lunes, 18 de agosto de 2008

REVISTAS: Recordando a “Marañón”

LA REVISTA CELENDINA “MARAÑÓN”
Por Jorge Horna
Entre los años 1971 – 74, la Asociación periodística WARPA editó y publicó en Celendín el epónimo mensuario “Marañón” dirigido por Manuel Sánchez Aliaga, Mime, con el decidido apoyo de un grupo de profesores de educación Primaria. Redactores: Luis Antonio Rojas Failoc, Jorge Izquierdo Cachay, Arquímedes Chávez Sánchez; Administración: Ranulfo Castañeda Tacilla; Gráficos: Luis Chávez Silva, Alberto Márquez Solís, Jorge Chávez Silva y Wilder Pereyra Horna.


Carátulas diseñadas por Jorge A. Chávez Silva "Charro"

Esta publicación sobrepasó los 30 números, trazó caminos esenciales y mantuvo a la colectividad con la avidez de leer, instruirse y culturizarse. La impresión de los interiores está hecha a mimeógrafo y las carátulas de los postreros números se encargaba imprimir en alguna imprenta de la ciudad de Cajamarca.

En sus páginas sobresalió la pluma sarcástica del profesor Aníbal Rodríguez Marín en una sección denominada “Pica-pica”, desde la que fustiga egoísmos y frivolidades personales y el desatino del actuar de aquellos que detentaban cargos en la administración pública y edil.

Carátula diseñada por el escultor René Pereyra Salas

Antonio Rojas Failoc, en la sección Actualidad con sus artículos de análisis de la realidad socio-política nacional e internacional. (*)
El maestro Alfonso Peláez Bazán en su columna Café al paso con sus recordados cuestionamientos. Jorge Izquierdo, con sus escritos acerca de la trascendencia, vida y obra de personajes de la literatura peruana e hispanoamericana. Él, también dio a conocer en la sección Cortina poética sus propias creaciones y las del sucrense Bonifacio Mariñas Casahuamán.
Es destacable que Jorge Antonio Chávez Silva (“Charro”), como gráfico demostró en el diseño de muchas carátulas de “Marañón” y en sus caricaturas, su ingenio, creatividad, cariño y respeto al Arte. Alfredo Pita, hoy renombrado escritor y periodista, publicó en el diario “Expreso” (Lima 4-11-71) el comentario Un periodismo inverosímil en el que alienta y da impulso al esfuerzo de los directivos del mensuario.
Además hay contenidos de temas diversos: pedagogía, arte, ciencia, tecnología, efemérides, datos históricos locales. En otro aparte entrevistas y reportajes.
Dejo pendiente un comentario más pormenorizado y global de la revista “Marañón”, que es un documento fundamental e imprescindible junto a otras publicaciones, en el devenir cultural y social de Celendín.
Jorge Horna
jornach@hotmail.com

(*) En el blog Celendín Pueblo Mágico CPM, (12- 01- 2008), está publicado un artículo valorativo de los puntos de vista de Luis Rojas Failoc que los plasmó en “Marañón”, con el título El pensamiento social de LARF .

lunes, 11 de agosto de 2008

LITERATURA: Las vigentes letras celendinas

APUNTES PARA UNA HISTORIA DE LA LITERATURA DE CELENDÍN
Por: Jorge Horna
Los narradores
Alfonso Peláez Bazán, Nazario Chávez Aliaga, Julio Garrido Malaver, Mario Peláez Bazán , y un poco más recientes, Jorge Díaz Herrera, Alfredo Pita y José de Piérola, son narradores celendinos que han otorgado brillo a este género. El trabajo literario de todos ellos ha sido abordado por los críticos, antologadores, comentaristas y primordialmente por sus lectores.

Julio Garrido Malaver por Gino Cecarelli

Sin pertenecer a una misma generación y desde diversos espacios y tiempos, han dado a conocer también sus cuentos: Arquímedes Chávez, que ha publicado Ingenuidades pueblerinas I y II; Gutemberg Aliaga, con su cuento ganador de un concurso y luego publicado, Sueños del floripondio; Elmer Chávez con su libro Memorias del corazón y, más nuevos aun, Jorge Antonio Chávez y José Luis Aliaga, de quienes sus producciones han sido acogidas en revistas impresas y en publicaciones virtuales.
"Morituri", edición española del segundo libro de cuentos de Alfredo Pita, carátula de Gino Cecarelli.

La escritura de estos cinco narradores tiene un sello común: la descripción del paisaje urbano y rural, y el relato de detalles anecdóticos. Con un procedimiento de narración lineal desentrañan las aventuras, la dicha y las desdichas de personajes surgidos del conglomerado popular.

José de Piérola Chávez

En Ingenuidades pueblerinas, el profesor de educación primaria Arquímedes Ariosto Chávez Sánchez (Celendín, 1938), alude a las dulces ocurrencias de nuestra gente. Varios relatos trasuntan rasgos autobiográficos; sus personajes nos muestran abiertamente las fortalezas y debilidades humanas. Arquímedes recoge la literatura oral celendina con abundantes giros lingüísticos locales.

Gutemberg Aliaga Zegarra (Sucre, 1947), profesor de educación secundaria de Lengua, en su libro El sueño del floripondio y otros cuentos, el relato que alcanza aceptable logro es el que le da título al volumen, el mismo que aborda una atmósfera de violencia, con visos de ensueño junto a las creencias tradicionales que determinan un sostenido suspenso. El personaje protagonista cuyas acciones despiertan expectativa, no se sostiene con la misma dinámica en la fase del desenlace narrativo.
Gutemberg está en deuda con sus lectores, quienes esperan otros textos suyos.

Elmer Nicolás Chávez Silva (Celendín, 1939). Relatos de costumbres, crónicas de experiencias estudiantiles y anécdotas diversas, constituyen la estructura del libro Memorias del corazón de este autor y médico ginecólogo celendino.
Con un estilo metafórico, Elmer nos cuenta hechos humorísticos y, además, reflexiona sobre los lados imprevisibles de la condición humana. No poco de sus relatos se resumen en sabias sentencias. Es destacable el empleo de modos idiomáticos y léxico propios del lugar.

Jorge Antonio Chávez Silva (Celendín, 1947). Profesor de educación primaria. En su tierra y en la diáspora celendina más se le conoce como “Charro”. Es un innato y estupendo pintor que con buen pie ha entrado al mundo de las letras. Sus cuentos los ha hecho públicos en espacios virtuales vía Internet.
Hemos podido leer los conjuntos de cuentos Los siete jarabes y Cuentos del palenque. Los recuerdos de la infancia y adolescencia evocados con humor y amena prosa perfilan personajes protagonistas de las costumbres y tradiciones de tiempos idos. Además de una sopesada dosis de sensualidad amatoria (Tolú, El vilján del espejo, La escalera). Un halo poético impregna a otros relatos, como es el caso del excelente cuento Mesapata. Jorge Chávez Silva está en un interesante proceso de afirmación literaria buscando el dominio de técnicas narrativas modernas. Esperamos la publicación de sus libros.

José Luis Aliaga Pereyra (Sucre, 1969). Promotor cultural y editor. En revistas editadas por grupos culturales sucrenses y celendinos (El labrador, Jelij, Fuscán), este autor ha publicado esporádicamente sus cuentos. El caso de José Luis Aliaga es insólito, la sed de leer y escribir ha echado raíces en su ser. Es un auténtico autodidacta. Sus cuentos ambientados en el evocador espacio urbano y campestre de Sucre, vislumbran siempre una actitud reivindicativa; los contrastes sociales son el “leitmotiv” para acercarse a la denuncia de injusticias y prepotencias. Rescata a los personales más humildes y marginados de la colectividad.
También el la blogósfera están circulando sus narraciones y, de igual modo, estamos a la espera de ver publicados sus libros.

Estos cinco autores celendinos de los cercanos años tienen una línea característica, cuyo marco de referencia es la recurrencia a la aldea, han tomado el rumbo de la tradición narrativa de su tierra. Parafraseando al escritor chileno Jorge Teillier, diremos que Jorge Antonio, José Luis, Gutemberg, Elmer y Arquímedes, son los “narradores de los lares”.

Lima, agosto de 2008

NOTA: En la Revista Peruana de Literatura No. 7 (julio-agosto,2007), Jorge Horna ha publicado, también, un interesante artículo sobre el panorama de la literatura celendina (NdlR).

martes, 5 de agosto de 2008

REENCUENTRO. Alfredo Pita y Jorge Horna

Pasaron 52 años desde que se sentaron juntos por última vez en la misma carpeta de Transición en la Escuelita 877 del maestro Hernando Velásquez y no solamente compartieron juegos y travesuras, sino algo mucho más profundo: el amor por la literatura. Con los años, Alfredo, macerado por el acontecer político peruano, fue a vivir a París, en donde ejerce el periodismo y la literatura. Jorge, se graduó de profesor primario en Celendín y al cabo de treinta años de labor oficial, es un maestro felizmente jubilado que ha vuelto a su primigenia inclinación: ese arte de tejer versos con la filigrana digna de nuestra mejor artesanía.

Alfredo Pita y Jorge Horna, después de 54 años...
Pasaron 52 años desde ese diciembre de 1954 y este año, en pleno invierno limeño, los condiscípulos se han reencontrado. Una visita de Alfredo Pita a Lima y las urgencias de nuestra sufrida tierra los vuelve a juntar, en un abrazo postergado, que se materializa en el mismo anhelo: velar por nuestro pueblo, por la conservación de su fisonomía y su cultura, procurar que el futuro de Celendín sea diferente, como es en su naturaleza, legado de una población que supo interpretar el signo de su tiempo y dejarnos una huella para el futuro, que tenemos la obligación de interpretar correctamente.
Ambos se integran a partir de ahora a las luchas de CELENDIN PUEBLO MAGICO y estarán haciendo docencia de cómo se debe amar a Celendín. Bienvenidos, hermanos, el escabroso sendero de la lucha nos espera.

sábado, 2 de agosto de 2008

NARRATIVA: José de Piérola

El pasado domingo 27 de julio, en el marco de la XIII Feria Internacional del Libro en el Centro de Convenciones del Jockey Plaza, en Lima, José de Piérola presento un libro de cuentos titulado “Sur y Norte”.
El volumen
incluye narraciones como “En el vientre de la noche”, ganador del Premio Internacional Max Aub de España y “Variaciones sobre un tema de Nabokov”, Premio Copé de Plata en la Bienal del cuento Copé, además de “La Viuda de Cayara”, “Hallazgo en la calle 42” y otros cuentos
En sus relatos, el escritor, nacido en Lima pero que creció y aprendió a leer en Celendín, enfoca de manera muy particular la violencia política que se vivió en nuestro país durante la época del terrorismo y la represión por parte del ejército.
Los comentarios acerca del libro estuvieron a cargo del conocido crítico y escritor limeño Iván Thays.

José de Piérola e Iván Thays
José de Piérola radica en EEUU, en donde es flamante profesor de Creación Literaria Bilingüe de la Universidad de Texas. Su obra ha merecido encendidos elogios como el del crítico Ricardo Gonzáles Vigil, quién ha dicho de él: “José de Piérola es uno de los nombres más dotados de las letras actuales en español”, o como la de Miguel Gutiérrez, quien sostiene: “(En la narrativa de José de Piérola) el lector, entre el asombro y el deleite, se siente felizmente atrapado desde la primera hasta la última página”. Lo mismo opina la revista especializada A Public Space de New Cork: “José de Piérola, surgido en los últimos años, es un observador astuto de los conflictos sociales que enmarcaron los años de guerra en el Perú”

Ante el público de la FIL.
Nacido en Lima en 1961, José es de evidente raigambre celendina. A los pocos días de nacido su madre lo llevó al lar nativo donde creció y se educó hasta sus nueve años. Estudió la primaria en la desaparecida Escuela de Aplicación del Instituto Pedagógico Regional de Celendín. Su maestra fue la profesora Elvira Lozano Garrido, esposa de nuestro amigo Guillermo Pereyra Malca, el popular “Burroni”, a quien recuerda con mucho cariño. De esto pueden dar fe sus antiguos compañeros de entonces como Luis Jiménez Sánchez, Víctor Pereyra Sánchez y Luis Díaz Morí “Chodiaz”, a quienes recuerda y quienes lo recuerdan con nostalgia fraterna.

sábado, 26 de julio de 2008

POESIA: Versos inéditos de Jorge Horna

Para los celendinos es un honor que Jorge Horna sea nuestro paisano. Nadie como él para escuchar el escondido canto de los gnomos que pueblan la naturaleza, es una especie de médium privilegiado entre esa armonía inadvertida y el placer que nos provoca leerlo.
Su poesía sencilla se desliza suavemente como las primeras lluvias en las lomas sedientas de nuestro pueblo y como ella anuncian una época de siembras que terminará cuando la tierra, exhausta, nos brinde una pletórica cosecha. Los versos de Jorge son como el pan vivificador que se dora en nuestros hornos.
Las poesías que insertamos aún inéditas y las mostramos como un adelanto del libro que pronto editará (NdlR).

POESÍA RECIENTE DE JORGE HORNA


“Por ti, mi camino tiene tres auroras”


Un presagio de victorias brota de tus labios
con la miga de pan en este otoño
Grávida en el arco de los violines
columbras las lomas henchidas de rebaños
Los pilares de la lluvia ligera de tu preñez
alientan la tierra rescatada
para las domésticas macetas
Mi sustento diario es contemplarte
mientras bordas en el bochorno sosegado del anhelo
las iniciales de Hortensia, Nísida, Laura, Alejandrina
En ese horno de afiladas brasas
buscamos las fucsias de nuestra sobria dicha
y sólo hallamos los estribos para abordar la vida
con el retoño de tu prieta entraña.

"En ese horno de afiladas brasas..." Foto Charro.


El matiz de los matorrales


Escribo en el primer peldaño
del inmenso y hermoso camino
para convidarte la claridad
del rincón de los rosales
Contigo en esta misión de alas
que se extiende
de los montes incultos a los mares azules
Quiero decirte
que desde el balcón que elegí
para estar en el llano, veo
que los árboles aún crecen
en el vendaval de sus reclamos,

"La claridad del rincón de los rosales..." Foto Charro.


el paisaje tiene reservado un hospedaje
para el prisionero
que deslumbró al enemigo
en la derrota del ego y la miseria.
Escribo en el matiz de los matorrales
agazapado en el retumbe de la tierra
en el candor de los epígrafes danzantes
con la música de las espigas
repletas de humanidad


El viejo molle y las retamas


Sobre un bosquejo del pintor Francisco
Izquierdo López
Por las ramas del viejo molle
fluye la sangre a cada terrón del suelo
La transparencia de los anhelos en las nervaduras
savia torrencial de sendas nuevas
Mil años, demasiada espera,
pero el viejo molle y el candil de las retamas
persisten en descombrar cadenas
ahuyentarlas para siempre con el vuelo de los escarabajos
Desde los confines del viento y
las luciérnagas hortelanas
en los surcos comunales se busca los rumbos,
a la lumbre de los días
se mastica la esperanza de la tierra
Mil años es demasiada espera
El destino, descorrer el tiempo


Salud, por la vida

Al serumista del campo


Palpita tu gran voluntad
en la copa de los eucaliptos
porque fuiste a calmar tu única sed
en el alivio del dolor campestre
El eco de la palabra paterna
te hizo emular a los médicos descalzos
y recibiste la lumbre curandera de la luna
en la palma de tus manos,
la brasa del sol en las plantas de tu espontáneo corazón
Aprendiste del dulzor de la tierra
esa experiencia hermosa, humana
de tender en el pasto el remedio solidario
(para el espanto de los refugiados
en las faldas del cemento y del plástico)
Perdura tu ejemplo en la nitidez
y la serenidad de los picaflores
en la preñez de las mujeres que aporcan la vida
en el arcano rosado de los niños
Tu mochila de médico caminante reboza de luz

sábado, 19 de julio de 2008

CRÓNICA: Una visita al pueblo

PAGINAS DE BITÁCORA
Por Jorge Horna
En el mes de febrero de 2004 retorné a mi tierra con el deseo incontenible de columbrar su verdor, de mirarme cara a cara con el alma y los ademanes naturales de su gente campesina. Y también mueve mis inquietudes el anhelo de recoger la palabra de quienes mantienen aún –secretamente- los afanes culturales en la ciudad.
1. En la segunda visita que hice a mi amigo Jorge Wilson Izquierdo una tarde lluviosa, que fue el preludio –después de haber largamente dialogado- para que me mostrara en su biblioteca el hermoso busto de César vallejo, escultura hecha por el artista chalanero Orlando Medina Bringas. También veo un pequeño busto de Horacio Zeballos, líder legendario del magisterio y batallador social; una cerámica de un burrito con enjalme de cuero repujado, cual Platero, junto a una sepia foto de Juan Ramón Jiménez. Después me abruma con documentos recientes y pasados sobre literatura, arte y cultura, interesantes y exquisitos.
2. Otra tarde nublada acudí a una cita concertada al digno hogar de Elba del Carpio Merino, de quien había leído algunos poemas de vena emotiva y sencilla. Ella me alcanza datos sobre amantes de la literatura celendina. En varias ocasion es, Elba integró jurados para concursos de poesía y cuento en Celendín y, en algunos casos, su cuidadosa lectura le permitió detectar plagios o remedos, lo que evitó premiar injusticias. Por último, con una nostalgia comprensible me cuenta que con doña Francisca Aliaga de Chávez dieron voluntariamente su tiempo libre para organizar la Biblioteca Municipal. Dejaron un fichero bibliográfico, que hoy ha desaparecido. “Mi pasión es escribir poesía infantil”, confiesa con su admirable reserva.

En la foto, de pie y revista en mano, la poetisa Elva del Carpio Merino. Foto Javier Chávez Silva.

3. Circunstancialmente me encuentro en la calle con don Pelayo Montoya Sánchez, cuyo saber es fuente de consultas sobre la historia y geografía de Celendín. Aborda al vuelo el tema de topónimos, fitónimos, zoónimos , epitónimos … “¿Sabes qué significan?”. Modestamente le digo: nombres de lugares, plantas, animales y sustantivos adjetivados lugareños. Después, tardíamente me interroga: “Hablando en oro…, ¿con quién estoy conversando?”; le doy mi nombre y mi oficio de profesor primario. -¡Ah! Enciclopédico!- aduce. -No es para tanto…don Pelayo- le replico.
Al día siguiente, por invitación suya, me recibe exactamente a las nueve de la mañana en su biblioteca. Mientras me muestra sus propios dibujos con escenas del pueblo, me ilustra sobre el origen de Celendín y los detalles geográficos investigados por él. Habla con soltura sobre reynos pre-incas, guarangas, pachakas, cacicazgos. Su información sobre personajes contemporáneos ilustres es prolífica.
4. También en la calle, otro día, abordo a Arquímedes Chávez Sánchez, sobre su recopilación de léxico del terruño. Accede gustoso a conversar y en cinco minutos estamos en su solariega casa. Sus reflexiones cuestionadoras son amenas por el uso coloquial de esas eufónicas palabras no castellanas que él maneja muy bien. Me obsequia dos textos de su autoría: Glosario shilico e Ingenuidades pueblerinas (1ra. Y 2da. Parte).
El primero, un extenso acopio de localismos y su significado, además de algunas composiciones poéticas, de las que resalta “Juzgacha”; dichos del lugar, una lista de juegos infantiles en desuso, creencias populares, las mejores chicherías de antaño, y las reflexiones del autor. El segundo libro está formado por relatos y ocurrencias de personajes reales.
5. Yendo por el jirón Grau me encuentro con el profesor Manuel Silva Rabanal, quien fuera mi maestro de Historia en secundaria; me alcanza su amable felicitación por mis publicaciones y me insta a proseguir con esta pasión por la literatura.
6. Al finalizar mi estadía en mi pueblo doy con Manuel “Mime” Sánchez Aliaga, su afecto fraterno suple un encuentro más extenso.
7. A modo de conclusión: La actividad cultural, tan necesaria para Celendín, es posible ponerla en acción. Estoy convencido que junto a los amigos y amigas que he mencionado, hay muchos que callados y dispersos cultivan fuegos culturales. Es urgente nuclear individualidades y dentro de una pluralidad saludable retomar bríos que iluminaron a Celendín en décadas pasadas, máxime cuando el pueblo cuenta con un amplio local destinado al Centro Cultural.
Anecdotario: Cuando fui a la Municipalidad a dejar un poemario para la biblioteca, tuve una sorpresa insólita: la jovencita Jane, secretaria de esa institución, que me atendió, me solicita que le venda otro ejemplar; veo mi libro en sus manos tratado con delicadeza e interés. Aún hay rarezas que endulzan la vida. “Tu librito me ha encantado” –me dijo otro día Fidel Chávez (“Tubito”) – “me avisas cuando publiques otro para comprártelo”-. En cambio, otro amigo y compañero de estudios que hoy administra una atareada imprenta, me pidió un ejemplar “para leerlo, y luego te lo devuelvo”.
Celendín-Lima, febrero-marzo, 2004

viernes, 4 de julio de 2008

PERSONAJES: Julio Díaz Dávila


MÚSICO DE ESTIRPE


Por Jorge Horna
En un lugar del Centro de Lima en el tumulto y el vértigo de la ciudad, reconocí a Julio Díaz Dávila, hermano del músico César, ya fallecido, y del pintor, escultor y gran acordeonista, Miguel. Un prolongado tiempo ha transcurrido hasta este efímero y casual reencuentro.

El "Trío Celendín" en una actuación literario musical del INA 38
Nuestro saludo entre celendinos siempre está matizado por el recuerdo nostálgico del lar tierra, las comidas típicas que nos arrancan un “¡añañau!”, y las ansias de recuperar la dicha que nos brindó el solazarnos en las campiñas contiguas al poblado: los otrora El Dúngul, Chacapampa, La Tranca, Itiguagana, El Guayao, La Breña…
En un acto de desprendimiento y ante mis preguntas sobre su actividad musical, Julio me relata que en sus mejores años elaboró una serie de partituras para guitarra, que están encarpetadas. Que cuando trabajó en la Universidad Nacional de Cajamarca hizo una documentada investigación sobre las variantes del Carnaval en las provincias de ese departamento (Chota, Bambamarca, Celendín, Cajabamba, la misma Cajamarca), que permanece inédita. En esa universidad también dirigió la Peña Universitaria, que llevó sus espectáculos musicales a muchos lugares del país.
Julio añora los años en que cantaba y pulsaba la guitarra entre serenatas y bohemias en su tierra celendina. Con el Trío Celendín (Álvaro Zumarán, Napoleón Rabanal Cieza y él) grabaron para Sono Radio valses de su autoría: “Vanidad”, “Magdalena”, y también el carnaval shilico. En otra ocasión grabó con el Trío Los Zeibos (Euler, Américo y Homero Zegarra) discos con ritmos de bolero de su inspiración. Y Luis Abanto Morales grabó el vals “Solo”, también de la creación de Julio Díaz, en el reverso de ese disco está la canción “Chiquita” del afamado cantautor Abanto Morales.
Se informó que el APDAYC (Asociación Peruana de Autores y Compositores) protegía los derechos de autor. Se asoció, y solamente en una ocasión le otorgaron sus regalías. Después retorno a esa institución y le dieron la sorpresa que sus regalías servían para cubrir las cuotas mensuales de asociado y, que al contrario, él les debía dinero.
La frustración se apoderó de Julio; desde entonces ha preferido mantenerse apartado del quehacer musical.
La carencia de una política cultural destinada a proteger a los creadores: músicos, pintores, escritores, artesanos, etcétera, de gran valor y surgidos del seno mismo del pueblo, deviene en el maltrato, desamparo y marginación.
Por enésima vez retornò entonces la voz vallejiana “Hay, hermanos, muchísimo qué hacer” por nuestra patria, por nuestra sociedad.

Lima, 12 de junio de 2008

jueves, 26 de junio de 2008

DOCUMENTO: Sobre la desfiguración de nuestra ciudad

El presente texto es una auténtica alegoría del desandar el camino, allí está resumido la honda experiencia del desarraigo y lo ineludible del amor telúrico. Celendín Pueblo Mágico lo publica por su belleza formal y su contenido esencialmente reflexivo. La autora leyó este documento el 30 de setiembre del 2000 en el local de la Asociación Celendina de Lima, cuyo presidente en ese periodo era el señor Jorge Silva Merino (NdlR).

DISCURSO DE ORDEN POR EL 138 ANIVERSARIO
DE LA PROVINCIA DE CELENDÍN

Por Antonieta Inga del Cuadro
Yo no soy la persona más adecuada para pronunciar este Discurso de Orden por el 138 aniversario de la provincia de Celendín; pero ante tan indeclinable invitación, les debo gratitud a quienes me han comprometido a hacerlo. Es que debo confesarles que lamento profundamente no haber desarrollado mis raíces con la tierra, pues desde muy temprana edad, la literatura me desarraigó; y este Discurso de Orden me da la oportunidad de reconciliarme con lo más profundo de mí misma y de iniciar mi retorno a la semilla, evocando mis vivencias más arcanas y que subyacen en mi subconsciente, pugnando por aflorar para compartirlas con ustedes.
En este mes de julio, retorné a Celendín después de 44 años pretendiendo disfrutar de las fiestas patronales. La casa paterna, hoy convertida en un almacén de electrodomésticos, exhibía clausurados herméticamente el balcón y la ventana, desde donde avizoraba lontanos mundos a través de los libros que devoraba con fruición. Abría sus puertas con la fuerza de mi imaginación y me instalaba nuevamente en el lugar acostumbrado para navegar con los personajes de los libros a través de historias intrincadas y truculentas, de tramas inverosímiles, de descripciones y narraciones magistrales. (A los 10 años ya había leído El Quijote).
Poco reparaba en el paisaje que me rodeaba. Sólo vivía para viajar imaginariamente con la pléyade de “hombres” y “mujeres” que saltaban de las páginas para erguirse como reales co-protagonistas de mi vida. Nunca advertí la pobreza que discurría a escasas cuadras de mi casa, ni la probable riqueza que ostentaban otras familias. Yo me sentía la persona más afortunada entre mis libros y desdeñaba las amistades que osaran perturbar mi íntimo y secreto diálogo con mi poblado mundo de ficciones, hecho realidad en mi vida cotidiana. Por ejemplo, sólo en este retorno, después de 44 años para las festividades mencionadas, advertí una tarde, que en la ciudad no se escuchaba el canto de los pajarillos, porque no hay árboles que maticen de verde el luminoso colorido de las alineadas casas de la ciudad. Ya al llegar a Cajamarca, rompí en llanto, advirtiendo la familiaridad del paisaje natal y temiendo la cercanía del reencuentro con Celendín.
Después de una horas de accidentado viaje empecé a sentir como antaño que el ruido del carro al deslizarse por la carretera era distinto. Jamás se borró de mi mente ni de mi corazón esa emoción indescriptible de la “volvedera” –como diría Monterroso- .Pero entonces, esa “volvedera” terca e incondicional era para naufragar en el cálido remanso del hogar paterno. Para saborear los platos sencillos en unión de mis padres y hermanas, para compartir alegremente en la mesa “con cubiertos francos y alegres tiroriros / porque estanse en su casa” / como diría Vallejo.
Pero esta vez ni la luminosidad del cielo, ni la alegría de los paisanos lograban sacarme de mi profundo ensimismamiento y del duro procesar los recuerdos, las intrincadas vivencias que testimoniaban un resumen del periplo inextricable que enlazaba los recuerdos de mi infancia con este trascendente reencuentro. Vi lo que es hoy, recordé lo que fue; y lo que para otros celendinos es un rutinario viaje anual de reencuentro, para mí fue una confrontación traumática, pero con un saldo muy positivo; pues ya no bullen en mi mente miles de “celendines” posibles; sino dos: el que fue y el que es hoy, en un lapso de casi medio siglo.
De todo lo vivido, rescato mi admiración por los paisanos que nunca se han desarraigado; e invoco a la juventud para que profundice sus raíces, cultivando y amando nuestras tradiciones, costumbres e ideales. A no sucumbir jamás ante la pereza mental porque “la ignorancia es la madre de todas las formas de esclavitud y de pobreza; y el conocimiento la única forma de liberación”, como dice Shikri Gama. Invoco a sus profesionales y personas de bien a la tarea imperativa de formar mentes sanas; vale decir, educadas en las normas de la ética y la moral, empezando por enseñar a distinguir lo constructivo de lo negativo, lo admirable de lo repudiable, lo instintivo de lo volitivo. Inculquemos en nuestra sociedad celendina que “Los derechos son hijos del deber cumplido”, y que toda persona es un ser triptihistórico porque hace la historia de su familia, de su grupo social, de su pueblo.
Agradezco nuevamente esta oportunidad que se me ha brindado para compartir con ustedes la experiencia de una vida que sufrió mucho con el desarraigo; pero que por donde ha ido ha llevado siempre muy dentro “ese amor al terruño que nace y muere con el ser humano”.

Lima, 30 de setiembre del 2000

lunes, 16 de junio de 2008

CRÍTICA: Sobre el narrador Jorge Díaz Herrera

El suplemento El Dominical del diario “El Comercio” ha publicado el pasado 25 de mayo de 2008, la siguiente glosa acerca de la narrativa y poesía de Jorge Díaz Herrera (Celendín, 1941), escritor reconocido y con una vasta producción de relatos, cuentos, novelas y textos líricos. (NdlR.).

NOBLE CONTADOR DE HISTORIAS

Por Jorge Eslava
Jorge Díaz Herrera es un poeta peruano cuya obra gira en torno a la infancia. Su escritura tiene un temperamento lírico, se trate o no de un libro para niños; es más, se trate o no de un libro de poemas. Desde que lo conocí personalmente –hace 25 años– advertí que se trataba esencialmente de un poeta, a pesar de que lo conocí gracias a un librito de cuentos: Parque de leyendas, una auténtica joya de nuestra literatura infantil.

Jorge Díaz Herrera, un escritor que ama a los niños (Foto A. Pita).
Con los años, Díaz Herrera me ha llevado por el amable laberinto de su obra literaria: piezas dramáticas, novelas, textos periodísticos, relatos, pequeñas canciones… y siempre con el aire humilde y profundo del verdadero arte. Y al interior de los variados géneros, ha tocado con la misma delicadeza los rostros de la alegría o de la muerte, del misterio o del saber. Porque escribir para niños no ha sido para él un escollo, sino un animoso desafío.
He dicho a menudo que, en mi opinión, es el mejor escritor para niños que tenemos actualmente. Está en plena actividad creadora; no hace mucho publicó Sones para los preguntones, Pata de perro e Historias para reír, cantar y jugar. Este último libro contiene ocho relatos, todos ellos en tomo lírico y con disposición reflexiva; unos distendidos con la compostura cercana al cuento clásico y otros más contenidos y alegóricos. Su lenguaje es refinado, de pronta imaginación y cadencia musical; rasgos estilísticos que sirven de soporte para las sugestiones virtuosas y nobles de este contador de historias.
El rigor artístico de Díaz Herrera está atento a la belleza tanto como a la vocación pedagógica, no escolástica sino ceñida al bello arte de educar. En ese sentido sus textos se aproximan a las antiguas leyendas o a los libros de exemplos del medioevo, que se leen con provecho en todas las épocas. Le inquietan ardientemente los temas de la solidaridad y la justicia, de la libertad y del respeto entre los seres. Sus historias están pobladas de mansos animales y niños desprovistos de comodidades, que no rehúsan al esfuerzo ni el riesgo de una aventura personal, porque saben que la vida es hermosa cuando los hombres se juntan.

martes, 10 de junio de 2008

CARTAS: Alfredo Pita a Jorge Horna

Con Alfredo Pita Chávez fuimos alumnos de los primeros grados de primaria y compartimos la misma carpeta, allá por el año 1956, en la Escuela estatal No. 877, que tenía sólo dos secciones (Transición y Primer año). Don Hernando Velásquez desempeñaba como director y profesor de aula; nuestra maestra se llamaba Bertha y la escuela funcionaba en la casa del señor Uladislao Silva, ubicada en la Plaza de Armas. Luego, en la Escuela No.81, Alfredo continuó la primaria, yo lo hice en la Escuela No. 85. Después de esa fugaz etapa, nos hemos contactado a través de Internet al cabo de 51 años, en el fragor de los quehaceres culturales y literarios. En estas instancias del trayecto, Alfredo es un periodista y escritor reconocido y galardonado por la crítica nacional y extranjera. Jorge Antonio Chávez Silva fue el nexo feliz para ese reencuentro epistolar. A petición expresa de Celendín Pueblo Mágico, alcanzo esta carta que Alfredo Pita me envió desde Francia, en respuesta a una misiva mía. (Jorge Horna).

Alfredo, Carito y el escritor Jorge Pereyra en palco (2007)

Jorge, viejo amigo de aquellos días aurorales:
Disculpa la tardanza de esta respuesta. Mi vida es complicada, hecha de horarios difíciles y de viajes. Pero bueno, aquí estoy, para estrecharte la mano después de tantos años.
Así que fuimos condiscípulos y compañeros de carpeta en Transición, en la escuela de don Hernando, en la plaza de armas, me parece. Recuerdo vagamente el aula, la página en que hacía mis palotes, el olor de los lápices, que ya por entonces me fascinaba.
No recuerdo tu rostro, pero sé, viendo tus fotos de adulto, que anduvimos juntos en aquellas mañanas en que apenas nos asomábamos a la vida. Recuerdo en particular una mañana en que nuestra maestra se había ausentado, dejándonos con algún deber, supongo. Motivado por algún comentario, subí, no sé cómo, hasta la pequeña ventana que daba al traspatio. Allí estaba ella, en brazos del que luego sería su esposo. Tiempo después de casarse, al dar a luz, ella murió.
Como ves, son pocos los recuerdos, pero son. Están allí, brillando, tenues, como pequeñas pero sólidas piedras en los cimientos de mi mundo interior.
Me alegro de que ahora nos reencontremos, de que estemos participando con la energía que nos da la experiencia y el conocimiento, más que la nostalgia, en la lucha para salvar lo que sea posible de la vieja ciudad. Creo que tus esfuerzos, junto a los de Jorge Antonio y el resto de colaboradores de CPM, son muy importante en este campo.
He leído, además, tu poesía y me gusta mucho. Publica más en Espina de Maram, para alentar a los jóvenes poetas de la tierra a hacer lo mismo.
Es muy importante también lo que haces para rescatar los flecos documentales de nuestro pasado literario y cultural. Leí tu informe sobre la literatura de la provincia, publicado por la Revista Peruana de Literatura, del amigo Ricardo Virhues. Me pareció muy valioso, interesante y abarcador.
Lo debes haber escrito limitado por las exigencias de espacio propias de una revista, pero tienes allí una buena base para ahondar el estudio, para hablar más detenidamente de los autores y las obras. Te faltó mencionar a Jorge Chávez Silva, que además de ser un buen pintor es un estupendo narrador cuando se lo propone, en especial cuando se pone memorioso y trata temas de la vida del pueblo de entonces o de su nutrida experiencia de maestro.
Espero que estemos siempre en contacto. Es importante que consolidemos el equipo para las batallas que se vienen y en torno a la preocupación común: Celendín y su futuro.
Un gran abrazo y hasta pronto,

Alfredo

jueves, 5 de junio de 2008

POESIA: Los inicios de Jorge W. Izquierdo

LOS POEMAS PRIMIGENIOS DE JORGE W. IZQUIERDO

Por Jorge Horna
En la producción literaria de Celendín, destaca la persistencia en el quehacer poético de Jorge Wilson Izquierdo Cachay (Celendín, 1941). Su primer poemario publicado, Cráneos profundos (1970. Edición del autor); su posterior libro El hombre lejano (1973); los poemas sueltos que aparecieron en ediciones artesanales, en la revista “Marañón” y en otras similares y periódicos de su terruño y de Cajamarca, ratifican esta aseveración.
Los mencionados libros han sido comentados por docentes y críticos literarios de la Universidad Nacional de Cajamarca, entre ellos Luzman Salas y Manuel Ibáñez Rosaza.
Jorge Wilson está radicado desde siempre en su tierra y permanentemente está alcanzando a sus lectores sus poemas, muchos de ellos inéditos. También ha emprendido la fascinante aventura de la narración y sus cuentos los ha compendiado en Tempranías moduladas (2007), y distribuido entre sus más allegados en una edición artesanal.
Ocho poemas que fueron publicados consecutivamente en el Semanario Informativo Crítico “El Golpe”, el año 1967, antes de la publicación de sus libros, muestran a Jorge Wilson Izquierdo como un poeta romántico, exento de disquisiciones, con un lenguaje llano y con una disposición celebrante del Amor.

He aquí algunos de esos poemas:

POEMA
La soñé paradita en su puerta
ante insondable nocturna distancia
Sus lívidos brazos bajo los senos
Tenía el labio triste y albos los ojos.

Pasé alumbrando su faz afligida
y su lánguida rosa cayó sobre el pecho
Había tanta pena y tristeza
que dio un nuevo canto agorero un gallo.

Pensé en sus manos, flores amargas
y en los caminos, rondas sin luz
La soñé paradita en su puerta
como lo hacía una tarde cualquiera.

Mira, piensa, tiembla y…
entrando a su cuarto me quiere llorar

ETÍLICO
Para la vida que se pasa
sirva otra copa tabernero
¡quiero tomar!
de dolor, de pena, que me muero.
Amigos, fumad la inmensidad,
comed este motivo, ya es hora
y libad por la triste encantadora.

Dos botellas más y cuatro vasos!
¡Salud, amigos! reíd conmigo,
volemos a las cumbres
a destrozar al enemigo.
Tomemos! que así va todo
perdiéndose en el estrago
hallamos no sé que consuelo,
venga mi copa, otra tanda de trago!

Para la gran vida que se pasa
¡sirva otra copa tabernero…!

DAMAYANTI
Deja mirarme en la hondura de tus ojos
en el arco de tu frente delicada
pondré muchas plegarias de hinojos
bajo la columna de tu pecho lacerada.

No vayas todavía a persignarte, falta,
vuelven muchas tardes espantadas.
Contempla la luna, está que alta!
mira las cumbres, están petrificadas.

Sí. Ya recuerdo. Tú me lo dijiste,
pero ahora ni parece cierto
ni parece que para siempre fuiste.

Tu pañuelo es un lino generoso
habla de cosas que han muerto
y llora con un llanto tembloroso.

*El perfil de Jorge Wilson es un apunte de su entrañable amigo Luis Antonio Rojas Failoc (N. de R).

domingo, 1 de junio de 2008

REFLEXION y POEMA: José Marín González

José Marín González, docente y científico social peruano, nacido en Huacapampa, Celendín, en 1948, vive actualmente en Ginebra, Suiza. Ha realizado importantes investigaciones sobre los múltiples universos culturales de la Amazonia peruana y brasileña. Se doctoró en antropología en la Universidad de La Sorbona, cursó postgrados en el Instituto de Altos Estudios de América Latina (IHEAL) de París, en el Instituto Universitario de Estudios del Desarrollo (IUED) y en la Academia Internacional del Medio Ambiente de la Universidad de Ginebra, donde enseña desde 1989. Es investigador de la Red Internacional Universitaria de Ginebra (RUIG), trabajó en África con la UNESCO y colabora con instituciones y publicaciones de Europa y América Latina. Se doctoró en antropología en la Universidad de La Sorbonne, cursó postgrados en el Instituto de Altos Estudios de América Latina (IHEAL) de París, en el Instituto Universitario de Estudios del Desarrollo (IUED) y en la Academia Internacional del Medio Ambiente de la Universidad de Ginebra, donde enseña desde 1989. Es investigador de la Red Internacional Universitaria de Ginebra (RUIG), trabajó en África con la UNESCO y colabora con instituciones y publicaciones de Europa y América Latina.

TEXTOS DE GABRIEL CHAKIL

PENSANDO LA PATRIA INICIAL

Por Gabriel Chakil (José Marín)
Noreste del Brasil, costa atlántica, Recife, abril 2006,
Reflexiones intimas sobre la identidad afectiva e histórica, al indagar sobre mi ancestros maternales, en los archivos históricos de la ciudad de Recife, capital del Estado de Pernambuco.
Pasar unos días en esta ciudad, para investigar, sobre el tránsito de mis ancestros por el noreste brasileño, fue una inolvidable experiencia vital.
Recife y la región de Pernambuco, fueron la ciudad y la región, donde probablemente llegaron mis ancestros, procedentes de Ámsterdam, entre 1624 y 1654. Eran judíos sefardíes, refugiados en Holanda, después de ser expulsados de España en 1492 y de Portugal en 1498, Entre el final del siglo XV y principios del siglo XVI.
Estos judíos fueron utilizados por los colonialistas holandeses, por su conocimiento del portugués y formaron un contingente importante, de la invasión holandesa a las posesiones coloniales portuguesas del noreste del Brasil actual.
El fin de la incursión holandesa en 1654, permitió a Portugal recuperar sus territorios. Terminada la presencia holandesa en la región, los judíos perdieron todos sus bienes, que fueron confiscados y tuvieron el plazo de tres meses, para abandonar la región.
Una gran parte de estos judíos viajaron hacia Nueva Ámsterdam (Nueva York) , otros subieron hacia el norte, a la Guayana francesa y desde Cayena, se dispersaron por el Caribe, entre sus diferentes islas. En Curazao, se fundó una de las primeras sinagogas de América, la primera se fundó en Recife. En esta época, un grupo menor se internó en el nor-oeste de Venezuela y el norte de Colombia. El comercio actual en esta región es controlado en gran parte por los descendientes de ellos.
Mis ancestros fueron obligados a reanudar su nomadismo secular y vital, surcaron el río Amazonas, y llegaron después de un accidentado y prolongado trayecto a Yurimaguas, pueblito ribereño sobre el río Huallaga, en el norte de la Amazonía peruana. desde Yurimaguas, subieron hacía el valle interandino, donde se sitúa actualmente, la ciudad y la provincia de Celendín, en el norte del Perú.
Vista de Huacapampa desde Loma del Indio (Foto Charro)
Mis ancestros, lograron refugiarse en un pequeño pueblo indígena caxamarca, denominado Huacapampa, muy cerca de Celendín, donde se amancebaron con las indígenas. Desde este pueblo, se proyectaron como comerciantes itinerantes, hacia la región andina y la cuenca amazónica, igualmente, descendieron hacia la costa norte peruana, a Trujillo y al puerto de Pacasmayo, para seguir por el mar hacia Lima o el extranjero.
Por el sur andino llegaron hasta Salta, en el norte argentino. En su recorrido, de comerciantes itinerantes, comerciaron en diferentes pueblos, a caballo y con mulas, para transportar sus mercancías. En su recorrido, lograron realizar algunos sueños, sembrando en diferentes pueblos del área de su desplazamiento, el jardín eterno, de sus familias extendidas, algunos hijos, que florecieron como orquídeas. Frutos humanos, de los que yo, privilegiadamente formo parte viviente.

RAÍCES
Por Gabriel Chakil (José Marín)
Volver tras las huellas de mis ancestros maternos es transitar por sus caminos seculares, es como viajar a través del túnel, del cordón umbilical que nos permite re-visitar los caminos eternos que heredamos de ellos.

Viajar en busca de los ancestros y de sus suspiros, que todavía flotan en el bosque y los horizontes de esta geografía de la nostalgia eterna, es como lograr comprender finalmente, el sentido vital y poético que tienen el viaje de los salmones a las fuentes originarias y vitales, que le dieron la vida.

Pero esta vez, mi viaje transcurre entre la tierra y cerca del mar, en un bosque habitado por orquídeas y frutas, que es gobernado tiernamente, por una armada de palmeras, que con su perfil enamoran las estrellas...

Volver, es para mí...
Cosechar las eternas miradas y los silencios profundos, de quienes recordamos y son nuestras raíces, frutos y semillas.

Vuelvo, para recoger sus miradas perdidas en el tiempo que pasa implacable.

Volver..., para sentir sus suspiros mentalmente, curar sus ansiedades, que todavía hoy, flotan en el horizonte húmedo de nuestros recuerdos. Sus angustias, sus ansiedades, son nuestras, por que nos habitan y forman parte de nosotros. Sobreviven y vivirán siempre, sus presencias espirituales en el recuerdo cotidiano, que marca nuestro tránsito terrenal.

Qué importante es saber, de qué hemos sido construidos y diseñados en nuestras sensibilidades a través del tiempo y a pesar de las distancias.

Qué plenitud profunda, la de sentirnos un producto maravilloso del mestizaje trasatlántico de raíces, de sentimientos, gestos y miradas diferentes.


Mestizaje espiritual...


Qué sobrevivió a todas las represiones, intolerancias, persecuciones y exclusiones.
Qué placer tan grande, el saber que, al final, la injusticia no sobrevive al tiempo.

Qué placer tan profundo y húmedo, el constatar que no se puede matar a la memoria. Que la memoria es inmortal, cuando hay ojos que nos buscan, corazones que nos sienten, oídos que nos escuchan y memorias caminantes que no nos olvidan y nos llevan por todos sus caminos.


Qué alegría, la de constatar, que siempre podemos volver al comienzo del camino de nuestros muertos y que estos sentimientos, felizmente, no los puedan matar los hombres.
Qué felicidad saber, que somos pasado, presente y que podemos imaginar el futuro. Qué importante es saber, de dónde hemos surgido y poder imaginar quiénes somos. Toda esta riqueza espiritual nos alimenta en la certitud de saber, de dónde venimos y nos permite poder imaginar, a dónde vamos.

Nuestra identidad como construcción afectiva,
se alimenta del reconocimiento, que atestigua la vitalidad de nuestra dignidad y también, del sentimiento de pertenecer a algo, más grande y eterno que nosotros. Todos nos construimos con los otros, los otros somos nosotros. Los otros, con sus miradas y sus gestos, alimentan la certitud de que estamos vivos, de que todavía respiramos, la certitud de que, mañana, podamos besar el perfil del amanecer y acariciar la luz.

CARTA: José Marín González

Estimado paisano Jorge Chávez Silva,
Para mí ha sido un gran placer, recibir su fraterno mensaje.
Le agradezco por la generosidad de sus palabras.
Quiero agradecerle también, por el valioso trabajo que usted realiza, en la gestión de nuestro espacio común, que permite que podamos reencontrarnos y compartir intensamente, bajo los cielos y los horizontes de "Celendín Pueblo Mágico".
Los Chávez y los Silva son apellidos muy cercanos para mí memoria afectiva, desde mi infancia. Somos los hijos de una misma tribu espiritual y reencontrarnos es una tarea vital. Este revivir de emociones, es facilitado por la existencia de nuestro espacio que usted alimenta, con su mejor voluntad.
CPM, nos permite confluir, desde los diferentes puntos geográficos, en los nos hemos dispersado, como estrellas nómades del universo que nos tocó vivir.
Para mí será un honor, poder colaborar con nuestro sitio Internet, como una "ventana y un espejo", desde los cuales, podamos reencontrarnos y reconocernos, como los frutos de un mismo árbol y como participes de un proyecto colectivo en bien de nuestra madre tierra.
En el futuro mediato, trataría de adaptar algunos textos que vengo trabajando en los últimos años, sobre la Globalización, las migraciones y los desafíos que impone a las sociedades este proceso. Trabajo también en la educación, asociada al problema cultural, a las identidades y al racismo, en la perspectiva de encontrar un lenguaje común entre los hombres.
Solo respetándonos y reconociendo los valores y conocimientos de cada uno de nosotros, podremos compartirlos, dentro del marco de un futuro diálogo intercultural. Este rencuentro de los pueblos, solo será posible, evitando las falsas jerarquías entre los hombres y las oposiciones gratuitas, que tanto daño nos han hecho y nos siguen haciendo actualmente.
Le envío un pequeño poema y en un futuro cercano, espero terminar la introducción de un texto sobre mis orígenes celendinos, un poco de una narrativa literaria con algunas pinceladas históricas.
Le agradecería, si lo tiene, darme el teléfono y la dirección electrónica de Moisés Chávez.
¿Cómo está Moisés y dónde está viviendo ahora?
Le agradezco anticipadamente.
Reciba mis mejores augurios y un abrazo bien grande de su paisano,

José Marín Gonzáles

domingo, 25 de mayo de 2008

PERSONAJES: Alfredo Rocha Segarra

Por Jorge A. Chávez Silva “Charro”
En estos días, a raíz de la publicación de unas biografías por dos amigos sucrenses, se está discutiendo el lugar de nacimiento de Alfredo Rocha Zegarra. Para unos habría nacido en el antiguo Huauco y para otros en Celendín. Creemos que esto es irrelevante, toda vez que el distrito de Sucre está en la demarcación de la provincia. Discutir sobre esto creemos que nos traerá al recuerdo viejas rivalidades que ahora no tienen sentido.
Cuando cursaba la secundaria, llegó de unos de sus periplos nuestro pintor, Alfredo era un auténtico trotamundos, y su presencia causó impacto entre todos los pintores en ciernes que vivíamos en esa calle (Jr. Unión) entre los cuales estaban César Emilio Chávez Tejada “Foca”, Wilson Medina Bringas “Tarzán”, Tomás Pérez Tejada “Negro” y por supuesto, mis hermanos y yo. Fue una oportunidad única de seguirlo en su actitud de artista y apreciar su compromiso con el pueblo.

Interior de La Paz, Alfredo Rocha S., acuarela, cortesía de J. M. Rocha Torres.
Alfredo era un predestinado, su sensibilidad social lo llevó a ponerse al lado de los excluidos, por quienes luchó tenazmente, convirtiéndose en una piedra en el zapato de las autoridades de turno. Fue fundador del Colegio San José de Sucre, nombre que no le agradaba pues quería algo más combativo y contundente. Su actitud frontal en defensa de la verdad le granjeó el odio de algunos familiares en esa ciudad, lo que lo llevó a la curiosa actitud de cambiar la "Z" de Zegarra por la "S" y firmarse en adelante como "Segarra" y lo obligó a ir al distrito de Miguel Iglesias en donde fundó el Colegio Augusto G. Gil de Chalán.
Era polifacético en su actitud de artista, tocaba varios instrumentos, entre ellos la antara y el acordeón, y escribía poemas de honda emoción social, incursionando también en la crítica y el periodismo, desde cuyas páginas fustigó a los oportunistas y corruptos que estaban al timón de algunas instituciones celendinas.
Parte de su formación como artista lo realizó en la capital arqueológica de América. La fuerte personalidad del Cuzco fue una fuente de inspiración para los pintores del periodo indigenista que encontraron en nuestro pasado incaico los motivos para crear una corriente nacionalista en contraposición con los artistas académicos limeños que tenían puesta su mirada en Europa.
Alfredo Rocha vivió muchos años en la capital del Tahuantinsuyo confluyendo con muchos artistas de esa corriente llegados de toda la república y de países vecinos como Bolivia y Argentina. A ese momento corresponde esta acuarela de una casona del Cuzco, trabajada con la maestría de Alfredo. Son notables la transparencia y brillantez del cielo y el trato de los personajes en su quehacer cotidiano, formando parte del paisaje, junto al perro dentro del hermoso pórtico que hace el arco cuyas cornisas sugiere con leve pincelada. La pintura transunta ese aire de candidez y sosiego propios de las ciudades de nuestra serranía.
La acuarela la publicamos gracias a la colaboración de su hijo Jesús María Rocha Torres, quien nos la envía desde Madrid. El popular “Cuqui” recuerda con cariño su paso por Celendín y Lima, donde se relacionó con cierta banda de “borrachozos” shilicos que estudiaban por entonces en la UNI y vivían en el famoso “DPT2” de la calle Joaquín Capella. Si alguno de ellos quisiera escribirle tenemos a su disposición su correo electrónico, no tienen más que pedirnoslo.

martes, 20 de mayo de 2008

ARCHIVOS: Café al Paso

Uno de los grandes narradores de nuestra provincia, Alfonso Peláez Bazán, solía colaborar en diversas revistas celendinas con sus reflexiones, comentarios y opiniones, en una sección que él había denominado Café al Paso. Después de su deceso, en 1995, su hijo Mario continuó publicando mensualmente y con distribución muy limitada en Lima y en Celendín, una hoja suelta con similar línea de su padre, y con el mismo título. De esta fuente extraemos algunas notas con la firma de Mario Peláez Pérez (NdlR).

Alfonso Peláez y Sra. Blanca Pérez y sus hijos Arturo, Malena, Alberto y Luis Guillermo

CAFE AL PASO

Por Mario Peláez Pérez

Garrido Malaver, poeta
Sin la poesía el amor seguiría con el pecado a cuestas, seguiría errático y únicamente sensorial, carnívoro. Sin la poesía el amor no conocería la belleza y la libertad. Sí, a los poetas debemos tan magnánimo humanismo. No hay petulancia, por ello, cuando se afirma que la poesía inmortalizó al hombre. ¿Quién, siquiera una vez, no amó “hasta la eternidad” con la poesía en los labios, y encumbró su alma a la par de los dioses?.
Esta es la deuda que tenemos con los poetas. Precisamente Julio Garrido Malaver, poeta celendino, pertenece a esta legión. Sus libros, sobre todo, “La Dimensión de la Piedra”, donde brota el encanto, la magia íntima del cuerpo y del alma, como solía decir Juan Ramón Jiménez para la excelsa poesía.
Julio Garrido Malaver murió de poesía en Trujillo: los poetas sólo mueren de poesía. Entonces resulta sabio asegurar que Julio Garrido Malaver goza de lozana vida.

¿Cuándo se investiga?
El pueblo de Celendín tiene singulares (diríase mejor ajenas) levaduras que definen su identidad.
Pese a estar en el corazón del Ande, no es una colectividad espiritualmente andina: No se habla quechua, no se cultiva el huayno, no tiene en su seno restos arqueológicos, sus fiestas apenas se emparentan con lo andino colonial, no hay comunidades campesinas, etcétera. Pero tampoco Celendín encarna a los elementos del mestizaje: Racialmente predomina el cholo blanco, la música criolla es tan distante como el huayno, su dieta no es propiamente criolla, etc. ¿Entonces qué?
Celendín da la impresión –para decirlo metafóricamente- de ser una colectividad caída desde arriba (¿de dónde?), o transplantada en bloque de alguna placenta gitana-judía (¿de cuál?).
¿Por qué entonces en vez de exigir a los alumnos que hagan trabajos monográficos, francamente estériles y mediocres, no se los enrumba hacia investigaciones que expliquen el origen de esta bella provincia?

Impostergable tarea
Una y otra vez hemos pasado revista a la lista de nombres de calles, plazuelas y colegios de Celendín; la conclusión es que el 40 por ciento de estos nombres resultan extraños a la conciencia cívica e inicuos al sentimiento shilico. Salvo los casos de Juan Basilio Cortegana, Pedro Ortiz Montoya, Augusto G. Gil, Marcelino Gonzáles y Arístides Merino, no hay más memoria para sus hijos. ¡Qué terrible amnesia!
Una buena gestión municipal no sólo debe abocarse a la higiene de la ciudad, sino también a la vitalidad del espíritu; y una buena manera de concretarlo es educando con la gratitud. Hay muchos celendinos que han llevado (con su arte e intelecto) a Celendín a muchas latitudes y que sus nombres deberían honrar a varias calles o instituciones. Nos viene a la memoria nombres como Armando Bazán, Alfredo Rocha, Alfonso Peláez, Julio Garrido Malaver, entre otros.

(Café al Paso. Octubre, 1997)

jueves, 8 de mayo de 2008

ARTE: Las artes plásticas en Celendín


LUMINARIAS EN EL RECUERDO

Por Jorge Horna
Pioneros y huellas
Cada pueblo, por pequeño que sea o alejado que se encuentre, siempre tiene a la mano para ofrecernos el sentir más íntimo brotado del alma. Las anécdotas, leyendas, trozos de historias, relatos orales; la música y la danza; testimonian la tradición popular.
El arte pictórico es otra faceta muy sui géneris que nos invita a buscar la esencia misma de la naturaleza terrena, humana y cultural.
Celendín ha dado al mundo pintores, cuyos cuadros primero colmaron la mirada y el espíritu de una diversidad de espectadores del poblado. Los hermanos César, Julio y Miguel Díaz Dávila transitaron por los laberintos del color. Fue este último, radicado en Trujillo, que con constancia y disciplina cautivó no sólo a los amantes de la pintura artística, sino también a la propia crítica de arte. Miguel ensayó y creó nuevas propuestas mixtas, y como muralista es conocido en todo el país.
Alfredo Rocha Zegarra nos sedujo con su paisajismo plasmado en hondas pinceladas de acuarela. Recuerdo, niño aún, que del segundo piso de la que fue (hoy destruida) casa de don Santiago Pereyra en la esquina de las calles Pardo y Dos de Mayo, salía la música de un acordeón. Subí, y en las paredes de la pequeña habitación estaban prendidas las cartulinas con las seductoras acuarelas de Alfredo. En un rincón Miguel Díaz con sus melodías mágicas, y a su lado Manuel Sánchez Aliaga. Era una exposición de pintura con fondo musical.
Con mucha calidad también, don Juan Muñoz y algunos de sus hijos, nos mostraron en su tienda taller de la calle Junín, su talento en sus cuadros y esculturas. Wilder Pereyra con sus cuadros exhibidos con mucha reserva en círculos amicales. Ciro Horna Gutiérrez, con exposiciones exitosas en Trujillo. César Chávez Tejada “Foca”, pintor pero sobre todo un gran caricaturista. Ramón Ortiz Chávez “Vrocha” está incursionando con buen pie en las “mascaricaturas”.
Particular atención requiere Jorge Chávez Silva “Charro”, por su permanente afán de recoger en sus lienzos la vida del pueblo celendino; la conjunción del espíritu comunal y el esplendor del paisaje con un halo poético. Sus obras están esparcidas en muchos hogares de nuestra tierra y otras ciudades del país.
Actualmente está en auge un grupo de jóvenes pintores que se encuentran en un proceso de búsquedas y afianzamiento artístico.

El Grupo 67
El Comité de Extensión Universitaria de San Marcos, realizó una exposición pictórica en Celendín en el mes de julio de 1967. Los cuadros se expusieron en una de las aulas del colegio “Javier Prado” (Coronel Cortegana); a este propósito contribuyó el Departamento de Artes gráficas y publicaciones de la Escuela Nacional de Bellas Artes. En el catálogo, que para la ocasión se distribuyó, están las palabras de presentación de Juan Manuel Ugarte Eléspuru, director de la Escuela de Bellas Artes en aquellos años; y contó con el auspicio de Municipalidad de Celendín.

Reproducción parcial del catálogo de la exposición de 1967, archivo de Jorge Horna.

Expusieron sus pinturas: Carlos Cruz Alva (Celendín), Eulogio de Jesús (Lima), Félix Rebolledo (Catacaos, Piura) y Fernando Torres (Lima). Todos ellos egresados de la referida Escuela, y sus cuadros pertenecían a la tendencia abstracta.
Todo lo relatado en esta crónica demuestra que, antaño, Celendín gozó de una sostenida actividad cultural, que paulatinamente se diluyó. La indiferencia de las instituciones estatales (municipio, centros de estudios secundarios y superiores), cubrió de témpanos la sensibilidad y la conciencia colectivas. Una ola ideológica de culto al individualismo y la acumulación material, en desmedro de la cultura nos reta, hoy, a buscar el contrapeso a esta situación. Celendín Pueblo Mágico asume, desde la comunidad celendina, este desafío.

Lima, mayo de 2008

jueves, 1 de mayo de 2008

CUENTO: Alfonso Peláez Bazán.

Don Alfonso fue un escritor de auténtico sabor celendíno, pocos como él trasuntan en sus cuentos ese aroma a los valles circundantes de Celendín. Sus historias tienen el rumor del Marañón, saben como la miel de sus valles y nos hacen soñar como la coca ancestral que medra en sus riberas. Leerlos es como estar en los valles calientes, escuchando al más viejo, que es dueño de la palabra, armados a la sombra del palenque de unos cacaotales. Sus personajes transitan por las abruptas montañas, entre bajadas de piedra, entre olorosos arabiscos y llegan a los arroyos que concurren a la Serpiente de Oro, en donde el calor es húmedo y flota un vaho de tierra removida, chirrian los grillos y las cigarras. Desde los naranjos caen blandamente esferas de oro y nos llega su perfume de azahar, en ese marco bellísimo, transcurren como una paradoja, hondos dramas que envuelven a sus personajes en sentimientos de angustia y tragedia que el maestro narra con maestría.
La foto que acompaña al texto es posible gracias a la colaboración de nuestro paisano, el ingeniero Luis Felipe Pita Chávez. Es del año 1940 y allí están, de izquierda a derecha: Luis Alberto, abrazando a Gardenia, Blanca Pérez, su esposa, con la pequeña Gladys, don Alfonso, apoyado en los hombros de Arturo (Che Tuto), Luis Guillermo y Malenita, la mayor, nuestra querida y recordada profesora. (N.de R.)


MAXIMINO

I

A un costado de la muy gentil ciudad de Celendín –al costado de Oriente- se alza, macizo e impávido, un cerro colosal: Jelig. Una sensación de firmeza, de aplomo se tiene al contemplarlo. Sus faldas, por lo demás, son grises y desoladas.
De la cumbre del cerro –o sea de La Fila de Jelig- puede la vista del viajero alternar entre dos grandes espectáculos: de un lado, el hermoso panorama que ofrece Celendín, con su “tablero de ajedrez”, sus pampas siempre verdes y risueñas, sus graciosas colinas y su cielo eternamente azul; y de otro, la dramática profusión de cerros de la Cordillera Central, con sus cumbres silentes y mayestáticas, sus faldas radiantes y sus hondonadas esotéricas.
Avanzando unos pasos más para el lado Oriente, como quien voltea la “fila”, aparece violentamente un nuevo espectáculo, estupendo y anonadante: la cuenca del Marañón.
El viajero se detiene como sobrecogido de espanto: a sus ojos se precipitan todos los cerros en un vértigo tremendo… Y no cree -¡cómo va a creerlo!- que por ese vértigo de cerros y abismos se desenrosque el camino, como una angustia atroz…
Pero es así, y sin remedio, habrá que seguir.

***
Repuesto un tanto, no tarda el viajero en descubrir, al otro lado del Marañón, un espléndido valle que, arrancando de la misma orilla del río, se extiende lujurioso por entre dos largos y reverberantes cerros. Es el valle de Hornopampa.
Con un ancho de dos kilómetros, en casi toda su extensión, el valle se va ocho adentro. Un río que viene de las más altas montañas –El Jaguar- le da sus aguas limpias y heladas. De un extremo a otro, el valle está cubierto de árboles frutales: naranjos, paltos, mangos, ciruelos, tamarindos, etc.
Hornopampa no es una hacienda. Ni cosa parecida. Se trata de un sinnúmero de pequeñas propiedades; unas más grandes que otras, por supuesto. Los naranjos, así como los ciruelos y los paltos, guardan todo el secreto de la vida de los hornopampinos; éstos, en efecto, no hacen otra cosa que regar sus árboles y recoger los frutos.

***
En muchos instantes la vista trata de descubrir las casas del valle, sin conseguirlo, desde luego: todas están ocultan entre grandes árboles, no siendo pocas las que están al pie mismo de frondosos mangos o tamarindos.
En esas casas, diríase misteriosas, viven extraños espectros… Naturalmente, cada uno de ellos tiene su denominación civil: Juan Rojas, Alfredo Sánchez, Nemesio Chávez, Tomás Montoya, Eusebio Marín… la poca sangre con que éstos vinieron al mundo se les fue haciendo, a través de los años, un líquido pálido, amarillento… El corazón les late ahora apenas… Son las víctimas del Stractumfilius.
A esos hombres espectros se les ve caminar por las calles de Celendín todos los sábados y domingos, lentos y sombríos, recorren la población con un alforja parda en el hombro: cuando no van ofreciendo naranjas o paltas, están haciendo sus compras.
Unas dos o tres libras de arroz chancado, pan “de a cuatro”, acaso un par de dormidos, algún remedio “de tienda”, cortes de tocuyo: es todo cuanto se puede encontrar en la alforja parda y triste de un hornopampino que está de vuelta al valle.
En el valle de Hornopampa, entre esa gente espectral, vive un hombre que es la antítesis: robusto, chaposo, ojos claros… y genio alegre. Se diría que él usurpó la salud de los otros. Tal es don Demetrio Chávez, “el zarco”.
Si un traspié del caballo no nos despide hacia el fondo de un abismo, pasaremos la noche en casa de don Demetrio Chávez.

***
De entre el matorral que bordea el angosto caminito, sale de repente la figura extraña y repulsiva de un hombre que nos ha estado esperando ahí…
Desde luego, no se trata de ninguno de los “espectros”.
Tan inopinada como extraña aparición, al mismo tiempo que nos llena de sorpresa, pone en gran peligro nuestra estabilidad de jinetes: los caballos han dado una violenta estampida y a punto estuvimos de quedar prendidos en las ramas de los guarangos…
Cuando la normalidad se restablece y vamos a pasar junto al sitio por donde apareciera el hombre, éste, que acaba de ponerse al medio del camino, nos ofrece la segunda parte del extraño percance. Abriendo una boca enorme, horrible, y dando a todo su mofletudo rostro una estrambótica expresión de dolor, descarga, que no pronuncia, una voz odiosa.
Frente a nuestro desconcierto, el hombre repite la voz una y dos veces… Al fin comprendemos que hay en ella un doble esfuerzo: fonético y sicológico.
Se trata, en efecto, de una interrogación:
-¿Doraaa?...
-¿Doraaa?...
Terminamos por comprender que estamos frente a un mudo.

***
Unas cuadras más, y estamos ya en “la tranca de don Demetrio Chávez”. Nos ve llegar un perro esquelético que está al pie de un ciruelo. Se incorpora apenas y empieza a aullar lúgubremente. El alma de los temples grita por la boca de sus perros escuálidos.
Por una esquina de la casa, aparece al instante don Demetrio, nos reconoce y viene a franquearnos la tranca. Mientras esto hace, llega el mudo, presuroso y tambaleante…
Se pone otra ves frente a nosotros.
-¿Doraaa?...
-¿Doraaa?...
Don Demetrio lo mira sonriente y bonachón, al tiempo de exclamar:
-Ah, Maximino, Maximino…

2
Aquel año escasearon como nunca las naranjas. En Celendín llegaron a venderse “a tres por diez”. Lo que es en Cajamarca, aquel año, no se vieron las famosas “balceras”
Y fue que la lluvia no descendió a Hornopampa ni en el mes de febrero.
Completar un costal de naranjas “para el viernes” era, entonces, en el valle de Hornopampa, tarea ardua y paciente. Los “espectros” tenían que subirse hasta lo más alto de los naranjos para encontrar una que otra huraña. Las mujeres se ayudaban con sus largas huicapas.
Aquel año, no hubo al pie de los árboles esas naranjas bermejas y azucaradas que se caen solas.

***
Se empinaba, daba pequeños saltitos, movía las ramas… Nada… La huicapa era corta para alcanzar hasta donde estaban, bien juntitas, tres naranjas. ¡Tres naranjas…! ¡Vale decir un real!
¿Qué hacer?... Nada, ciertamente. El tronco era grueso y llushpe además.
En tales trances estaba la más guapa y requerida de las muchachas del valle. Palpitantes y mojadas estaban ya sus carnes morenas.
Detrás de un ciruelo, alguien la estaba mirando. Mas no estará solo mirándola todo el tiempo. Decídese al fin, y de tres montaraces saltos, se pone junto al naranjo, se encarama en el grueso tronco y de cuatro "barrigadas" alcanza la primera rama... Se dobla como un simio, y en breves segundos, tiene ya a su alcance las nobles naranjas. Las desprende de una en una y las va dejando caer:
pum...
pum...
pum...
Y no fueron sólo esas. Algunas más cayeron a los pies de la morena.
Cuando el extraño y gentil personaje bajó, la sorprendida moza aproximóse a él, y en señal de agradecimiento, dióle, sonriente, una palmadita en el hombro.
Y como una risa salvaje, estúpida, se oyó al pie del naranjo...
Cargó la moza su quipe y tomó para su casa.
Pausadamente, el raro sujeto fuése por el lado de los tamarindos.
Dora se llamaba ella y Maximino el.

***

El martes de la siguiente semana, cuando Dora se fue a empezar su habitual tarea, encontró a Maximino entre las ramas del más corpulento naranjo.
Aunque con largos intervalos, la moza oía:
Pum...
Pum...
Aquel día fueron dos las palmaditas en el hombro del mudo. Y fue más franca la sonrisa de Dora.
Por su parte, Maximino trató de hacer menos ruda, menos odiosa la expresión de su alegría.

***
Y llegó otro martes.
Como de costumbre, Dora se fue tempranito por las huertas.
Cuando llegó al pie de un naranjo, recibió de pronto este mensaje:
-Doraa...
Se quedó perpleja la morena y no quiso querer, desde luego. ¿Había dicho Dora el mudo?... ¡Imposible..!
Pronto, sin embargo, llegó Dora a esta conclusión: "Se han visto tantos milagros". Y se guardó en su corazón la frase.
Y cuando Maximino estuvo en el suelo, graciosa y enternecida, Dora pasó la mano la horrible barbilla del mudo...
Y éste, más contento, repitió:
-Doraa...

***
Llegó, entre tanto, el tiempo de las paltas. El quipe de Dora se hacía cada vez más pesado.
Un día pesó tanto que hubo de cargarlo Maximino hasta la propia casa de Dora. La abuela de ésta, una viejecita ética y encogida, se llenó de sorpresa y tuvo no sé que corazonada...
Y al otro día, y al otro también, volvió a ocurrir lo mismo. Y la corazonada de la vieja se fue haciendo espina de naranjo...
Los viernes, Dora no tenía ya la molestia de aparejar su burra blanca. Y la reatada del costal, con ayuda de Maximino, era cosa facilísima.
Y los lunes por la tarde, Maximino recibía de propias manos de Dora, ya una camisa de listado bichí, ya un pañuelo chillón, y siempre, un par de dormidos...

***
Hacía mucho tiempo que un viernes por la tarde se encontró Dora con unos paseantes en la fila de Jelig. La detuvieron con gran finura y, junto a su burra blanca, le tomaron una foto. Como la naturalidad que caracteriza a los del campo, Dora sacó naranjas y se las ofreció al “fotógrafo”.
Cuando Dora tenía ya olvidado del incidente, un domingo por la tarde se le acercó un caballero de casaca y botas y galantemente, puso en sus manos tres nítidas copias de aquella estampa crepuscular.
En el “ato” de Maximino, Dora puso una para él.
-¡Dora..! ¡Dora.. ¡-exclama el mudo con extraña emoción, al ver la fotografía. Dora le adivina la intención y decide al punto premiarlo con ventaja. Se acerca, le coge la barbilla con ambas manos... y junta sus labios a los Maximino...
Y aquel lunes se quedó Maximino dormir en casa de Dora.

***
Alborotada y picante, empezó a correr a lo largo del valle la gran nueva. Era de ver cómo saltaba de una banda a otra del río. Se metía por las vueltas y hacía mil cabriolas.
Había ocurrido lo que todos esperaron y ahora, sin embargo, ya nadie quería creer: Maximino era el marido de Dora...
De la misma Dora a quien dos años atrás la quiso para esposa el hijo mayor de don Demetrio; de la misma Dora a quien un año después le propuso “sacarla” el guapo guardián del puente Chacanto, de la misma Dora, en fin, a quien últimamente le ofreció “grandes ventajas” en labioso telegrafista de Balzas.
Y por la punta de la espina de naranjo, se fueron escapando las últimas gotas del corazón de la vieja.

***
No pasó mucho tiempo, sin embargo, que la unión de Maximino y Dora perdió todo su sabor y las cosas quedaron como si nada. Es la desdicha de todas las cosas del mundo.
Y parece ser que la nueva pareja empezó a vivir bajo la égida de la fortuna.
Dios mediante, mejoró el tiempo. Las naranjas y los mangos abundaron pródiga mente. Y para los próximos carnavales, prometían como nunca los ciruelos.
El nuevo “estado” de Dora no fue, por otro lado, inconveniente para que ella misma siguiera viajando a Celendín. Ella era amiga de las mejores caseras: doña Leonor, doña Rojana, doña Conshe.
Todos los viernes muy a las cinco, salía Dora arreando su burra blanca Maximino acompañaba hasta Shucamayo y desde allí la seguía con los ojos hasta que volteaba para Choropata.
Llegar a la posada y vender su carga, todo era uno. Pero se quedaba sábado y domingo para hacer sus compras, tal como hacían todos los balceros y hornopampinos. El lunes la esperaba Maximino en el puente Chacanto.

3

Una nube de almidón y “polvos de arroz” llena la sala. De todas las cabezas, que ya no parecen tales, se desprende un fuerte olor de agua florida y cananga
Desde un rincón de la sala, una vieja concertina remata una marinera:

"Aulla, aulla, perrito,
Aulla, aulla, nomás;
Si a tu dueña la has perdido,
conmigo la encontraras".

Al mismo tiempo, se oyen por toda la sala voces estruendosas:
-¡Eso… eso, Luzmila!
-¡Quiébrale… quiébrale, Isabel!
-¡Así… así, colpacuchina mentirosa!
-¡Ayayay, palomita del temple!
-¡Quieto, negro!
Doña Rojana se apresura a llenar los vasos y vaya que los llena de verdad. Ella anunció hace rato que chicha habría para toda la semana. ¡Y qué chicha!
-¡Salud, Adelaida! ¡Salud, comadre Rojana ¡Chupemos, chupemos todos! ¡Todos cantan, todos beben en carnavales!
-¡Bravo, bravo! ¡Viva la fiesta!
-¡Si! ¡Salud, compadre Rebuco! ¡Salud, grandísimas…!
-¡Salud!
-¡Salud!
-¡Salud!
A esta altura, cuando la vieja concertina prepara la “segunda”, irrumpe en el patio de la casa otra cuadrilla de jugadores. Todos cantan acompañados de acordeón y guitarra:

“ya llega carnavalito,
siluló,
por la cuesta de Llanguat,
guailuló
trayendo yucas y miel,
siluló,
por la cuesta de Llanguat,
guailuló”

-¡Virgen del Carmen, Patrona de Celendín! ¡Son decentes! -exclama una muchacha, al mismo tiempo que se arregla graciosamente el cabello y la blusa.
-¡Adelante! ¡Adelante, caballeros!- grita enardecida y orgullosa doña Rojana.
En la sala se produce una barahunda endiablada.
-¡Vamos, maestro Venancio, tóquenos ahora un vals, pero de esos que lo ponen a uno sobre las nubes... -manda uno de los “decentes”.
-Un momento, don Hermógenes… ¡Primero un vaso de chicha! - impone doña Rojana.
Todos aplauden a la dueña de casa.
Luego el maestro Venancio y su acompañante ejecutan el vals requerido, aunque no es precisamente “sobre las nube”...

“Olas que el viento arrebata
sobre el inmenso mar...”

Y entre brindis, valses, chilalitos y marineras, se prolongó la fiesta hasta las cinco de la madrugada.
Por la calle pícarona de Ciracucho, se fue apagando la voz de la concertina trasnochada...

“Las mujeres son
como el algodón...”

***
Y aquel lunes de carnaval, en vano esperó Maximino en el puente Chacanto. En vano inquirió de los más retrasados:
- ¿Doraaa?...
- ¿Doraaa?...
Tres días después se vio por las calles de Celendín la figura chocante, infortunada de Maximino.
Con su única palabra -que fue primero maravilla y luego angustia- importunó a todos los transeúntes.
- ¿Doraaa?...
- ¿Doraaa?...
Cuando llegó a la posada de doña Rojana, tras muchas horas de tambalear por calles y plazas su infortunio, alguien trató de darle a entender que Dora se había ido para tierras lejanas, de donde, seguramente, no volvería jamás.
Poco debió entender Maximino, pero ello es que tornó de nuevo para la cuenca. Con su trote pesado, paquidérmico, se le vio perderse por la travesía de La Tranca.
Divertida y cruel, circulaba ya a lo largo del valle la nueva. Todas sabían que Dora habíase ido para la costa con un faite de Llallán.
Muchos días estuvo Maximino plantado en el puente Chacanto.
Después, empezó a salir por todos los caminos, con su tremenda palabra:
- ¿Doraaa?...

4

-¿Pero es posible, don Demetrio?...
-Si, señor: 25 años, nada menos. Y, ya de usted, el mudo pregunta por Dora como si ayer nomás hubiera sido... El no hace otra cosa que salir por los caminos y sorprender a los viajeros: “¿Doraaa?... Y cuando alguien le dice: “Por ahí viene”, se echa a correr como un animal... Esa es su vida, señor.
-¿Y Dora?...
-Nadie en el valle ha vuelto a saber de ella... sin embargo, podemos decir que Dora vive entre nosotros... por obra y gracia de Maximino...
-Así es, en verdad, don Demetrio. El milagro lo ha hecho Maximino con su extraña capacidad para el dolor... y para la esperanza...
Luego de un breve silencio, don Demetrio nos propone ir a dormir. El no sabe que el poco tiempo que queda de la noche será para pensar en el drama absurdo el grotesco.

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Dormidos : Bizcocho de elaboración especial, propio de Celendín.
Temple : Valle de clima cálido
Huicapa : Vara larga con un gancho en uno de sus extremos que se utiliza para desprender las frutas. Denomínase cape en otros lugares de la provincia.
Llushpe : Suave, liso, resbaloso.
Quipe : Bulto o atado que se carga a la espalda