domingo, 1 de junio de 2008

REFLEXION y POEMA: José Marín González

José Marín González, docente y científico social peruano, nacido en Huacapampa, Celendín, en 1948, vive actualmente en Ginebra, Suiza. Ha realizado importantes investigaciones sobre los múltiples universos culturales de la Amazonia peruana y brasileña. Se doctoró en antropología en la Universidad de La Sorbona, cursó postgrados en el Instituto de Altos Estudios de América Latina (IHEAL) de París, en el Instituto Universitario de Estudios del Desarrollo (IUED) y en la Academia Internacional del Medio Ambiente de la Universidad de Ginebra, donde enseña desde 1989. Es investigador de la Red Internacional Universitaria de Ginebra (RUIG), trabajó en África con la UNESCO y colabora con instituciones y publicaciones de Europa y América Latina. Se doctoró en antropología en la Universidad de La Sorbonne, cursó postgrados en el Instituto de Altos Estudios de América Latina (IHEAL) de París, en el Instituto Universitario de Estudios del Desarrollo (IUED) y en la Academia Internacional del Medio Ambiente de la Universidad de Ginebra, donde enseña desde 1989. Es investigador de la Red Internacional Universitaria de Ginebra (RUIG), trabajó en África con la UNESCO y colabora con instituciones y publicaciones de Europa y América Latina.

TEXTOS DE GABRIEL CHAKIL

PENSANDO LA PATRIA INICIAL

Por Gabriel Chakil (José Marín)
Noreste del Brasil, costa atlántica, Recife, abril 2006,
Reflexiones intimas sobre la identidad afectiva e histórica, al indagar sobre mi ancestros maternales, en los archivos históricos de la ciudad de Recife, capital del Estado de Pernambuco.
Pasar unos días en esta ciudad, para investigar, sobre el tránsito de mis ancestros por el noreste brasileño, fue una inolvidable experiencia vital.
Recife y la región de Pernambuco, fueron la ciudad y la región, donde probablemente llegaron mis ancestros, procedentes de Ámsterdam, entre 1624 y 1654. Eran judíos sefardíes, refugiados en Holanda, después de ser expulsados de España en 1492 y de Portugal en 1498, Entre el final del siglo XV y principios del siglo XVI.
Estos judíos fueron utilizados por los colonialistas holandeses, por su conocimiento del portugués y formaron un contingente importante, de la invasión holandesa a las posesiones coloniales portuguesas del noreste del Brasil actual.
El fin de la incursión holandesa en 1654, permitió a Portugal recuperar sus territorios. Terminada la presencia holandesa en la región, los judíos perdieron todos sus bienes, que fueron confiscados y tuvieron el plazo de tres meses, para abandonar la región.
Una gran parte de estos judíos viajaron hacia Nueva Ámsterdam (Nueva York) , otros subieron hacia el norte, a la Guayana francesa y desde Cayena, se dispersaron por el Caribe, entre sus diferentes islas. En Curazao, se fundó una de las primeras sinagogas de América, la primera se fundó en Recife. En esta época, un grupo menor se internó en el nor-oeste de Venezuela y el norte de Colombia. El comercio actual en esta región es controlado en gran parte por los descendientes de ellos.
Mis ancestros fueron obligados a reanudar su nomadismo secular y vital, surcaron el río Amazonas, y llegaron después de un accidentado y prolongado trayecto a Yurimaguas, pueblito ribereño sobre el río Huallaga, en el norte de la Amazonía peruana. desde Yurimaguas, subieron hacía el valle interandino, donde se sitúa actualmente, la ciudad y la provincia de Celendín, en el norte del Perú.
Vista de Huacapampa desde Loma del Indio (Foto Charro)
Mis ancestros, lograron refugiarse en un pequeño pueblo indígena caxamarca, denominado Huacapampa, muy cerca de Celendín, donde se amancebaron con las indígenas. Desde este pueblo, se proyectaron como comerciantes itinerantes, hacia la región andina y la cuenca amazónica, igualmente, descendieron hacia la costa norte peruana, a Trujillo y al puerto de Pacasmayo, para seguir por el mar hacia Lima o el extranjero.
Por el sur andino llegaron hasta Salta, en el norte argentino. En su recorrido, de comerciantes itinerantes, comerciaron en diferentes pueblos, a caballo y con mulas, para transportar sus mercancías. En su recorrido, lograron realizar algunos sueños, sembrando en diferentes pueblos del área de su desplazamiento, el jardín eterno, de sus familias extendidas, algunos hijos, que florecieron como orquídeas. Frutos humanos, de los que yo, privilegiadamente formo parte viviente.

RAÍCES
Por Gabriel Chakil (José Marín)
Volver tras las huellas de mis ancestros maternos es transitar por sus caminos seculares, es como viajar a través del túnel, del cordón umbilical que nos permite re-visitar los caminos eternos que heredamos de ellos.

Viajar en busca de los ancestros y de sus suspiros, que todavía flotan en el bosque y los horizontes de esta geografía de la nostalgia eterna, es como lograr comprender finalmente, el sentido vital y poético que tienen el viaje de los salmones a las fuentes originarias y vitales, que le dieron la vida.

Pero esta vez, mi viaje transcurre entre la tierra y cerca del mar, en un bosque habitado por orquídeas y frutas, que es gobernado tiernamente, por una armada de palmeras, que con su perfil enamoran las estrellas...

Volver, es para mí...
Cosechar las eternas miradas y los silencios profundos, de quienes recordamos y son nuestras raíces, frutos y semillas.

Vuelvo, para recoger sus miradas perdidas en el tiempo que pasa implacable.

Volver..., para sentir sus suspiros mentalmente, curar sus ansiedades, que todavía hoy, flotan en el horizonte húmedo de nuestros recuerdos. Sus angustias, sus ansiedades, son nuestras, por que nos habitan y forman parte de nosotros. Sobreviven y vivirán siempre, sus presencias espirituales en el recuerdo cotidiano, que marca nuestro tránsito terrenal.

Qué importante es saber, de qué hemos sido construidos y diseñados en nuestras sensibilidades a través del tiempo y a pesar de las distancias.

Qué plenitud profunda, la de sentirnos un producto maravilloso del mestizaje trasatlántico de raíces, de sentimientos, gestos y miradas diferentes.


Mestizaje espiritual...


Qué sobrevivió a todas las represiones, intolerancias, persecuciones y exclusiones.
Qué placer tan grande, el saber que, al final, la injusticia no sobrevive al tiempo.

Qué placer tan profundo y húmedo, el constatar que no se puede matar a la memoria. Que la memoria es inmortal, cuando hay ojos que nos buscan, corazones que nos sienten, oídos que nos escuchan y memorias caminantes que no nos olvidan y nos llevan por todos sus caminos.


Qué alegría, la de constatar, que siempre podemos volver al comienzo del camino de nuestros muertos y que estos sentimientos, felizmente, no los puedan matar los hombres.
Qué felicidad saber, que somos pasado, presente y que podemos imaginar el futuro. Qué importante es saber, de dónde hemos surgido y poder imaginar quiénes somos. Toda esta riqueza espiritual nos alimenta en la certitud de saber, de dónde venimos y nos permite poder imaginar, a dónde vamos.

Nuestra identidad como construcción afectiva,
se alimenta del reconocimiento, que atestigua la vitalidad de nuestra dignidad y también, del sentimiento de pertenecer a algo, más grande y eterno que nosotros. Todos nos construimos con los otros, los otros somos nosotros. Los otros, con sus miradas y sus gestos, alimentan la certitud de que estamos vivos, de que todavía respiramos, la certitud de que, mañana, podamos besar el perfil del amanecer y acariciar la luz.

CARTA: José Marín González

Estimado paisano Jorge Chávez Silva,
Para mí ha sido un gran placer, recibir su fraterno mensaje.
Le agradezco por la generosidad de sus palabras.
Quiero agradecerle también, por el valioso trabajo que usted realiza, en la gestión de nuestro espacio común, que permite que podamos reencontrarnos y compartir intensamente, bajo los cielos y los horizontes de "Celendín Pueblo Mágico".
Los Chávez y los Silva son apellidos muy cercanos para mí memoria afectiva, desde mi infancia. Somos los hijos de una misma tribu espiritual y reencontrarnos es una tarea vital. Este revivir de emociones, es facilitado por la existencia de nuestro espacio que usted alimenta, con su mejor voluntad.
CPM, nos permite confluir, desde los diferentes puntos geográficos, en los nos hemos dispersado, como estrellas nómades del universo que nos tocó vivir.
Para mí será un honor, poder colaborar con nuestro sitio Internet, como una "ventana y un espejo", desde los cuales, podamos reencontrarnos y reconocernos, como los frutos de un mismo árbol y como participes de un proyecto colectivo en bien de nuestra madre tierra.
En el futuro mediato, trataría de adaptar algunos textos que vengo trabajando en los últimos años, sobre la Globalización, las migraciones y los desafíos que impone a las sociedades este proceso. Trabajo también en la educación, asociada al problema cultural, a las identidades y al racismo, en la perspectiva de encontrar un lenguaje común entre los hombres.
Solo respetándonos y reconociendo los valores y conocimientos de cada uno de nosotros, podremos compartirlos, dentro del marco de un futuro diálogo intercultural. Este rencuentro de los pueblos, solo será posible, evitando las falsas jerarquías entre los hombres y las oposiciones gratuitas, que tanto daño nos han hecho y nos siguen haciendo actualmente.
Le envío un pequeño poema y en un futuro cercano, espero terminar la introducción de un texto sobre mis orígenes celendinos, un poco de una narrativa literaria con algunas pinceladas históricas.
Le agradecería, si lo tiene, darme el teléfono y la dirección electrónica de Moisés Chávez.
¿Cómo está Moisés y dónde está viviendo ahora?
Le agradezco anticipadamente.
Reciba mis mejores augurios y un abrazo bien grande de su paisano,

José Marín Gonzáles

domingo, 25 de mayo de 2008

PERSONAJES: Alfredo Rocha Segarra

Por Jorge A. Chávez Silva “Charro”
En estos días, a raíz de la publicación de unas biografías por dos amigos sucrenses, se está discutiendo el lugar de nacimiento de Alfredo Rocha Zegarra. Para unos habría nacido en el antiguo Huauco y para otros en Celendín. Creemos que esto es irrelevante, toda vez que el distrito de Sucre está en la demarcación de la provincia. Discutir sobre esto creemos que nos traerá al recuerdo viejas rivalidades que ahora no tienen sentido.
Cuando cursaba la secundaria, llegó de unos de sus periplos nuestro pintor, Alfredo era un auténtico trotamundos, y su presencia causó impacto entre todos los pintores en ciernes que vivíamos en esa calle (Jr. Unión) entre los cuales estaban César Emilio Chávez Tejada “Foca”, Wilson Medina Bringas “Tarzán”, Tomás Pérez Tejada “Negro” y por supuesto, mis hermanos y yo. Fue una oportunidad única de seguirlo en su actitud de artista y apreciar su compromiso con el pueblo.

Interior de La Paz, Alfredo Rocha S., acuarela, cortesía de J. M. Rocha Torres.
Alfredo era un predestinado, su sensibilidad social lo llevó a ponerse al lado de los excluidos, por quienes luchó tenazmente, convirtiéndose en una piedra en el zapato de las autoridades de turno. Fue fundador del Colegio San José de Sucre, nombre que no le agradaba pues quería algo más combativo y contundente. Su actitud frontal en defensa de la verdad le granjeó el odio de algunos familiares en esa ciudad, lo que lo llevó a la curiosa actitud de cambiar la "Z" de Zegarra por la "S" y firmarse en adelante como "Segarra" y lo obligó a ir al distrito de Miguel Iglesias en donde fundó el Colegio Augusto G. Gil de Chalán.
Era polifacético en su actitud de artista, tocaba varios instrumentos, entre ellos la antara y el acordeón, y escribía poemas de honda emoción social, incursionando también en la crítica y el periodismo, desde cuyas páginas fustigó a los oportunistas y corruptos que estaban al timón de algunas instituciones celendinas.
Parte de su formación como artista lo realizó en la capital arqueológica de América. La fuerte personalidad del Cuzco fue una fuente de inspiración para los pintores del periodo indigenista que encontraron en nuestro pasado incaico los motivos para crear una corriente nacionalista en contraposición con los artistas académicos limeños que tenían puesta su mirada en Europa.
Alfredo Rocha vivió muchos años en la capital del Tahuantinsuyo confluyendo con muchos artistas de esa corriente llegados de toda la república y de países vecinos como Bolivia y Argentina. A ese momento corresponde esta acuarela de una casona del Cuzco, trabajada con la maestría de Alfredo. Son notables la transparencia y brillantez del cielo y el trato de los personajes en su quehacer cotidiano, formando parte del paisaje, junto al perro dentro del hermoso pórtico que hace el arco cuyas cornisas sugiere con leve pincelada. La pintura transunta ese aire de candidez y sosiego propios de las ciudades de nuestra serranía.
La acuarela la publicamos gracias a la colaboración de su hijo Jesús María Rocha Torres, quien nos la envía desde Madrid. El popular “Cuqui” recuerda con cariño su paso por Celendín y Lima, donde se relacionó con cierta banda de “borrachozos” shilicos que estudiaban por entonces en la UNI y vivían en el famoso “DPT2” de la calle Joaquín Capella. Si alguno de ellos quisiera escribirle tenemos a su disposición su correo electrónico, no tienen más que pedirnoslo.

martes, 20 de mayo de 2008

ARCHIVOS: Café al Paso

Uno de los grandes narradores de nuestra provincia, Alfonso Peláez Bazán, solía colaborar en diversas revistas celendinas con sus reflexiones, comentarios y opiniones, en una sección que él había denominado Café al Paso. Después de su deceso, en 1995, su hijo Mario continuó publicando mensualmente y con distribución muy limitada en Lima y en Celendín, una hoja suelta con similar línea de su padre, y con el mismo título. De esta fuente extraemos algunas notas con la firma de Mario Peláez Pérez (NdlR).

Alfonso Peláez y Sra. Blanca Pérez y sus hijos Arturo, Malena, Alberto y Luis Guillermo

CAFE AL PASO

Por Mario Peláez Pérez

Garrido Malaver, poeta
Sin la poesía el amor seguiría con el pecado a cuestas, seguiría errático y únicamente sensorial, carnívoro. Sin la poesía el amor no conocería la belleza y la libertad. Sí, a los poetas debemos tan magnánimo humanismo. No hay petulancia, por ello, cuando se afirma que la poesía inmortalizó al hombre. ¿Quién, siquiera una vez, no amó “hasta la eternidad” con la poesía en los labios, y encumbró su alma a la par de los dioses?.
Esta es la deuda que tenemos con los poetas. Precisamente Julio Garrido Malaver, poeta celendino, pertenece a esta legión. Sus libros, sobre todo, “La Dimensión de la Piedra”, donde brota el encanto, la magia íntima del cuerpo y del alma, como solía decir Juan Ramón Jiménez para la excelsa poesía.
Julio Garrido Malaver murió de poesía en Trujillo: los poetas sólo mueren de poesía. Entonces resulta sabio asegurar que Julio Garrido Malaver goza de lozana vida.

¿Cuándo se investiga?
El pueblo de Celendín tiene singulares (diríase mejor ajenas) levaduras que definen su identidad.
Pese a estar en el corazón del Ande, no es una colectividad espiritualmente andina: No se habla quechua, no se cultiva el huayno, no tiene en su seno restos arqueológicos, sus fiestas apenas se emparentan con lo andino colonial, no hay comunidades campesinas, etcétera. Pero tampoco Celendín encarna a los elementos del mestizaje: Racialmente predomina el cholo blanco, la música criolla es tan distante como el huayno, su dieta no es propiamente criolla, etc. ¿Entonces qué?
Celendín da la impresión –para decirlo metafóricamente- de ser una colectividad caída desde arriba (¿de dónde?), o transplantada en bloque de alguna placenta gitana-judía (¿de cuál?).
¿Por qué entonces en vez de exigir a los alumnos que hagan trabajos monográficos, francamente estériles y mediocres, no se los enrumba hacia investigaciones que expliquen el origen de esta bella provincia?

Impostergable tarea
Una y otra vez hemos pasado revista a la lista de nombres de calles, plazuelas y colegios de Celendín; la conclusión es que el 40 por ciento de estos nombres resultan extraños a la conciencia cívica e inicuos al sentimiento shilico. Salvo los casos de Juan Basilio Cortegana, Pedro Ortiz Montoya, Augusto G. Gil, Marcelino Gonzáles y Arístides Merino, no hay más memoria para sus hijos. ¡Qué terrible amnesia!
Una buena gestión municipal no sólo debe abocarse a la higiene de la ciudad, sino también a la vitalidad del espíritu; y una buena manera de concretarlo es educando con la gratitud. Hay muchos celendinos que han llevado (con su arte e intelecto) a Celendín a muchas latitudes y que sus nombres deberían honrar a varias calles o instituciones. Nos viene a la memoria nombres como Armando Bazán, Alfredo Rocha, Alfonso Peláez, Julio Garrido Malaver, entre otros.

(Café al Paso. Octubre, 1997)

jueves, 8 de mayo de 2008

ARTE: Las artes plásticas en Celendín


LUMINARIAS EN EL RECUERDO

Por Jorge Horna
Pioneros y huellas
Cada pueblo, por pequeño que sea o alejado que se encuentre, siempre tiene a la mano para ofrecernos el sentir más íntimo brotado del alma. Las anécdotas, leyendas, trozos de historias, relatos orales; la música y la danza; testimonian la tradición popular.
El arte pictórico es otra faceta muy sui géneris que nos invita a buscar la esencia misma de la naturaleza terrena, humana y cultural.
Celendín ha dado al mundo pintores, cuyos cuadros primero colmaron la mirada y el espíritu de una diversidad de espectadores del poblado. Los hermanos César, Julio y Miguel Díaz Dávila transitaron por los laberintos del color. Fue este último, radicado en Trujillo, que con constancia y disciplina cautivó no sólo a los amantes de la pintura artística, sino también a la propia crítica de arte. Miguel ensayó y creó nuevas propuestas mixtas, y como muralista es conocido en todo el país.
Alfredo Rocha Zegarra nos sedujo con su paisajismo plasmado en hondas pinceladas de acuarela. Recuerdo, niño aún, que del segundo piso de la que fue (hoy destruida) casa de don Santiago Pereyra en la esquina de las calles Pardo y Dos de Mayo, salía la música de un acordeón. Subí, y en las paredes de la pequeña habitación estaban prendidas las cartulinas con las seductoras acuarelas de Alfredo. En un rincón Miguel Díaz con sus melodías mágicas, y a su lado Manuel Sánchez Aliaga. Era una exposición de pintura con fondo musical.
Con mucha calidad también, don Juan Muñoz y algunos de sus hijos, nos mostraron en su tienda taller de la calle Junín, su talento en sus cuadros y esculturas. Wilder Pereyra con sus cuadros exhibidos con mucha reserva en círculos amicales. Ciro Horna Gutiérrez, con exposiciones exitosas en Trujillo. César Chávez Tejada “Foca”, pintor pero sobre todo un gran caricaturista. Ramón Ortiz Chávez “Vrocha” está incursionando con buen pie en las “mascaricaturas”.
Particular atención requiere Jorge Chávez Silva “Charro”, por su permanente afán de recoger en sus lienzos la vida del pueblo celendino; la conjunción del espíritu comunal y el esplendor del paisaje con un halo poético. Sus obras están esparcidas en muchos hogares de nuestra tierra y otras ciudades del país.
Actualmente está en auge un grupo de jóvenes pintores que se encuentran en un proceso de búsquedas y afianzamiento artístico.

El Grupo 67
El Comité de Extensión Universitaria de San Marcos, realizó una exposición pictórica en Celendín en el mes de julio de 1967. Los cuadros se expusieron en una de las aulas del colegio “Javier Prado” (Coronel Cortegana); a este propósito contribuyó el Departamento de Artes gráficas y publicaciones de la Escuela Nacional de Bellas Artes. En el catálogo, que para la ocasión se distribuyó, están las palabras de presentación de Juan Manuel Ugarte Eléspuru, director de la Escuela de Bellas Artes en aquellos años; y contó con el auspicio de Municipalidad de Celendín.

Reproducción parcial del catálogo de la exposición de 1967, archivo de Jorge Horna.

Expusieron sus pinturas: Carlos Cruz Alva (Celendín), Eulogio de Jesús (Lima), Félix Rebolledo (Catacaos, Piura) y Fernando Torres (Lima). Todos ellos egresados de la referida Escuela, y sus cuadros pertenecían a la tendencia abstracta.
Todo lo relatado en esta crónica demuestra que, antaño, Celendín gozó de una sostenida actividad cultural, que paulatinamente se diluyó. La indiferencia de las instituciones estatales (municipio, centros de estudios secundarios y superiores), cubrió de témpanos la sensibilidad y la conciencia colectivas. Una ola ideológica de culto al individualismo y la acumulación material, en desmedro de la cultura nos reta, hoy, a buscar el contrapeso a esta situación. Celendín Pueblo Mágico asume, desde la comunidad celendina, este desafío.

Lima, mayo de 2008

jueves, 1 de mayo de 2008

CUENTO: Alfonso Peláez Bazán.

Don Alfonso fue un escritor de auténtico sabor celendíno, pocos como él trasuntan en sus cuentos ese aroma a los valles circundantes de Celendín. Sus historias tienen el rumor del Marañón, saben como la miel de sus valles y nos hacen soñar como la coca ancestral que medra en sus riberas. Leerlos es como estar en los valles calientes, escuchando al más viejo, que es dueño de la palabra, armados a la sombra del palenque de unos cacaotales. Sus personajes transitan por las abruptas montañas, entre bajadas de piedra, entre olorosos arabiscos y llegan a los arroyos que concurren a la Serpiente de Oro, en donde el calor es húmedo y flota un vaho de tierra removida, chirrian los grillos y las cigarras. Desde los naranjos caen blandamente esferas de oro y nos llega su perfume de azahar, en ese marco bellísimo, transcurren como una paradoja, hondos dramas que envuelven a sus personajes en sentimientos de angustia y tragedia que el maestro narra con maestría.
La foto que acompaña al texto es posible gracias a la colaboración de nuestro paisano, el ingeniero Luis Felipe Pita Chávez. Es del año 1940 y allí están, de izquierda a derecha: Luis Alberto, abrazando a Gardenia, Blanca Pérez, su esposa, con la pequeña Gladys, don Alfonso, apoyado en los hombros de Arturo (Che Tuto), Luis Guillermo y Malenita, la mayor, nuestra querida y recordada profesora. (N.de R.)


MAXIMINO

I

A un costado de la muy gentil ciudad de Celendín –al costado de Oriente- se alza, macizo e impávido, un cerro colosal: Jelig. Una sensación de firmeza, de aplomo se tiene al contemplarlo. Sus faldas, por lo demás, son grises y desoladas.
De la cumbre del cerro –o sea de La Fila de Jelig- puede la vista del viajero alternar entre dos grandes espectáculos: de un lado, el hermoso panorama que ofrece Celendín, con su “tablero de ajedrez”, sus pampas siempre verdes y risueñas, sus graciosas colinas y su cielo eternamente azul; y de otro, la dramática profusión de cerros de la Cordillera Central, con sus cumbres silentes y mayestáticas, sus faldas radiantes y sus hondonadas esotéricas.
Avanzando unos pasos más para el lado Oriente, como quien voltea la “fila”, aparece violentamente un nuevo espectáculo, estupendo y anonadante: la cuenca del Marañón.
El viajero se detiene como sobrecogido de espanto: a sus ojos se precipitan todos los cerros en un vértigo tremendo… Y no cree -¡cómo va a creerlo!- que por ese vértigo de cerros y abismos se desenrosque el camino, como una angustia atroz…
Pero es así, y sin remedio, habrá que seguir.

***
Repuesto un tanto, no tarda el viajero en descubrir, al otro lado del Marañón, un espléndido valle que, arrancando de la misma orilla del río, se extiende lujurioso por entre dos largos y reverberantes cerros. Es el valle de Hornopampa.
Con un ancho de dos kilómetros, en casi toda su extensión, el valle se va ocho adentro. Un río que viene de las más altas montañas –El Jaguar- le da sus aguas limpias y heladas. De un extremo a otro, el valle está cubierto de árboles frutales: naranjos, paltos, mangos, ciruelos, tamarindos, etc.
Hornopampa no es una hacienda. Ni cosa parecida. Se trata de un sinnúmero de pequeñas propiedades; unas más grandes que otras, por supuesto. Los naranjos, así como los ciruelos y los paltos, guardan todo el secreto de la vida de los hornopampinos; éstos, en efecto, no hacen otra cosa que regar sus árboles y recoger los frutos.

***
En muchos instantes la vista trata de descubrir las casas del valle, sin conseguirlo, desde luego: todas están ocultan entre grandes árboles, no siendo pocas las que están al pie mismo de frondosos mangos o tamarindos.
En esas casas, diríase misteriosas, viven extraños espectros… Naturalmente, cada uno de ellos tiene su denominación civil: Juan Rojas, Alfredo Sánchez, Nemesio Chávez, Tomás Montoya, Eusebio Marín… la poca sangre con que éstos vinieron al mundo se les fue haciendo, a través de los años, un líquido pálido, amarillento… El corazón les late ahora apenas… Son las víctimas del Stractumfilius.
A esos hombres espectros se les ve caminar por las calles de Celendín todos los sábados y domingos, lentos y sombríos, recorren la población con un alforja parda en el hombro: cuando no van ofreciendo naranjas o paltas, están haciendo sus compras.
Unas dos o tres libras de arroz chancado, pan “de a cuatro”, acaso un par de dormidos, algún remedio “de tienda”, cortes de tocuyo: es todo cuanto se puede encontrar en la alforja parda y triste de un hornopampino que está de vuelta al valle.
En el valle de Hornopampa, entre esa gente espectral, vive un hombre que es la antítesis: robusto, chaposo, ojos claros… y genio alegre. Se diría que él usurpó la salud de los otros. Tal es don Demetrio Chávez, “el zarco”.
Si un traspié del caballo no nos despide hacia el fondo de un abismo, pasaremos la noche en casa de don Demetrio Chávez.

***
De entre el matorral que bordea el angosto caminito, sale de repente la figura extraña y repulsiva de un hombre que nos ha estado esperando ahí…
Desde luego, no se trata de ninguno de los “espectros”.
Tan inopinada como extraña aparición, al mismo tiempo que nos llena de sorpresa, pone en gran peligro nuestra estabilidad de jinetes: los caballos han dado una violenta estampida y a punto estuvimos de quedar prendidos en las ramas de los guarangos…
Cuando la normalidad se restablece y vamos a pasar junto al sitio por donde apareciera el hombre, éste, que acaba de ponerse al medio del camino, nos ofrece la segunda parte del extraño percance. Abriendo una boca enorme, horrible, y dando a todo su mofletudo rostro una estrambótica expresión de dolor, descarga, que no pronuncia, una voz odiosa.
Frente a nuestro desconcierto, el hombre repite la voz una y dos veces… Al fin comprendemos que hay en ella un doble esfuerzo: fonético y sicológico.
Se trata, en efecto, de una interrogación:
-¿Doraaa?...
-¿Doraaa?...
Terminamos por comprender que estamos frente a un mudo.

***
Unas cuadras más, y estamos ya en “la tranca de don Demetrio Chávez”. Nos ve llegar un perro esquelético que está al pie de un ciruelo. Se incorpora apenas y empieza a aullar lúgubremente. El alma de los temples grita por la boca de sus perros escuálidos.
Por una esquina de la casa, aparece al instante don Demetrio, nos reconoce y viene a franquearnos la tranca. Mientras esto hace, llega el mudo, presuroso y tambaleante…
Se pone otra ves frente a nosotros.
-¿Doraaa?...
-¿Doraaa?...
Don Demetrio lo mira sonriente y bonachón, al tiempo de exclamar:
-Ah, Maximino, Maximino…

2
Aquel año escasearon como nunca las naranjas. En Celendín llegaron a venderse “a tres por diez”. Lo que es en Cajamarca, aquel año, no se vieron las famosas “balceras”
Y fue que la lluvia no descendió a Hornopampa ni en el mes de febrero.
Completar un costal de naranjas “para el viernes” era, entonces, en el valle de Hornopampa, tarea ardua y paciente. Los “espectros” tenían que subirse hasta lo más alto de los naranjos para encontrar una que otra huraña. Las mujeres se ayudaban con sus largas huicapas.
Aquel año, no hubo al pie de los árboles esas naranjas bermejas y azucaradas que se caen solas.

***
Se empinaba, daba pequeños saltitos, movía las ramas… Nada… La huicapa era corta para alcanzar hasta donde estaban, bien juntitas, tres naranjas. ¡Tres naranjas…! ¡Vale decir un real!
¿Qué hacer?... Nada, ciertamente. El tronco era grueso y llushpe además.
En tales trances estaba la más guapa y requerida de las muchachas del valle. Palpitantes y mojadas estaban ya sus carnes morenas.
Detrás de un ciruelo, alguien la estaba mirando. Mas no estará solo mirándola todo el tiempo. Decídese al fin, y de tres montaraces saltos, se pone junto al naranjo, se encarama en el grueso tronco y de cuatro "barrigadas" alcanza la primera rama... Se dobla como un simio, y en breves segundos, tiene ya a su alcance las nobles naranjas. Las desprende de una en una y las va dejando caer:
pum...
pum...
pum...
Y no fueron sólo esas. Algunas más cayeron a los pies de la morena.
Cuando el extraño y gentil personaje bajó, la sorprendida moza aproximóse a él, y en señal de agradecimiento, dióle, sonriente, una palmadita en el hombro.
Y como una risa salvaje, estúpida, se oyó al pie del naranjo...
Cargó la moza su quipe y tomó para su casa.
Pausadamente, el raro sujeto fuése por el lado de los tamarindos.
Dora se llamaba ella y Maximino el.

***

El martes de la siguiente semana, cuando Dora se fue a empezar su habitual tarea, encontró a Maximino entre las ramas del más corpulento naranjo.
Aunque con largos intervalos, la moza oía:
Pum...
Pum...
Aquel día fueron dos las palmaditas en el hombro del mudo. Y fue más franca la sonrisa de Dora.
Por su parte, Maximino trató de hacer menos ruda, menos odiosa la expresión de su alegría.

***
Y llegó otro martes.
Como de costumbre, Dora se fue tempranito por las huertas.
Cuando llegó al pie de un naranjo, recibió de pronto este mensaje:
-Doraa...
Se quedó perpleja la morena y no quiso querer, desde luego. ¿Había dicho Dora el mudo?... ¡Imposible..!
Pronto, sin embargo, llegó Dora a esta conclusión: "Se han visto tantos milagros". Y se guardó en su corazón la frase.
Y cuando Maximino estuvo en el suelo, graciosa y enternecida, Dora pasó la mano la horrible barbilla del mudo...
Y éste, más contento, repitió:
-Doraa...

***
Llegó, entre tanto, el tiempo de las paltas. El quipe de Dora se hacía cada vez más pesado.
Un día pesó tanto que hubo de cargarlo Maximino hasta la propia casa de Dora. La abuela de ésta, una viejecita ética y encogida, se llenó de sorpresa y tuvo no sé que corazonada...
Y al otro día, y al otro también, volvió a ocurrir lo mismo. Y la corazonada de la vieja se fue haciendo espina de naranjo...
Los viernes, Dora no tenía ya la molestia de aparejar su burra blanca. Y la reatada del costal, con ayuda de Maximino, era cosa facilísima.
Y los lunes por la tarde, Maximino recibía de propias manos de Dora, ya una camisa de listado bichí, ya un pañuelo chillón, y siempre, un par de dormidos...

***
Hacía mucho tiempo que un viernes por la tarde se encontró Dora con unos paseantes en la fila de Jelig. La detuvieron con gran finura y, junto a su burra blanca, le tomaron una foto. Como la naturalidad que caracteriza a los del campo, Dora sacó naranjas y se las ofreció al “fotógrafo”.
Cuando Dora tenía ya olvidado del incidente, un domingo por la tarde se le acercó un caballero de casaca y botas y galantemente, puso en sus manos tres nítidas copias de aquella estampa crepuscular.
En el “ato” de Maximino, Dora puso una para él.
-¡Dora..! ¡Dora.. ¡-exclama el mudo con extraña emoción, al ver la fotografía. Dora le adivina la intención y decide al punto premiarlo con ventaja. Se acerca, le coge la barbilla con ambas manos... y junta sus labios a los Maximino...
Y aquel lunes se quedó Maximino dormir en casa de Dora.

***
Alborotada y picante, empezó a correr a lo largo del valle la gran nueva. Era de ver cómo saltaba de una banda a otra del río. Se metía por las vueltas y hacía mil cabriolas.
Había ocurrido lo que todos esperaron y ahora, sin embargo, ya nadie quería creer: Maximino era el marido de Dora...
De la misma Dora a quien dos años atrás la quiso para esposa el hijo mayor de don Demetrio; de la misma Dora a quien un año después le propuso “sacarla” el guapo guardián del puente Chacanto, de la misma Dora, en fin, a quien últimamente le ofreció “grandes ventajas” en labioso telegrafista de Balzas.
Y por la punta de la espina de naranjo, se fueron escapando las últimas gotas del corazón de la vieja.

***
No pasó mucho tiempo, sin embargo, que la unión de Maximino y Dora perdió todo su sabor y las cosas quedaron como si nada. Es la desdicha de todas las cosas del mundo.
Y parece ser que la nueva pareja empezó a vivir bajo la égida de la fortuna.
Dios mediante, mejoró el tiempo. Las naranjas y los mangos abundaron pródiga mente. Y para los próximos carnavales, prometían como nunca los ciruelos.
El nuevo “estado” de Dora no fue, por otro lado, inconveniente para que ella misma siguiera viajando a Celendín. Ella era amiga de las mejores caseras: doña Leonor, doña Rojana, doña Conshe.
Todos los viernes muy a las cinco, salía Dora arreando su burra blanca Maximino acompañaba hasta Shucamayo y desde allí la seguía con los ojos hasta que volteaba para Choropata.
Llegar a la posada y vender su carga, todo era uno. Pero se quedaba sábado y domingo para hacer sus compras, tal como hacían todos los balceros y hornopampinos. El lunes la esperaba Maximino en el puente Chacanto.

3

Una nube de almidón y “polvos de arroz” llena la sala. De todas las cabezas, que ya no parecen tales, se desprende un fuerte olor de agua florida y cananga
Desde un rincón de la sala, una vieja concertina remata una marinera:

"Aulla, aulla, perrito,
Aulla, aulla, nomás;
Si a tu dueña la has perdido,
conmigo la encontraras".

Al mismo tiempo, se oyen por toda la sala voces estruendosas:
-¡Eso… eso, Luzmila!
-¡Quiébrale… quiébrale, Isabel!
-¡Así… así, colpacuchina mentirosa!
-¡Ayayay, palomita del temple!
-¡Quieto, negro!
Doña Rojana se apresura a llenar los vasos y vaya que los llena de verdad. Ella anunció hace rato que chicha habría para toda la semana. ¡Y qué chicha!
-¡Salud, Adelaida! ¡Salud, comadre Rojana ¡Chupemos, chupemos todos! ¡Todos cantan, todos beben en carnavales!
-¡Bravo, bravo! ¡Viva la fiesta!
-¡Si! ¡Salud, compadre Rebuco! ¡Salud, grandísimas…!
-¡Salud!
-¡Salud!
-¡Salud!
A esta altura, cuando la vieja concertina prepara la “segunda”, irrumpe en el patio de la casa otra cuadrilla de jugadores. Todos cantan acompañados de acordeón y guitarra:

“ya llega carnavalito,
siluló,
por la cuesta de Llanguat,
guailuló
trayendo yucas y miel,
siluló,
por la cuesta de Llanguat,
guailuló”

-¡Virgen del Carmen, Patrona de Celendín! ¡Son decentes! -exclama una muchacha, al mismo tiempo que se arregla graciosamente el cabello y la blusa.
-¡Adelante! ¡Adelante, caballeros!- grita enardecida y orgullosa doña Rojana.
En la sala se produce una barahunda endiablada.
-¡Vamos, maestro Venancio, tóquenos ahora un vals, pero de esos que lo ponen a uno sobre las nubes... -manda uno de los “decentes”.
-Un momento, don Hermógenes… ¡Primero un vaso de chicha! - impone doña Rojana.
Todos aplauden a la dueña de casa.
Luego el maestro Venancio y su acompañante ejecutan el vals requerido, aunque no es precisamente “sobre las nube”...

“Olas que el viento arrebata
sobre el inmenso mar...”

Y entre brindis, valses, chilalitos y marineras, se prolongó la fiesta hasta las cinco de la madrugada.
Por la calle pícarona de Ciracucho, se fue apagando la voz de la concertina trasnochada...

“Las mujeres son
como el algodón...”

***
Y aquel lunes de carnaval, en vano esperó Maximino en el puente Chacanto. En vano inquirió de los más retrasados:
- ¿Doraaa?...
- ¿Doraaa?...
Tres días después se vio por las calles de Celendín la figura chocante, infortunada de Maximino.
Con su única palabra -que fue primero maravilla y luego angustia- importunó a todos los transeúntes.
- ¿Doraaa?...
- ¿Doraaa?...
Cuando llegó a la posada de doña Rojana, tras muchas horas de tambalear por calles y plazas su infortunio, alguien trató de darle a entender que Dora se había ido para tierras lejanas, de donde, seguramente, no volvería jamás.
Poco debió entender Maximino, pero ello es que tornó de nuevo para la cuenca. Con su trote pesado, paquidérmico, se le vio perderse por la travesía de La Tranca.
Divertida y cruel, circulaba ya a lo largo del valle la nueva. Todas sabían que Dora habíase ido para la costa con un faite de Llallán.
Muchos días estuvo Maximino plantado en el puente Chacanto.
Después, empezó a salir por todos los caminos, con su tremenda palabra:
- ¿Doraaa?...

4

-¿Pero es posible, don Demetrio?...
-Si, señor: 25 años, nada menos. Y, ya de usted, el mudo pregunta por Dora como si ayer nomás hubiera sido... El no hace otra cosa que salir por los caminos y sorprender a los viajeros: “¿Doraaa?... Y cuando alguien le dice: “Por ahí viene”, se echa a correr como un animal... Esa es su vida, señor.
-¿Y Dora?...
-Nadie en el valle ha vuelto a saber de ella... sin embargo, podemos decir que Dora vive entre nosotros... por obra y gracia de Maximino...
-Así es, en verdad, don Demetrio. El milagro lo ha hecho Maximino con su extraña capacidad para el dolor... y para la esperanza...
Luego de un breve silencio, don Demetrio nos propone ir a dormir. El no sabe que el poco tiempo que queda de la noche será para pensar en el drama absurdo el grotesco.

*******
Dormidos : Bizcocho de elaboración especial, propio de Celendín.
Temple : Valle de clima cálido
Huicapa : Vara larga con un gancho en uno de sus extremos que se utiliza para desprender las frutas. Denomínase cape en otros lugares de la provincia.
Llushpe : Suave, liso, resbaloso.
Quipe : Bulto o atado que se carga a la espalda

jueves, 17 de abril de 2008

MEMORIA: Abril, mes de la Letras


CARLOS OQUENDO DE AMAT

Por Jorge Horna
Este genial poeta que nació en Puno el 17 de abril de 1905, escribió un solo libro: “5 Metros de Poemas”, que está editado como una cinta larga y con dobleces a manera de un acordeón, al desplegarlo precisamente mide 5 metros. En las páginas iniciales el autor nos invita a la lectura con estas palabras: “abra el libro como quien pela una fruta”.

Carlos Oquendo de Amat fue poeta vanguardista y, también, de los lares.

CAMPO
El paisaje salía de tu voz
y las nubes dormían en la yema de tus dedos
De tus ojos cintas de alegría colgaron
la mañana
Tus vestidos
Encendieron las hojas de los árboles
En el tren lejano iba sentada
la nostalgia
Y el campo volteaba la cara a la ciudad.

El médico Carlos Belisario Oquendo Álvarez fue su padre que en simultáneo al ejercicio de su profesión fundó en Puno el periódico “El siglo” desde donde difundió sus ideas liberales: la libertad de culto, los avances científicos, la lucha contra la explotación del indio. La burocracia conservadora y el clero intolerante puneños obligaron al médico y su familia a marchar al exilio. La madre del poeta fue doña Zoraida Amat Machicao, descendiente de una ilustre familia de Moho.

Disfrutemos el siguiente poema de amor filial:

MADRE
Tu nombre viene lento como las músicas humildes
y de tus manos vuelan palomas blancas
Mi recuerdo te viste siempre de blanco
como un recreo de niños que los hombres miran desde aquí
distante
Un cielo muere en tus brazos y otro nace en tu ternura
A tu lado el cariño se abre como una flor cuando pienso
Entre ti y el horizonte
mi palabra está primitiva como la lluvia o como los himnos
Porque ante ti callan las rosas y la canción.

En 1908, cuando Carlos Oquendo tenía tres años de edad, con su familia llega a Lima; concluye su educación primaria en una escuela fiscal y en 1917 prosigue sus estudios en el colegio Nuestra Señora de Guadalupe; al año siguiente muere su padre. Termina su instrucción secundaria en 1921.
Luego se matricula en la Facultad de letras de la Universidad Nacional de San Marcos. Frecuenta círculos académicos y grupos culturales y artísticos. En 1927, Oquendo de Amat publica su extraordinario libro “5 Metros…”

5 Metros de Poemas, primera edición.

POEMA
Para ti
tengo impresa una sonrisa en papel japón
Mírame
que haces crecer la yerba de los prados
Mujer
mapa de música claro de río fiesta de fruta
En tu ventana
cuelgan enredaderas de los volantes de los automóviles
y los expendedores disminuyen el precio de sus mercancías
d é j a m e q u e b e s e t u voz
Tu voz
QUE CANTA EN TODAS LAS RAMAS DE LA MAÑANA.

Fue amigo de José Carlos Mariátegui, y en la revista “Amauta” aparecieron algunos de sus poemas. Se afilia al recientemente fundado Partido Socialista. Según el investigador Rodolfo Milla, por esos años Oquendo de Amat conoce y se vincula amicalmente con el escritor y político celendino Armando Bazán; también tuvo amistad con el entonces joven escritor huauqueño (Sucre –Celendín) Nazario Chávez Aliaga.
Por su militancia y activismo político Carlos Oquendo de Amat fue deportado a Panamá, donde su salud se quebranta. En 1936 llega a España, pero la tuberculosis acaba con su vida el 6 de marzo de ese año, antes del inicio de la Guerra Civil española y cono solo 30 años de edad.
Por su libro “5 Metros de Poemas” Oquendo de Amat está considerado como el escritor vanguardista más destacado del Perú y uno de los más importantes de América.

ALDEANITA
Aldeanita de seda
ataré mi corazón
como una cinta a tus trenzas
Porque en una mañanita de cartón
(a este buen aventurero de emociones)
Le diste el vaso de agua de tu cuerpo
y los dos reales de tus ojos nuevos.

lunes, 14 de abril de 2008

PUBLICACIONES: Personajes de la Historia Sucrense.

Los amigos sucrenses Olindo Aliaga Rojas y Gutemberg Aliaga Zegarra han escrito un hermoso libro al alimón, se trata de “Personajes de la Historia Sucrense”, que estamos seguros, será un aporte valiosísimo a la cultura celendina y peruana. En él reseñan de manera documentada las biografías de 47 personajes que han hecho la historia de un pueblo singular como el sucrense, depositario y creador de una cultura muy sui géneris aún dentro del ámbito de un pueblo singular como es el de la provincia de Celendín.

Felicitamos a los amigos Lindo y Guto por este esfuerzo que en realidad vale la pena leerlo porque los personajes antologados nos dejarán una lección de identidad con nuestra patria chica en este momento que vemos como, poco a poco, la historia y la personalidad de nuestros pueblos se empieza a desmoronar y el polvo del olvido cubre a los personajes genuinos que hicieron la historia. Mantenerlos en la memoria viva es un esfuerzo valedero porque “Ay de los pueblos que olvidan su historia”, como decía el Amauta.

viernes, 11 de abril de 2008

CRONICAS: El Inca Garcilaso de la Vega

CRONICAS: Continuamos en este mes de abril rindiendo homenaje a los escritores peruanos fundadores de nuestra tradición literaria. En esta ocasión ocupa el pedestal de las letras el Inca Garcilaso de la Vega que en sus libros “Los Comentarios Reales” y “La Florida del Inca”, publicados en 1609 y 1617, y en 1605, respectivamente, nos ilustra sobre el acontecer de toda una época: los vestigios del Incanato en contraste con la invasión hispánica, desde una perspectiva dual. Es decir, el Inca Garcilaso de la Vega asume la historia de su ascendencia y heredad aborigen y la transculturación española, como temática de su escritura. (J. H.)


"El Inca Garcilaso de la Vega", óleo de Francisco Gonzáles Gamarra

El INCA GARCILASO DE LA VEGA

Por Danilo Sánchez Lihón
(Extraído del blog
Instituto del Libro y la Lectura del Perú)

Mestizaje e identidad

El Inca Garcilaso de la Vega nació el 12 de abril de 1539 en el Cuzco, capital del imperio del Tahuantinsuyo, en el Perú, y murió el 23 de abril de 1616 en Córdoba, España.

En vida fue admirado unánimemente y se dijo de él: "Príncipe de los escritores del nuevo mundo". Y después: "El americano más insigne de la colonia". Alternó con Luis de Góngora y con don Miguel de Cervantes, con quienes mantuvo mutua estimación.

El significado actual de su vida y de su obra es inmenso no solo porque hace viva la grandeza del imperio de los incas sino porque en el reclamo de una humanidad al borde del colapso y que se debate en una encrucijada, su evocación alcanza a constituir un referente y un paradigma para buscar y encontrar nuevos caminos y atajos y ellos son fundar una sociedad sobre nuevos y recientes valores.

En ella cobran vigencia los principios andinos y resalta la ejemplaridad del modelo social que forjaron los incas. Tomando en cuenta lo que ellos pusieron en uso, es cómo solucionaremos los problemas del presente, en aspectos como la sana cultura alimentaria, la previsión social, el cuidado y respeto del bien común, el cuidado del medio ambiente.

Y es que, con la irrupción española, consecuencia del proceso de conquista, se destruyó un orden admirable que Garcilaso revive y reconstruye, al ser educado por los amautas cusqueños, quienes, no exentos de tristeza, acababan su conversación en llanto diciendo: "Trocóse el reinar en vasallaje".

Con él se da inicio a una nueva etapa en el proceso de la identidad en nuestro continente, considerándosele en este proceso como el primer mestizo espiritual de América.


Los incas gobernaron a su pueblo

Hay múltiples facetas en las cuales el Inca Garcilaso de la Vega es paradigma: como cuando nos plantea el problema vasto y hondo de la identidad. Y del mestizaje, tan visible y conturbado.

Y otro más palmario, hasta el punto de ser desgarramiento en el presente, cual es el ser migrante; aquél que se aleja de su tierra para vivir en otra ajena, evocando sin descanso su lar de origen, con nostalgia que oprime, con tristeza que agobia y tendiendo quizá hasta los brazos en dirección del hogar nativo, anhelando en el alma siempre volver.
Él intentó el regreso el año 1563. No lo cumplió en efectivo, pero sí lo hizo escribiendo, sublimando así un retorno que cada vez se fue aplazando más y más hasta el infinito.

Su obra es clave para el presente, a fin de obrar sobre la realidad con aquellos valores que sólo el Perú alcanzó a realizar en el mundo: el de una sociedad solidaria y fraterna.

Esto fue tan conmovedor comprobarlo incluso por quienes lo avasallaron, que en el testamento subrepticio de un soldado de la conquista del Perú encontramos este apunte que debe ser un ideario de lo que hay que restituir, así como preceptos para una autoridad o un gobernante genuino del presente que quisiera erigirse sobre los despojos y refundar aquí aquella utopía. Aquel soldado al hacer una reflexión sobre la cultura y la sociedad que ellos lamentablemente destruyeron, anota en su legajo final:

"Los incas gobernaron a sus pueblos de tal manera que no había ni un ladrón, ni un hombre vicioso, ni una mujer adúltera o de mala vida".

La escuela del triunfo
Pero la reflexión más significativa que nos plantean estos acontecimientos históricos y estas figuras precursoras, es sobre dos temas de enorme vigencia cuales son el del mestizaje y el de la identidad; fundamentos acerca de los cuales el Inca Garcilaso de la Vega y Túpac Amaru constituyen símbolos egregios.
El levantamiento de Túpac Amaru se hizo reivindicando a todas las razas y dicha sublevación fue para afirmar el derecho y el deber que tenía la gente originaria de este suelo a gobernarse por sí misma.

Túpac Amaru y Garcilaso nos enseñan lo que debemos ser y tener: lo primero, es un saber ser mestizos y, segundo, un saber tener identidad; mestizaje que en vez de ser una desventaja es una gran virtud, pues supone ser y contener la mayor riqueza biológica y cultural.

El maestro mexicano José Vasconcelos proclamó el mestizaje como "raza cósmica"; es decir: fuerte, colosal, poderosa; que cohesionaba a los pueblos, símbolo de la igualdad, de la democracia y de la fe en el futuro del hombre.

Pero, además de saber quiénes somos, hay que identificarnos con aquello que debemos seguir siendo por imperativo moral; es decir, asumir nuestro destino, defenderlo y quererlo, que es lo que nos enseñan Túpac Amaru y el Inca Garcilaso, quienes al decir de Don Jorge Basadre:


"Hicieron de la negación y el fracaso, la escuela del triunfo".

martes, 1 de abril de 2008

CARTA: Alfredo Pita, al Ministro del Interior

Amigos periodistas y comunicadores:
Los silenciamientos son algo a que estamos ampliamente acostumbrados los peruanos, pero felizmente ahora es posible intentar romper los cercos.
Les repito abajo una carta que envié al Ministro del Interior por el encarcelamiento injusto y criminal de la estudiante y poeta Melissa Patiño.
Nunca me he callado en el pasado y no pienso hacerlo ahora.
Gracias, los saluda,

Alfredo Pita
Escritor y periodista

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Ver su blog: Honda Lejana
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CARTA AL MINISTRO DEL INTERIOR

París, 30 de marzo de 2008
Señor Ministro del Interior:
Desde hace más de un mes, la joven estudiante y poeta Melissa Patiño se encuentra en la cárcel acusada vagamente de planear complots contra la seguridad de las cumbres diversas que este año van a realizarse en el Perú y también, al parecer, contra el orden democrático y la seguridad del Estado.
Las autoridades que han ordenado su detención, y me dirijo en primer lugar a usted, señor Ministro del Interior, no han aportado al conocimiento de la opinión pública la menor prueba que justifique el tratamiento que está recibiendo Melissa Patiño, quien está actualmente, me informan, en un pabellón para delincuentes comunes.
Esto es inaceptable, pues todo parece indicar que las acusaciones contra ella no pasan de ser un delirio exagerado, además de una flagrante violación de los más elementales derechos humanos.
Las autoridades del Perú, junto con velar por el respeto de los derechos humanos, deberían proteger la imagen que dan del país y ésta no gana encarcelando, sin pruebas, a poetas casi adolescentes.
Hoy tenemos que, en el Perú, se puede encarcelar a alguien por más de un mes sin más razones que vagas sospechas. Se acusa de terrorismo a alguien que no pasaría de ser una joven idealista con suerte (o mala suerte, según como se vea). Según sus propias explicaciones de joven estudiante, su viaje a Ecuador habría sido más fruto del azar que un deliberado empeño de ir a una cita política, puesto que ni siquiera milita.
En todo caso, el tener ideas determinadas, el acudir a eventos culturales, e incluso políticos, ¿es ahora un delito en el Perú? No quisiera generalizar, pero este tipo de excesos se emparentan extrañamente con el macartismo, y, si permitimos que esto prolifere en el país, mañana nadie estará a salvo de la caza de brujas.
Libertad para la estudiante y poeta Melissa Patiño.

Alfredo Pita
Escritor y periodista
Dni 06519037
alfil01@gmail.com

POESÍA: Abril, mes de las letras

El blog Espina de Maram se propone rendir homenaje en este otoñal abril a quienes con su pluma, su vida y sus sueños, nos legaron esencias que nutren nuestro pensamiento y espíritu, y nos impulsan a continuar en la lucha por la lectura.

CÉSAR ABRAHAM VALLEJO MENDOZA

Por Jorge Horna
El 15 de abril de 1938 fallece en París (Francia) el gran poeta universal, compatriota nuestro, César Vallejo, a la edad de 46 años.
Murió con la palabra en ristre hecha poesía, discurso comprometido con la sociedad, protagonista de los acontecimientos revolucionarios suscitados en su tiempo. Palabra y acción que lo dignifican como paradigma humano.
Mucha tinta sigue vertiéndose para abordar la vida y la obra de César Abraham Vallejo Mendoza.
Hay un hecho que marcó su sensible ser: cuando él en sus continuos retornos a Santiago de Chuco, donde nació el 16 de marzo de 1892, fue víctima de la infamia, acusado de la autoría intelectual del incendio que se produjo en la propiedad de uno de los acaudalados de la localidad santiagochuquina.
Sus perseguidores, a sabiendas de la inocencia del poeta, se empecinaron hasta confinarlo durante casi cuatro meses en la cárcel de Trujillo (noviembre de 1920). Cuando la preocupación y posterior presión de escritores trujillanos, limeños, puneños, chiclayanos; estudiantes universitarios y amigos se hizo sentir, entonces fue liberado (febrero 1921). Sin embargo, el tormento continuó.
Cuando Vallejo se traslada a Lima, fue “notificado” reiteradamente por el mismo aberrante asunto por la torpeza y sadismo de algún juececillo, pues el “caso” aún no se había cerrado. Esta es una de las razones que influyeron para que el poeta decidiera marcharse a Europa (1923). Incluso estando en Francia seguían aquellas “notificaciones”.
El Estado peruano, el Poder Judicial, tiene pendiente con César Vallejo, sus descendientes y la intelectualidad popular, las disculpas públicas.
En Europa César vallejo se desplaza por varios países: España, en distintos años, donde se adhiere a la lucha de los patriotas españoles republicanos que combatían con las ideas y las armas contra las hordas fascistas.
Lee y estudia las obras de Carlos Marx, abraza el socialismo, y en 1928 y 1929 viaja a Rusia, acompañado por su compañera Georgette Phillippart; en ese país es impactado por las grandes realizaciones del primigenio sistema socialista soviético. Escribe su obra “Reflexiones al pie del Kremlin”.
Fue en París donde el vate realizó la más intensa actividad literaria e intelectual. Dentro de su vasta producción (ensayos, artículos periodísticos, novelas, cuentos, dramas teatrales), cuatro son los poemarios en los que Vallejo expone su dolor, la angustia de la humanidad: “Los heraldos negros”, “Trilce”, “Poemas humanos”, “España aparte de mí este cáliz”.



M A S A

Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: “No mueras, te amo tanto!”
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Se le acercaron dos y repitiéronle:
“No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!”
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
Clamando: “Tanto amor y no poder nada contra la muerte!”
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: “¡Quédate hermano!”
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Entonces, todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echóse a andar…
(De: “España aparta de mí este cáliz”)


Poema LXV
(Fragmento)

Madre, me voy mañana a Santiago,
a mojarme en tu bendición y en tu llanto.
Acomodando estoy mis desengaños y el rosado
de llaga de mis falsos trajines.

Me esperará tu arco de asombro,
las tonsuradas columnas de tus ansias
que se acaban la vida. Me esperará el patio,
el corredor de abajo con sus tondos y repulgos
de fiesta. Me esperará mi sillón ayo,
aquel buen quijarudo trasto de dinástico
cuero, que para no más rezongando a las nalgas
tataranietas, de correa a correuela.


Poema XVIII
(Fragmento)

Oh las cuatro paredes de la celda.
Ah las cuatro paredes albicantes
que sin remedio dan al mismo número.

Criadero de nervios, mala brecha,
por sus cuatro rincones cómo arranca
las diarias aherrojadas extremidades.

Amorosa llavera de innumerables llaves.
si estuvieras aquí, si vieras hasta
qué horas son cuatro estas paredes.
Contra ellas seríamos contigo, los dos,
más dos que nunca. Y ni lloraras,
di, libertadora!
(De: “Trilce”)


IDILIO MUERTO

Qué estará haciendo esta hora mi andina y dulce Rita
de junco y capulí;
ahora que me asfixia Bizancio, y que dormita
la sangre, como flojo cognac, dentro de mí.

Dónde estarán sus manos que en actitud contrita
planchaban en las tardes blancuras por venir;
ahora, en esta lluvia que me quita
las ganas de vivir.

Qué será de su falda de franela; de sus
afanes; de su andar;
de su sabor a cañas de mayo del lugar.

Ha de estarse a la puerta mirando algún celaje,
y al fin dirá temblando: “Que frío hay… Jesús!”.
Y llorará en las tejas un pájaro salvaje.
(De: “Los heraldos Negros”)


PIEDRA NEGRA SOBRE
UNA PIEDRA BLANCA

Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París –y no me corro-
talvez un jueves, como es hoy, de otoño.

Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
estos versos, los húmeros me he puesto
a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,
con todo mi camino, a verme solo.

César Vallejo ha muerto, le pegaban
todos sin que él les haga nada;
le daban duro con un palo y duro

también con una soga; son testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los caminos…
(De: “Poemas humanos”)

domingo, 23 de marzo de 2008

PRENSA: ¿Se acuerdan de “EL GOLPE”?

Por Jorge Horna
Algunos celendinos y ciudadanos forasteros que trabajaron "de paso" en nuestro pueblo y ejercieron cargos en diferentes instituciones locales, se acordarán de los “porrazos” recibidos desde el Semanario Informativo Crítico “El Golpe”.
Esta publicación semanal, en efecto, estuvo muy atenta para denunciar –en la sección “Chocolate celendino caliente y espumoso”– los dislates, yerros, incapacidades y abusos que funcionarios (municipales, de educación, policiales, de salud, etcétera) cometían desde su posición de poder, haciendo mella en la dignidad de gente indefensa o de la comunidad en su conjunto. Su empeño pionero desgraciadamente no tuvo herederos. Bueno, hasta el surgimiento de CPM...

Honor a nuestro ancestro...
“El Golpe” sólo llegó a los 10 números (del 7 de abril al 16 de julio de 1967); su precio era de un sol cincuenta centavos y la impresión se hacía en alguna imprenta de la ciudad de Cajamarca. Fueron profesores de la Escuela primaria No. 85 (hoy 82391), quienes asumieron la responsabilidad cívica, ciudadana, social, y el sueño quijotesco de dirigir el semanario.
Directorio: Marcial Castañeda (sólo en la edición de los 2 primeros números, luego renunció), César Linares Quiroz, José Chávez Tejada, Augusto Ortiz Chávez.
Jefes de redacción: Manuel Sánchez Aliaga, Aníbal Rodríguez Marín.
Jefe de publicidad: Antonio Rojas Failoc
Jefe de Administración: Felipe Chávez Tejada.
Las “autoridades” incómodas por las críticas y cuestionamientos y reacias a enmendar rumbos, hicieron causa común y no cejaron hasta impedir la circulación de semanario “El Golpe”. Los miembros del Directorio fueron citados y veladamente acosados y amenazados por el Subprefecto, luego por el Supervisor de educación, e incluso, por el Jefe de la PIP (Policía de Investigaciones) de entonces. En las páginas de la publicación constan estos hechos.
Así se produjo la censura y posterior clausura de aquel valiente semanario celendino.
De haber existido hasta hoy, con contundencia, “El Golpe” estaría exponiendo sus opiniones para despertar y hacer tomar conciencia sobre la exigencia y vigilancia protectora del medio ambiente en Celendín, ante la inminente explotación de minerales por la empresa Yanacocha en La Conga de Huasmín-Sorochuco, que en nombre del progreso y el desarrollo, destruirá la fisonomía de nuestros paisajes naturales, convirtiendolos en páramo improductivo.
Nuestra tierra, nuestro aire y nuestra agua serán contaminados, se afectará nuestro ecosistema, con la secuela de males sociales que ello acarreará. Y ¿a cambio de qué? De miserables mendrugos.

Lima, 23 de marzo de 2008

martes, 18 de marzo de 2008

PERSONAJES: Alfonso Peláez Bazán

HOMENAJE: En el presente artículo hay, más allá de una muestra ejemplar de ternura y cariño filiales, una semblanza y una aproximación a la filosofía vital de un gran escritor peruano, de un personaje valioso para la intelectualidad celendina en el contexto de la literatura y la cultura. (N. de la R.)


ALFONSO PELÁEZ BAZÁN

Por Luis Alberto Peláez Pérez
Murió humilde y silenciosamente, como había vivido, con dignidad, sin aferrarse a la vida, llevándose tan sólo la imborrable imagen de su tierra querida, junto al amor de todos sus hijos.

Don Alfonso Peláez Bazán - tercero de los que están de pie, de izquierda a derecha- junto con la plana de profesores del Colegio Celendín, en 1938 (Foto cortesía del profesor Rubil Escalante García).

Quienes hayan leído con detenimiento ese hermoso e inigualable cuento que ha perennizado su nombre en la literatura latinoamericana –QUERENCIA-, deben de haber descubierto que su autor se retrató en el personaje central del relato, el humilde y pertinaz “mohíno” de don Juan Chalcahuana, el “ínclito volvedor”.
Sus alumnos le recuerdan con afecto y admiración. Él les enseñó con el ejemplo dos actitudes humanas sencillas: amar al terruño y vivir con humildad. Y les enseñó que conquistar la humildad y vivir conforme a ella, es uno de los más grandes logros del hombre y tal vez el mejor camino en pos de la belleza.
No recuerdo a mi padre buscando un estatus que le diera holgura material, tampoco envidiando los éxitos de los demás, menos simulando una condición de la que careciera. Era verdaderamente, en el más exacto y elevado sentido de la expresión, un artista excepcional, un ilustre humilde.
Esa condición humana, asumida con convicción de su trascendencia, también le llevó a humanizar, a convertir en personajes humanos de su narrativa a los animales, colocándolos al centro de un mundo bucólico reflejo de ese otro que él había escogido en reemplazo de las urbes esplendorosas que otro celendino, Armando Bazán, gemelo espiritual suyo, escogió para realizarse como escritor.
Y así, el burro “Mohíno”, “Truhán” y el “Toro Bayo” –un burro querencioso, un perro inconforme y vagabundo y un toro “paradigma de una eglógica heroicidad”- se convierten en tres expresiones de su propia dimensión esencial.
Muchos se preguntan: ¿cómo puede este destacado hombre de letras, escritor de prestigio internacional, resignarse a vivir en pueblo pequeño, demasiado quedo y sencillo? ¿Quedarse a vivir en él haciendo las cosas más comunes y hasta tribales y mundanas : caminar incansablemente, libro bajo el brazo, por los caminos de su campiña sin par; sentarse en su plaza principal, horas y horas sin hacer nada visible, dejando viajar a su espíritu por lontananza; jugar noches enteras a las cartas con las gentes más sencillas pero más humanas de su pueblo; dialogar intensamente con personajes extraños o desvalidos, mirándoles a los ojos; seguir de cerca la travesía humana y espiritual de sus jóvenes alumnos; criticar aceradamente la incuria y la insensibilidad de algunas autoridades pueblerinas…?
A esas personas que así se interrogaban, yo puedo decirles que leyendo sus cuentos y narraciones encontrarán la respuesta a su inquietud. Podrán, por ejemplo, descubrir que el escritor es el más esforzado y sufrido trabajador del espíritu en su empeño por crear la belleza.
Sólo viviendo así se podía producir un cuento como QUERENCIA, que ha dado la vuelta al mundo y figura en las más exigentes antologías de la narrativa de habla castellana, con traducciones en varios idiomas; pues en ese cuento el escritor volcó toda su filosofía de vida, su arte y su amor.
El mohíno, “el ínclito volvedor” de la choza de don Juan Chalcahuana, es nada menos que el mismísimo creador que sólo se aleja transitoriamente del terruño amado y retorna a él porfiadamente atraído por la fuerza telúrica, el paisaje, las gentes que conocía, sus costumbres, su modo de vivir… Nada hay que se le pueda apartar definitivamente de esa suerte de paraíso que descubrió para dar entorno y sustento a su vida y a su estro narrativo.
Como el “mohíno” de su cuento QUERENCIA, nunca dejó que le apartaran de Celendín y murió en él queda, tranquila y humildemente. Sin duda, el día que alguien se decida a escribir la historia de este pueblo, reconocerá en el malogrado escritor al personaje más auténtico y representativo de Celendín.
Esta semblanza aconsejada por el amor filial, tal vez no sería completa si olvidara recordar uno de sus gestos característicos, en el aula o en la calle: el deliberado desaliño de su cabellera, desaliño promovido intencionadamente y a despecho de quienes le observaran; el desaliño que perenniza un gesto contrario a la formalidad habitual de las gentes; un gesto que no era otra cosa que una forma sencilla pero simbólica de protesta contra la fatua formalidad. La sensibilidad de sus alumnos lo había descubierto y consideran hasta ahora ese gesto como un símbolo de insondable personalidad.
He recordado en estas líneas, con amor y gratitud, a mi padre y maestro de vida.

(Tomado de “El Trotamundos”, revista de la Asociación Celendina, No.4. Lima 1996)

martes, 11 de marzo de 2008

ARTE: Entrevista a "Charro”

En la revista “El Shilico” No. 2, editada en Lima en 1987, se publicó una entrevista al pintor, narrador y promotor cultural Jorge Chávez Silva, conocido amplia y cariñosamente como “CHARRO”. Hoy la entregamos a nuestras lectoras y lectores, para contribuir a conocer las motivaciones que han forjado y enriquecido la sensibilidad del artista.

(N.de R.)

-Cuéntanos algo de tus inicios como artista.

Bueno, es un axioma que el artista es nato, tener inclinaciones pictóricas, y nacer en Celendín es un sino artístico del cual difícilmente se puede escapar. Mis primeros dibujos los hice con carbón de plancha en las veredas de mi pueblo; mi padre era sastre y siempre había un carbón a la mano. Por otro lado, Celendín tiene una sutil riqueza pictórica como que cada retazo de su comarca es un óleo y su gente noble y trabajadora siempre fueron motivo de un hondo sentimiento para mí. Puedo decir que crecí desde el color.

-¿Qué significa Celendín como motivación en tu pintura?

Celendín es para mí una herida abierta en la que el tiempo hurga en vez de cerrar. Es una nostalgia que aumenta con los días. Es una presencia subjetiva que establece una especie de medida para comparar el mundo que nos rodea. Creo que todos los artistas andinos que vivimos de alguna manera exiliados en la capital sienten lo mismo que yo.

-¿En que corriente está encuadrada tu plástica?

Soy un pintor autodidacta. Académicamente hablando no creo estar inmerso en algún ismo; hago una pintura sincera, evocadora de lo nuestro, de sus valores esenciales, no aparenciales, cuidando de no caer en el pintoresquismo folclórico que sólo tiene un valor turístico; en suma se trata de no hacer un arte “kitch”, que falsea los valores en esencia

-Dinos algo acerca de tus tauromaquias.

El toreo es un arte tan bello y tan efímero que bien merece perennizarse en un lienzo; como buen shilico soy muy aficionado a la fiesta brava que en mi concepto es una explosión de luz y color. En nuestro pueblo la fiesta tiene un sabor especial producto de nuestra raigambre ibérica y su plaza ha sido una de las más reputadas después de Acho; desgraciadamente en los últimos años las cosas no se han hecho bien y hoy con pena debemos comprobar que estamos perdiendo terreno frente a otras provincias del departamento que sí están tomando en serio a las corridas de toros, con diestros de verdad y con toros de edad y peso reglamentarios.

-¿Practicas otro tipo de arte?

Creo que el artista debe explorar todas las técnicas y materiales a fin de que pueda encontrar la que más viene a sus posibilidades de expresión, personalmente hago óleo, acuarela, dibujos a lápiz, caricaturas, etc. Creo que es el óleo donde me encuentro más a gusto.

-¿Cuáles son los artistas que de alguna manera han influido en tu arte?

Indudablemente que José Sabogal es una personalidad que revoluciona la pintura nacional en el presente siglo (S. XX) y su influencia, aunque indirectamente caló muy hondo en mí, a parte el maestro cajamarquino Mario Arteaga y nuestro entrañable Alfredo Rocha, a quien siendo más cercano por haberlo tratado en sus últimos años en Celendín. En la actualidad creo que falta encauzamiento de los nuevos valores. No creo que la cantera celendina, tan pródiga en artistas, se haya agotado; sé que en Cajamarca se ha creado una Escuela de Arte en la que labora Miguel Angel Díaz Dávila, grato amigo y maestro cuya calidad dará mucho que hablar en breve. Creo que su influencia será decisiva en la niñez y juventud de nuestro Celendín.

-¿Por qué utilizas el seudónimo de “Charro”?

Es un apodo heredado de mi padre. La gente me identifica así con más facilidad, por eso lo adopté como seudónimo y es en gran parte un homenaje a mi padre que también fue un artista.

-¿Qué sientes cuando vuelves a tu pueblo de Celendín?

Siento la fluidez de color que emana de mi Celendín, luminosos blancos de las paredes, rojo cansado de los techos, azules grises, violetas, etc. que quisiera ver volcados en mi paleta. También siento el cálido amor familiar y la alegría fraterna de los amigos llenos de cordialidad y de quienes no menciono sus nombres para no caer en lamentables omisiones.

( De:“El Shilico” No. 2, noviembre-diciembre, 1987)

jueves, 6 de marzo de 2008

NARRATIVA: Antonieta Inga del Cuadro

El siguiente cuento está ambientado en la zona rural del caserío de Taguán (Celendín) y tiene como argumento hechos reales. Fue presentado a los Juegos Florales Universitarios de San Marcos el año 1960, organizados por la Asociación Internacional de Estudiantes Universitarios. La autora fue galardonada con el Primer puesto, además de alentadores comentarios de los profesores universitarios de entonces. (Jorge Horna.)

LAGUNA SECA


Por Antonieta Inga del Cuadro *



La rojiza luz del pequeño fogón va y viene, alargando y acortando su muriente llama, retorciéndose y luchando dolorosamente por sobrevivir al azote del viento y de la lluvia que ya empieza a caer. Por fin, con un esfuerzo supremo se yergue y hace venias aquí y allá; pero las sombras van desfilando detrás de la casa, las siluetas de los montes y de las enormes piedras van encarnando sus personajes nocturnos, y ya es muy tarde para seguir soplando tranquilamente las brasas sin que los ojos se quejen. Son las cinco de la tarde. Y en aquel banco, junto al fogón, uno se puede quedar inmóvil; aunque la oscuridad, el silencio, la noche y el viento nos digan a una voz que alguien se nos acerca por detrás.

Da miedo volver la cabeza en cualquier dirección: a lo lejos, la oscuridad de la noche que se acerca, el silencio y la ausencia; junto a mí, el calor que ya se extingue por los hilillos del humo que surgen del fogón; en mí, el alma oprimida por aquella tristeza, tristeza toda: tan sola, tan fría, tan indiferente y tan llena de misterios.

Pero no puedo seguir mirando fijamente la pared de aquella casa, de aquella Escuela, a la que al siguiente día, y al otro día y a otros más, visitarán los niños. De repente el vuelo de aquel pájaro negro me saca del sopor en que me encuentro, y no sé si por miedo o por curiosidad sigo su vuelo… Había de seguirlo para recordar que detrás, a no muchos pasos de mí, se encontraban unas cuantas cruces, y unas porciones abultadas de tierra dura, por lo que se podría bautizar de Cementerio aquel paraje.

Mas, ¿es posible que haya olvidado aquello? ¿es posible que aún no haya llegado a quien tanto espero para templar un poco los nervios y poder mover los labios? ¡Vamos! ¡Ya llegará!. Deberías estar contenta, pues ya llegará, quizás estará todavía por aquel camino al que apuntan los brazos de las cruces; pero de todos modos, no estarás sola al cobijarte en el lecho.

En verdad, mi hermana pronto estaría aquí, pronto su alegría, su conversación, su coraje y su afán de cantar. No, no estaré sola esta tarde, esta noche. Pero ella, aquella morenita de ojos dormidos, con sus rizos acariciándole la espalda, sí lo estuvo. Pobrecita, tan noble, tan callada y tan tristemente bella.¡Sí lo estuvo, y muchas noches! Ella… había empezado a hacerlo ahora –entumidos los miembros ateridos por el frío- sólo atinaba a poner aquel silbato entre los labios, para arrojar todo su miedo y su soledad en el eco que se expandía por todo el horizonte que aclaraba la luna. Pocas veces la vinieron a ver. Aquellos sencillos pobladores no debieron comprenderla nunca. Pues cuando en medio de la noche volvió a llamar, nadie, nadie la fue a ver.

Pasaban días y días, noches y tardes, y la escuela seguía allí. Y los niños iban y tornaban; cantando huaynos y músicas tristes, unos; tocando sus quenas y antaras, otros; saltando y golpeando sus tambores los más traviesos. ¡Pobrecitos todos ellos también son inocentes!... Pero nunca han pasado una noche solos, en aquella escuela; nunca han sido del pueblo y han dormido solos, envueltos en paja entarimados sobre cuatro palos incrustados en la tierra. Ella sí. Durmió allí y sin más luz ni compañía que la llama de una vela que iba goteando y escurriéndose esperando el soplo que detenga su fin. Ella sí vivió allí, comió allí y durmió siempre allí. ¿Entonces cómo no iba a suceder? Cómo iba a vivir en paz en esa laguna disecada, con su sonido a brumas aún en su atmósfera, con su cementerio con cruces velando su sueño; con su peña ojosa, deshabitada, criminal, de mal agüero, donde se escondían los ágiles venaditos que salían por las doce en punto de la noche a visitar los enormes agujeros de la que fuera una laguna, refugio seguro de aquellos malignos espíritus, que se solazaban perturbando el sueño de la hermosa Dorisa.

Muchos que madrugaban por allí, llevando su ganado a la otra banda del río, los habían visto, cogidos de la mano, danzar y danzar arrojando llamas por los ojos y lanzando sepulcrales gritos. Muchas veces se repitió el solaz y muchas veces los labradores quisieron disipar con agua bendita aquel horrendo espectáculo. Pero los viejos de aquel lugar no consentían y confiaban en que pronto se llevarían en sus juegos el cuerpo de la joven maestra, y entonces todo se quedaría en paz.

Y la danza y el juego continuaron y el silbato de la maestra no más se oyó. Pero los niños seguían yendo a la escuela; y cada día más tarde se levantaba la maestra; cada día más pensativa y con los ojos más dormidos pero más bellos que nunca. Sin embargo los niños aprendieron mucho: porque ella era inteligente, porque la temían; pues como ellos decían, estaba compactada con los espíritus del infierno.

Siguieron viniendo los niños siempre alegres con sus músicas tristes, con sus pasos ligeros y con sus carreras cortas. Esa vez llegaron uno tras otro, llegaron todos, pasaron el camino que estaba entre los hoyos, llegaron a la escuela, esperaron; pero la puerta de la escuela no se abría y la maestra no salía. Se reúnen todos a jugar, se cansan de correr aquí y allá, se ponen a comer su fiambre de cada día, y al final se inquietan un tanto; pues porque no han visto llegar a la maestra, no la han visto salir a su encuentro, ni sentarse como otras veces en el umbral de la puerta.

Un niño, el más grandecito, no ha podido jugar, ni reír, ni caminar. Todos quieren marcharse ya; pero antes de irse les dice: Veremos si la puerta se abre, si el agua de la lluvia a penetrado a nuestro salón, si los zorzales y los búhos han dejados sus huevos en sus nidos hoy. Veamos si la maestra se ha quedado dormida, o si aburriéndose se ha marchado de aquí. Muchas de las señoritas que vinieron se fueron también; otras vinieron y, sin irse, desaparecieron. Entraré yo pues y si está durmiendo, nos sacaremos nuestros ponchos y la cubriremos más; y si se ha marchado, regresaremos a nuestras casas, y nuestros padres pronto irán al pueblo y nos traerán otra maestra más. Se detiene el niño en la puerta, sus manitas quieren empujar, y se detiene otra vez, pues la señorita se puede enojar. Al fin, un ademán de impaciencia de los demás lo anima, y así, empujando la puerta, traspone el umbral.

Silencio muy quedo, olor a humo que viene y se va, la vela encendida ya en su base, la cama, la paja, el vestido añil; más allá, los crespos cabellos, los labios de miel, su talle, su vida, todo estaba allí. Los niños se acercan y rodean el lecho, se van disponiendo a quitarse la gorra por veneración, pues está tan bella, tan fresca; sonriente y con la mirada de sus lindos ojos perdida en las vigas, pendientes del nido de algún zorzal. Los niños… quién sabe qué pensarán!. Se han extasiado en ese mirar, y ella, dando una última mirada al candil, empieza a moverse, se sienta, desciende de la cama, camina y se va. Erguida, solemne, belleza sin par se marcha, y todos los niños quieren ir detrás.

*Antonieta Inga (Celendín, 1939). Lingüista,
Catedrática en la Universidad Nacional
Mayor de San Marcos. Ha colaborado con
artículos de crítica literaria en diversos
periódicos y revistas. También ha publicado
el poemario “Otra Armonía Todo”.