martes, 27 de noviembre de 2007

ENTREVISTA:Un documento fresco aun cuando haya transcurrido una década

La siguiente entrevista a Manuel Sánchez Aliaga se realizó en Celendín en el mes de julio de 1997. La misma fue ofrecida a distintas redacciones de revistas editadas por celendinos, pero su publicación siempre terminó en promesas.

TELÓN ARRIBA, Y… ¡MIME!

Por Jorge Horna


Si preguntáramos en Celendín por Manuel Sánchez

Aliaga, muchos dudarían en darnos razón de él. Pero

si mencionamos a “Mime” la respuesta respetuosa

brota de inmediato.

Manuel Sánchez A. es un profesor formado en las

canteras prístinas de la Escuela Normal La Cantuta.

Hoy vive en su tierra natal.

Son las dos de la tarde, y las calles a modo de nobles

hamacas sostenidas por el cerro San Isidro y Jelig, o

por Tolón y las alturas de Pumarume se mecen

serenas en una gozosa siesta bajo el azul intenso del

cielo. Con mucha amabilidad, Manuel me recibe y

pasamos a su biblioteca. La amena conversación

empieza…

Mime y sus rivalidades con los castillos. Por Charro.

Muchas personas te identificamos como un impulsor del desarrollo cultural e intelectual de Celendín. Recuerdo tu activismo artístico, periodístico, literario.

Era el año1962, presidía la Asociación “Pedro Ortiz Montoya”; dirigía, además, la radioemisora “Celendín” con la invalorable ayuda de Jaime Díaz “(Jovi); los espacios emitidos eran culturales, informativos y hacíamos radioteatro y concursos interescolares radiales.

Por esos tiempos fundé el semanario “Ecos”, la impresión se hacía en Cajamarca; su duración fue más o menos de un año y se financiaba con el aporte de José Camacho (Coche Pina), mi hermana Ernestina y yo. Mi juventud de entonces me permitía ser muy inquieto: apoyé las exposiciones pictóricas al aire libre en la plaza de armas, de los pintores Alfredo Rocha y Gustavo Garrido. De este último recuerdo un cuadro que representaba un manojo de paja toquilla suspendido en el aire rodeado de sombreros; el cuadro se titulaba “Platillos voladores en Celendín”.

En alguna oportunidad en el auditorio del que fue colegio Javier Prado, hiciste pantomima, ¿cuál es tu formación al respecto?

Estudié el curso de Teatro en La Cantuta. Posteriormente con el grupo Histrión. Fui alumno de los maestros Emilio Galli y Jorge Acuña Paredes. Aquella vez hice una representación de mimo en el local que tú refieres, como una conclusión de una gira turístico-cultural por todo el Perú que realicé con el músico Miguel Díaz Dávila. En cada pueblo al que arribábamos nuestras funciones eran gratuitas; alternadamente hacíamos poesía y música. El espectáculo concluía con la interpretación del carnaval celendino. Luego las autoridades o representantes del pueblo nos agasajaban y en muchas ocasiones cubrían nuestros gastos de alojamiento y alimentación.

Aquí en Celendín a nuestro espectáculo invitamos con mucho aprecio –y con tarjeta- a las autoridades. Al finalizar la función nadie se acercó ni siquiera a saludarnos.

¿Alguna vez hiciste teatro propiamente dicho?

Sí, antes quisiera referirte que mis representaciones favoritas de pantomima eran “El bouquet” y “El baño”.

Dirigí la obra “Ayar Manco” de Izquierdo Ríos, cuyos actores y actrices eran alumnos del Instituto Agropecuario y profesores del colegio Cortegana. Se estrenó en Celendín, luego fue puesta en escena en Cajabamba y Huamachuco; en esta última ciudad nos ovacionaron con conocimiento de causa. El público pidió la presencia del director, tuve que hacerme presente tal como estaba: con la ropa pintarrajeada, pues yo hacía de maquillador, escenógrafo, orientaba al iluminista… Aquella vez se bajó y subió el telón siete veces entre aplausos y algarabía. Aquí debo rendir homenaje al extinto César Díaz Dávila (Copocho), quien confeccionó los decorados. También mención honrosa a José Camacho que manipulaba el equipo de luces y a todos los excelentes actores del

grupo.

Motivado por estos hechos dirigí la obra “Ha llamado un inspector” de Priestley. Actuaron con entrega artística: Zenón Chávez Zegarra, Víctor Aliaga Zegarra, Ernestina Sánchez, Gardenia Peláez, Juan Chávez Paredes. Después con el apoyo y participación de Zenón Chávez representamos “Clave Dos” de Gregor Díaz.

Manuel, también se te conoce como periodista. Relátanos algo.

Participé en el periódico “El Golpe” que se sostenía con el aporte del cuerpo docente de la Escuela No.85 ( hoy 82391). Fui director de la revista “Marañón”. Pero debo confesar que el semanario “Ecos” marcó para siempre mi actividad periodística, por su posición crítica, cuestionadora, pero a la vez con derroteros alternativos.

¿Has escrito poesía?

La revista “Amanecer” publicó unos poemas míos. Actualmente en la revista “El labrador” dirigida por amigos sucrenses estoy colaborando con narraciones cortas en prosa poética.

La Literatura para ser tal no debe apartarse de lo estético y de la realidad vital. Algunos críticos agregan el compromiso del escritor. ¿Qué te parece este planteamiento?

El escritor refleja necesariamente sus vivencias que surgen de la realidad social. Se inicia como un acto inconsciente. El verdadero escritor es un auscultador permanente, pero que sutilmente a través de sus obras plantea, exige, sueña con la transformación progresista de la sociedad.

¿Has tenido o tienes contactos con escritores del país?

Cuando Alfredo Pita llegó a Celendín acompañando a Alfredo Bryce, éste me honró con visitarme y otorgarme su tiempo para conversar.

Conocí de cerca de los consagrados poetas Javier Sologuren, Washington Delgado, a Manuel Moreno Jimeno, con quienes he departido inquietudes literarias. Últimamente he presentado en Celendín el libro “Catequil” de Miguel Garnett.

¿Qué instituciones culturales existen en Celendín?

El Centro Cultural que durante muchos años traté de dirigir, pero mis ilusiones se ahogaron por la falta de un presupuesto adecuado para plasmar actividades.

¿Qué lecturas influyeron en tu formación?

Anduve asombrado por las obras de Víctor Hugo, Alejandro Dumas, Eugenio Sue, Sthendal. Sigo conmovido con los escritos de Ernesto Sábato, Ivo Andric, Gabriel García M., Vargas Llosa. En poesía me impactaron los simbolistas y parnasianos franceses. Y del Perú: Martín Adan, Jorge Pimentel y los que ya mencioné anteriormente.

Manuel, siempre fuiste un viajero indócil.

En cada lugar que he visitado siempre encontré un celendino al paso, o arraigado añorando su tierra. Para serte sincero sólo me falta conocer Piura, Tumbes, Moquegua y Madre de Dios.

Tú conoces todo el panorama de la producción literaria de Celendín

Sí. Pienso que es tiempo de empezar por una antología de la poesía celendina. Tenemos poetas que merecen mención: Nazario Chávez, Pedro García, Julio Garrido, Jorge W. Izquierdo, Marcial Silva Pinedo, Armando Bazán, David Sánchez y muchos más.

Luego antologar a nuestros narradores, aquí tenemos a una lumbrera: Alfonso Peláez, y en otra generación a Alfredo Pita.

¿A qué se debe lo de “Mime”?

Muchos creen ingenua y dulcemente que lo de “mime” viene por mis aficiones a la pantomima. Pero no es así, y esto me tiene sonriendo para mis adentros. Lo real es –me refería mi madre- que cuando yo era un párvulo, un familiar nuestro que vivía muy cerca de nuestra casa, con el afán de enseñarme a articulas vocablos, constantemente me repetía “mime”, “mime”, “mime”… y empecé a imitar esa palabra; posiblemente mi segundo vocablo después de “mamá”. Desde entonces, aquí tiene ustedes a… ¡Mime! (Risas).

Finalmente, un espacio libre para ti.

A esta altura del camino hago un recuento de lo que hice, veo esa ruta llena de imágenes de amigos y amigas con quienes apuntalamos la cultura celendina. Pero mi desilusión es enorme: nadie siguió el camino. Hay un sector de la juventud ávido de hacerse presente, y son las instituciones educativas las que deben encauzar esa energía. Es tiempo de incluir con seriedad en los programas educativos los cursos de Teatro y Folclor nacional.

Por otro lado son nuestros paisanos ausentes quienes hoy publican meritorias revistas (Jelij, Trotamundos), pero quizás la natural añoranza, hace que las referidas publicaciones centren sus contenidos reiterativos en temas locales. Es necesario abordar también asuntos regionales, de actualidad nacional e internacional.

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La conversación ha sido fecunda. Deseo tomar unos tragos y hago la invitación a Manuel. Él se disculpa cortésmente y no acepta; aunque reconoce que con una copas adentro la fantasía se adueña de la imaginación. Al mismo tiempo intuyo que me advierte: “mis palabras no cuestan retribuciones”.

Gracias Manuel a nombre de los lectores.

Celendín, 06 de agosto de 1997

sábado, 10 de noviembre de 2007

POESIA: Oscar Zevallos Marín

Esbozo acerca del poeta

OSCAR ZEVALLOS MARÍN

  1. En pos de la palabra

Haciendo propicia nuestra estadía en la ciudad de Chimbote en el V Encuentro nacional de escritores “M. J. Baquerizo” (4-7 de octubre 2006), indagamos datos para ubicar a nuestro paisano Oscar Zevallos Marín. El interés esencial era saber sobre su producción literaria, pues, desde sus años de estudiante en Celendín, él ya escribía versos de buen registro. El primer paso fue una llamada telefónica a su domicilio; contesta Soledad, su primogénita, quien nos informa del deceso de Oscar ocurrido hace dos años. La noticia impacta y se anida el dolor en nuestro ser. Pero Soledad nos da la esperanza de que conservan en familia los manuscritos originales de los poemas de su padre. Al día siguiente volvemos a llamar. Contesta Irene, su viuda, accede a nuestro requerimiento y de inmediato nos invita a su casa. El pintor cajamarquino Luis Arbitres me acompaña. La brisa del mar sostiene el resplandor de la tarde; la amabilidad de la familia de Oscar nos hace sentir en el seno acogedor y fraterno. Breve fue la charla, e Irene con el candor de una madre generosa me muestra tres cuadernos en los que está la palabra del poeta. Me autoriza fotocopiarlos e incluso me presta un block completo de los originales.

  1. El poeta en su senda.

Oscar Zevallos Marín (Celendín 1939 – Chimbote 2004). Hizo sus estudios básicos en la ciudad de Sucre, en los tiempos en que su madre, doña Escolástica, laboraba como maestra de primaria en esos hermosos parajes colmados de verdor y de horizontes seductores que albergan sueños. Su educación secundaria la realizó en el legendario colegio Javier Prado (hoy Juan B. Cortesana). Y su formación pedagógica la culminó en la Escuela Normal de su tierra natal.

Se desempeñó en Chimbote como docente en el centro educativo “27 de octubre” situado en un Pueblo joven, y en la escuela primaria “Pedro Pablo Atusparia”, este nombre lo sugirió Oscar y pugnó para que así se denominara el plantel.

Oscar fue un decidido activista del Sindicato Unitario de Trabajadores en la Educación del Perú (SUTEP) como secretario general de base de su escuela. Su férrea postura gremial le ocasionó reclusión durante 8 meses, junto a muchos maestros, en el penal selvático El Sepa, en el gobierno militar de Juan Velasco Alvarado.

Desde muy joven, siendo alumno secundario aún, obtuvo galardones y reconocimientos por su producción literaria.

  1. Sus versos.

Algunos poemas están fechados en la década del 60. Se advierte en esta primera etapa la entrega de su fuerza vital hecha canto amoroso que vence los sinsabores para bosquejar una plena esperanza:

Para ti

Para ti

Yo tengo una hoguera

una flor incendiándose

un firmamento de quimeras

Voy cosechando todos mis laureles,

el arrullo de las palomas,

la cárcel de mi corazón.

Para ti

el temblor de mi pesar,

mi verso en vigilia

la bendición de Dios

El crepúsculo de la tarde,

mis sueños en flor,

mi consagración total.

Para ti

la voz del aura

tomando forma y cuerpo

en el silencio de mi ser

El rosal más hermoso de la primavera

la inspiración más intensa

de mi vida

y el llanto tenue y triste de mi dolor

Celendín/ enero/ 1962


TU NOMBRE

Está prisionero perpetuamente en el puerto azul de mi alma,

sus sílabas son el alba y horizonte en mi vida

Tu nombre está en todos los bajeles y crepúsculos de mi puerto

como el aroma de los rosales en la diafanidad de la mañana

igual que el suspiro blanco de los lirios solitarios,

como la más sincera lejanía en todos nuestros caminos

Yo empecé a pronunciarlo creyendo que no había tormenta en tu cielo

después sólo dije, convencido, Oh fiebre dolor de tu término

Y brotó el capullo de torrentes en mis playas desoladas

Tu nombre, un paisaje gris y peregrino

que ansía abrazar el talle poético de mis tardes iluminadas

una voz prolongada que se avecina por la aldea de mi soledad

Los dos acariciando nuestros nombres quedos

como el arrullo muy distante de los dolores albergados en el pecho

Tu nombre, en el surco abierto de mis versos

para siempre atado a la fibra de mi existir

Tu nombre rezando el angelus nuestro crucificado.

C. febrero, 1960


CONFESION

Para la bondad de tus ojos

no hay fronteras, los bosques

bendicen tu dulzura cósmica

Tu gracia y forma oceánica

baña mi rocoso archipiélago

de cascadas y brumas en confesión

Tu voz canta mi sentencia

su melodía arde en los horizontes

de mis redes marítimas

Nupcias te implora la cumbre de mis anhelos

y una copla de sinceridad en marcha solemne

desfila por nuestros recuerdos.

Chimbole, 1991


También el poeta vuelve la mirada a su entorno, encuentra a otros seres humanos a quienes les brinda su emoción social, su ternura, y rescata la fe reivindicativa, humana, ineludible:

CANTARINO CAUTIVERIO

Dando vueltas a mi tristeza glorificada

amanezco, aguaceral

Cariñosos torrentes prisioneros

se rebasan en el cántaro

indígena de mi cautiverio

Después voy por los barrios

y parques vivenciales

capturando alturas boreales

Transitando por la ciudad

en soledades abstractas

me encuentro con toda

esta multitud sublime y soberana

Mientras que por mi cárcel

salen movilizados estos silencios

muchedumbres desfilando

proletariamente

¡Oh, cautiverio cantarino!

Ch. 1991

Navidad

¡Navidad..!

Suenan en las moléculas

sangrantes del pueblo

Van rumiando y gritando

los caudales grandiosos

por el campo y la ciudad.

La sociedad de consumo.

Concentrado trajina

el descontento

¡Oh, navidad..!

Rebuzna el viento

en lluvia y truenos

Los niños aprietan

sus castillos

mientras la madre y el cariño

deshiela su amor

La morada colmada de luceros

y el mundo va celebrando adormecido

¡Oh navidad, oh nacimiento!

Cómo me duele el hambre

y el peregrinaje en esta noche

sin pan, sin caricias…

Ch. 1991

Esta es una apretada nota –por lo tanto inconclusa- sobre la escritura de Oscar Zevallos Marín. ¿Cuántos otros poetas y narradores de nuestro terruño permanecen en el olvido? Empecemos a sembrar de luces y auroras los caminos para retornar pletóricos al reencuentro con nuestro referentes artísticos, culturales e históricos. (J.H.)

martes, 23 de octubre de 2007

NOVELA: José de Piérola

A raíz de la aparición de la tercera novela de José de Piérola "El Camino de Regreso" se han publicado diversos comentarios que elogian el quehacer literario de José. Publicamos esta entrevista aparecida en el diario "Correo"

José de Piérola añade una segunda novela a su planeada trilogía sobre la violencia política. El camino de regreso (Norma, 2007) gira en torno al terrible atentado de Tarata y a la sed de venganza de su protagonista.

Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR


¿Cómo se origina tu interés, desde el punto de vista literario, por la época de violencia que padecimos?

La semilla fue el año 1992, cuando vi la noticia de la explosión en Tarata. Y poco después empecé a seguir la noticia, prácticamente cada hora, por televisión, por radio o por llamadas telefónicas. Y me afectó mucho porque había tenido la experiencia cercana de la violencia cuando en los 80 yo viajaba por los Andes como ingeniero y visitaba asentamientos mineros. Y en el camino encontraba pueblos andinos muy pequeños. Y veía pueblos desiertos, con pintas, a veces con muertos. Eso se relacionó ese año. Y fue un impacto para mí. Y como siempre tuve la aspiración de escribir, en ese momento me pregunté cómo escribir sobre esto. Y parecía imposible escribir sobre eso.


¿En qué momento empiezas a hacerlo?

Surgió como proyecto cuando empecé a escribir, el año 1998. Unas de las primeras cosas que empecé a escribir fueron cuentos, y algunos de ellos giraban en torno a esa época. Inconscientemente estaba volviendo a esa época. Hice en 1999 un borrador muy grueso, que en realidad eran apuntes, y me di cuenta que ese proyecto iba a ser muy complicado y me di cuenta también que una novela era insuficiente para contar esa historia. Allí nació la idea de hacer una trilogía sobre la época. Pero no una trilogía como tres historias encadenadas sino como tres tomas diferentes sobre la época.

Así surge tu primera novela, Un beso de invierno (que ganó el premio del BCR)...
Claro. Estaba situada más o menos en el año 1993. Esa novela me permitió empezar a trabajar sobre el tema. Y empezó a darme algunas nociones de cuáles son las herramientas que necesito como escritor para poder enfrentar este tema. Y quizás la más importante: que una guerra de este tipo se tiene que narrar desde diferentes puntos de vista, cada cual con su propia visión del mundo. Es decir, incorporar muchos personajes y que cada uno tenga su propia voz y su propia forma de ver lo que ha ocurrido. Eso me parecía más enriquecedor.

En El camino de regreso, al protagonista lo mueve un sentimiento de venganza que lo hace retornar al Perú.

Sí, Fernando pertenece a una esfera de Lima que de alguna manera había estado aislada del conflicto interno. Como ocurrió con Lima gran parte del tiempo. Recién en 1992 fue patente que había un conflicto. Y Fernando recién se da cuenta de lo que está pasando con ese atentado en Tarata en donde muere su padre. Pero su primera reacción, como seguramente fue la del resto del Perú, fue ir, agarrar al culpable y hacerle pagar por eso.

En esa búsqueda de venganza ocurren cosas...

Claro, en el proceso, espero que quede claro, Fernando aprende muchas cosas, empieza a ver una parte del Perú que antes no había visto. Y al final, el acto de venganza no se llega a dar.


Fernando y el camarada Abel habían sido amigos antes de que la guerra los enfrentara.
Una de las cosas terribles que ocurren en la guerra es que se forman bandos, frentes. Y empieza a haber esas divisiones. Amigos, familiares cercanos, empiezan a identificarse con uno u otro lado. Así empieza también la separación, que es traumática y violenta. Hemos visto casos de familias en las cuales un hermano se integraba a un grupo subversivo y el otro no. Y había esa relación tan tensa dentro del seno familiar.


Consideras que esta es el momento justo para escribir sobre el tema, a la luz de la distancia temporal.

Nunca es muy temprano ni nunca es muy temprano para reflexionar sobre un hecho traumático. Sin embargo es importante que haya cierto espacio geográfico temporal. Para que nos permita ver cómo fueron las cosas. Tuve un profesor de filosofía que fue mi asesor y me dijo: el pez no ve el agua. Y es cierto, cuando estás viviendo el momento estás tan metido en las cosas que no te das cuenta de algunos detalles, de algunas razones, o de algunas motivaciones. Necesitas tiempo, necesitas cierta distancia para darte cuenta que no todo era blanco y negro, que había más matices. Y es saludable que nosotros lo estemos haciendo, de alguna manera, temprano; históricamente eso toma mucho más tiempo.


En la novela también se cuenta una historia de amor.
Cierto, a mí me encantan las historias de amor. Y me encanta que sean diferentes a las novelas que son del género, digamos. La historia de amor está en mis dos novelas anteriores, y no pude evitar que a medida que avanzaba esta novela apareciera una historia de amor. Yo creo que esa relación afectiva es una de los más importantes que podemos desarrollar en la vida.

jueves, 18 de octubre de 2007

POESIA: Trazos de Jorge Horna

¿Cómo captar de un brochazo toda la luz de un paisaje? Jorge Horna nos lo demuestra en estos versos que revelan su sensibilidad para apreciar la belleza de nuestro pueblo, los matices de su campiña y la cotidiana gesta de su gente sencilla y laboriosa.


MOLINOPAMPA

Color de crepúsculo encendido
senderos de Molinopampa, trigos
agua, hemorragia
de los cerros
paloma vegetal de viento
Concavidad plena, co
razón
crecido en el horizonte
Colinas.



MUJER RURAL

El camino sin las huellas de su andar
ha de estar noche y día ondulante,
de día sin los puentes viajeros
de noche con la rosa de sus pies
Los domingos de jarabes y añil
en su canasta pródiga, amantelada,
la ubre recogía en la campiña
su hermosura, mitigaba las sombras
Espléndida mujer que escribió su nombre
en la trilla y en los troncos de la memoria
Su rostro: extraño relampaguear
después de una lluvia de estío
Su silencio, batalla sin fin contra el olvido
Ríos cual mugidos de almíbar
cerraron sus retornos matutinos
y los cebadales dejaron de rozar
en los portales de mi banco de maguey

miércoles, 17 de octubre de 2007

POESIA: Jorge Horna

Referirnos a la poesía de Jorge Horna es evocar la hondura de nuestra campiña, es mezclarse en el quehacer de su gente sencilla, es recorrer los caminos bordeados de pencas y eucaliptos. Sus versos huelen a tierra mojada y alcanfor y tienen la musicalidad de los huanchacos. En las próximas entregas iremos publicando sus poemas más intensos.

JORGE HORNA (Celendín, 1949). Profesor de Educación Primaria, egresado del Instituto Pedagógico de su terruño. Javierpradino, ochentaicinquero.
Ha publicado "Llueve a cántaros" (Lima, 1999) y "En los labios de Celendín" (Lima, 2004). Sus poemas han aparecido en la revistas: Arteidea, Qlisgen, Lluvia, Jelij, Buengobierno, Pestaña Matinal.
Ha sido invitado en reiteradas ocasiones a participar en recitales y eventos culturales en Los Viernes Literarios (jirón Quilca) y en Los Jueves Arguedianos (Escuela Nacional de Folclore). Es miembro de la Comisión Organizadora del VI Encuentro Nacional de Escritores "Manuel Jesús Baquerizo" a realizarse en Lima del 21 al 24 de noviembre próximo en Lima. Recientemente, en el No. 7 de La Revista Peruana de Literatura (setiembre, 2007) ha publicado una nota sobre una aproximación a los poetas y narradores de la provincia de Celendín.


ARCILLA

En la arcilla
está el agua
esperando nuestros sueños
a chorros
Colma sus vasijas el alfarero,
autorretrata su alma
en su taller de la colina
Yuntas de bueyes en el firmamento,
ovejas en la vía láctea
La arcilla se empapa en la lluvia
amanecen sembradores de constelaciones
mujeres hilan sus cosechas
en el taller de la colina.
Modela la arcilla iris
en la niebla el alfarero.


domingo, 14 de octubre de 2007

POESIA: Julio Garrido Malaver

La comunión de costumbres y creencias genera la identidad con el pueblo que nos vio nacer y en eso radica el amor que le tenemos. Nuestro poeta Julio Garrido Malaver lo trasunta en estos hermosos versos que transcribimos gracias a la ayuda de su hijo, Julio Garrido López, quien nos está alcanzando parte de los archivos del poeta. La foto que acompaña este texto fue tomada en 1967 y pertenece al lente de nuestro inspirador, Alfredo Pita (Ndlr).

"El toldo chingana", foto de Alfredo Pita, 1967.

Comida del Pueblo

¿Sabes lo que es el caruache?
¿Las cachangas y la cancha?
¿Te gusta el verde de paico?
¿Y las ocas con chiclayo?
¿Has comido la caushinga,
el mote puspo y la lahua?
¿Y te gusta el trigo ruche,
la papa seca con palta?
¿Has comido humitas cuchras
y tamales en achira?
¿Te gusta el choclo pillpao,
la enfustanada mestiza?
¿Has comido panecitos,
alfajores y dormidos?
De eso no podrá olvidarse
tampoco un buen celendino.

viernes, 12 de octubre de 2007

CUENTO: Alfonso Peláez Bazán


EL TORO BAYO

Por Alfonso Peláez Bazán
Ya casi vencida la tarde, decidimos acampar, justamente en medio de una extensa llanura. Y lo hicimos de mil amores. Pues, con su tibias caricias, nos había ido ganando aquella tierra sensual.
Al pie de un cedro secular, en cuyas ramas sagradas se enredan gentiles madreselvas, estuvo nuestra tienda.
Entre sorbos deliciosos de un café “a la turca”, fui conociendo nombres y más nombres. Nombres de cerros, de valles, de ríos.
Poña, Maraypata, Pindoc, Chumbull, Tullpac, Pusac. Un nombre menos raro tiene el monte donde pasamos la noche: El Guayo. Y menos raro aún, la hacienda a la cual pertenece: El Zapotal.
Con sus extraños fantasmas y sus voces de aquelarre, se metió la noche en el laberinto del monte… Y una imponderable sensación de rendimiento fue ganando nuestras últimas fibras.

**********
Un tremendo mugido, que las peñas devuelven solícitas, deshace súbitamente el maleficio. Angel asustadizo, huye veloz el sueño.
-Es el Toro Bayo, señor -se apresura a ponerme al tanto el muchacho que me acompaña.
Al tiempo que oigo esto, pienso, como es natural, en un toro fantástico, terrorífico, y una corriente de pánico recorre todos mis huesos.

Un tremendo mugido...

A lo largo de la llanura, corre un viento fresco y delicadamente perfumado. Un pájaro insomne reniega de la noche. En gritos extraños y mortificantes, una rama histérica retuerce su dolor. Deja oír, un arroyo lejano, a capricho del viento, su quejumbrosa canción de peñas.
-Ya está viejo el Toro Bayo… Tiempo atrás, sus mugidos eran aún más fuertes, más taladrantes: no era posible, entonces, oírlos sin sentir terror.
Y como se detuviera ahí mi compañero, le encarezco, con más miedo que curiosidad, me cuente todo lo que sabe del toro que acaba de hacer temblar el arcano de la noche.
-El Toro Bayo, señor –me saca suavemente de mi espanto-, es un toro de carne y hueso, nacido de vaca por supuesto. Todavía es hermoso e imponente y cuando muge lo hace con todas sus fuerzas y levantando bien alta la testa: lo hace como si quisiera que le oyese Dios… Se le ve muy raras veces y cuando tal ocurre, se va de estampía.
El terror del primer momento se cambia en franco interés por el toro “de carne y hueso”que cuando muge rasga los cielos…
Con emocionado acento, Noel –que tal es el nombre de mi excelente compañero- me relata la historia del Toro Bayo.
Veréis cuánto dolor hay en ella. Veréis cómo en la simplísima vida de un toro ocurren también tremendas cosas. Y podréis, entonces, comprender cómo esos estentóreos mugidos que se rompen en las duras peñas, pueden ser las estrofas monorrítmicas de un canto trágico.

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Hace muchos años –no tantos sin embargo como para que sea ya una leyenda-nació en El Guayo un lindo becerro color perla. De su madre –una hermosa pintada-, sólo trajo una como cinta en el crucero. Y fue, por cierto, en luna llena.
Perdido entre los matorrales y las yerbas pasaron sus primeros días. Salió luego a los claros del monte. Por último cuando volvió a estar redonda la luna, su madre lo incorporó a la tropa salvaje. Y sólo halagos encontró en el seno de ella.
No tardó en hacerse grande del todo, y a su fuerza pujante empezaron a rendirse, tímidas y dichosas, todas las castas princesas. Los tiradores lo denominaron el Toro Bayo.
Y llegó a ser rey, emperador, monarca, todo. La fortuna, como una dócil esclava, estuvo rendida a sus pies.
¡Vedlo pasar a la cabeza de su polícroma grey! ¡Vedlo retozar, magnífico sobre los verdes alfombrados! ¡Y por qué no mirarlo en las noches de luna dormitando en medio de sus bellas concubinas…!
Y el amor floreció como las madreselvas y los lirios.

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Un día, el hacendado, don Nicanor Villafuerte, decretó el exterminio de la tropa brava. Alguien le hizo concebir la idea de irrigar El Guayo
Y armó a su gente de winchesteres y máuseres.
La cruenta misión durará, desde luego, algunas semanas “Una o dos por día”, dispuso el señor Villafuerte. Así, habría tiempo para ir cecinando la carne.

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Apostados detrás de las piedras, los tiradores esperan el ganado en el bebedero “grande”. Ya se oye por el monte el estrépito salvaje de la tropa… Se acercan… Los tiradores se agazapan azarosos y se hacen señas furtivas…
Majestuoso, aterrador, irrumpe el Toro Bayo… Retozonas y anhelantes, llegan tras él las regias vacas y las gallardas maltonas… Luego, las retrasadas crías…
El destino hace lo demás. Él arregla las cosas a la maravilla. Ved lo que hace con esa vaca limona y esa ternera casulla. Las aparta de la compacta de la compacta tropa y las pone frente a los tiradores… Estos no pierden tiempo y disparan…
Y como han tirado de mampuesto, allí quedan fulminadas la vaca limona y la ternera casulla. Tan magistralmente. Ni don Nicanor Villafuerte habría arreglado las cosas.
El Toro Bayo y su aterrada corte, como un viento huracanado, desaparecen a lo largo de la llanura…
Al día siguiente, en vano esperan los tiradores en el bebedero “grande”. Visto está que en los brutos obra el instinto con más eficacia que la inteligencia en los hombres. La tropa brava no aportará más por los bebederos con emboscadas.

**********
Pero don Nicanor Villafuerte disponía de hombres y municiones, y de poco sirvió el instinto salvador; pues siempre hubo una “nueva” manera para cada jornada…
En la espesura del monte, en las breñas, en los distintos bebederos, corrió a torrentes la sangre indómita.
Y llegó un día en que junto al Toro Bayo no iban ya sino dos sultanas: graniza la una y camarona la otra. (don Nicanor Villafuerte, olvidábamos decirlo, hizo a sus tiradores la romántica recomendación de dejar “para el último” el Toro Bayo).
Y con sus dos únicas sultanas –la graniza y la camarona- huyó hasta lo más alto del Cerro de Oro. Y allí encontró la paz que habíanle arrebatado los winchesteres y los máuseres.

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Mas ocurrió que al cabo de un tiempo el Toro Bayo y sus dos sultanas –la graniza y la camarona- volvieron al llano. Volvieron atraídos por el hondo hechizo de los mil caminitos enrevesados y los claros bebederos.
Acaso también los atrajo la fuerza del último acto.
Y era fresca la yerba y blanda la arena de los dormideros.
Cuando en la hacienda se tuvo noticia de la vuelta peregrina, don Nicanor Villafuerte ordenó rastrear el ganado por los bebederos. Pues, había que asegurarlos primero.
Y sobre la arena húmeda de una vertiente –el Pozo de Shitana- , hallaron los rastros, frescos, palpitantes…
Y al otro día, cuando la graniza y la camarona hundían sus belfos en el cristal radiante del Pozo de Shitana, sonaron cuatro precisas detonaciones… Y el cristal radiante se tiñó de rojo encendido…
Todo estuvo perfectamente arreglado. Las balas no tocaron al Toro Bayo, y éste pudo huir por el corazón aterrado del monte…

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Cien veces fracasaron los tiradores. El Toro Bayo, a fuerza de burlar la muerte, fue adquiriendo diabólica soltura. Sus entrañas rugían con fuerza aterradora.
Empezaron a correr espeluznante relatos. Y tanto hizo la dichosa fantasía que al fin todas las gentes llegaron a sentir ese miedo suersticioso, anatémico del hombre primitivo.
Un día cualquiera, dejó de existir don Nicanor Villafuerte. En sus labios quedó estereotipada esta frase: “Hice mal en dejarlo para el último”

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-…El Toro Bayo… si… las gentes… -dice por seguir Noel, pretendiendo en vano vencer el sueño.
Y vuelve a mí también, con renovadas caricias, al ángel que huyó. Mientras la fantástica orquestación del monte canta la tragedia del Toro Bayo

*********
Casullo : Que tiene blanco el lomo y la panza.
Camarona : Vaca de color rojo oscuro.
Graniza : Vaca con pequeñas manchas blancas en todo el cuerpo.
Limona : Vaca color limón.
Pintada : Vaca con pequeñas manchas de variado color en la piel

viernes, 21 de septiembre de 2007

POESIA: Julio Garrido Malaver

Una de las plumas celendinas más inspiradas es, sin duda, la de Julio Garrido Malaver. Por deferencia especial de su hijo, Julio Garrido López, publicamos este hermoso poema que tiene todo el sabor telúrico de nuestra patria chica y que lo dice todo, con versos sencillos, acerca del carácter esencial de nuestro pueblo (Ndlr).

Procesión de la Virgen del Carmen en Celendín, Foto Charro.


CELENDÍN

Celendín
es una ciudad sencilla
de sonrisas.

Tiene casas
con sus paredes de adobe
blanqueadas.

Son sus techos
todos de teja tostada
con reflejos.

Y las puertas y ventanas
de naranjillo y de cedro
fueron hechas...

En sus calles no tropieza
jamás una línea recta.

Y crecen entre sus piedras
mil oraciones de yerba...

¡Una ciudad cristalina
es mi tierra porque en ella
hasta la miseria brilla!

martes, 18 de septiembre de 2007

POESIA: Jorge Díaz Herrera


DIEZ POEMAS DE JORGE DÍAZ HERRERA


Leídos, por su autor, en el mes de agosto, en la Casa de la Cultura de Celendín, durante el acto de juramentación del Consejo de Desarrollo Socio Cultural de Celendín, que preside el escritor y paisano Alfredo Pita Chávez.

1

El viejo pelícano


Arrastrando mis alas de viejo
pelícano.
Picoteo en los mercados
y mi hambre es más fuerte
que los escobazos de los mercaderes.
Peleo en los basurales
contra los rapazuelos hambrientos
y los locos.
Abro y cierro mi largo pico.
Y el aire es poca cosa para llenar
mi buche.
Mis plumas se derraman.
Un día me llevarán en un tacho de basura
seco y estirado
lejos del mar donde soñé
construir mi morada.



2


Crisis de imaginación


Hijo mío, te debo un poema.

Quizá nunca te escriba el poema
que te debo.

Y no es que me falte el amor para escribirlo.

Sucede que al poeta muchas veces se le escapan
las palabras.

Hijo mío, te debo un poema.
Deuda más importante que el alquiler de la casa
en que vivimos.



3

Entre guitarreros y guitarras


En el amor todo cuenta. La soga
al cuello. La golondrina. La parla lagartija.
El jadeante ascenso y el plácido suspiro. El anillo
en el dedo. El dedo sin anillo. El recuerdo.
El olvido. Y otra vez el recuerdo. Y otra vez
el olvido.

El sabio amor todo lo sabe. El ingenuo amor
todo lo ignora. A veces brama. A veces
ni suspira. Morir. Resucitar. Partir
y retornar y otra vez partir. Nunca se sabe.

El inconstante amor. El insondable.



4


Se vuelve flor lo que no vuelve

Hablo de Antonio Claros, el poeta.

Antonio, te oigo en los versos que aún no escribiste,
en los cielos que mirábamos.
Poeta. Hermano de los días que aún no acaban.
Me dio la noticia, Eva, tu mujer,
a quien amaste en varios rostros.
No sé qué hacer, dónde poner el cariño que nos queda.
Te veo, hermano, bajo la lluvia.
Yo torpe insistiendo caminar por el aguazal,
gozoso de un paraguas viejo,
sin advertir la orfandad de tus zapatos.
¿Qué hacer en las calles de Madrid?
La vida es una burbuja. Y yo aún en mí, quizá a punto.
Querido Antonio, se vuelve flor lo que no vuelve.
Caminábamos, ¿te acuerdas?, asombrados de las cosas
que nadie veía.
¿Y ahora? Ya no.
Ya solo en este pueblo donde hoy me escondo
de mí mismo. Escribo, leo, digo: ¿qué habrá dónde te has ido?
¿El violín de tu padre seguirá cantando a dúo con el órgano del templo?
¿Será allá, donde hoy eres, el tiempo un reloj varado?
Querido Antonio, no vayas a enojarte conmigo, ausente al despedirte.
Remaba a la otra orilla del mar, del mar aquel, ¿te acuerdas?,
el de los caballitos de totora.
Hoy creces en tus huellas
más de lo que imaginabas.
Yo sé que me esperas a la vuelta del infinito, aquí nomás,
donde oíamos a las flores hablar.
No te olvides, hermano. Haznos recordar que aún vivimos,
para que estés entre nosotros.
El silencio, la tranquilidad que buscabas huyendo
hasta de tus propias entrañas, es el lugar donde hoy habitas.
Te queremos, hermano.
Me preguntan por ti como cuando te preguntaban por mí.
No se te vaya a dar por irte aún más allá.
Y, como me decías en tu última carta, la memoria no dé para tanta distancia.
En el borde, un abrazo
como quien se despide para volver.
Te has llevado, Antonio, mucho de mí y me has dejado mucho de ti.
Estamos a la par, hermano.
Sin deudas, frescos como el mar de Huanchaco.
Te esperaré en esa playa. Puntual,
fiel a tu terca manera de pastar el tiempo.
Tu viaje me ha fatigado, y estoy herido de ti, herido de mí, herido de todos
los que aún nos quieren.
Bien sabes, Antonio, que seguiremos forasteros
perros sin dueño por las calles de Madrid.



5


El hombre y el árbol


Elegía doble

Pudo ser sólo un hombre.
Y fue más que un hombre.
Pudo ser solo un árbol.
Y fue más que un árbol
Y pudimos ser todos.
Y fuimos más que todos.
Tú, yo, ése, aquél y los de más allá.
También los de más acá.
A todos nos cayó el hachazo.
A todos, incluso al viento de los pájaros,
Al nido de los pájaros.
Nos quitaron las alas en el vuelo
De volar hacia adentro
Y hacia fuera.
Es decir, y en palabras ya más íntimas,
Nos quisieron oscurecer el alba.
Se equivocaron.
Cortaron la sombra. Más no el cuerpo.
Menos aún el alma.
Y aquí estamos, parados en la tierra.
Sembrados en tu sangre, que ya es sangre de la tierra.
Creciendo. Elevándonos en ti, en mí, en él,
En aquel, en aquellos.
No hay leñador que le corte las ramas a la vida.
No hay vida sin verdor.
Y aún hay tanto cielo vacío por llenar,
Querido Sergio: vecino ya en el tiempo.
Vecino ya en el alba.
En el centro mismo del recuerdo.
Pudo haber sido un hombre.
Pudo haber sido un árbol.
Pudo incluso no haber sido.
Y fue más que un hombre, más que un árbol,
Más que el mismo.
Más que su propia sangre.



6


A quien nos dejo solos sin el más leve aviso


Yo tenía un amigo.
Digo mejor un árbol.
Y mejor todavía: yo tenía un amigo
de fronda generosa.
Por los mares del aire
navega una paloma.

Mi árbol.
Mi amigo.
Melenudo andariego.
Camisa alborotada. De ojos
Y pestañas tenía hecha la cara.
Rondín. Música loca.
También una guitarra. Desenfadado
trote. Entre mentiras buenas
su risa larga.
Mi árbol.
Mi amigo
Nadie sabe quién fue
el leñador malvado.
Una paloma vuela
Al palomar callado.



7


La niña ciega


La niña ciega no tiene
pena de no ver el sol.
Porque ella mira hacia adentro
de su propio corazón.

Porque ella mira hacia adentro
mientras toca su tambor,
mientras toca su tambor.

La niña ciega no teme
extraviarse en su andar.
Porque ella no tiene casa
donde llegar.

La niña no tiene nombre.
La niña no tiene edad.
La niña es un cascabel
que llena la soledad,
que llena la soledad.

La tamborera no tiene
que dormir para soñar.
Pues ella misma es un sueño
que se ha puesto a caminar.

La niña ciega con su tambor
anuncia
que te anuncia
los repiques del amor.



8

El pirata que se jubiló


De un barquito
de alta mar,
bajó un pirata a caminar.

Ya no el barquito.
Y no la mar.

Solo el pirata
y su costumbre
de caminar.



9


Canto de sirenas

Dicen que en la tierra tiene
la paloma de la paz
un nido donde se muere
de soledad.

Si en la tierra no la quieren
que la traigan
a la mar.



10


El clavel desobediente

Un día sembró la luna
junto a una estrella
un clavel.

Se juntaron los luceros
para verlo florecer.

El clavel no florecía.
No florecía el clavel.

Se puso triste la luna
y los luceros también.

Todos como en una ronda
alrededor del clavel:
“Clavel, clavel, clavelito,
danos tus flores, clavel”.

El clavel no florecía.
No florecía el clavel.

Mandaron un emisario
para que llamara al sol.

El capitán de los astros
al clavel le ordenó:
“Florece. Yo te lo digo.
Florece, lo mando yo”.

El clavel no florecía.
No florecía el clavel.

Todos como en una ronda
llenos de rabia y de hiel:

“Arrojemos al rebelde.
Arrojemos al clavel”.

Montado en una paloma
Marchó al destierro el clavel.
La paloma dijo: ¿A dónde?”
“A donde quieras”, dijo él.

Junto a un río se posaron
la paloma y el clavel.

Llegó un niño que al mirar
sin una flor al clavel,
le dibujó muchas flores
de colores y pincel.

Así floreció el rebelde
que no quiso florecer.

Dicen que ahora la luna
está aprendiendo a pintar,
y su maestro es un niño
que apellida Gauguin.


lunes, 10 de septiembre de 2007

REVISTA: Desde Suecia, WAYRA

Estimados amigos de CPM:
Como ya conversáramos en oportunidad anterior sobre la obra de Armando Bazán y alentando su disposición literaria les estamos enviando la siguiente nota sobre la revista Wayra.
Atentamente,

Carlos Arroyo Reyes


NOTA DE PRENSA SOBRE LA APARICIÓN
DEL QUINTO NÚMERO DE WAYRA:

VANGUARDISMO E INDIGENISMO

Wayra, 5to número

El Centro de Estudios y Trabajo América Latina (CETAL) cumple con informar a sus miembros, amigos y público en general que ya se encuentra en circulación el quinto número de Wayra, la revista semestral de artes y letras del «Grupo Perú» de nuestra institución. Esta nueva iniciativa viene a sumarse a las otras actividades, como las emisiones diarias de «Radio Latinoamericana», la publicación de La Hoja Latinoamericana , la formación de diversos grupos de estudio o el apoyo a una serie de redes y colectivos de solidaridad, que desde hace más de cinco lustros CETAL despliega con el fin de contribuir a la promoción de la cultura latinoamericana y apoyar activamente a las causas justas de nuestro continente.
La quinta entrega de Wayra abre con «Cinco poemas nuevos», de Róger Santiváñez; y el cuento «Una diadema de luciérnagas», de Edgardo Rivera Martínez. Siguen los estudios «Sobre los imposibles de Médula», de Pablo Guevara; «Tres poetas van al fútbol», de Carlos Meneses; «De arielista a aprista: Los años formativos de Luis Alberto Sánchez», de Osmar Gonzales; «Disecciones de la generación peruana: Luis Alberto Sánchez, José Carlos Mariátegui y la polémica del indigenismo», de Rafael Ojeda; «Ande y El Kollao: El indigenismo vanguardista de Alejandro Peralta», de Luis Fernando Chueca; «La resurrección de Gamaliel Churata», de Aldo Medinaceli; «Interludio Bruníldico», de Gamaliel Churata; y «Emilio Adolfo Westphalen y la ansiedad ante el creacionismo a partir de una polémica literaria de los años treinta», de Christian Zegarra. Este nuevo número de Wayra trae también una sección de crónica de libros, donde figuran notas y comentarios como «José Carlos Mariátegui y el vanguardismo estético-político», de Paola Bayle; «El Perú de los años diez», de José R. Deustua; y «Palabras para Blas Matamoro» de Consuelo Triviño Anzola.
Las personas, instituciones, colectivos o redes que deseen suscribirse a Wayra o adquirir ejemplares sueltos, pueden efectuar el pago a través del PlusGirot del «Grupo Perú» de CETAL, cuyo número es el siguiente: 178478-4. Suscripción anual: -Suecia: 120 coronas suecas; -Europa: 20 euros; -Fuera de Europa: 30 dólares USA. Ejemplar suelto: -Suecia 60 coronas suecas (más gastos de envío); -Europa: 10 euros (más gastos de envío); -Fuera de Europa: 15 dólares USA (más gastos de envío). Para efecto de agilizar nuestros servicios de envío y distribución, les rogaríamos que, después de realizar el pago correspondiente, se comuniquen con el editor de la revista:

Carlos Arroyo Reyes,
Bernadottestigen 19 D
756 48 Uppsala – Suecia (Sweden)
Telf. 018-303514
E-mail: carlos.arroyoreyes@telia.com

Seguros de contar con su apoyo y colaboración, quedan muy agradecidos

Álvaro Miranda, Presidente de CETAL
Carlos Arroyo Reyes, Editor de Wayra

domingo, 9 de septiembre de 2007

POESIA: Jorge W. Izquierdo

Un jovencísimo Jorge Wilson a la entrada de su barrio, El Cumbe.


MUCHO NIÑO, MUCHO MUNDO


Por Jorge Wilson Izquierdo

Niño del alba
recorre travieso la huella
de sílabas que recortando suspiros
sacan esperanzas.

Salta tu alegría melodiosa
la soledad praderal que subyace
orillando vientos. Resucita aguas
y boga en nubes que saben de cuentos...
quédate niño en nosotros
en fila,
corredores y en el patio
de La Feliciana, Pilco y Chupset
hasta cuando tus remos
permitan ese vuelo inmensurable
en pos del perdón que agoniza
en carne viva,
roca viva,
sangre viva. Al germinar de tartufos
en raíces pálidas de la orfandad...

Y quisiéramos arrancarte
siquiera por un día de esas nubes
lloradoras
hacia una paz de paces:
¡Fuera artesas en los lavaderos,
fuera pozas de maceración
del sarro de aguas sepulcrales
del terokal, o del alcohol
de tus verdugos impunes
que destruyen tu pobre integridad!...

Y se vaya poblando el universo
tan sólo de fanales encendidos
a dos manos en fe multitudinaria,
a dos manos gran oasis de amor...

Para ti, niño mío, es el mundo demasiado,
pasas famélico y triste
sediento aun de una voz de madre
y sin llegarte a nada. Nada
del fondo de Dios, de las almas
o del Hombre...

Espera todavía, por favor, espera,
ya renace mi otro corazón
para entregarte
y los dos morir en paz...

sábado, 25 de agosto de 2007

CUENTO: Jorge Díaz Herrera

Jorge Díaz Herrera tuvo en estas fiestas patronales 2007 un reencuentro feliz con Celendín, el pueblo que lo vió nacer y que por primera vez ha conocido en su ya avanzada juventud. Se trataba de una deuda consigo mismo. El feliz acontecimmiento y su alma de artista lo convirtieron en un niño que estrena un juguete. Pasear por las calles luminosas de su pueblo, respirar la fragancia de su atmósfera y confundirse con la sencillez de su gente fue una experiencia que, estamos seguros, jamás olvidará.

Jorge Díaz Herrera en un apunte de "Charro".


LOS MUÑECOS DE DON SEBASTIAN

Don Sebastián dejó la adobería y se dedicó de lleno a los muñecos de papel amasado con agua de yeso. Porque yo siempre quise ser artista y así me parece que lo estoy logrando. Y tuvo mucho éxito en las competencias y las ferias de artesanía y pronto resultaron llegando muchos forasteros al pueblo para comprarle un muñeco suyo. Pero la mala suerte no se hizo esperar y pienso que tal vez hubiera sido mejor quedarme representando a personas de mi pensamiento en lugar de gente de carne y hueso: primero fue la coja Manuela, que se murió al poco tiempo de cólico miserere, después la pobre doña Emilia, que se quebró varios huesos cayéndose a un pozo, luego los hermanos Chanduví, el mayor y el último, a quienes los mató la bubónica. Y me culparon no solo de esas sino también de otras desgracias. Y casi todo el pueblo fue hasta su puerta para gritarle: si dices que son puras casualidades y tus muñecos no son de mal agüero, por qué no la representas a tu mujer y por qué no te representas a ti mismo. Y don Sebastián no se amedrentó y salió a responderles: ya están grandazos para creer en zonceras, mañana mismo les mostraré mi figura y la figura de mi mujer en cuerpo entero. Y ellos se fueron: "Mañana volveremos". Y don Sebastián amasó una buena cantidad de papel con agua de yeso y lo puso sobre su mesa de trabajo para moldearla, e hizo dos montones y le dijo a su mujer: uno para que sea yo y el otro para que seas tú. Y cuando ya estaban hechos los cuerpos y les iba a moldear las caras, se quedó pensando largo rato y movió la cabeza de uno a otro lado varias veces, y aplastó de un solo golpe los cuerpos contra la mesa porque ¿y si la cojudez resulta ser cierta? Y le dijo a su mujer: mejor envolvemos nuestras cosas. Y, aprovechando la noche, se fueron del pueblo para no volver.

sábado, 11 de agosto de 2007

POESIA: Juan Sin Sol, libro

Guillermo Oblitas Pimentel, "Juan sin Sol", presentó su poemario "Celendín en mi poesía" el día de ayer viernes 10 en la Asociación Celendina de Lima, en medio de gran concurrencia que celebró las ocurrencias originales de nuestro poeta que lleva toda una vida dedicada a cantarle a Celendín en diversos tonos. Publicamos para beneplácito de los lectores uno de los poemas que aparecen en la reciente presentación.



MAMA VIEJA

De tu fecunda y sagrada entraña
yo nací madre tierra querida
tú que eres madre y montaña
tú diste vida a mi vida;

De tu seno tome el agua cristalina
con tu clima creció mi niñez y juventud
por eso madre tierra celendina
en el mundo no habrá otra madre como tú;

En tu ande con la lluvia y con el viento
con el frió de tus jalcas y calor de tus valles
por allí caminó mi crecimiento
tropezando en tus empedradas calles;

Como olvidar tus noches de luna llena
de alegres serenatas y canciones
de obscuridad cuando el alma pena
y aún duelen los tropezones;

Mama vieja querida y venerada
vives latente en mi memoria
y siempre serás recordada
en la prez de tu gloria;

Levántate pacha mama querida
hurguemos las cenizas del fogón
hasta hallar un a chispa encendida
que devuelva el fuego a tu corazón;

Mi verso hará que tu tradición
resuene desde la cima de los montes
y ruja como el Marañón
surcando los horizontes;

Mama tierra querida ya me despido
con la angustia de no verte
y estar en tu seno donde he nacido
hasta más allá de la muerte.

viernes, 10 de agosto de 2007

POESIA: Julio Garrido Malver, la Musa

La belleza legendaria de la mujer celendina motivó más de un inspirado poema al poeta Julio Garrido Malaver. Una de ellas, Carmen Collantes Díaz, en la década del 20 del siglo pasado, le inspiró unos versos que incluyó en Vida de Pueblo y que insertamos abajo. Ellos revelan todo el amor que el vate sentía por su tierra y el encanto de sus habitantes. Observese en la foto la originalidad del traje bordado a mano, de acuerdo a la usanza de la época.

Carmen Collantes Díaz, su hija y señora Anastasia Chávez.


En la Pampa Grande
cuida sus ovejas
la rosada Carmen.
Ella no usa espejo,
la cara se mira
de frente en el cielo.
Cuando ella se ríe
el campo de flores
diversas se adorna.
Y cuando ella llora
caen de rodillas
las ovejas
todas…

¡El vilján del Viento
la quiere robar!

¡Cásate, Carmela
será lo mejor!
¡Y tendrás un hijo
Lucero pastor!

jueves, 9 de agosto de 2007

MEMORIAS: Elmer Chávez Silva, Libro

El 17 de agosto se hará la presentación del libro Memorias del corazón, de Elmer Chávez Silva en el local de la Asociación Celendina de Lima, sito en Av. Brasil Nº 1580.


La obra, que es un anecdotario, narra las vivencias del autor en el marco del Celendín de la década del 50, una de las épocas de mayor afianzamiento de la identidad celendina y que produjo grandes personalidades que dieron lustre a toda la provincia en los diferentes campos del quehacer humano. El doctor Elmer N. Chávez Silva, dueño de gran sensibilidad, ha sabido captar en toda su dimensión ese momento histórico en un libro que estamos seguros arrojará luces y responderá a tantas interrogantes acerca de la inspiración que motivó tantos éxitos celendinos.
Elmer Chávez es un conspícuo integrante de la Promoción PARTA 56, que hasta la fecha viene desarrollando encomiable labor a favor de la población celendina. Parte de la obra la podemos encontrar en la revista Jelij, órgano de dicha promoción.
CPM, atenta a las inquietudes intelectuales de los celendinos estará presente en dicha ceremonia y desde ya desea muchos èxitos al autor.

martes, 24 de julio de 2007

CUENTO: Jorge Díaz Herrera

La agonía y la muerte y
otra vez la agonía de un desventurado

I

Sus ojos, dos espantos al fondo de las ojeras, se desataron en lágrimas y nos rogó quedo, pero como si gritara: Yo no quiero ir al infierno, Tráiganme al cura. Sáquelo de donde esté , díganle que el diablo ya me está jalando. Corrimos a trancazos, galgos, y entramos bruscos a la misma sacristía donde el cura Wenceslao, de puro sorprendido, casi deja caer el crucifijo que estaba desempolvando. Le rogamos:
-No sea malo, padrecito. No sea malo. Si es pecado hacer lo que tanto le pedimos, hágalo. A usted todavía le queda vida para los arrepentimientos. Pero Aníbal ya casi es difunto, y nada sino su bendición puede darle ese poco de alivio que está suplicando. Hágalo por doña Carmela, las madres no tiene por qué pagar las culpas de los hijos. Si ella no vino con nosotros es porque está renga.
Y el cura Wenceslao:
-De nada valdría. Su alma ya está condenada. Yo no sólo estaría faltándole al Altísimo sino dándole ánimos a tantos mequetrefes para que se enfanguen, confiados que a la hora de las verdades han de tener su cura y santo remedio.
La llovizna de la madrugada nos golpeó como granizada. Regresamos cabeza gacha al llanto de doña Carmela:
-No quiere venir.
Y ella:
Seguro no le supieron rogar como deberían hacerlo. No lo ablandaron bien. Con buenas razones hasta las piedras se conmueven.
Y nosotros:
-Lo único que nos faltó es besarle las manos, arrodillarnos.
-¿Y qué les costaba hacerlo?
Quisimos decir otras cosas, temimos dejarla con la idea de no haber puesto empeño. Los ojos turbios del agonizante nos hacían oír quién sabe lo que no nos decía, y nos volvimos de regreso a la parroquia. Y el monaguillo: El padre se fue volando a la casa de doña Carmela. Regresamos: el cura Wenceslao con una oreja pegada a los labios del enfermo, oía lo que nadie oíamos y movía la cabeza de derecha a izquierda entercado en negarse a lo que sin duda le suplicaba el pobre agonizante. Como si lo estuviéramos viendo: el cura empecinado en el no y no, mientras iba pasando entre los dedos largos de sus manos arrugadas las cuentas del rosario de nácar.

"Entierro de veterano", óleo de Mario Urteaga


II

El pueblo era la gracia de levantarse por la mañanita, oír cantar los pájaros entre sorbos del desayuno caliente y marcharnos a las plantaciones de arroz, que era donde crecían nuestras ilusiones. A veces el cielo se enojaba y, ¡agua quién te viera! La desgracia no sólo nos llenaba de remiendos sino, lo peor, nos quitaba la alegría. Las buenas costumbres se desmoronaban y nos convertíamos en ladrones de nosotros mismos: noches enteras de orejas atentas a los corrales, al tanto de nuestros animales. Pero en los últimos tiempos, Dios andaba de buenas con nosotros. Quizá por eso a Aníbal se le anchó el corazón y entraron en él no sólo los ojos bonitos de Emilia Paredes sino también los de Judith, la evangelista, que no se enojaba cuando le decían mujer de otro. Y Judith, vestida de seda blanca, recibió junto al bueno de Aníbal el sacramento del matrimonio, en otro pueblo cercano, tan igual a como antes lo recibió la Emilia junto al mismo Aníbal en nuestra parroquia de la Santísima Virgen de la Macarena, de manos del cura Wenceslao. Hubo hijos en uno y otro lado, criaturas que llamaban mamá a las dos mujeres y dormían y comían donde los agarraba la hora, bien en casa de Emilia, bien en la de Judith que, valgan verdades, no se tenían el menor rencor. Y caminó tanto el tiempo que ya nadie supo decir quién fue la primera mujer y quién fue la segunda. Hasta don Damián, el peluquero, para quien no había olvidos ni secretos, y que se abrió paso solo en la vida, llegando a ser maestro de escuela, y tenía el don hacernos ver cuáles eran las veredas del bien y cuáles las del mal, llegó a decir: Da gusto ver como el amigo Aníbal ha logrado hacer del meado de gato un buen perfume, al no abandonar su alma en la bragueta sino, como buen cristiano, hacer del pecado una cosa honrada. Qué caray. Trabajar como él trabaja es como para quitarse el sombrero.
En cambio en el cura Wenceslao no corrían las aguas, y tienen razón quienes dicen que si algo hubo en su pecho fue un pozo donde se encharcaban nuestras culpas.

III

-Ayer lo vieron calle arriba, cruzando el puente.
-Dios nos libre, Abelina. Pobre Aníbal. Muerto fresco y ya penando.

IV

El cura nuevo sí tenía traza de perdonar: no puso mala cara cuando le hablamos de la muerte de Aníbal: ojos abiertos, ojos de ahogado, y el cura Wenceslao a quien enterramos hasta con banda de músicos, se negó a darle la absolución y lo único que exclamó, voz de toro, después de soltar el rosario sorprendido por el dolor del mordisco que el moribundo le dio en la oreja, fue un viento de maldiciones:
-Ya empiezas a convertirte en perro, maldito perro.
Y ahí nomás el moribundo se quedó agarrotado con el hielo de las eternidades. Entonces doña Carmela agarró una raja de leña y, dejando a un lado su renguera, gritó: Cura maldecido. Boletero del Diablo. Y lo echó de su casa dándole como a mula. Por eso el entierro de Aníbal fue sin Dios ni responsos de cura. Y ahora este recuerdo, el recuerdo que estamos recordando, tierra removida que ha enturbiado las aguas. Porque no sólo es el ánima de Aníbal sino también de doña Carmela y, usted perdone si parezco exagerado, pero le juro que casi todos hemos visto que en la procesión de penas también va el cura Wenceslao con su rosario como soga de horca.

lunes, 23 de julio de 2007

CARTA: Sobre Armando Bazán

Estimado Ulises:
Creo que es fue una excelente iniciativa publicar el cuento "Márfil chino", de Armando Bazán. Creo que este contribuye a demostrar que Bazán no sólo fue un gran poeta y periodista, traductor y organizador de la cultura, sino también un excelente cuentista. Yo también le vengo siguiendo los pasos y pienso escribir algo sobre él por lo que te pediría que por favor me indiques la fuente en en donde encontraste el cuento en cuestión.
Un abrazo y gracias por la ayuda y comprensión,

Carlos Arroyo Reyes
carlos.arroyoreyes@telia.com
Bernadottestigen 19 D
756 48 Uppsala - Suecia

P.D.: Te adjunto un link acerca de mi trabajo intelectual por si te interesa saber algo acerca de mí:
http://librosperuanos.com/autores/carlos_arroyo.html

Respuesta:

Estimado Carlos:
Muy contentos de que aprecies el esfuerzo que Espina de Maram, suplemento literario de CPM, está haciendo por rescatar el talento de los muchos celendinos que han contribuido a desarrollar la cultura nacional.
Estamos consiguiendo la fuente que nos pides (nuestro colaborador se ha ausentado) y la encontrarás aquí mismo dentro de poco.
Deseándote lo mejor, en la vida y el trabajo cultural que realizas, recibe nuestro saludo.

Ulises Marañón, por CPM

lunes, 9 de julio de 2007

MACHU PICCHU: Julio Garrido Malaver

Hoy que todo el Perú celebra alborozado la proclamación de Machu Picchu como una de las SIETE MARAVILLAS DEL MUNDO MODERNO, cobra nueva vitalidad la palabra de nuestro poeta Julio Garrido Malaver, quien revela el arcano del influjo que la piedra ha tenido sobre los peruanos a través de toda la historia, y cuya máximo representación es sin duda la maravilla que hoy nos enorgullece. Sin dejar de mencionar a otras obras señeras surgidas de la conjunción de la piedra y la voluntad humana, como el templo de Chavín, Chuquequirao, Sacsayhuamán, y nuestro más cercano Kuélap, una de cuyas puertas de llegada es, sin duda alguna, Celendín, lo que debe llevarnos a pensar en cómo hacer prosperar el desarrollo turístico que todos anhelamos.


LA DIMENSION DE LA PIEDRA

Julio Garrido Malaver
(1909-1991)

Monologo en la piedra, y digo, y digo
lo mismo que en mi voz cuando hablo para el viento.
Y me horada una duda en lo más hondo
lo mismo que una pena.
Y me sorprende la idea más antigua sobre el hombre
como un golpe de gracia
que se quiebra, quebrándome, en dos partes:
el origen y el fin, esto es, la nada.
Y me salgo de mi
para buscarme entre los escombros del Tiempo
que fenece sin poder ser el Tiempo
para llorarme al pie de toda huella,
para clavarme y desclavarme en los gimientes leños
sin redención exacta por plural.

Y vuelve mi destino a golpearme con un golpe distinto,
más arriba de todo lo creído,
más adentro de todo lo que la luz encuentra,
más allá de todo lo esperado…

Y divago en la forma de la Tierra.
Y el cielo se me hace nudo grande en el pecho.
Y de súbito me arde, rodeándome, un grito
que a la piedra reclama ser blanda como el pan…


2

En la piedra hay dormida una voz cristalina,
quizá voz del origen,
cada vez más lejana de todo lo que existe
por eso más en vísperas de otro despertar:
vital en resistencia al Tiempo deleznable,
frontera del espacio que evade toda forma,
límite de la luz que en nada se detiene,
perfección inmutable,
ni tesis, ni antítesis, ni síntesis de nada,
tan sólo la expresión de un gesto detenido,
mientras todo sucumbe para no sucumbir…

En la piedra hay un alma de silencio, perfecta,
testigo insobornable de todo lo que al polvo retorna
por ser polvo,
de todo lo que pugna, a fuerza de destino,
por ganar la medida de perfecciones santas!

En la piedra hay un grito detenido
esperando la hora
que desde sus raíces, más profundas, el hombre,
salvador de sí mismo se levante
y camine cantando sus nuevas dimensiones…

¡La piedra es una espera de Dios,
es la segura espera
de que el hombre ha de volver a El
blando como el mejor retoño de los cielos…!