteganinos, no obstante son visibles también banderolas celestes de sus antagónicas carmelitas.
Los niños ansían desfilar entre la multitud, representar con pecho henchido de orgullo a su escuela, a su hogar, recibir los aplausos dejando a cambio el sudor con cada paso, pero es un imposible y ver pasar a su escuela es el mayor consuelo, no hay dinero para vivir, mucho menos hay para lujos como la ropa o el calzado, no hay uniforme, no hay zapatos.
—Segurito que va a salir la banda, si pué —dice la niña—. Sí, va a salir, que lindo pué —habla emocionada, abriendo con mucho esfuerzo sus pequeños ojitos rasgados.
—Pedro Paula, Augusto Gil, es mi escuela, es mi hogar —canta el mayor haciendo un ruido desagradable con la nariz; los demás acompañan la canción, por un momento la algarabía inunda la casa, pero tan pronto recuerdan que la abuela descansa, callan, pues cuando duerme, no hay más gemidos ni sonidos de dolor. La abuela duerme en calma, los niños no dirán más nada…
Es el medio día, las calles desiertas, ningún alma, ningún sonido, solo una bolsa plástica se eleva en medio de un remolino a la mitad de la pista, no se escucha ni banda, ni gente, acompaña al silencio el sonido del agua hirviendo. Los niños llevan sopa y un pedazo de pan a su abuela.
En el mercado la gente se ha marchado luego de abarrotar los puestos, la joven vendedora nunca había juntado tanto dinero, ni en meses de venta hubiese llegado a la mitad de lo que tenía ese día.
En la tarde los alumnos de los colegios celebran en locales de expendio de aguardiente de caña, y los niños, los niños salen a ver como los pirotécnicos estructuran las grandes torres de luces artificiales y de cohetes, y caminan a ver de muy cerca la vaca loca, la tocan, la miran, luego la jalonean. Los pirotécnicos se levantan y corretean con carrizos en mano a los muchachos malcriados.
Se recuesta sobre la ciudad la estrellada noche que, como siempre llega muy pronto a la casa triste, el frío carcome hasta las astillas de los huesos, posiblemente sea la noche más gélida del año, las personas usan chompas dobles y casacas gruesas. En las calles han perecido a causa del friaje, bastantes animales, es el caso de algunos perros vagabundos abandonados por sus amos. Los niños se han dormido todos juntos, las cajas de fósforos que simulan sus carritos, sus juguetes, están regadas por todas partes. La muerte baila una danza helada de celebración, al filo de la noche, los tres hermanitos permanecen rígidos, tiesos, a un costado de la moribunda anciana, sus semblantes pálidos parecen relucir en la oscuridad. Ellos se han rendido.
Tres luces fugaces penetran el firmamento, haciendo una venia, dan la impresión de detenerse en lo más alto, luego se oye un estallido en el cielo que hace despertar a la hermana menor.
—¡Lo van a quemar a la vaca, lo van a quemar ya!
—Cállate zonza. Qui hora son —pregunta el mayor.
—No sé. Es de noche—dice la niña—. La mamá no viene. Y si se fue lejos con el papá.
—Cállate zonza, —silencia el hermano —. El papá no vive cerca, es, el papá, él vive… lejos.
—Qué pué te haces, como sabes que es lejos.
—Claro lejos pué acaso cerca, lejos.
—En donde a ve, en donde.
—Es vive en Cajamarca.
—Yasque tu ni sabes en donde vive.
—Cállate ya gafa, vamos a ver los cuetes.
—¿Y la abuelita?
—Lo dejamos un ratito —Interviene el otro hermano—. ¡Vamos breve!
—Yo no sé, viene la mama Ester. Yo le digo que tu nos has llevau.
—Apúrate das —Sentencia el líder.
Se elevan, dejan el álgido suelo húmedo, pero por obra de una desconocida fuerza, no sienten frío, no lo sentirán más. Salen de la oscura casa, con cada cohetazo que surca el cielo, sus emociones acrecientan, pero desde luego, deben cerrar la puerta muy despacio para no apagar la vela que aluza finamente el rostro de la abuela, pero perciben que no pueden hacerlo, les es imposible sujetar la puerta ¿Acaso están tan débiles? Dan unos pasos más y de inmediato aparecen en medio de la calle.
A unas cuadras de la plaza de armas su emoción llega al punto más incontrolable y corren, corren muy rápido, como unos pericotes en medio de muchas migas de pan. Llegan hasta donde un señor flaco y vetusto, vende algodones dulces, traspasan entre la gente que hace cola para comprar sus bolsitas de algodón, llegan y… ¡Oh! El olor es delicioso. El azúcar huele caliente y expande un vapor exquisito, las finas lanitas dulces giran en una extraña máquina, el viejo algodonero introduce los palillos de carrizo y moldea sus algodones azucarados, que rico, quien pudiera comérselos todos, no se puede.
La niña espía detenidamente al enjuto vendedor, ella lo observa detenidamente como esperando la devolución del mismo gesto pero el escuálido señor ni siquiera lo nota sin embargo frente a él se detienen otros infantes impacientes a quienes atiende con una amplia sonrisa y mucha amabilidad.
—Todos jalan uno nomás —dice la pequeña —. Ya ves, ya ves
—No por qué mira ese señor panzón tiene tres en una mano —reclama el mayor. Y todos ríen.
—No se puede comer tres en un rato, paque pué mientes.
—Sí se puede, masque vamos a seguirlo y vas a ver trompuda.
Todos están de acuerdo y siguen a un señor regordete que usa bigotes bien negros y que terminan en puntas. Caminan varias vueltas a la plaza y el señor continúa con los tres algodones sin animarse a abrirlos, se sienta en las banquetas, y mientras busca con la vista a alguien entre tanta gente empieza a abrir una de las bolsas, los niños lo miran a unos pocos metros, pero el señor no se da cuenta, los ignora o simplemente no los ve.
—Ya mira mira, está comiendo uno —exclama el mayor.
—Ya pué, uno nomá, ya ves —contesta la niña menor y los demás comienzan a gritar, que sí, que no.
—¡Esperen! ya se va a quedar con el palito —expresa el otro hermano
—Mira el algodón se achicó, pero solo puede comer uno, nadie es capaz de comer más, so zonzo —refiere la menor.
—Va y por que pué —contesta enojado el mayor de los hermanos.
—Porque se muere.
—¡Ma! Esta gafa, no se muere. Yo una vez comí dos y no me morí.
—Cállate mentiroso, nunca has comido dos.
—Sí esa vez, te acuerdas hermano que nos dio un señor por haberlo ayudado —todos arman un griterío.
—Segurito que has comido uno nomá.
—¡No! Dos.
La joven mamá luego de concluir su trabajo en el mercado y con la satisfacción de haber conseguido muchos soles se dirigió a la iglesia para dar gracias a la Camuchita.
Entró en la iglesia y pidió por la abuela, rogó al cielo no dejar morir a su madre, imploró por sus hijos y rezó por mucho tiempo arrodillada en la banca delantera, pues la iglesia estaba vacía.
En la plaza de armas, el rollizo señor de bigotes extraños, llega a la parte final del algodón y con el palito en la mano se pone de pie.
"Dile tú". Los niños comienzan a empujarse frente al señor.
—Señor, puede darme su palito para jugar —pregunta el mayor, sin hallar respuesta.
El señor mira a otro lado, increíblemente no lo oye, el niño llama con más fuerza “Señor, señor, oigaste”, el hombre se paraliza de súbito y siente erizado su singular bigote, al mismo tiempo que un escalofrío invade su abultada figura deja el palito en la banqueta y camina sin ninguna palabra, ni siquiera miró a los niños. Se abalanzaron hacia el sitio para tomar el palito dándose empellones entre ellos, pero el niño mayor y la niña siguieron entre la gente al señor para comprobar si podía comer un algodón más. Al llegar a la esquina de la plaza vieron que el hombre abrazaba a dos niños, eran sus hijos, tenían guantes en las manos por el frío que hacía, vestían unas chompas preciosas, los niños nunca habían visto a personas de su edad, tan blancas, tan bonitas, bien vestidas. Se impactaron tanto que comenzaron a seguirlos. Los niños vieron que aquellos chicos blancos los dos, no le recibían los algodones a pesar que el papá insistía con su brazo estirado.
—Ya ves so zonzo, los niños no quieren segurito ya estiran la pata —le dijo la niña al hermano mayor al mismo tiempo que lo codeaba.
El señor gordo caminó con las bolsas en la mano y con sus hijos por el jirón dos de mayo, entraron a un restaurante y se sentaron en una mesa pegada a una ventana que se veía desde la calle. Esperaron un momento y luego les alcanzaron unos platos tan grandes, había papas en tiras gruesas y buenas porciones de pollo muy dorado en cada plato.
—Tú eres la zonza —dice el mayor a la niña —. Ya ves que están comiendo más y no se mueren.
—Ma, que pué, segurito el panzón lo come todo.
—Mira que ricazo, di.
—Si pué que rico.
—Míralo al dueño cuidau nos bote —exclama el mayor recostado sobre la ventana apoyando sus pequeñas manos pero sin sentir en el vidrio el resuello de su aliento. La niña esta atenta a la puerta del restaurante, sabía que siempre la nubecita que formaban en el vidrio era lo que causaba que los propietarios los botasen de la ventana. Pero le sorprende con mucha alegría que el vidrio esta seco y no ha formado borrosidad alguna. Ya no tenían aliento.
—¡Ya terminaron! ¿Tienes hambre? —pregunta el hermano.
—No, no tengo. Vamos a la casa la mamá nos va a pegar.
—Vamos, yo tampoco tengo hambre, vamos a la plaza a llamarlo al hermano.
Los niños corrieron alegres, cuando llegaron a la plaza había una vaca loca despidiendo luces multicolores y muchas chispas blancas.
“Mira esos grajos” gritó la niñita apuntando hacia una multitud de niños que se querían tumbar a la vaca poniendo zancadillas a su disparatado paso. “Hay que llamarlo a nuestro hermano”, “vamos a la casa”.
Y los niños regresaron a la vieja casita muy apurados. “Hoy si que pué la mamá” “Oma” “Pónganse en sus sitios y quédense quietos”. Así fue, entraron a la casa y oyeron toser a la abuela, que luego de algunos quejidos quedó dormida nuevamente, aprovecharon para meterse en la cama junto a ella. “Cierren los ojos, hasta mañana”.
La joven madre sale de la iglesia y con algunos centavos puede darse el lujo de comprar unos cuantos algodones de azúcar. “Alguna vez siquiera a mis hijitos”. Nunca se vio una sonrisa tan bella en medio de la algarabía de la fiesta. La banda de músicos toca en la plaza, hay infinidad de cohetes y la gente baila, canta y ríe. La joven estaba muy feliz y agradecía en su interior a la virgen del Carmelo por esa felicidad.
Los algodones de azúcar caen al piso, en un letargo casi irreal. Los niños tendidos en el frío suelo. La abuela despierta y mira con aquellos ojos blanquecinos y afligidos, cómo la joven madre, su hija, llora sin consuelo, llora con dolor abrazando a sus pequeños hijos, pálidos, muertos por el frío o por el hambre. La abuela, que no oye, que no habla, ahora llora también. Están muertos los sufridos infantes, llevan muchas horas sin vida y quizá, haya acabado su verdadero martirio.
Ester, no mires al cielo, no busques respuesta en lo que no existe, el llanto de algunos es risa de otros. No interrogues al viento que él se lleva palabras y nos vuelve mudos, no derrames más lágrimas que es un desperdicio, nuestros ojos han sufrido y sufrirán siempre y verán gentes enormemente alegres festejar y tenerlo todo y mirarán el pasado y allí, no encontrarán nada, no hay pobreza en la alegría, ni alegría en la pobreza, son solo instantes que parecen, una vida, llena de todo.
La Feliciana amanece con el sol sentado sobre el toril, es día de corrida, los palcos huelen a madera fresca, las familias llevan sus almuerzos al coloso taurino, el bullerío exagerado de las personas destemplan los nervios a los condenados toros que esperan el inicio de la carnicería, la gente a pagado para eso. Entre polvareda y fuertes vientos, muchos visitan las chicherías y se embadurnan de grasa los dedos con los chicharrones y la cancha. Al primer cornetazo, la cuadrilla de carniceros ingresa al redondel, de los palcos y chaques discurren orines y cerveza que caen sobre la cabeza de la gente en barrera, es gente de alrededores de la ciudad, gente de campo que solo puede pagar lo mínimo para apreciar esta barbarie no obstante, no tienen idea del significado de tan extraña palabra, tauromaquia, eso sucede en barrera y también en el palco oficial. Es una de las festividades en la que resaltan intensos contrastes entre ciudadanos y entre visitantes, los organizadores reparten naranjas a los espectadores que luego las utilizarán como municiones contra el obeso picador haciendo gala de desperdicio e incultura.
Todos están en la Feliciana, nadie a quedado en la ciudad, la plaza parece un desierto, Tres cajones pequeños de color albino atraviesan de repente la desértica calle del comercio, detrás la conmocionada madre, serena, resignada, la acompañan en el fúnebre recorrido, vendedores del mercado, caminan a paso ligero, no hay tiempo para ser solemnes, la colecta del mercado financió un estrecho espacio en el cementerio. Llegan hasta la empinada colina que ofrece un recibimiento de calvario, acorde con las circunstancias. Mientras un puñado de amigos, contados por los dedos de la mano, se aúnen a la penuria, la mamá, Ester, grita tan fuerte que por un instante su voz remece al pueblo, “Mis hijos”. No hay nadie, no queda ninguno. Ahogada por el llanto cae de rodillas sobre el pasto seco y tan bien sin vida del cementerio, a la par, la gente aplaude y festeja en la plaza taurina, el estoque final del asesino de luces. Risas y gritos, la gente atiborrada de euforia proclama al muy valiente matador, con esa euforia y entusiasmo que solo puede provocar el morbo disfrazado de arte. La abuela tan solo duerme y de rato en rato lanza un quejido que enseguida calla con un hondo suspiro. Ha terminado julio, es el mes de los vientos que llevan y traen historias, que arrancan palabras y que se llevan el sonido, nadie sabe a donde, ni por qué. El próximo año, más personas llegarán al pueblo dispuestos a gastar todo su dinero, proclamando con voz hipócrita haber arribado única y exclusivamente por el amor a su tierra o por el fervor a una virgen a la misma vez que ignoran a los hambrientos niños y a los ancianos enfermos, tal vez encontrarán muchos de ellos y mirarán como se mira el sufrimiento ajeno, aquello que sabemos que existe pero que no queremos tan siquiera voltear a ver.

lunes, 23 de febrero de 2009

POESÍA: Honrando a la Poeta

Cuando la poeta celendina Antonieta Inga del Cuadro publicó su libro Otra Armonía Todo (Lima, 2006), recibió emotivos comentarios de sus amigos, en particular de sus paisanos contemporáneos, quienes reconocieron sus "versos de fina estructura, de belleza tierna, excelsos", según palabras de Manuel Sánchez Aliaga.
Jorge Wilson Izquierdo y Manuel Sánchez Aliaga, radicados desde siempre en Celendín, al leer los poemas de Antonieta, sintieron en sus espíritus el eco que inquieta sentimientos, lo que les impulsó a escribir unos versos dedicados a la poeta.
En cartas enviadas a Antonieta -aún por el correo tradicional, en sobre, con estampillas y entregadas por diligente mensajero- Manuel y Jorge Wilson tallaron estos poemas:

POEMA
Con sincera emoción para Antonieta

Bella tú, bellos tus versos.
Profundo tu pensamiento
en la profundidad de tu alma.
Tu poética expresión
de raíces hondas, sabias,
florecida de belleza
se alza ramificada
abarcando parte y todo.
Lo explícito no tocado
toca implícito todo.
En todos tus versos , tú,
toda la belleza:
Tú.

Siempre tuyo

Mime
Celendín, noviembre de 2006


SER Y ESTAR
Para Antonieta Inga

Pétrea fijeza va mucho más allá
al húmedo de lluvia o a la flor.
Al gorjeo andino que abierto se da
a los pececillos de giro avizor...

forman un cáliz sus manos delgadas
blonda esfera/ pena idos tiempos.
Y en su ¡Oh! más distante hoyadas
son almas y rosa de los vientos...

moras ideal en qué región ignota
bebiendo en una fuente su costado
el curso de una ausencia sin final

melancolían sus versos cada nota
algo que si bien no será cantado
orará en sus pestañas lo invernal...

Afectuosamente
Jorge Wilson
Celendín, abril de 2007

domingo, 15 de febrero de 2009

LETRAS: Conmovedor hallazgo


EL EVANGELIO DE SÁNCHEZ INFANTE
Por Jorge Horna
Con Jorge Roncal Rodríguez, editor, difusor e impulsor de la literatura escrita en los lugares más apartados de la patria, había conversado de mi interés por los escritores celendinos de todos los tiempos. Cierto día, con el entusiasmo de siempre, me alcanza un documento que él guardaba con esmero en sus archivos: Reflexiones, Cuadernos de Cultura y Crítica, No. 2, publicado en Lima en junio de 1992, cuyo consejo editorial estuvo conformado por los celendinos César Sánchez Medina, Otto Díaz Mori y César Aliaga Díaz.
En esta modesta revista hay una importante nota de César Aliaga Díaz y el conmovedor canto épico de David Sánchez Infante, que transcribo textualmente abajo. Dice la nota:

"Recuperamos para nuestra época este peculiar Nuevo Evangelio de Celendín, valioso no sólo por su forma literaria, sino por su contenido. Esencial, en nuestra opinión, para conocer el pensamiento social de nuestro pueblo.
Su autor, David Sánchez Infante, expresa una profunda fe igualitaria y libertaria (debido a su formación gonzalespradista) y resume en este canto antigamonalista, escrito entre 1929 y 1930 con motivo de una recuperación de tierras comunales por el pueblo de Celendín, el espíritu de una generación de hombres e ideas que se reunieron en "Integridad", órgano mensual del Centro Social Celendón (1926 - 1930)
Acerquémonos, pues, a este canto, cuya forma y fuerza expresiva recuerda las poderosas voces de los profetas bíblicos más cercanos al sufrimiento y esperanzas de su pueblo, Zacarías por ejemplo."

EL NUEVO EVANGELIO DE CELENDÍN (*)
Por David Sánchez Infante

GÉNESIS

Capítulo I
1. En el principio creó Dios los cielos y la tierra y cuanto existe.
2. Y vio Dios que los cielos y la tierra y cuanto existe eran buenos.
3. Entonces dijo al hombre: todos los hombres sois hermanos.
4. Yo soy el padre y cuanto he creado es para vosotros.
(...)

Capítulo II
1. Así los hombres comenzaron a usufructuar la tierra.
2. Al principiop eran pocos y pocas sus necesidades.
3. Y la tierra sin cultivo ninguno, les brindaba el sustento.
4. Era la tierra un paraíso porque la tierra era de todos. (...)

Capítulo III
1. Y conoció Caín a la injusticia y ésta concibió y parió a los reyes, a los caballeros feudales, a los gamonales y, en general, a todos los detentadores de la tierra.
2. Y la tierra en poder de unos cuantos fue convertida en escenario de mil expoliaciones.
3. Los débiles fueron soguzgados y esclavizados.
4. Los débiles tuvieron que cultivar la tierra con el sudor de su frente para la felicidad, ocio y provecho de los detentadores. (...)

LOS REDENTORES
1. Empero estaba escrito que de la Justicia nacerían los que debían quebrantar la cabeza de la Ambición y su prole.
2. Y en el curso de los siglos ellos nacieron en diversos puntos del globo.
3. Abiertos los ojos a la vida la hallaron injusta y trataron de mejorarla.
4. Y esos hombres fueron el Verbo y el Verbo fue Acción. (...)

APOCALIPSIS
1. El libro de los siete libros ha sido abierto.
2. Se acercan los días del Señor, que son de paz, armonía, de amor.
3. Pero antes tendrá que enrojecerse el Sol y la Luna como en el país del Hielo o el país del Trópico.
5. Antes tendrán que ser crucificados, perseguidos y calumniados muchos Jesús. (...)

FINAL
1. Desde hace algunos días trataba de escribir "El levantamiento de los comuneros de Celendín".
3. Es que pensaba a la vez en mi propio destino y el destino del pueblo al que he ofrecido mi concurso en esta hora de prueba.
4. Y ya todo lo daba por perdido cuando he aquí que oigo una voz dentro de mí mismo que me dice ¡Escribe!
9. I escuchando esa voz misericordiosa he escrito a vuela pluma. I he aquí como ha nacido este nuevo evangelio para el pueblo que amo: Celendín. (...)

(*) Por razones estrictamente de edición, presentamos fragmentos.

sábado, 31 de enero de 2009

LIBROS: La novela peruana y la guerra interna

NARRADORES PERUANOS DE PESO ESCRIBEN SOBRE LA VIOLENCIA
Como no podía dejar de ser, los narradores peruanos de peso finalmente comienzan a dar a conocer obras en las que abordan el periodo de la guerra interna, tema que en los últimos tiempos había sido tratado, muy desigualmente, por escritores más jóvenes.
Nos llega una noticia que suscita en nosotros una gran expectativa, compartida por muchos, estamos seguros. En la Feria del Libro de Trujillo que se realiza en estos días, será presentada la novela Confesiones de Tamara Fiol, de Miguel Gutiérrez Correa, publicada en Lima por la editorial Alfaguara. En este libro el consagrado narrador piurano aborda, nos señalan, la etapa de violencia que asoló el Perú en los años 80 y 90 por el flanco de la participación de las mujeres en los sucesos de ese periodo. Hablamos de expectativa porque consideramos que lo que contará al respecto el autor de "El viejo saurio se retira" valdrá su peso, Gutiérrez Correa es uno de los grandes escritores con que cuenta actualmente el Perú.
Por otro lado, nos llega también una noticia que nos alegra mucho. Nos informan que nuestro paisano Alfredo Pita, escritor celendino establecido en París, ha cerrado finalmente una novela que tenía escrita desde hace años y cuyo título provisional era La cólera de Dios. No sabemos si en última instancia Pita lo mantendrá. El libro de nuestro también consagrado escritor abordará igualmente ciertos aspectos de la guerra interna y se referirá, nos dicen, a un sonado suceso de sangre ocurrido en Ayacucho y su región en la década de los 80. El título, de evidente corte religioso, tendría que ver con uno de los personajes principales de la novela, un cierto obispo de Ayacucho que ese tiempo hacia escarnio de los derechos humanos (Jorge Chávez Silva).


jueves, 29 de enero de 2009

LIBRO: Celendín y el Marañón

CELENDÍN EN LA CUENCA DEL MARANÓN
Arqueología y Paisaje
Autor: Tito Zegarra Marín
En setiembre del año pasado, Tito Zegarra Marín publicó su libro Celendín en la cuenca del Marañón. Arqueología y Paisaje (Martínez Compañón Editores. Cajamarca, 2008). Es un volumen de 242 páginas en las que el autor describe con un estilo llano, muy didáctico y por lo tanto asequible, el variado y vasto paisaje natural y los restos arqueológicos preincas e incas desperdigados en nuestra región; lugares y testimonios históricos desconocidos por una gran mayoría de la población celendina y amazonense.
Tito Zegarra nos pone en contacto con un ecosistema y un hábitat donde la flora y fauna configuran una valiosa biodiversidad, que debemos cuidarlos y estar vigilantes –en el caso del territorio celendino- ante inminentes amenazas de contaminación, destrucción, desfiguración y otras nefastas consecuencias: las explotaciones subterráneas (Minas Conga). Hubiese sido pertinente que el autor del libro nos hubiese puesto en alerta de esta situación y sus implicancias.

Un libro que da elementos para reflexionar el futuro.

Un caso parecido sucede al otro lado del Marañón; nos informa el autor: “…el mineral no metálico de feldespato (caolín)… es explotado por la empresa limeña Las Camelias, que provee de este insumo a las fábricas Trébol y Celima,…los camiones cargados de ese material deterioran las carreteras, se impacta el medio ambiente y se abusa de la obra de mano en la extracción del material. Los trabajadores no gozan de ningún derecho ni beneficio social (…) Los pasajeros que pasan por Chacanto (Balsas), visitantes y turistas, observan tales condiciones de trabajo, y también el deterioro ecológico y paisajista del lugar.” (pag. 213 – 214)
Una particularidad relevante del libro es que el autor ha visitado a pie, en acémilas o en improvisados transportes motorizados, personalmente y en equipo cada uno de los lugares referidos (caseríos, villorrios, centros poblados, comarcas), lo que otorga una validez inusitada a los datos e información recogidos.
El prólogo escrito por Manuel Sánchez Aliaga, la glosa de Jorge Izquierdo en la contratapa, la impecable edición, la hermosa carátula y las evocadoras y ricas fotografías de los interiores, merecen una mención meritoria.
Este libro debe ser de interés para los lectores y lectoras de los departamentos vecinos: Cajamarca y Amazonas, cuyos contenidos y la propuesta concluyente contribuye a fortalecer e impulsar el proyectado Circuito Turístico Nororiental del país (Jorge Horna).

Tito Zegarra Marín. El distrito celendino de Sucre es su tierra natal; sus estudios secundarios los hizo en el colegio Coronel Cortegana. En la Universidad Nacional de Cajamarca se licenció como Profesor, después estudió Sociología en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y realizó una Maestría en la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle, La Cantuta.
Ha desempeñado labor docente en colegios secundarios, también es profesor universitario. Ha ocupado jefaturas y direcciones académicas en su alma mater universitaria.
Sus investigaciones y estudios especializados se han concretado en sus libros: La Artesanía del Sombrero en Sucre - Celendín (1987), El Sauco: Sistema Evolutivo de su Propiedad y Producción (1992), Producción lechera y desnutrición escolar en la provincia de Celendín (1996), Cajamarca – Celendín Tras la Ruta de su Regionalización y Desarrollo (2002) y Celendín en la Cuenca del Marañón. Arqueología y Paisaje (2008).


viernes, 23 de enero de 2009

CRÓNICA: Una visión de la ciudad

Nos honra publicar el siguiente artículo de nuestro paisano, el joven estudiante de Ciencias de la Comunicación, Franz Sánchez Cueva. Con un estilo renovado, fresco y alturado, este futuro periodista -ya periodista cívico- nos narra sus impresiones recogidas en el suelo celendino. Ausculta con fino olfato crítico los problemas sociales actuales de nuestra urbe provinciana, y nos llama a la reflexión y compromete a la acción (NdlR).

DONDE TODO ES POSIBLE
Por: Franz Sánchez
Pretendiendo escribir sobre bellos paisajes, vivencias estudiantiles o costumbres de mi pueblo, resolví llenar renglones, aguzar la pluma y plasmar lo que muchos llaman percepción sensorial.
Casi siempre, la ansiedad de retratar realidades, asalta mi humanidad cuando la misma está fuera del terruño. Pero esta vez, es la excepción a la regla, y eché a escribir.
He encontrado en estos días, la mágica idea de un lugar de fantasía, donde los límites entre realidad y ficción han sobrepasado fronteras, convirtiéndose en un país de las maravillas, sin pretender por ello, transformarme en Alicia. No, al menos, eso espero. Sin embargo aquello del mundo del revés, acometió de forma efímera mi corteza cerebral, coqueteándome el título de este artículo.

El caos gobierna la ciudad

La ciudad está tanto como grande, ignorante. Pero sigue siendo bella, salvo que la nostalgia de otros tiempos haya cegado mi criterio estético, mellándolo por completo. El cielo, tan azul y tan edén aunque acá abajo, el suelo, tan purgatorio, tan terrenal.
La maldita urbe se ha expandido sin mesura y a falta de hombres con pantalones sujetos y bien puestos, el caos gobierna. Los peatones circulan por las pistas, como en cadenas humanas, con los ojos tirados a las flechas de tránsito, mientras que las motocicletas convertidas en taxis caminan por las aceras, dando y recibiendo cuanto empellón exista.
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Los comerciantes no venden sus productos dentro del mercado

Las calles aledañas al mercado, apestan, a suciedad, a dejadez. La extraña negación a la denominación de shilicos, degenerada en expresión de insulto ha provocado en los ciudadanos, la búsqueda incansable de raíces extranjeras, casi como una expedición por encontrar el santo grial, especialmente por sangres portuguesas, volviéndose una obsesión que tiene matices delirantes y que afligen. No es raro por ello, pasear por el jirón Río de Janeiro o visitar el Corcovado en San Isidro. Deprimente, cuando buenos shilicos deberían ser recordados por las nuevas generaciones, por lo menos con sus nombres en las calles. Y ni escribir del nombre de los barrios. Punto y aparte.
Los comerciantes no venden sus productos dentro del mercado, sino que lo hacen en los exteriores, exhibiendo una imagen idónea para una figura de Dalí. El comedor popular con su cableado eléctrico, muy a la criolla, hace ojitos a los bomberos. El flamante hospital, de salud general, parece más especializado en salud mental, el bullerío de las personas del campo que ingresan, es inaguantable, mientras en la sala de esperas arman una especie de camping, con ollas y platos en el parket, la risa de las enfermeras, los doctores que prefieren auxiliar en sus clínicas particulares que en el mismo nosocomio y el techo cuarteado que se cae por pedazos, completan la escena.
Los policías no se quejan más por sus miserables sueldos, ahora tienen un próspero vivir, si es que, el término vida, les signifique algo.
Los cárteles del narcotráfico han comprado la mitad de las autoridades. Podría pensarse que la otra mitad dignamente no está en venta. Es cierto, no está en venta. Ya fue comprada por las transnacionales mineras, que ahora quieren pasar desapercibidas.
Como en los mejores Westerns, aquí la vida no vale nada, quien asesina tiene tiempo para despedirse de sus amigos de jardín, de sus vecinos; el tan considerado, y también de sus familiares. Para cuando llegue al autoexilio, la orden de captura ágilmente se hará efectiva.
Ahora, los escueleros se embriagan en las calles. El saludo aquí no existe, lo que sí existe y convive muy a gusto es el ¡salud! Las autoridades judiciales, espero que no todas, arman jaranas imparables en casas arrendadas. La poca gente decente que, todavía existe, se divide en: figurettis, oportunistas y… los indiferentes, que provocan lo que Sartre llamó “La Náusea”.
Las autoridades de distritos han abierto sucursales en la ciudad y los de la ciudad, sucursal en Cajamarca, donde es bueno refrescarse de las tantas… atareadas funciones con unas cuantas cervecitas, pero de esas que saben a lentejuelas e hilo dental.
Los medios de comunicación, si no están ocupados en rivalidades, que pecan en mucho de estúpidas, están limosneando migajas de publicidad, que huelen a cianuro.
Por lo demás, es una ciudad hermosa, recomendable para vivir…en paz. La fórmula es: Portarse bien, sino papa lindo castiga, ir a misa los domingos con una cajetilla de cigarrillos “River” bajo el brazo y si es posible un leve acento hispano.
Tener instintos masoquistas y soportar los chismes de los vecinos, sacar calculadora y sumar a esto, la envidia de falsos paisanos, venidos de no sé donde, que verán en tu progreso, su desdicha.
No meterse con nadie, ni con nada, pero tampoco desaprovechar la oportunidad para “franelear” a quienes con su cargo, deberían servirnos sin tanto espectáculo.
Y sobre todo, no hacerse uno mismo la pregunta: ¿En qué momento nos jodimos?
Después de todo, lo mencionado serían atributos de un buen ciudadano. Acuérdese que estamos en el lugar donde todo, todo es posible. ¿O no?


martes, 20 de enero de 2009

LIBROS: Elmer Chávez Silva

MEMORIAS DEL CORAZÓN
Anecdotario celendino
El libro Memorias del corazón. Anecdotario celendino (Ediciones Libro Amigo. Lima, 2007) fue presentado el 17 de agosto del mismo año en la Asociación celendina de Lima. Su autor: Elmer Nicolás Chávez Silva, médico ginecólogo, Doctor en Medicina, nació en Celendín en 1939. Los comentarios estuvieron a cargo de la docente universitaria Rosa Carrasco Ligarda. Los relatos que conforman este libro están distribuidos en cuatro capítulos: Estampas costumbristas, Crónicas de colegio, Crónicas de la salud y Anecdotario. Todos tienen un referente común, pues se nutren de hechos que se vivieron en la comarca, Celendín. Elmer Chávez ha hecho llegar a nuestra redacción, para darla a conocer, la carta que Jorge Horna le escribió con motivo de la publicación del mencionado libro (NdlR).
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Lima, 5 de setiembre de 2007
Para Elmer Nicolás Chávez Silva
Estimado Elmer:
He considerado necesario dejar constancia por escrito de la dicha que tengo al acoger en mis manos tu libro que ha inundado como un remanso de aguas claras mi espíritu.
Cuánto deseé estar en la presentación de “Memorias del corazón”; circunstancias que te anticipé, frustraron tu digna invitación. Voces amigas me alcanzaron, después, los detalles llenos de emotividad y calidad académica de aquella ceremonia. Sé que asistieron muchísimas de tus amistades, ratificando así que tu alma generosa, tu permanente sencillez y don de gentes, convoca acompañamientos sinceros.
Hay en tu libro referencias a un tiempo y espacio que felizmente alcancé a vivir. Cómo se conmoverán aquellos y aquellas que están poblando tus relatos, pues el recuerdo y la memoria afianzan identidades.
El gran escritor León Tolstoi sostenía que escribir sobre nuestra aldea, es escribir acerca del universo. Me he solazado con la personificación que haces en “Concurso de voladeras en Chacapampa”, cuando dices “…yendo vertiginosa (la voladera, cometa) a refugiarse en los brazos acogedores y siempre abiertos de algún gigantesco eucalipto, que además de cobijarla cordialmente, le brindaba asilo eterno”.
Hermosísima metáfora. En “El dentista de la ciudad”, don Isidoro aparece en su laberíntico taller como el mítico Melquíades en Macondo en “Cien años de soledad” de GGM. Y no podía faltar la ocurrencia genial de Mime (“Mi amigo Mime”), impenitente bohemio e inteligente conversador, personaje ya histórico.
Pero también los lados imprevisibles de la condición humana: la violencia pasional y existencial en “El Tigre Relámpago” y “Duelo a muerte por amor”. O la incoherencia entre lo que ostentaba el cura Espejo y su actitud cotidiana distanciada de la doctrina cristiana, y que prefería ante todo a su mula porque “la montaba” (“La mula del padre Espejo”). La aparente ingenua Eumelia que con un soliloquio perfecto latiguea y sepulta reputaciones superfluas de los poderosos políticos eventuales en “La venganza de Eumelia”.
El Capítulo Crónicas de la salud es un homenaje irrefutable a las “curiosas”, “curiosos” y “parteras” que curaban y ayudaban al prójimo, esperando como retribución una “peseta” o “un Dios solo pague”; y las hazañas profesionales del Dr. Filadelfo que por la tranquilidad de su conciencia desfilaban rostros agradecidos y sonrientes por la vida y la salud devueltas. Esos seres demostraron que la Medicina es ciencia y arte, pero sobre todo humanitarismo.“Doña Prescila y el alfajorsh” que lo leí junto a mi esposa –quien celebró ese relato con una sonrisa y una carcajada oportunas -hace ya algunos años en la revista “Jelij”- es un clásico del humor del hogar.
Estas apreciaciones sólo apuntan a la validez de la totalidad de la obra. Las anécdotas recogidas contribuyen a conocernos y entendernos mejor, lo que algún día nos permitirá alcanzar una sociedad nueva y humanizada. Un mérito más: tu habilidad para introducir en los textos modos idiomáticos propios del lugar que le otorgan propiedad y originalidad a este hermoso fresco que es “Memorias del corazón”.
Elmer, es posible que tu gran memoria recree en un futuro cercano otros relatos, para deleite de nuestra gente.
Un abrazo para ti y los tuyos,

Jorge Horna


viernes, 2 de enero de 2009

POESÍA: Desde Autralia

Enrique Horna Fernández (Oyotún, Lambayeque, 1954). Ingeniero industrial sanmarquino radicado en Australia. Tiene raigambre celendina, su abuelo paterno fue don Neptalí Horna Aguinaga, nacido en Celendín.
A nuestra redacción nos ha enviado sus poemas, que no constituyendo parte de un libro, reflejan la memoria de los instantes primeros de la vida, y feliz para Enrique, porque se deslizaron en comunión con la naturaleza y junto a la mano labriega de sus progenitores.
En los libros “Poetas y narradores” promovido por el Instituto de Cultura Peruana (Miami, Florida-USA) y “Nuestro Oyotún. Primer ensayo de la realidad” (2004) han sido incluidos sus poemas. También en Australia los diarios de habla hispana han publicado sus trabajos poéticos.
De los ocho poemas sueltos que nos ha enviado Enrique Horna, tomamos los que a continuación exponemos (NdR).

“MADRE”
Hoy estoy lejos, muy lejos
de tu nacimiento y muerte;
en un camino que no conozco
donde todo es tan calmo,
en una tierra, que es lejana de tu vientre.
Madre, generosa en la alegría
y tristeza de tu existencia,
si pudieras con tus lágrimas
curar las llagas de los que sufren;
y redimir a los que creen
que la vida es siempre entrega.
Madre, como duele tu ausencia,
tu risa que se quedo en mi cuna;
y tus sueños que se fueron
volviendo añoranzas.
Y extraño tu orgullo de tenerme,
tu risa de niña provinciana;
tu canto de pueblo, tu fe en el amor.
Madre, cuanta humildad se fue contigo
cuanta ingenuidad se volvió viento;
y te fuiste amando unos espacios
que no son color Octubre
ni son el asomo de tu entrega y esperanza.
Madre, mi pequeña, tierna y cariñosa;
siempre serás mi dolor más dolor
mi ausencia más reclamada
y mi nostalgia más cruel,
pero ahí donde se cobijan los amores
siempre te tendré como agua fresca
calmando mis penas y dolores.

Sauce viejo, guardián de camino polvo... (Foto Charro)

“SAUCE VIEJO”
Sauce viejo,sostén de acequia añeja
guardián de camino polvo, eres eternidad
bajo la luz humilde de la luciérnaga
y la luna noche de la inmensidad.
Sauce viejo, que en tus brazos verdes
encuentro la mano siembra de mi viejo
y la sensible sonrisa de una esperanza madre.
Sauce viejo, amigo del tiempo
generoso anfitrión de un encuentro misterio
celebrado con risas amor de verdad.
Sauce viejo, ruta de años
agua y nido, nostálgico canto
de cariños ausentes, de brisas penas
de lágrimas que son fuerza río;
homenajeando un origen
de arena, sol y viento.
Sauce viejo, carita niño
sueño infantil de aventura e imaginación,
mano inocente refrescando la ilusión de los quince.
Sauce viejo, hamaca engreída de campesino
sombra anhelada de recuerdos,
pan que el alma cocina un mediodía caliente;
rato que los hijos del campo lanza sus ansias al cielo.
Sauce viejo, testigo de surco fé,
amador de alforjas semilla,de palana trabajo;
manos callosas que despiden tiernamente
al hijo que va en busca de su sendero.
Sauce viejo, posada de risas y abrazos
celebrando la simple grandeza de las flores
y la alegría de las aves libertad.
Sauce viejo, árbol mío
quisiera que mi alma
se duerma algún día bajo tu follaje.

RECORDANDO A MI PADRE
Te quiero ver esta tarde que mis extraños anhelos se van a juntar
al borde de la acequia y el sauce, donde algunas vez
mis pasos fueron niños y tus palabras eran mi horizonte.
Te quiero ver esta tarde en que el sol del tiempo
me trae tu rostro rojo y tierno y tu mano callosa me sostenía.
Quiero caminar por aquellos senderos que fueron mi infancia y sueño
verte en el campo de la esperanza.
como serán esos amaneceres ya sin ti, sin tu canto galán
y tu orgulloso caballo, cuanto alumbraran las luciérnagas en esas noches
de misterio, de cuentos, de poesía entre el agua y el cerro.
Yo te quiero ver nuevamente entre las tierras del recuerdo
entre silencios que son los claros anuncios de tu paso por la vida
ahí en tu cabaña aferrado a tus cálidos cariños
presintiendo tal vez tu temprana despedida.

miércoles, 31 de diciembre de 2008

CUENTO: Jorge Díaz Herrera

Siempre me pregunté el por qué de aquello que los perfumes más exóticos vienen en frasco pequeño. Hoy he descubierto que es porque encierran la esencia del perfume, producto tal vez de un sinuoso alambicamiento de alquimistas que permite encontrar el espíritu de cada cosa. Lo mismo sucede con el arte: un caricaturista, por ejemplo, es mejor cuando logra sintetizar en una línea la personalidad del personaje. Pero ¿Cómo sintetizar toda una historia en unas pocas líneas? Nuestro escritor Jorge Díaz Herrera nos da una muestra de ello en este hermoso cuento. En él, el paso del tiempo es un elemento añadido que podemos manejar de la forma que mejor interpretemos. (NdlR)

AL FIN MARIA JUDITH
María Judith pudo haber sido feliz desde el día que se lo propusiese. Los muchachos del barrio hacían lo indecible por ganarse su corazón, mas ella endurecía el rostro y desbarataba con sus desdenes los afanes de todo pretendiente. La puerta de su casa era una primavera. Al fin, María Judith bajó la guardia y salió al aire libre de la calle risueña y dispuesta a conceder. Pero percibió algo extraño: los muchachos eran otros e incluso el devaneo de su cintura se había endurecido y en su caminar arrastraba los pies. Nunca pudo echarse de la boca el sabor a cosa quemada que le provocaba náuseas cada vez que esos grillos endiablados, los muchachos de ahora, la acosaban gritándole Brujilda, empeñados en hacerle en hacerle ver la maldad del tiempo cuando se propone hacer de una rosa fresca una rosa seca

miércoles, 24 de diciembre de 2008

CARTAS: Elogio al poeta

La publicación de mi libro Árbol de atisbos despertó entre mis amigos un entusiasmo fraterno, mi gratitud por ello siempre será perenne.
Cuando Franz Sánchez Cueva, joven estudiante universitario, supo de la publicación me envió una carta. Me atrevo a publicarla por su validez formal, quiero decir, por su calidad como escritura talentosa. (J. Horna)

Lima, lunes 03 de noviembre de 2008

Amigo Jorge:
La felicidad que rebosa mi ser, se esparce entre líneas al saber, amigo, que una publicación suya ve la luz, espero con apetencia acrecentada tener en mis manos un ejemplar.
Auguro que su sensible pluma no caerá abatida por la tibieza de – principalmente- nuestros paisanos. Que por el contrario, muchos seguimos sus trabajos y que lo admiramos, quedaremos complacidos hasta el embeleso con su obra, mas aún siendo esta poética, que es con lo que verdaderamente lo identificamos. Escribo en “nos” porque comparto con muchos la admiración hacia vuestra persona.
No le recomiendo suerte porque de ella viven los que esperan los frutos de la nada. Le deseo éxito, que es de lo que viven los que siembran, cosechan y alforjan. Como usted paisano, como usted amigo. Éxitos.
Su amigo
Franz.

martes, 16 de diciembre de 2008

FOLKLORE: Danzas y pallas

Luis Quiroz Amayo es un profesor de educación primaria que ha dedicado gran parte de su vida a la investigación arqueológica de los vestigios –aún no explorados- de Celendín. Quiroz Amayo tomando como instrumento de estudio la Historia pre hispánica y pre Inca, ha publicado profusamente datos novedosos sobre nuestra provincia (historia, arqueología, geología)
De Reflexiones, cuadernos de Cultura y Crítica No. 2 (Lima, 1992), Publicación del Centro de Estudios Celendinos, extraemos el siguiente artículo:

EL FOLKLORE CELENDINO
Por Luis Daniel Quiroz Amayo
Si analizamos el folklore celendino vamos ha encontrar una manifestaciones poco densas o mixtificadas por el tiempo y el contacto con la cultura peninsular, que en Celendín le dan una fisonomía propia, aun cuando subyazca un patrón cosmogónico andino. Verbigracia, la serpiente que supervive en la danza Guayabina y en la mayor parte de danzas vernaculares de vieja raigambre marañónica.

"Guayabina V", óleo por "Charro"
Si la serpiente como elemento cosmogónico supervive en la danza, también supervive en el cuento y en la mitología andina, en el cuento y el mito celendino. Por ejemplo, en la leyenda de la Pampa de la Culebra (1). Que la yuxtaposición de la cultura ha mixtificado, en determinada medida, la pureza del mito y de la danza marañónica es evidente; los elementos hispánicos son fácilmente identificables en la danza y en el cuento aparece el toro, el sombrero, el escarpín, el caballo y los elementos propios de la catolicidad.
Lo propio, lo autóctono, lo primitivo tiene un profundo y oloroso sabor marañónico. El ritmo de los shilshiles que suelen acompañar nuestra danza típica es secular y onomatopéyico, típicamente marañónico.
La serpiente en cuanto a cosmogonía del Marañón se encuentra en la lítica chavínica, que definitivamente es nuestra, en la cerámica, en la textilería, en la pintura y en la escultura panandina. Bástenos observar la Estela de Raymondi, la Piedra de Muyuk, ceramios marañónicos y chavínicos, tejidos y pictografías mochicas o restos escultóricos para evidenciar tal tesis.
El segundo elemento tipo de nuestro folklore es la personificación del demonio, del shape (2) presente y vigente en la danza de los Shapes del Potrerillo de Sorochuco.
Tal vez en la danza de los shapes contrarios a la danza de Las Pallas, haya más pureza del elemento cosmogónico que personifican. Los shapes aluden al espíritu del mal, la maldad, la fealdad, las tinieblas. Españolizada la danza expresa la impiedad.
Los Shapes de Sorochuco aparecen como representación de la impiedad y danzan y bailan impúdicamente con manifestaciones hostiles a las Pallas de la Virgen Madre Inmaculada. Las Pallas entonan cánticos de alabanza que preconizan la bienaventuranza eterna de María Inmaculada, mientras que los shapes profieren alaridos demoníacos.
La mixtificación es ostensible, Pallas y Shapes que se presentaban antaño en la procesión de la Virgen Inmaculada el 8 de diciembre, ahora se presentan en la fiesta del Patrono del caserío del Fatro-Potrerillo de Sorochuco el 15 de septiembre. La copla que evidencia el contenido manifiesta la permeabilidad del folklore andino a la influencia hispánica:
Shape de la banda
Shape de Sorochuco
Shape, shape, shape.
Existen otros elementos del folklore celendino identificables como cosmogonías de origen marañónico y andino, de las cuales nos ocuparemos en otro artículo, pero dada su persistencia sólo las mencionaremos:
El Auqui o espíritu del cerro, que produce Querencia del Cerro o Mal del Cerro, identificable o congénere con el Mal de Espanto.
En nuestro último viaje a Muyuk hemos identificado una superstición referente a la querencia del cerro, la costumbre de regalar el espíritu de cualquier indeseado a la peña o a la caverna, a los espíritus que moran dentro. Hay brujos especialistas en “sacar la querencia del cerro” o en curar el “mal del cerro”.

Notas:
(1)Ver Alfonso Peláez. Sinchi Huaqui Shawa .
(2)Ver Luis Quiroz Amayo. Estamento liguistico marañonico (inédito).

martes, 9 de diciembre de 2008

LITERATURA: El relato oral

En el imaginario popular abundan leyendas, cuentos, tradiciones, anécdotas no escritas y que circulan de generación en generación para amenizar las conversaciones, para pretender corregir entuertos o a manera de sabias sentencias.
Celendín es un pueblo muy ingenioso para estas narrativas. Actualmente la mayoría de nuestros niños y jóvenes desconocen estos relatos orales, absorbidos por los medios informáticos y alejados del diálogo enriquecedor desde el hogar y la escuela.

Felizmente mentes preocupadas por preservar la oralidad del pueblo han llevado al papel esas manifestaciones, unas veces fieles a la originalidad y otras recreando los textos. Uno de ellos es el celendino Pompeyo Silva.
De la revista “Jelij” No. 3 – Lima, julio 1995, hemos tomado el siguiente texto:


ANÉCDOTA CELENDINA
TÍO DOMINGO “EL TRONCO”
Por Pompeyo Silva
En el año en que nació “Cuevita”, el municipio de Celendín ofreció muy buena gratificación a la persona que trajera de la Pampa Grande, un gran tronco de eucalipto donado por don Juan Chávez Sánchez, para ser utilizado en la construcción del camal. Varios intentaron mover el tronco sin conseguirlo, ya que sus dimensiones eran poco comunes.

¿Cómo trasladar el tronco al camal?

Uno de los concejales visitó a Tío Domingo y le informó de la oferta municipal para el traslado del tronco; luego le preguntó: ¿Qué podemos hacer, Tío Domingo, para trasladar el tronco hasta el camal? Yo lo traigo, contestó el interpelado; pero que me acompañe el municipio en pleno con la bande de músicos; no cobro nada.
El concejal informó al señor alcalde que Tío Domingo ofrece sus servicios en forma ad-honorem. El alcalde citó a todos los concejales para una sesión urgente. Luego dispuso que Pedro “El campanero”, toque el bombo en las cuatro esquinas de la plaza de armas (señal para que se reúnan los músicos); mandó comprar una gruesa de cohetes y algunas botellas de vino marca “El abuelo” para festejar el acontecimiento.
Producida la sesión se planificó la marcha a casa del Tío Domingo para acompañarlo a la Pampa Grande. Formados en columna de a tres marcharon con dirección a Shuitute, lugar donde vivía el oferente. Tocaron la puerta de la casa, salio Tío Domingo con una silla en la zurda, la puso en el centro de la calle y ordenó que los músicos toquen un paso doble; se paró sobre la silla y creyéndose el general Sucre dijo: “¡Soldados!, de los esfuerzos de hoy pende la suerte del camal”. Después, creyéndose Bolívar, agregó: “Vais a contemplar la obra más grande que el cielo ha encargado a los hombres; yo traeré el tronco para el camal”. Todos prorrumpieron en vivas y hurras a Tío Domingo e iniciaron el desfile a la Pampa Grande, con el alcalde, el gobernador y el susodicho a la cabeza. Cerraba el desfile la banda de músicos ejecutando dianas, mazurcas y el chumaychillo .
Cuando llegaron al lugar donde estaba el tronco, formaron una gran circunferencia alrededor de la mole, en un silencio sepulcral. Tío Domingo se acercó al tronco, hizo la Señal de la Cruz y luego de hacer ejercicios respiratorios y algunas genuflexiones , se puso en cuclillas y ordenó a los mirones: ¡Álcenme!
Como ninguno se atrevió a obedecer la orden, Tío Domingo se incorporó y dijo: Que conste que no es mi culpa; yo he querido llevar el tronco hasta el camal, siempre que alguien lo ponga en mi espalda. La nutrida concurrencia festejo la ironía e ingenio y haciendo los comentarios de ley regresó a la ciudad; los músicos con los instrumentos bajo el brazo, Pedro “El campanero” con los cohetes sobre el hombro; los ediles lamentando el fracaso; el “Hishanau” se hizo humo con el vino y los curiosos patidifusos con la ocurrencia de Tío Domingo.

jueves, 27 de noviembre de 2008

PRESENTACIÓN: “Arbol de atisbos” en la ACL

El poeta Jorge Horna, miembro de nuestro directorio, y a nuestro juicio uno de los poetas más auténticos de Celendín, presenta el viernes 5 de diciembre su poemario “Arbol de atisbos”. La cita es a las 7H00 pm, en la Asociación Celendina de Lima: Av. Brasil 1580.
Esperamos que, ese viernes, todos los paisanos amantes de la cultura nos pondremos a la sombra de este maravilloso árbol que Jorge ha sembrado con la inspiración que le es propia. Leyendo sus páginas nos ha bañado la alegría de saber que tenemos al juglar que canta nuestras nostalgias primeras y eleva a nuestro pueblo al horizonte de grandeza que tuvo algunas décadas atrás.
Por este conjuro creemos que la cita del viernes 5 es impostergable. Es absolutamente necesario que escuchemos estos versos extraídos de una rica y evocadora creatividad (NdlR):

Otro libro de un celendino, para nuestra mejora y gloria...

Pero hace tiempo
mucho antes que los aromas indomables
de la hierbabuena asomaran con la luz
otro hombre atestiguó la vida de todo un pueblo
mientras chacchaba su arrebato
en la cal y su talego de arbustos
desde la penumbra del árbol labrado por el firmamento.
………….
Si no fuera por todo esto
para qué entonces amanecer esperanzado.

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ASOCIACIÓN CELENDINA DE LIMA
Invitación
El Consejo Directivo de la Asociación Celendina de Lima, invita a Usted a la ceremonia de presentación del libro Árbol de atisbos, del escritor celendino Jorge Horna Chávez.
El acto se realizará el viernes 5 de diciembre a las 7 p.m. en el local institucional de la Asociación, Av. Brasil 1580 Lima.
Agradeceremos su gentil asistencia.

Lima, noviembre de 2008

Programa
1. Bienvenida.
2. Comentario:
Jorge Luis Roncal (Crítico literario)
Jorge Chávez Silva (Artista plástico)
3. Testimonio del autor:
Jorge Horna
4. Palabras del Presidente de la Asociación Celendina:
Dr. Jorge Silva Merino
5. Brindis.

martes, 4 de noviembre de 2008

LIBRO: Un nuevo libro celendino

“ÁRBOL DE ATISBOS”, DE JORGE HORNA
Por Jorge A. Chávez Silva, "Charro"
No soy crítico literario, pero, en mi modesto juicio, Jorge Horna es el poeta más importante de Celendín en la actualidad. Ninguno como él para llevarnos hasta el éxtasis por las cosas sentidas, evocadas, recreadas, resucitadas. Su madurez plena y contundente trasluce en Árbol de atisbos, su último poemario, editado en Ediciones Arteidea.

Los celendinos siguen contribuyendo a la cultura nacional...

Los poemas de Jorge Horna nos hacen señas y nos llaman, como lo haría una mujer amante, llena de promesas maternales. Su eco rebosa de ecos y matices, que nos envían a las quebradas, a las pampas y a las diáfanas calles de nuestra tierra, trasmitiendo, con resonancias anisquechuas y arabicas, viejos gritos y susurros que nos llegan una y otra vez, y en los cuales se reconoce nuestra alma.
Su lírica es cántico del juglar primero, todo en ella suena si no en tono mayor, en tono verdadero. En sus versos se mece y jubila la luz del sol, no la noche No hay disonancias, ni neurosis, ni “flores del mal”. Su creación es espléndida, como las auroras de la serranía. Nos costará trabajo, pero tenemos que adaptar las pupilas de nuestro espíritu a estas cataratas de luz y veremos un mundo sin tragedias, sin amarguras, sin traiciones. ¿Dónde encontrar algo semejante en nuestra lírica? La poesía de Jorge Horna es expresión substantiva y autónoma. No requiere comentarios filosóficos pero podría servir a los filósofos como base de meditación.
El jubiloso movimiento de Árbol de atisbos asciende, cada vez más alto, atraviesa todos los límites: más allá, más allá. Es uno de esos libros que nos lleva a una reflexión terrible: ¿podrá nuestra hambre de belleza saciarse con una sola vida, un solo tiempo? No, el alma exige más.
Gracias, Jorge Horna, hermano en el amor de la tierra, por este rebautismo purificador.
Para corroborar nuestras afirmaciones transcribimos uno de sus poemas más sentidos, inspirado en la figura del padre del poeta, ese viejo amoroso, de andar cansino, cuya estampa era parte del paisaje de la Plaza de Armas del pueblo cuando éste era nuestro.

LIVIANA HEREDAD

A mi padre

Entendí la distancia de tus palabras
una noche cuando en la sala el viejo radio
derramaba aires anteriores a las épocas de la Guardia Vieja,
“la música es la vida”, dijiste
de pared a pared ida y vuelta
apresurado el temple de tus pasos.

Por las madrugadas
tu silbo sorprendía los relojes de los gorriones
a veces en el mapa viajero de tu dolor
oí tu canto leve.

Padre: los pájaros aún trinan
por las Bajeras de Yajén
y tu rengo caminar
está en la urgencia de los arrieros.

Para sobrevivir, caporal fuiste en los cañaverales
Quisieron que azotaras a tu prójimo
En las haciendas costeñas, en la zafra
Y una tarde llegaste a los brazos de mamá
Entristecido, con una bandera de denuncias en los labios.

Los árboles que sembraste para San Miguel Arcángel
en algún ignoto rincón
dando sombra están con la brisa de las tijeras,
aquellos codos y estacas cada primavera
han vuelto a florear en el Mar de la amorosa Magdalena.

Padre:
Aspiré contigo la rebeldía de los musgos
en los tejados heridos
por el trajín y la luna llena de los gatos
descendí a la tierra honda arrullante de tus brazos
con el desvelo y esperanzas de un día nuevo.

Tú, tendero solitario de los justos precios
vendedor de agujas en yesca y copas de ajenjo,
levadura exacta amada por las horneras
espiga de arroz en tu candidez de agua
pavesa que nunca se apagó en las sementeras.

Ahora que he puesto a prueba tus lecciones
tomo el rojo papel de tus credos
y la palidez de tus enredos continentales
para elevar una cometa a la fronda
de tu alma terrenal

domingo, 2 de noviembre de 2008

LIBRO: Una edición histórica

A PROPÓSITO DE “VIDA DE PUEBLO”
Por Jorge A. Chávez Silva, “Charro”
He recibido la grata visita del poeta Jorge Horna en estos días en que el invierno se muestra reticente a retirarse del cielo de Lima, como un toro amorcillado que se resiste a morir. Y digo que es grata su visita porque aparte de inundarnos de poesía con su conversación, siempre trae alguna vieja novedad que nos mueve a pensar que la historia no transcurrió en vano, que tenemos que agradecerle los momentos felices de la vida y que debemos extraer las lecciones que nos impone su transcurrir.
Esta vez la novedad ha sido la edición original de Vida de pueblo de Julio Garrido Malaver, aquel viejo libro de poemas de honda raigambre telúrica, ese que canta al Celendín impoluto, crío inocente, ajeno a los peligros que hoy lo acechan. Aquel que nos lleva a los rincones en donde transcurre el afán cotidiano de las sufridas sombrereras, que nos ramba por las calles más apartadas del barrio de Colpacucho y nos hace beber en los chorros cantarinos de las esquinas.

Una edición histórica, de 1940...

Nos ha permitido tocarlo en su inusual forma rectangular y nos hemos nutrido al contacto de su hoja gruesa, de su carátula sufrida por los embates agotadores del tiempo, de sus versos contundentes y sin embargo tan sencillos, que se diría que es fácil ser poeta.
Una cosa nos ha llamado la atención: el dibujo de la cubierta y la firma del artista: Villanueva, y nos hemos preguntado, intrigados: ¿Se tratará de Juan del Carmen Villanueva, “Bagate”, para más señas? Es posible, dado que en la década de los 30 el pintor estuvo radicando temporalmente en Celendín, retratando a don Augusto G. Gil Velásquez y a sus padres en aquellos cuadros oscuros que nos recuerdan el tenebrismo de Caravaggio o de Zurbarán, y que aún se pueden ver en la Municipalidad, en la Beneficencia Pública y en el Colegio “Coronel Cortegana”. Es posible, repito, que haya existido alguna amistad entre el vate y el pintor, que no tendría nada de raro, porque las almas sensibles de los artistas se conjugan como la piedra y el agua, y el rumor que emiten en conjunto es esencia de arte.
La edición del libro es de 1940. Han transcurrido desde entonces 68 años… ¡Toda una vida! Y sin embargo, sus versos todavía resuman hasta el clima del día en que el poeta los escribió. Este libro es importante porque es una de las primeras obras de un celendino y con él, nuestro pueblo se asomó tímidamente, pero a la vez firmemente, al Parnaso de los pueblos escogidos.

lunes, 27 de octubre de 2008

REVISTA: La celendina INTEGRIDAD

En Espina de Maram estamos rescatando las revistas y periódicos que en diversas épocas contribuyeron a forjar conciencia colectiva en el marco cultural. En esa ruta es imperativo mencionar a Marañón, El Golpe, Trotamundos, Jelij, El Labrador y otras que tienen méritos suficientes. Poco se conoce de la revista Integridad publicada y dirigida por celendinos allá por el año 1926. En Arteidea No. 5-6, revista de cultura, Lima, el año 2002 apareció un artículo con referencia a Integridad. Por razones de edición extraemos sólo algunos párrafos para conocimiento de nuestros lectores (NdlR).

INTELECTUALES DE CELENDÍN, CAJAMARCA
LA GENERACIÓN "INTEGRIDAD"
Por César Aliaga Díaz *
Llamamos “Generación Integridad” al grupo de celendinos que animó el mensuario del mismo nombre editado por el Centro Celendín de Lima, entre 1926 y 1930, en tanto expresaron los rasgos típicos atribuibles a toda generación: coetaneidad entre sus miembros, misma influencia en la formación de su pensamiento y acción colectiva en el mismo espacio histórico.
La influencia libertaria en este grupo de jóvenes celendinos, obreros, comerciantes y estudiantes en su mayoría, se deja notar en el hecho de que reactualizaron el nombre del primer periódico de los fundadores del anarquismo peruano, La Integridad, fundado por Gonzáles Prada, y “El Tunante”, en 1889.

Funerales de David Sánchez Infante (Foto cortesía de Magda Aliaga Bardales).

El más destacado de los integrantes de la Generación, el sorochuquino David Sánchez Infante, tiene una formación libertaria evidente por lo menos en los escritos de esa época. En efecto, es muy fácil encontrar los rasgos del credo anarquista en muchos de sus textos.
De otro lado, el que fue varias veces director de Integridad escribió valientes artículos contra los abusos cometidos por la Guardia Civil. Actitud que le costó una detención y un allanamiento al local del Centro Celendín, el 25 de abril de 1927.
La Generación Integridad siguiendo esta hermosa tradición puso la labor concientizadora como eje de su acción. En el local del Centro Celendín, en la calle Plumeros 332 de Lima, se desarrolló un sinnúmero de conferencias y veladas culturales y se organizó una biblioteca. El periódico mismo fue entendido como un vehículo de cultura, en el cual junto a la expresión de líneas políticas se incorporaron nociones generales de instrucción básica.
Pero el dato más interesante de la influencia del socialismo es la relación de Integridad con Armando Bazán, un intelectual nacido en Celendín y apreciado por sus redactores. Se debió a él, seguramente, que el vocero del Centro Celendín se haya editado en la Imprenta Minerva de Mariátegui.
La coyuntura de la crisis política de los años 30, contribuyó a la definición rápida de muchos de los miembros de Integridad hacia el aprismo.
No obstante, otro miembros, aunque pocos, afiliaron al socialismo: Miguel Montoya Chacón, por ejemplo, aun cuando sea posible incluir en este grupo a quienes formando parte del Apra auroral, fundaron en los años 50 el Apra Rebelde (1), que luego dio lugar a la formación del MIR, como fue el caso de Máximo Velezmoro.
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* César Aliaga Díaz. Celendín, 1964. Abogado, actualmente docente en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Cajamarca.
(1) El Apra Rebelde fue fundado a fines de 1959, cuando un grupo de dirigentes juveniles del Apra de Trujillo es expulsado de la reunión del CEN del Apra, en Lima, por reclamar vigorosamente el retorno del partido a sus principios revolucionarios primigenios y el abandono de la vergonzosa "convivencia" con el régimen derechista y "aristocrático" de Manuel Prado. En ese grupo, junto a su líder, Luis de la Puente Uceda, se encontraba otro celendino, Manuel Pita Díaz (NdlR, Espina de Maram).

miércoles, 15 de octubre de 2008

POESÍA: Hallazgo reciente

"LEJANÍAS", DE MARCO SÁNCHEZ ROJAS
Por Jorge Horna
Una grata sorpresa ha sido ubicar el poemario Lejanías (Imprenta Rocarme S.A. Lima, 1972) y a su autor, Marco Antonio Sánchez Rojas (Celendín, 1947). Él actualmente reside en Lima. Ha sido la labor de búsqueda e indagación que nos ha entregado la dicha de un encuentro desbordado de generosidades y posibilidades de retomar el camino hacia pretéritos bríos literarios.
Marco Sánchez fue alumno en la Escuela No. 81 y en el colegio Javier Prado (hoy Coronel Cortegana); es profesor de Lengua y Literatura graduado en la Universidad Nacional de Cajamarca; a los 24 años de edad publicó su poemario Lejanías.
Ejerció sus primeros años profesionales en Tumbes, donde se ligó a los grupos literarios y culturales de esa ciudad. En 1976, en el libro Poemas Inéditos (muestra de poesía tumbesina) editado por la Cooperativa San Nicolás, se incluyeron sus poemas.
En el suplemento Crónica Cultural del diario limeño La Crónica, también fue publicado su poema Padre nuestro, en una antología de la poesía producida en Tumbes.
Las limitaciones económicas personales y la ausencia en nuestro país de una verdadera política cultural, no han permitido que Marco Sánchez haya continuado publicando otros poemarios que él conserva como postergados pero latentes proyectos.
Como trabajador de la educación, convencido de que sólo la lucha arranca reivindicaciones, durante la histórica huelga sindical del año 1979, fue cesado durante un año de su puesto de profesor.
Su inquietud literaria le impulsó a publicar junto a otros colegas del Centro educativo “24 de julio” en Tumbes, un Informativo homónimo, en uno de cuyos números, Marco dio a conocer un estudio analítico con el título de: Javier Heraud, símbolo de la juventud (próximamente lo publicaremos en Espina de Maram).
La poesía de Marco Sánchez Rojas se nutre de los pesares y peripecias de la vida, el dolor de los desposeídos lacera el alma del poeta, pero en un acto de solidaridad cuestiona al sistema opresivo e inhumano que padecemos. Reivindica a la tierra herida por la codicia.
En lontananza los recuerdos y las huellas de la infancia son recogidos y expresados con esperanza y ternura. El poeta aspira a un mundo nuevo, armónico y justo.

Marco Antonio Sánchez Rojas, tercero de los de pie, de derecha a izquierda.

Aquí sus poemas:

A CELENDÍN
Patria de vagabunda cuna
con raras estrellas,
te miro desde mi soledad
nostálgica y sombría,
te miro cautivo
desde la inmemorial distancia.
Celendín,
estás en mi sangre;
me dejaste el alma de tus tardes,
de tus rocas y el corazón.
Mis primeros pies
hollaron tu suelo
y mis primeros sueños
posaron en ti.
Era un niño cuando llegué
a mis amigos de labios tempranos
y mirar ingenuo;
y en los cuartos amorosos
y llenos de abrigo,
la paja olorosa enredó mis pasos
Y en sus manojos dormía.
(…)
Y las mujeres cual gemas
de un cuento de encantos
se han perdido de mi sueño
mientras las madres solas
tejían sombreros.
Así envejecían
sus finas manos
hoy muertas
por el pan y el trigo.

INFANCIA
En el ayer tendidos
lloran los ojos puros
lánguidos y absortos
de la infancia;
queda el húmedo surco
con su fruta olorosa
en mis labios ingenuos,
y en la envejecida rama
mis manos invisibles posan.
Voy hacia el pasado y escucho
los cuentos hermosos
en los novilunios;
las blancas ninfas
y el ladrar del “Choco”
Ya no estaré a tu orilla
bullicioso Haway;
no a tu brisa, no a tus aguas
quedo a solas en la vida.
Lumbay,
mis pies tratan en vano
de ambular tus caminos;
de acariciar los mangos, el mamey
sobre la tierra
¡Oh! tus tardes
perdidas en la sombra
con fervientes plegarias,
inasible Lumbay.

* (Haway y Lumbay, río y fundo agrícola, en las inmediaciones del distrito de Balsas).

OTRO TIEMPO
Ayer he caminado y recordaba
que estuve jugando
con carritos de barro;
jugaba por la heridas de la tierra
que aún no eran hondas.
No sé si estoy cansado,
fue pobre el ayer,
y es mísero el presente.
He caminado
y apenas quedan huellas,
y busco otro suelo
sin espinas contra el tiempo
Voy viendo cuerpos pesados,
crucificadas manos
añorando otros mares.

PADRE NUESTRO
Padre nuestro
¿tú enseñaste a los hombres
la misma jerarquía
de los cielos?
Ahora
dime, tú hombre
tú que no puedes engañarme
¿quién dio a los reyes y tiranos
derechos sobre el hombre?
¿Quién les entregó el patrimonio
de la tierra y el mar?
Y en este instante doloroso de mi vida
Dime, hombre
¿a dónde iré para pedir justicia?
Han matado a mis hermanos
en el antro de las minas
a través de una agonía de cuarenta años,
mataron también a mis hermanos
en la zafra, en las grandes fábricas
y sus hijos heredaron
oprobio, abusos, malos tratos.
¡Ah!
la justicia murió siendo aún niña
por manos de unos jueces
cuyos padres la parieron.
¿A quién alzan sus ojos los desconsolados,
los abandonados,
los enfermos incurables,
si Dios también ha muerto
y el cielo se ha caído
a este infierno de la tierra?
Ni siquiera el bautismo
ha borrado en mis hermanos
el estigma del pecado original:
el ser pobres.

lunes, 6 de octubre de 2008

LIBRO: Garrido Malaver por Santiago Araujo V.

CELENDÍN Y JULIO GARRIDO MALAVER
Por Jorge Horna
Así se titula el libro de Santiago Araujo Velásquez (Celendín, 1928), publicado en Lima el año 2003. Es un volumen de 300 páginas, inclasificable por la diversidad de sus contenidos. En él hay rasgos biográficos del poeta Julio Garrido; facetas de su militancia política en el partido aprista; fragmentos de su producción poética y narrativa y la valoración crítica literaria.
Desde el primer libro publicado por Garrido: Vida de pueblo (1940), pasando por su abundante poesía en otros libros, hasta su laureado poemario La dimensión de la piedra aparecen en sus páginas.

Un homenaje diverso...

En otro capítulo, Santiago Araujo Velásquez. recoge la narrativa que Julio Garrido Malaver también cultivó. Hay textos y fragmentos de los relatos y cuentos: La Guacha, Creo en ti, Elogio a la soledad; y de las novelas: El Frontón y El camino que no llegó.
El libro Celendín y Julio Garrido Malaver nos conduce a la prolífica e importante labor literaria de este escritor, y contribuye al mejor conocimiento de este.
En mi opinión, un aporte novedoso es la información sobre Garrido Malaver político; las crónicas acerca de su militancia nos muestra al hombre de partido, comprometido y leal a los ideales revolucionarios primigenios del APRA. Su actitud autocrítica, crítica y contestataria en el seno mismo de su organización, ante la burocratización, el oportunismo, la mediocridad, los intereses personales y de grupo de ciertas instancias de la dirigencia.
Pero, mejor leamos estos juicios textuales del propio Garrido Malaver que aparecen en el libro de Santiago Araujo Velásquez.
“Hace muchos años -hablo de los apristas verdaderos- condenamos, irrevocablemente, como sistema de Vida, de Gobierno y de Mando, el pago por favores políticos, las coimas, las distinciones, los títulos honoríficos inmerecidos…” (pag. 85)
“Recuerdo, con una incurable dosis de amargura, que siempre tuvimos frente a nosotros a personajes que nos impusieron sus dictados con ácida saliva, faltos de calor fraterno, acérrimos defensores de sus fórmulas y modelos.” (p. 90)
“…se trataba de la envidia, de la cobardía y del temor que corroía a mis acusadores, pensando que yo podía cerrarles el paso, como muchas veces lo hice en defensa del Partido, para que no arribaran a dónde y hasta dónde tenían puestas las miradas de hambrientos de poder y de dinero.” (p. 92)
“¡Apenas levantamos nuestras voces limpias, incontaminadas, originales, transparentes, libres, las condenaron al silencio hiriéndonos en lo más vital y superior… Tampoco he olvidado que la corrupción y cobardía, tanto como las complicidades, fueron y todavía son armas y recursos de dominio de los enemigos del futuro, de los enemigos del Pueblo, enemigos de la libertad y de toda justicia.” (p. 93)
“…siempre estuve distante del Jefe del aprismo, distante de la intimidad partidaria y no por voluntad ni por el dictado de Haya de la Torre, sino porque en los últimos años, más de treinta de batalla,… la maledicencia y la intriga marcaron esa quiebra en mi trayectoria de militante y de dirigente…”. (p. 97)
“Vivo orgulloso de mi pobreza. A nadie le he quitado su pan.” (p. 104)
“Y expresé mi oposición porque Alan nunca había manejado a fondo el partido ni concordado con todas las jerarquías del aprismo.
Y cuando nuestro joven compañero llegó a la Casa de Pizarro, por no conocer a su Partido, buscó apoyo y colaboración en sus amigos personales y en algunos apristas de pálida figuración.” (p. 109)
“Y ante las anomalías que denuncio y muchas otras faltas de honestidad y de respeto al partido y a su historia, yo protesté y, como nadie responsable del Congreso tuvo la honestidad de responderme, decidí usar mi derecho de no concurrencia y, por primera vez, no asistí a un Congreso Nacional partidario”. (p. 111)
Santiago Araujo Velásquez ha complementado su primer libro con otro volumen titulado Julio Garrido Malaver. Rasgos de su vida y obra (Editorial Orus. S.A. Lima, 2006). En próxima ocasión lo comentaré.
Lima, setiembre 2008